Gobierno iraquí respaldado por EUA mata a tiros a obreros manifestándose

por Patrick Martin
18 julio 2018

Más de una docena de manifestantes trabajadores han sido asesinados a tiros por la policía, las Fuerzas Especiales y las milicias progubernamentales en el sur y centro de Irak durante la última semana, en medio de un levantamiento popular de cada vez mayores proporciones contra el Gobierno del primer ministro Haider al Abadi.

La fuerza impulsora de este movimiento es la ira ante el hecho de que, siete años tras la retirada oficial de las fuerzas militares estadounidenses que invadieron, ocuparon y devastaron el país, las condiciones de vida siguen siendo intolerables y el Gobierno no ha cumplido sus promesas de utilizar la riqueza petrolera del país para beneficiar al pueblo, en lugar de las compañías petroleras multinacionales y un estrato corrupto de colaboradores iraquíes con el imperialismo estadounidense.

Desde el asesinato de un manifestante en Basora el 8 de julio, seis personas más han muerto en dicha ciudad, la tercera más grande de Irak y el centro de su industria petrolera. Se han informado otras muertes a manos de las fuerzas de seguridad en las ciudades de Amara, Samawa y Muthanna, así como tiroteos masivos en Nasariya y Karbala. El número de víctimas reportado por los servicios de noticias internacionales ha llegado a 14 muertos y 366 heridos.

Cientos han sido arrestados en los esfuerzos del Gobierno para aplastar las protestas de masas antes de que el movimiento se extienda tanto que no pueda ser contenido. Solo en la primera semana, las protestas localizadas en las provincias de Basora y Al Muthanna en el extremo sur se extendieron por todo el sur, donde vive la mayoría de la población de Iraq, y en las provincias de Bagdad, Diyala y Salahuddin en el centro del país.

Las manifestaciones comenzaron en Basora, cuya industria petrolera produce la mayor parte de la riqueza nacional, pero cuyos residentes viven en las condiciones más degradantes y más pobres imaginables, con altos niveles de desempleo y pobreza y una virtual ausencia de servicios públicos civilizados como electricidad y agua corriente y potable.

Ahmed Abdulasmar, un periodista de Basora, le dijo al periódico británico The Independent: "Las protestas tienen una demanda principal, el empleo para los jóvenes. No hay trabajos, a pesar de que el sur es un área petrolera, ni siquiera hay agua limpia. Las terribles instalaciones lo empeoran aún más ... Hay muy pocas escuelas y casi no hay agua fresca. Los que no pueden pagar el agua embotellada recurren a beber agua salada, lo que los enferma".

Al expandirse este movimiento, multitudes de manifestantes atacaron algunas de las instalaciones de transporte más críticas, obligando a cerrar el puerto de Um Kasar, la principal salida de Basora al golfo Pérsico, del que parten casi todas las embarcaciones que transportan petróleo iraquí, y el segundo mayor aeropuerto del país, ubicado en Náyaf, y los dos principales cruces fronterizos en el sur, Safwan con Kuwait y Shalamche con Irán.

Cientos de manifestantes intentaron bloquear el acceso a las principales instalaciones productoras de petróleo, incluido el yacimiento Qurna-1 Oeste, operado por Exxon Mobil, el yacimiento petrolífero Qurna-2 Oeste, administrado por la firma rusa Lukoil, y Rumaila, el gigantesco yacimiento petrolero estatal, uno de los más grandes del mundo. El lunes, 200 manifestantes intentaron bloquear la entrada principal al yacimiento de gas natural Siba en Basora.

Iraqi provinces (in red) where protests took place

Las manifestaciones contra el desempleo, la corrupción y el colapso de los servicios públicos y otros servicios públicos se extendieron por las provincias meridionales de Maysan, Karbala, Náyaf, Babil, Wasit, al-Qadisiya y Dhi Qar, hasta llegar a la capital iraquí, Bagdad. Para el fin de semana, hubo protestas en dos provincias al norte de Bagdad, Diyala y Salahuddin, las cuales quedaron devastadas después de los tres años de guerra entre las fuerzas del Gobierno iraquí, respaldadas por Estados Unidos y sus aliados imperialistas, y el grupo fundamentalista sunita, Estado Islámico. Las protestas se han extendido por toda la región chiita del país y representan un movimiento de clase por parte de los trabajadores chiitas contra un régimen basado en partidos chiitas burgueses, los cuales no han podido formar un nuevo Gobierno desde las elecciones de mayo debido a conflictos con las élites rivales suníes y kurdas, así como tensiones dentro de la clase chiita gobernante.

Para este fin de semana, el foco político de las protestas se había vuelto más pronunciado, con manifestantes atacando las oficinas de los partidos gobernantes chiitas y sus organizaciones de milicias en Náyaf.

En la provincia de al Mutanna, los manifestantes atacaron edificios gubernamentales y las oficinas del partido. Uno de ellos murió y 15 fueron heridos al atacar las oficinas del consejo provincial. Los manifestantes también quemaron las sedes de los dos principales partidos burgueses chiitas, el Partido Islámico de la Virtud y el Partido Islámico Dawa, así como la de la Organización Badr, el grupo de milicias chiítas más poderoso, así como la estación de televisión Badr al Samawa. Al menos 33 manifestantes fueron arrestados el domingo y 65 más el lunes solo en la provincia de Mutanna.

El primer ministro Al Abadi se apresuró para regresar de Bruselas, donde asistía a una reunión al margen de la cumbre de la OTAN para discutir la lucha en curso contra el Estado Islámico. Voló directamente a Basora para reunirse con funcionarios locales y líderes tribales, y ordenó una combinación de medidas represivas y paliativos.

El Gobierno impuso un toque de queda en varias provincias del sur y prohibió el acceso al Internet en la mayor parte del sur durante varios días. Las tropas élite de contraterrorismo fueron enviadas para enfrentar a los manifestantes, erigiendo barricadas de alambre de púas alrededor de las oficinas gubernamentales y las instalaciones petroleras.

Al mismo tiempo, Al Abadi estableció un comité de seis ministros dirigido por el ministro para asuntos petroleros, Jabbar Ali Husayn al Luaibi, para canalizar dinero a la región de Basora, prometiendo asignaciones para mejoras en el sistema de agua y el sistema de distribución de electricidad. La población de la ciudad no se impresionó. Un video publicado en las redes sociales mostró a Al Abadi siendo escoltado en apuros por dos guardaespaldas cuando los manifestantes atacaron el hotel donde se hospedaba en Basora.

En una clara indicación del temor que la rebelión ha provocado en la clase gobernante iraquí, algunas de las figuras más poderosas de la élite chií emitieron declaraciones el viernes expresando su simpatía por los manifestantes.

Moqtada al Sadr, quien una vez fue un radical chiita y cuyo partido obtuvo el mayor bloque parlamentario en las elecciones de mayo, tuiteó el viernes que las protestas fueron "una revolución de los hambrientos". Se espera que Al Sadr, cuyo ejército de al Mahdi luchó contra la ocupación estadounidense hace mucho tiempo antes de hacer las paces con la embajada de Estados Unidos, emerja como el poder detrás del trono en cualquier nuevo Gobierno en Bagdad.

La principal figura del clero chiita de Irak, el gran ayatolá Ali al-Sistani, también expresó su simpatía por los manifestantes durante las oraciones del viernes en Karbala, la ciudad santa de la secta chiita, a la que se adhiere la mayoría de las personas en las provincias del sur. Basra era una de las "zonas más miserables"

de Irak, dijo su representante a la prensa. La gente de Basora "sufre una escasez de servicios públicos", dijo el representante, y agregó que al Sistani instó al "Gobierno federal y local a tratar seriamente las demandas de los ciudadanos y trabajar con urgencia para hacer lo que se puede hacer".

En una ominosa advertencia de mayor derramamiento de sangre, algunos medios de comunicación chiitas vinculados a Irán denunciaron a los manifestantes como "infiltrados", haciéndose eco de las condenas del régimen de Teherán de las protestas populares sobre las condiciones económicas cuando estallaron a principios de este año en Irán.

Puede haber algunos vínculos entre las protestas iraníes y las que ahora emergen en Irak. Solo una semana antes de que comenzaran las protestas en Basora, hubo violentos enfrentamientos entre la policía y los manifestantes en las ciudades de Abadan y Khorramshahr, a menos de dos horas en automóvil al este, cerca de la frontera entre Irak e Irán. La problemática, además, fue la misma: el suministro de agua. Cuatro personas murieron por disparos de las fuerzas de la Guardia Revolucionaria el 30 de junio en Khorramshahr.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 17 de julio de 2018)