La CIA monta pretexto de ataque con gas para escalar conflicto en Siria

10 abril 2018

La prensa estadounidense ha echado mano de las más recientes acusaciones por parte de grupos respaldados por la CIA de un ataque de gas venenoso para demandar una nueva escalada de la guerra de cambio de régimen en Siria que encabeza Estados Unidos y una confrontación más agresiva con Rusia.

Poco después, el Gobierno sirio denunció que una de sus bases aéreas en la provincia de Homs fue atacada con misiles. Mientras que el Pentágono niega haber bombardeado a Siria, por ahora, la retórica de la Administración de Trump indica que están en marcha preparativos para intensificar sus operaciones militares en Siria.

Al igual que en previos episodios de acusaciones de ataques químicos, el público está siendo inundado con grabaciones sin verificar de víctimas en agonía, mientras que los oficiales estatales y la prensa corporativa, antes de cualquier investigación y sin fundamento alguno, pronuncian al Gobierno de Bashar al Asad y a sus aliados iraníes y rusos responsables de un crimen de guerra.

En cuestión de minutos, el New York Times y el Washington Post, faltos de aire, colgaron artículos responsabilizando a los Gobiernos de Siria y Rusia por el presunto ataque. El Guardian declaró en un editorial que, “El uso renovado de armas químicas por parte de Siria contra su propio pueblo durante el fin de semana es desvergonzado y barbárico”.

Las últimas acusaciones no son más creíbles que las previas. El relato oficial de que Asad llevó a cabo un ataque con gas en el este de Guta (Gouta) en el 2013 fue utilizado para preparar un bombardeo aéreo que fue cancelado en el último minuto por el Gobierno de Obama, lo que le costó furiosas recriminaciones hasta el día de hoy. Las investigaciones que se han realizado desde entonces prueban que el ataque fue realmente perpetrado por los “rebeldes” que apoya EUA, en conjunto con el Gobierno turco.

En abril del 2017, un presunto ataque con gas fue utilizado para justificar un significativo bombardeo con misiles de crucero contra una base aérea siria. De forma similar, resulto ser un ataque aéreo que dio en instalaciones utilizadas por los “rebeldes” para almacenar gases venenosos.

Los incidentes previos fueron montados por la CIA y sus fuerzas indirectas en Siria como pretextos para una escalada militar. La provocación más reciente no es nada diferente.

No hay evidencia creíble del ataque en la ciudad de Duma, situada al este de Guta y pocos kilómetros de la capital siria. Hay vídeos que no prueban nada, ya que pudieron haber sido creados en cualquier otro momento y editados para servir el propósito. Las únicas fuentes desde el lugar de los hechos fueron los Cascos Blancos, una organización de rescate ampliamente celebrada por la prensa, pero afiliada a los “rebeldes” anti-Asad y financiada en gran medida por Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y otras potencias imperialistas. Esto incluye $23 millones de la Agencia de Desarrollo Internacional (USAID), un frente desde antaño de la CIA.

Los oficiales de la Casa Blanca de Trump han denunciado la presunta atrocidad, haciendo la usual advertencia antes de un acto militar de que “todo está en la mesa”. El Consejo Nacional de Seguridad (NSC, por sus siglas en inglés) se reunirá el lunes por primera vez bajo su nuevo titular, John Bolton, quien fue protagonista de la guerra en Irak y ha llamado públicamente a bombardear tanto a Irán como a Corea del Norte. El NSC recomendará opciones militares para el mandatario.

Cualquier acción conllevará un peligro inminente de una guerra más amplia. Hay asesores iraníes y personal militar ruso integrado en las fuerzas del Gobierno sirio y podrían ser bajas en un ataque de gran escala estadounidense, lo que a su vez incitaría demandas de represalias en ambos países.

El objetivo consciente del aparato militar y de inteligencia es precisamente desencadenar un conflicto mayor. Durante el último mes, el escenario internacional se ha visto dominado por la campaña británica y estadounidense contra Rusia en torno al presunto envenenamiento de Sergei Skripal, un espía ruso, y su hija Yulia, en Salisbury, Inglaterra. Esto ha desatado un espiral ascendente de acusaciones, expulsiones de funcionarios rusos y sugerencias de que el incidente consistió en un ataque con un gas nervioso perpetrado por Moscú en suelo británico, es decir, un acto de guerra.

Sin embargo, la semana pasada, la versión oficial que apuntaba al Gobierno ruso por el incidente colapsó. La autoridad británica de armas químicas anunció que no era capaz de determinar la fuente del presunto veneno, y además se reportó que los Skripal están recuperándose —dos factores que tornan ridícula la acusación de que fueron envenenados con un gas nervioso letal producido en Rusia—.

La renovada histeria mediática por un presunto ataque con gas venenoso en Siria sirve para desviar la atención del colapso de la provocación del caso Skripal, mientras que provee un pretexto fresco para escalar la ofensiva contra Rusia.

Tienen otra razón para enfocarse en Siria. Durante la última semana, el presidente Trump cuestionó públicamente la intervención continua de EUA en ese país, dada la debacle sufrida por las fuerzas islamistas respaldadas por la CIA y la consolidación del control sobre los centros urbanos a manos del Gobierno de Al Asad. Inicialmente declaró que retiraría pronto las tropas estadounidenses de Siria, pero cambio de parecer ante la presión del Pentágono, la CIA, el Congreso y la prensa. El incidente en Duma ha puesto fin a tales vacilaciones.

Como lo indicó el New York Times el domingo por la noche: “Días después de que el presidente Trump dijera que quería sacar a Estados Unidos de Siria, las fuerzas sirias atacaron un suburbio de Damasco con bombas que, según los trabajadores de rescate, despedían un gas tóxico. En cuestión de horas, las imágenes de familias muertas tumbadas en sus casas amenazaban con cambiar los cálculos del Sr. Trump respecto a Siria, posiblemente embrollándolo más en la irresoluble guerra de Oriente Próximo que esperaba poder dejar”.

El grupo “rebelde” que controla Duma, Jaish al Islam, el cual forma parte de la oposición islamista contra Al Asad junto a la rama siria de Al Qaeda y los restos de Estado Islámico, ha sido objeto de acusaciones fiables de haber empleado gas de cloro contra las fuerzas kurdas y civiles en la ciudad de Alepo en el 2016. La acusación hecha por los kurdos recibió amplia cobertura en Voice of America, el brazo de propaganda del Gobierno de EUA.

Mientras que es posible que aviones de guerra sirios le hayan dado a un depósito de armas del grupo rebelde que hiciera escapar el gas, es más posible que el gas venenoso haya sido dispersado por el mismo Jaish al Islam en servicio de sus patrocinadores de la CIA, a fin de crear un pretexto para una intervención militar estadounidense. Esto es, sin embargo, asumiendo que los reportes de personas expuestas a un gas venenoso no hayan sido plenamente fabricados por las agencias de inteligencia estadounidenses para ser retransmitidos por una prensa servil.

Según Al Jazeera y las fuentes noticieras rusas, Jaish al Islam está sufriendo una derrota de tal magnitud que ya acordó retirar toda la milicia y sus familias de Duma en unas 48 horas. Además, informan que serán tropas rusas las que tomen control de la ciudad.

La Cancillería iraní rechazó las acusaciones del ataque con gas en Duma. “Tales acusaciones y alegatos de los estadounidenses y algunos países occidentales indican que hay un nuevo complot contra el Gobierno sirio y su pueblo y constituyen una excusa para emprender un acto militar contra ellos”, le comentó un vocero a la prensa.

El Gobierno ruso, por su parte, denunció la campaña estadounidense sobre el supuesto ataque con gas, calificándola como una provocación política para justificar una mayor intervención del ejército estadounidense en la guerra civil siria. “La divulgación de historias falsas sobre el uso de cloro y otras sustancias venenosas por parte de las fuerzas del Gobierno continúa”, manifestó el canciller ruso. “Recientemente, advertimos varias veces que habría provocaciones tan peligrosas. El propósito de especulaciones engañosas como estas, sin fundamento alguno, es amparar a terroristas… e intentar justificar un posible recurso de fuerza desde el exterior”.

La más reciente provocación sigue un patrón bien conocido, desde las mentiras de “armas de destrucción masivas” iraquíes hasta el presente. Las agencias de inteligencia estadounidenses dieron la señal. Una cobertura incesante fue lanzada inmediatamente por la televisión por cable. La Casa Blanca y los líderes congresistas hicieron declaraciones exigiendo una respuesta pronta, mientras los editoriales escritos por portavoces de la CIA como el New York Times han azuzado esas demandas.

Las mentiras descaradas de la prensa han sido acompañadas por un revuelo con una hipocresía impactante. El Times, el Washington Post, NBC, ABC, CBS, CNN, y compañía, restan importancia y encubren las atrocidades perpetradas por las fuerzas estadounidenses y sus aliados, como la incineración de Mosul y Al Raqa, los asesinatos de manifestantes en Gaza por el ejército israelí, las matanzas masivas en Yemen por Arabia Saudita con el respaldo estadounidense —incluso con el príncipe heredero siendo celebrado por la burguesía estadounidense— y la masacre continua en Afganistán.

La abrumadora responsabilidad por la carnicería y el sufrimiento en Siria —al igual que en Irak, Yemen y todo Oriente Próximo— recae sobre el imperialismo estadounidense, que ha lanzado una guerra tras otra con base en mentiras como intento para establecer su control sobre la región y sus recursos energéticos vitales. La posibilidad de una ofensiva estadounidense en respuesta a las acusaciones de un ataque químico presenta urgentemente el peligro de una guerra más amplia y la necesidad de un movimiento internacional de la clase obrera contra la guerra y por el socialismo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 9 abril de 2018)

Patrick Martin