Revueltas sociales masivas deja a la capital petrolera de Iraq en llamas

por Bill Van AukeN
10 septiembre 2018

En la ciudad sureña de Basora, capital petrolera del país y centro de su mayoría chiita, se dieron protestas masivas que han dejado en llamas a muchos de los edificios que albergan las oficinas del gobierno, los principales partidos políticos, las milicias chiíes e incluso el consulado iraní.

Funcionarios de seguridad iraquíes anunciaron el toque de queda el viernes en esta ciudad de 2 millones, advirtiendo que cualquier persona que se encuentre en las calles será arrestada. Un intento anterior de imponer dicho toque de queda se rescindió después de que multitudes desafiaran al gobierno y establecieran bloqueos en la carretera Basora-Bagdad y el puerto principal de Umm Qasr en el Golfo Pérsico, por donde fluyen tanto las exportaciones petroleras iraquíes como los suministros de alimentos, así como otros bienes importados en el país.

Al menos una docena de manifestantes han sido asesinados en el transcurso de las manifestaciones, muchas de ellas víctimas de los disparos de las fuerzas de seguridad. Un manifestante murió la noche del jueves después de recibir un disparo en la cabeza con un cartucho de gas lacrimógeno.

Cientos han sido arrestados, con informes de que los detenidos han sido torturados de forma rutinaria. Dos abogados que se presentaron para representar a los manifestantes arrestados fueron asesinados.

Entre los edificios incendiados por los manifestantes estaban las oficinas de Iraqiya TV, la sede del gobernante Partido Dawa, el Consejo Islámico Supremo y la Organización Badr, todos cuyos líderes están en Bagdad llevando a cabo corruptos, pero hasta ahora sin éxito, intentos de improvisar un nuevo gobierno de coalición gobernante.

Los manifestantes prendieron fuego a las oficinas de la milicia armada chiíta Asaib Ahl al-Haq, así como a las del Movimiento Hikma. También tomaron por asalto la casa del jefe interino del consejo provincial.

El ataque contra el consulado iraní se debió, al menos en parte, al hecho de que Irán cortó el suministro de electricidad a la región después de que el gobierno iraquí no pagó por ellos. El gobierno iraní también ha sido identificado con los principales partidos chiítas que han dominado al régimen en Bagdad, y los medios de comunicación iraníes han denunciado protestas anteriores como el trabajo de "infiltrados", al igual que había reaccionado ante protestas similares en Irán.

Enojadas y sangrientas protestas se han apoderado de la región desde julio. Miles de personas han salido a la calle para protestar por las condiciones de desempleo masivo, pobreza extrema y la ruptura de la infraestructura esencial. El sistema de agua no proporcionó agua potable a la población, enviando a unas 30,000 personas al hospital con infecciones bacterianas. El sistema eléctrico ha estado sujeto a apagones de 10 horas en condiciones de una ola de calor sin precedentes, con temperaturas que alcanzan los 50 grados centígrados. Los funcionarios de salud han advertido que la ciudad enfrenta una amenaza inminente de una epidemia de cólera.

La ira solo se ha intensificado en medio de informes de una resurgente producción petrolera, que se centra en la provincia de Basora. Agosto registró la extracción de 4 millones de barriles por día, generando considerables ganancias para las compañías extranjeras que operan los campos —incluida Exxon, con sede en EUA y la firma rusa de energía Lukoil— así como $7,7 mil millones solo ese mes para las arcas del gobierno. Al tiempo que enriquece a una delgada capa de hombres de negocios y políticos iraquíes, nada de este dinero se ha invertido en mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora en Basora o en cualquier otra parte del país.

Las áreas de las protestas masivas no se vieron afectadas en gran medida por la brutal campaña militar librada contra ISIS, con ataques aéreos estadounidenses que redujeron gran parte de Mosul, la segunda ciudad más grande de Iraq, a escombros y dejando decenas de miles de muertos y heridos. Sin embargo, muchos de los milicianos que fueron a luchar contra el ISIS venían de Basora y muchos perdieron la vida. Esto no ha impedido que las multitudes incendien los cuarteles de las milicias chiítas, en una clara indicación de que los problemas de clase están anulando las divisiones sectarias alimentadas por la antigua ocupación estadounidense para avanzar en su objetivo de dividir y conquistar, continuado por el establecimiento gobernante iraquí para consolidar su dominio.

Las profundas preocupaciones dentro de las capas gobernantes de Irak sobre los acontecimientos en Basora encontraron expresión el viernes en una declaración del principal clérigo chiita del país, el ayatolá Ali Sistani, quien pronunció un sermón "imparcial" que pedía un cambio en los métodos del gobierno y poner fin a la violencia de los manifestantes.

"Las fallas de los líderes políticos iraquíes en los últimos años han causado la ira de la gente en Basora", dijo Sistani. "Esta realidad no puede cambiar si el próximo gobierno se forma de acuerdo con los mismos criterios adoptados al formar gobiernos anteriores. Se debe ejercer presión para que el nuevo gobierno sea diferente de sus predecesores”.

No hay indicios de que dicho cambio tenga lugar dentro de los límites de la política iraquí existente. El parlamento iraquí suspendió su sesión el 4 de septiembre en medio de un aparente estancamiento sobre la determinación de cuál de las dos coaliciones rivales necesitaba la mayoría para formar un nuevo gobierno. Frente a las erupciones en Basora, el parlamento fue convocado nuevamente el sábado.

Si los acontecimientos en Basora se hubieran llevado a cabo en Irán, uno puede estar seguro de que se les habría ofrecido cobertura de primera plana en todos los periódicos importantes de los Estados Unidos y que habrían encabezado las noticias de la noche.

En cambio los medios estadounidenses mantienen cerca de un silencio universal sobre los levantamientos, ya que Washington interviene directamente en la política iraquí en un intento por asegurar un segundo mandato para el primer ministro Haider al-Abadi.

El enviado especial de Estados Unidos a la llamada coalición anti-ISIS Brett McGurk ha sido trasladado a la capital iraquí kurda de Erbil y Bagdad en lo que universalmente se reconoce como un intento de Washington de reunir la mayoría necesaria para mantener a Abadi en poder.

Abadi, cuya coalición electoral "Victoria" quedó en tercer lugar en las elecciones de mayo, depende de su dominio sobre el parlamento en una alianza con el populista clérigo chiita Moqtada al-Sadr, cuya lista de candidatos fue la primera. El Ejército Mahdi de Al-Sadr una vez luchó contra las tropas de ocupación estadounidenses, pero hace mucho tiempo que hizo las paces con la Embajada de los Estados Unidos.

Washington considera que la alianza Abadi-Sadr es el menor de dos males en comparación con el grupo electoral que ocupó el segundo lugar en las elecciones de mayo, liderado por Hadial-Amiri, el exlíder de las Brigadas Badr, una de las milicias chiíes prominentes con lazos estrechos a Irán. Al-Amiri está aliado con el ex primer ministro iraquí Nouri al-Maliki y su coalición Estado de Derecho. En 2006, al-Maliki se instaló bajo la ocupación de los EUA. Como primer ministro, tras haber sido investigado por la CIA como el candidato preferido.

La misión de McGurk en Irak aparentemente tenía como objetivo balancear el apoyo de las facciones minoría kurda y sunita detrás de la coalición Abadi-Sadr.

Cualquiera que sea el bloque que prevalezca, el establecimiento gobernante iraquí se encontrará en la vorágine del impulso de Washington hacia la guerra con Irán. Bagdad comparte estrechas relaciones políticas con Irán, y la economía de Iraq depende en gran medida de los vínculos comerciales que están en conflicto directo con las amplias sanciones de la administración Trump.

Ninguno de estos dos contendientes por el poder hará nada para alterar el sistema político corrupto de la política sectaria y los sobornos masivos que han estado vigentes desde que los EUA. Invadieron Irak y diezmaron su sociedad.

"Todo el sistema está podrido y debe ser derrocado", dijo Haitham, un soldado iraquí de Basora que se unió a las manifestaciones, al diario británico Guardian. "Somos pacíficos, pero cada uno de nosotros se sienta en un almacén de armas. En 15 años [desde la invasión estadounidense], 1 millón de iraquíes han sido martirizados. Si hubiésemos celebrado manifestaciones desde el principio y hubiéramos perdido a un millar de personas, estaríamos en un lugar mejor ahora”.

El surgimiento de un levantamiento masivo de la clase obrera de Basora contra los partidos y milicias chiitas burguesas que han dominado la vida política del país desde el final de la ocupación estadounidense amenaza con desencadenar una explosión revolucionaria que puede extenderse más allá de las fronteras de Iraq.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 8 de septiembre de 2018)