La ofensiva del gobierno sirio provoca una intensificación de la intervención militar de los EUA

por Jordan Shilton
23 febrero 2018

Las fuerzas del Gobierno sirio han lanzado un ataque contra el enclave de Guta oriental en los últimos días con el objetivo de recuperarlo de los rebeldes islamistas. Los medios estadounidenses se han aprovechado de la escalada de la violencia para legitimar y pedir la expansión de la intervención militar ilegal de Washington, que tiene como objetivo derrocar al presidente sirio, Bashar al-Assad, e instalar un régimen títere estadounidense en Damasco.

Los aviones sirios, respaldados por aviones rusos, han llevado a cabo repetidos ataques aéreos en la zona en los últimos días. Según un informe del Observatorio Sirio de Derechos Humanos, con sede en Gran Bretaña, supuestamente murieron más de 270 civiles, incluidos más de 60 niños. Los ataques, que incluyeron el lanzamiento de bombas barril, han dañado hospitales y otras infraestructuras críticas. Médicos Sin Fronteras dijo que 13 de sus instalaciones han sido afectadas.

La Guta oriental ha sido utilizada como base militar por grupos islamistas durante todo el conflicto. Regularmente bombardean los distritos controlados por el gobierno en Damasco y lo han seguido haciendo durante la última ofensiva, matando al menos a 12 personas e hiriendo a docenas más solo el martes.

Grupos de derechos humanos como Amnistía Internacional emitieron declaraciones condenando las muertes de civiles y apelando al alto el fuego. Los funcionarios de las Naciones Unidas describieron las condiciones de vida en Guta, donde solo ha llegado un camión de ayuda en los últimos tres meses, como “infernales”.

Con su moral de doble rasero característica y con franca hipocresía, los medios controlados por las corporaciones en los Estados Unidos han proporcionado una cobertura hasta el hartazgo de la ofensiva del gobierno. El objetivo transparente es impulsar el apoyo público a un desarrollo catastrófico de la guerra siria que podría poner en riesgo la vida de millones de personas.

Los vídeos de la carnicería circularon ampliamente, incluso en artículos publicados en línea por los principales medios de noticias, mientras que el Washington Post publicó un artículo que contenía una serie de imágenes de Guta.

En un extenso artículo del New York Times, este “diario serio” proclamó que las fuerzas de Assad “no mostrarían cuartel” y describieron el ataque a Guta como “el más mortífero” en Siria “en años”.

Esto pone la realidad cabeza abajo. Los ataques más sangrientos y mortales en Siria e Irak desde que comenzó el conflicto han sido llevados a cabo por los Estados Unidos y sus representantes. La guerra civil misma, que se ha cobrado la vida de más de 400.000 personas, fue deliberadamente incitada por Washington hace siete años para provocar un cambio de régimen en Damasco.

En el devastador ataque aéreo y terrestre para recapturar la ciudad de Mosul, en manos de ISIS, en el norte de Irak, que duró más de seis meses, las estimaciones conservadoras ubicaron el número de muertes de civiles entre 5.000 y 10.000. Algunos informes fueron sustancialmente más altos, con una estimación iraquí que sugiere que 40.000 fueron masacrados en el violento ataque. Muchos fueron masacrados cuando el personal militar de los EUA disparó indiscriminadamente proyectiles de artillería contra la ciudad, que albergaba a aproximadamente 1,5 millones de personas.

Mientras el bombardeo de Mosul continuaba, el presidente Trump anunció el levantamiento de las limitadas restricciones impuestas al ejército estadounidense en Irak y Siria por Obama. Esto condujo a una gran intensificación de los ataques aéreos y un correspondiente fuerte aumento en las muertes de civiles. En un ataque en marzo de 2017, un ataque aéreo estadounidense en Mosul mató a 300 iraquíes, más de lo que las fuerzas de Assad supuestamente han matado en su ofensiva actual.

También surgieron pruebas de que los Estados Unidos desplegaron proyectiles de fósforo blanco, que están prohibidos por el derecho internacional.

Cuando la batalla se trasladó a Raqqa el verano pasado, los aviones de guerra estadounidenses mataban a más de 100 civiles inocentes cada semana mientras arrojaban explosivos de gran potencia en áreas residenciales. Al final, para perseguir sus objetivos estratégicos más amplios de evitar que Irán consolide el control del este de Siria y abrir un corredor terrestre desde Teherán a Damasco, Washington permitió que miles de combatientes de ISIS escaparan de Raqqa para poder enfrentar a las fuerzas pro-Assad.

A lo largo de estos dos episodios vergonzosos, que grupos de derechos internacionales criticaron como crímenes de guerra, el Times y otros portavoces de los medios no solo enterraron informes de víctimas civiles, sin mencionar imágenes o vídeos de la zona de guerra, sino que elogiaron positivamente al ejército estadounidense por su supuesta restricción en la realización de ataques aéreos.

La protesta de los medios sobre Guta es simplemente la última de una larga lista de campañas de propaganda para reunir apoyo para la guerra de Estados Unidos en Siria al retratarla como una cruzada humanitaria contra un malvado dictador. Cuando el régimen de Assad, respaldado por el poder aéreo ruso, lanzó un ataque sostenido para recuperar Aleppo a fines de 2016, los políticos y los medios acusaron a Assad y Rusia de crímenes de guerra por causar víctimas civiles mientras minimizaban o encubrían sistemáticamente informes de muertes en partes de la ciudad controladas por el gobierno debido al bombardeo de los yihadistas. La eliminación final de los islamistas de Aleppo, incluida la filial siria de Al Qaeda, representó un revés significativo para el imperialismo estadounidense.

La última campaña de los medios de comunicación bélica se lleva a cabo en condiciones en las que el conflicto sirio se ha vuelto aún más explosivo. Buscando asegurar su dominio indiscutible sobre el Medio Oriente, región rica en energía, contra sus rivales, Washington ha intensificado su intervención en Siria en los últimos meses. En un ataque aéreo el 7 de febrero, aviones de combate estadounidenses bombardearon un convoy de fuerzas pro-Assad que mataron a centenares de personas, incluidos varios contratistas rusos, y colaboran con los restos del ISIS para evitar que las fuerzas de Assad recapturen reservas de energía en el este de Siria.

Rusia continúa apoyando a Damasco, su principal aliado en el Medio Oriente, lo que significa que el peligro de un enfrentamiento militar directo entre las dos mayores potencias nucleares del mundo sigue siendo extremadamente alto.

Washington también está decidido a rechazar la influencia iraní en Siria como parte de una estrategia más amplia para contener y prepararse para una guerra total con Teherán. Esto ha alentado a Israel a intensificar su intervención en el conflicto, apuntando a las instalaciones iraníes en Siria el 10 de febrero en lo que fueron los mayores ataques aéreos israelíes en el país en más de treinta años.

En el norte de Siria, un nuevo frente en la guerra parece haberse abierto en los últimos días después de que Assad enviara milicias progubernamentales para respaldar a las Unidades de Protección del Pueblo Kurdo (YPG) en el enclave de Afrin contra una invasión de las tropas turcas. Turquía intervino para evitar el surgimiento de una región controlada por los kurdos en su frontera sur y ha amenazado con desplazarse hacia Manbij hacia el este, lo que aumenta el riesgo de un enfrentamiento con las fuerzas especiales estadounidenses, que se despliegan en la ciudad para entrenar y operar al lado del YPG. Rusia dio su respaldo tácito a la operación turca con la esperanza de explotar las divisiones entre los dos aliados de la OTAN para fortalecer su posición en Siria.

Una escalada estadounidense del conflicto sirio podría provocar una guerra regional que atraería a las principales potencias y las colocaría en bandos opuestos. Algunos de los expertos de los medios de comunicación que gritan más histéricamente sobre todos los acontecimientos en Guta están bastante dispuestos a respaldar tal desarrollo, y de hecho están llamando explícitamente a hacerlo.

Jonathan Freedland se quejó en una columna del The Guardian de Gran Bretaña titulada “La matanza en Siria debería indignarnos. Sin embargo, nos limitamos a encogernos de hombros”, de que las acusaciones inventadas por la CIA sobre el uso de armas químicas por Assad en abril pasado “solo” produjeron “un ataque limitado de misiles crucero estadounidenses”. Agregó ominosamente: “Hasta ahora, el único mensaje que hemos enviado a Rusia, Irán y Siria es un encogimiento de hombros silencioso. Si queremos que la matanza se detenga, tenemos que decirlo”.

La perspectiva de un conflicto tan catastrófico no es una fantasía de los llamados periodistas liberales, sino que se está preparando activamente por el imperialismo estadounidense. Apenas el mes pasado, la administración Trump reconoció abiertamente que las rivalidades entre las grandes potencias representan la principal amenaza de seguridad nacional para Estados Unidos. También anunció la creación de una fuerza fronteriza de 30.000 efectivos para Siria compuesta principalmente por las milicias kurdas YPG para apoyar a los más de 2.000 militares estadounidenses que ya están en el país.

A principios de este mes, se reveló que el Pentágono ha presentado una solicitud de $1.800 millones en armas para librar la guerra en Siria e Irak. Esto equivale a un 20 por ciento más que todo el presupuesto de armas para las operaciones de Medio Oriente en 2017.

(Artículo publicado originalmente el 22 de febrero de 2018)