El gobierno iraquí anuncia la caída de ISIS mientras la guerra continúa

por Bill Van Auken
3 julio 2017

El primer ministro iraquí Haider al-Abadi celebró el jueves la captura de la demolida mezquita de Mosul por parte de fuerzas de seguridad del gobierno como una victoria decisiva en la batalla para quitar el control de la segunda ciudad más grande de Irak al Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS), que arrasó un tercio del territorio del país hace tres años.

En el mejor de los casos fue una victoria pírrica para Bagdad y las fuerzas de EE.UU., que han apoyado el cerco de Mosul durante nueve meses con ataques aéreos devastadores y descargas de artillería pesada.

El grueso de la mezquita de al-Nuri, donde el líder de ISIS, Abu Bakr al-Baghdadi, proclamó su “califato” en 2014, fue demolido una semana antes, con su icónico minarete inclinado al-Hadba (“el jorobado”) derribado. ISIS afirmó que la destrucción fue el resultado de las bombas de EE.UU., pero parece que la milicia islamista voló la estructura para negar al gobierno un triunfo simbólico.

Si bien el régimen de Bagdad celebró la toma de la mezquita demolida, comandantes iraquíes en el terreno en Mosul admitieron que quedan muchas semanas de lucha antes de que puedan reclamar el control de todo Mosul. E, incluso mientras avanzan en las últimas fortalezas de ISIS en el oeste de Mosul, se han producido ataques repetidos de los combatientes islamistas en posiciones supuestamente aseguradas por el ejército y la policía hace meses. En una, se informó que miembros de ISIS disfrazados de policías aniquilaron a una unidad entera de la policía federal, hasta 90 hombres.

Se informó que fuerzas de seguridad iraquíes estaban a menos de 50 metros de distancia de la mezquita cuando fue destruida el 21 de junio. Les tomó una semana entera avanzar esa distancia corta en una lucha que mató a muchos civiles, así como a muchas tropas del gobierno y combatientes de ISIS.

“Hay cientos de cuerpos bajo los escombros”, dijo al Guardian un comandante de las fuerzas especiales iraquíes, Dhia Thamir, desplegado en la Ciudad Vieja del oeste de Mosul. “Por supuesto que hay daño colateral, siempre es así en la guerra”, dijo. “Las casas son muy viejas, así que cualquier bombardeo hace que colapsen completamente”.

Desde que comenzó el cerco de la ciudad del norte de Irak, el número de víctimas civiles está sin dudas en las decenas de miles de muertos y heridos. Hasta 860.000 personas fueron expulsadas de sus hogares por el combate, muchas de ellas obligadas a vivir en campamentos de refugiados hacinados. Los que regresaron encontraron sus hogares y barrios demolidos o muy dañados.

Entre 50.000 y 100.000 civiles permanecen atrapados en la última zona todavía controlada por ISIS.

Se ha infligido una masacre similar a la población de Raqqa, la llamada “capital” de ISIS en Siria. Ataques aéreos, bombardeo de artillería y apoyo aéreo cercano de helicópteros de ataque Apache de EE.UU. han facilitado el avance de la milicia kurda YPG, que sirve como la principal fuerza subsidiaria del Pentágono en el norte de Siria.

El jefe de derechos humanos de la ONU hizo una declaración confirmando la muerte de por lo menos 173 civiles en Raqqa en junio, aunque reconoció que la cifra era una estimación muy “conservadora”.

“No se debe sacrificar a civiles en aras de avances militares rápidos”, dijo Zeid al-Hussein, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en una declaración que surgió cuando activistas en Siria informaban sobre otros 15 civiles asesinados por bombas racimo de EE.UU. lanzadas en la ciudad de Dablan, en el este de Siria. El ataque se produjo apenas dos días después de que un ataque aéreo de EE.UU. mató a unas 70 personas, cuando bombas demolieron una cárcel donde ISIS mantiene a muchos prisioneros cerca de la ciudad de Mayadin.

El grupo activista Raqqa Está Siendo Masacrada Silenciosamente, formado originalmente para denunciar abusos de ISIS en la ciudad, pero ahora enfocado más directamente en los asesinatos masivos infligidos por la guerra aérea estadounidense, informa que Raqqa enfrenta en este momento unos 200 ataques aéreos por día. El bombardeo ha cortado los suministros de agua y electricidad, y el grupo informó que a muchos de los recientes muertos se les denomina “mártires del agua”, porque atacaron a sus autos desde el aire mientras intentaban alcanzar el río Éufrates para obtener agua potable para sus familias.

“Es ciertamente justo decir que estamos viendo números de civiles asesinados y números de incidentes comparables al peor período del cerco de Alepo del año pasado, cuando el este de Alepo era bombardeado por fuerzas rusas y sirias”, dijo a ABC News en Australia el director del grupo de monitorio Airwars, Chris Wood.

Pero, a diferencia de Alepo, cuando los medios de comunicación estadounidenses producían informes continuos de presuntos abusos a los derechos humanos, se ha pasado por alto la matanza masiva en Mosul e Irak con un silencio casi total. La supuesta indignación moral de la prensa y cadenas de televisión es muy selectiva, determinada enteramente por las necesidades propagandísticas del Pentágono y la CIA.

Incluso una vez que las fuerzas apoyadas por EE.UU. completen su conquista de Mosul y Raqqa, la intervención estadounidense en Irak y Siria continuará y aumentará. Dadas las divisiones sectarias avivadas por más de 14 años de guerras de EE.UU. en la región—e intensificadas por la dependencia de Washington de milicias sectarias en ambos países—no está nada claro cómo se gobernará cada ciudad una vez que se suprima a ISIS.

Hablando con CBS News el pasado miércoles, el teniente general Stephen Townsend, el comandante de la llamada “coalición” contra ISIS, dijo que luego de la conquista de Mosul y Raqqa, las fuerzas de EE.UU. estarían involucradas en la supresión de una insurgencia continua en ambos países. “Lo llamamos ISIS 2.0 —una insurgencia, rural”, dijo. “Así que creo que estaremos aquí lidiando con ese problema por un tiempo”.

Washington no tiene intención de abandonar ninguno de los dos países. Se propone establecer bases permanentes tanto en Irak como en Siria, participar en una guerra continua dirigida a afirmar la hegemonía de EE.UU. en el Oriente Medio y confrontar a sus rivales principales por el control de la región, Irán y Rusia.