Exdirectores de Inteligencia estadounidense urgen a Congreso y Ejecutivo a desafiar a Trump

por Patrick Martin
28 julio 2017

En observaciones que no tienen paralelo desde la aparición del “Estado de seguridad nacional” en Estados Unidos después de Segunda Guerra Mundial, dos exdirectores del aparato de inteligencia del país declararon en un foro en Aspen, Colorado el viernes que cuestionan la lealtad del presidente Trump a EE. UU. Sugirieron, además, que los funcionarios del Ejecutivo no deberían acatar sus órdenes.

Estos comentarios del exdirector de la CIA, John Brennan, y el exdirector de Inteligencia Nacional (DNI, por sus siglas en inglés), James Clapper, fueron hechos durante el foro anual que patrocina el centro de pensamiento Instituto Aspen y que reúne a los diferentes mandos de seguridad nacional. Estuvieron presentes varios oficiales de alto nivel del gabinete de Trump y el Congreso, además de los medios de comunicación.

Brennan y Clapper fueron los principales oradores en un conversatorio con el presentador de CNN, Wolf Blitzer, quien por largos años ha sido un servidor más del aparato militar y de inteligencia. Comenzando por el título de la sesión, “Bajo ataque”, se buscó transmitir tal postura de EE. UU. ante los supuestos ciberataques del gobierno ruso contra las elecciones presidenciales estadounidenses del año pasado y la supuesta colaboración de la campaña de Trump con Rusia para derrotar a la demócrata Hillary Clinton, la candidata consensuada por la cúpula de Seguridad Nacional.

Ninguno de ellos ofreció prueba alguna de una intervención rusa o colaboración con la campaña de Trump. En cambio, se apoyaron en las declaraciones previas de cuatro agencias de seguridad— la CIA, la NSA, el FBI y el DNI— y la campaña mediática para retratar a Trump como un títere de Moscú que han alimentado las incesantes filtraciones de información desde estas agencias.

Ambos oradores condenaron las reuniones de Trump con el presidente ruso, Vladimir Putin, al margen de la reciente cumbre del G-20 en la ciudad alemana de Hamburgo, así como los comentarios despectivos del presidente sobre las agencias de inteligencia estadounidenses y sus falsos reportes de que Sadam Huseín poseía “armas de destrucción masiva”, informes que fueron luego utilizados por el gobierno de Bush para justificar su invasión ilegal invasión de Irak en el 2003.

Brennan trazó que dichas declaraciones de Trump y sus reuniones con Putin “ponen seriamente en duda cómo es que está cuidando nuestra seguridad nacional”. Por su parte, Clapper fue más lejos, indicando: “A veces me pregunto si... lo que él busca es hacer a Rusia grande otra vez...”.

Ambos funcionarios sugirieron que la investigación dirigida por el fiscal especial del Departamento de Justicia, Robert Mueller, otro exdirector del FBI, debería enfocarse en las relaciones directas entre Trump y Rusia de carácter financiero y que tengan un carácter de traición.

Blitzer les hizo una pregunta hecha por la líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, “quien fue la que hizo esta pregunta: ¿qué controlan los rusos con respecto a Donald Trump, políticamente, financieramente y personalmente?”.

Clapper respondió, “Bueno, espero que el fiscal especial Mueller llegue al fondo de eso” mientras que Brennan dijo estar de acuerdo. “Me gustaría pensar que todos nosotros, todos los estadounidenses queremos que esto se acabe porque nos está haciendo daño”.

Cuando Blitzer preguntó sobre utilizar la palabra “traición” para describir las relaciones entre la campaña de Trump y Rusia, Brennan señaló, “Creo que eso es lo que está investigando el FBI: quién iba siguiendo ese camino de forma consciente y quién no, y quién lo hizo para comprometer la seguridad nacional y violar las leyes estadounidenses”.

Brennan llegó a declarar que, si Trump intenta despedir a Mueller como fiscal especial, el Congreso debería “levantarse y decir basta ya y dejar de hacer excusas y pedir disculpas por cosas que verdaderamente, pienso yo, violan nuestro sistema de leyes y gobierno”. Su audiencia compuesta por miembros de la clase gobernante respondió con una ronda de aplausos.

Luego, Blitzer preguntó qué podría hacer el Congreso acerca de un eventual despido de Mueller, ya que cabe dentro de los poderes del presidente hacer tal cosa. “En primer lugar, creo que es la obligación de algunos funcionarios del poder ejecutivo negarse a acatar estas órdenes incompatibles con lo que es este país”.

No especificó cuáles funcionarios, probablemente incluyendo los militares, deberían desafiar las órdenes de su supuesto superior civil, el comandante en jefe electo. Blitzer ni nadie en la audiencia pidió que elaborara sobre este llamado abierto de insubordinación.

No obstante, tal llamado es una indicación clara de la intensidad del conflicto que se está librando dentro de la élite gobernante estadounidense. Esta guerra sin cuartel es entre facciones que no buscan defender la democracia ni los derechos democráticos.

Trump encabeza el gobierno más reaccionario en la historia de EE. UU., comprometido a un programa que combina la persecución de inmigrantes, la destrucción de programas sociales críticos como el seguro médico para los más pobres de Medicaid, billonarios recortes en impuestos para los ricos y una acelerada militarización. Sus oponentes dentro de la élite de la seguridad nacional, el Partido Demócrata y los medios corporativos están tratando de derrocarlo, o al menos paralizar su gobierno, mediante conspiraciones y provocaciones que son indicios de un golpe palaciego.

Brennan y Clapper encarnan el carácter derechista y antidemocrático esta oposición de los grupos de poder estadounidenses. En sus tres décadas con la CIA como parte del personal de la Casa Blanca, donde fue coordinador de la unidad de antiterrorismo y de asesinatos selectivos con drones bajo el presidente Obama, Brennan fue responsable de incontables crímenes en nombre de la llamada “seguridad nacional” de EE. UU.

Cuando el Comité de Inteligencia del Senado expuso, aunque de forma limitada, el programa de tortura de la CIA bajo Bush, la investigación fue opuesta por Brennan, quien autorizó a agentes de la CIA acceder a las computadoras del comité legislativo que estaba a cargo, según los principios constitucionales de la división de poderes, de supervisar a la CIA como representantes elegidos por el pueblo (una función abandonada en la práctica por el Congreso hace mucho).

Clapper supervisó una gran expansión del espionaje ilegal de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) tras los ataques del 11 de setiembre en Nueva York y Washington. En marzo del 2013, sólo tres meses antes de que salieran las revelaciones de Edward Snowden, Clapper perjuró ante el Comité de Asuntos Judiciales del Senado al negar, en una pregunta directa, que las agencias de inteligencia de EE. UU. estaban espiando las comunicaciones de los estadounidenses.

En sus comentarios en Aspen, Brennan y Clapper hablaron por sectores dominantes del aparato de seguridad nacional cuyas objeciones con respecto a Trump conciernen dos cuestiones de fondo: que Trump mantiene una actitud conciliadora hacia Moscú, desviándose de la campaña de agresión militar y política contra Rusia que fue emprendidas bajo Obama; y que Trump subordina los intereses globales del imperialismo norteamericano a los intereses financieros de su propia familia.

Los presentes en Aspen incluyeron a legisladores republicanos importantes como Mac Thornberry, presidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, y Michael McCaul, presidente del Comité de Seguridad Nacional. Varios altos funcionarios del gobierno de Trump también estuvieron como oradores en sesiones del foro el fin de semana, como el actual director de la CIA, Mike Pompeo, y el director de Inteligencia Nacional, Dan Coats.

Ninguno de estos funcionarios abordó el llamado abierto por parte de Brennan a desafiar las órdenes del presidente, ni las declaraciones de Brennan y Clapper de que Trump es leal a Moscú y no a Washington.

Las fuertes disputas de la élite gobernante utilizando filtraciones de información a través de la prensa. El Washington Post publicó un artículo en su primera plana el domingo que prácticamente acusaba al fiscal general, Jeff Sessions, como un perjurador. Según el artículo, el embajador ruso, Sergey Kislyak, había enviado cables a Moscú describiendo discusiones que había tenido con Sessions el año pasado, cuando Sessions era senador de Alabama y participaba en la campaña de Trump como asesor de política exterior.

Kislyak presuntamente le comentó a la Cancillería rusa que había discutido con Sessions las posibles posturas de una eventual administración Trump. Sin embargo, en su testimonio bajo juramento ante el Comité de Asuntos Judiciales del Senado, Sessions dijo que se limitó a discutir el papel de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado con Kislyak y que no habló sobre la campaña de Trump.

Como de costumbre en tales informes, el Post no participó en ninguna clase de investigación periodística sino que simplemente transcribió lo que fuentes de inteligencia de alto nivel opuestas a Trump le filtraron. El diario indicó que la información proviene de “funcionarios retirados y actuales” familiarizados con inteligencia sobre las comunicaciones entre altos funcionarios rusos en EE. UU. y sus superiores en Moscú.

El New York Times publicó un largo reporte develando un documento de 56 páginas guardado en los Archivos Nacionales, que había preparado Kenneth Starr, el fiscal independiente que investigó al expresidente Bill Clinton. Contrario a lo que se cree, el documento argumenta que el Congreso no es la única forma de sancionar una conducta impropia del presidente, ya que no es legalmente inmune a cargos penales.

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