Gobiernos de Estados Unidos, México y Guatemala hostigan caravana de refugiados hondureños

por Andrea Lobo
19 octubre 2018

El sábado pasado, casi 2.000 personas de todo Honduras se reunieron en la ciudad de San Pedro Sula, ubicada en el noroeste del país, para viajar juntos hacia el norte y llegar a los Estados Unidos y Canadá. Los migrantes y refugiados están escapando las condiciones generalizadas de violencia y pobreza, impuestas por un siglo y más de saqueo imperialista de los recursos naturales y mano de obra barata de la región por parte de las corporaciones estadounidenses, e implementadas a través de invasiones militares, ocupaciones, golpes de Estado apoyados por la CIA y otras formas. de intromisión política.

La caravana se enfrenta a una represión cada vez más brutal contra los inmigrantes por parte de las autoridades mexicanas y centroamericanas a instancias del Gobierno de los Estados Unidos.

El jueves anterior a su partida, se llevó a cabo una cumbre de seguridad con funcionarios centroamericanos y mexicanos, junto con el vicepresidente, secretario de Estado y secretaria de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, como parte de la segunda conferencia de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo del Norte—compuesto por Guatemala, Honduras y El Salvador—. Esta iniciativa fue creada bajo el presidente Obama.

En la reunión, el vicepresidente de los EUA, Mike Pence, exigió a los Gobiernos “detener el flujo de inmigración ilegal y drogas”. Se refirió airadamente al hecho de que, durante el último año, 225.000 migrantes del Triángulo del Norte viajaron hacia el norte, componiendo la mayoría de las detenciones en la frontera de Estados Unidos y México. Esta cifra involucró un aumento de 61 por ciento del número proveniente de Honduras y del 75 por ciento de Guatemala en el último año.

Pence amenazó a los migrantes a no "poner a sus familias en riesgo al emprender el peligroso viaje hacia el norte", agregando más adelante: "Nos enfrentaremos a quienes nos harían daño a través del narcotráfico y la violencia de pandillas".

Los funcionarios estadounidenses también utilizaron la reunión para advertir a América Central a no estrechar vínculos económicos con China, considerada por Washington como su principal rival geopolítico, al tiempo que dejó claro que el marco de "seguridad nacional" para los ataques contra inmigrantes en toda la región es una parte integral de la militarización y otros preparativos para una guerra contra grandes potencias.

Para el lunes, cerca de mil migrantes más, quienes cargaban mochilas junto con niños y bebés, se unieron a la caravana en los primeros 180 kilómetros hasta el cruce de la frontera con Guatemala en Agua Caliente.

El gobierno guatemalteco desplegó alrededor de 100 policías antidisturbios para bloquear la carretera y encontrarse con la caravana. Según El Periódico, un helicóptero militar incluso voló cerca de los migrantes.

Sin embargo, las tácticas de intimidación no funcionaron contra la enorme masa de miles. Después de algunas horas de espera y confusión, con niños hambrientos y algunos desmayos, grupos humanitarios de Guatemala llegaron con comida y agua. Finalmente, cuando quedaba claro que los migrantes estaban siendo detenidos ilegalmente, ya que los ciudadanos del Triángulo del Norte solo necesitan su tarjeta de identificación nacional para cruzar las fronteras, se le permitió a la caravana marchar hacia Guatemala. Así continuaron entre cánticos de "¡Sí se pudo!, a pesar del continuo hostigamiento de las fuerzas armadas.

Muchos de los entrevistados por reporteros sobre por qué viajan hablan de la violencia de las pandillas, la falta de atención médica para afecciones graves y cómo “los ricos tienen todo el dinero”. Una madre con su hija en brazos les dijo a reporteros: “Los hijos de los políticos tienen trabajo, pero para los pobres no hay”. Un hombre le dijo a HCH Noticias de Honduras: “Que no vaya a decir el presidente ‘cero pobreza’. No, nosotros somos los que vamos a evitar esa pobreza, mandándoles las remesas a nuestros familiares que se quedaron allá… Y no somos otro país, somos Centroamérica. Estamos unidos".

Después de cruzar exitosamente, el grupo avanzó 95 kilómetros más al pueblo de Esquipulas con la ayuda de autobuses y camiones de tráiler proporcionados por grupos proinmigrantes.

Allí, la policía arrestó a Bartolo Fuentes, un periodista y exdiputado de la coalición LIBRE que se había convertido en uno de los portavoces de la caravana. También fue uno de los organizadores de la misma, la cual se organizó en gran parte a través de las redes sociales.

Fuentes fue enviado rápidamente a Ciudad de Guatemala, donde fue acusado fraudulentamente de "entrar ilegalmente en el país" y condenado a ser deportado de vuelta a Honduras. Utilizando la relación entre algunos organizadores y los partidos oficiales de oposición, la cancillería hondureña justificó el arresto e instó "a los hondureños que participan en esta movilización irregular a no dejarse utilizar por un movimiento que a todas luces es político".

Un reportero de HCH Noticias en el refugio de Chiquimula se vio rápidamente rodeado por migrantes que para enviarles un “los extraño" a sus seres queridos, agradecerles a los guatemaltecos por la cálida bienvenida y pedir apoyo internacional. Uno explicó que los salarios no pasan de $4 a $5 por día en Honduras y que no son suficientes para pagar los alimentos y los servicios públicos para su familia. Un joven dijo: “Quiero enviarle un saludo a mi madre, Reina Hilda Hernández, a mis amigos, hermanos, mi novia, el amor de mi vida que decidió quedarse. Estoy bien, ha estado ‘yuca’ [difícil], pero ‘no hay clavo’".

El plan de estos migrantes es llegar a los puertos de entrada de México y Estados Unidos y solicitar asilo. Aunque la administración de Trump oficialmente puso fin a la política de separar familias a fines de junio —pese a que muchos niños separados nunca se volverán a ser reunidos con sus padres ya deportados— los solicitantes continúan siendo enviados a campos de detención en números récord, pero ahora como "unidades familiares".

Además, este fin de verano ha visto un nuevo aumento en la inmigración a EUA a niveles récord, con la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) reportando un aumento en los arrestos en la frontera del 43 por ciento entre junio y septiembre. Según asesores de Trump hablando desde el anonimato con el Washington Post, este aumento, que se encuentra a unas pocas semanas de las elecciones de medio término en los Estados Unidos, ha puesto al presidente "furioso".

En abril, Trump utilizó una caravana ligeramente más pequeña de migrantes centroamericanos como pretexto para desplegar a la Guardia Nacional en la frontera entre Estados Unidos y México con la cooperación del Partido Demócrata.

Ahora, bajo el consejo de su asesor fascista Stephen Miller, Trump ha estado exigiendo restablecer rápidamente la separación familiar de alguna otra forma. El martes le dijo a AP: "Lo único que también diré es que cuando una persona piensa que no se separará, invaden nuestras fronteras".

Según informes, también ha dado órdenes al secretario de Estado, Mike Pompeo, para que presione a México a tomar medidas más agresivas para detener y deportar a los inmigrantes centroamericanos, incluida la detención de la caravana. El martes, Trump tuiteó: "Si la gran Caravana de personas que se dirigen a los Estados Unidos no se detiene y la regresan a Honduras, ¡no se dará más dinero ni ayuda a Honduras, vigente inmediatamente!".

El Gobierno mexicano ha respondido movilizando a cientos de oficiales de policía, militares y migratorios a Tapachula, Chiapas, en la frontera con Guatemala, según varios informes locales. El Instituto Nacional de Migración anunció que inspeccionará cada caso individualmente y requerirá visas para ingresar y deportará a los que no califiquen para estatus de refugiado. Como lo demuestra la experiencia en la frontera entre Honduras y Guatemala, tal detención de la caravana en la altamente militarizada frontera entre Guatemala y México podría convertirse rápidamente en un desastre humanitario para los migrantes.

Se espera que este asalto militarizado contra los inmigrantes por parte de las autoridades mexicanas, que actúa como una extensión de las fuerzas de deportación de los Estados Unidos se intensifique durante el Gobierno mexicano de Andrés Manuel López Obrador.

A pesar de prometer demagógicamente durante la campaña que no haría el "trabajo sucio" de la política migratoria de EUA, una vez elegido, adoptó de inmediato un tono de sumisión al imperialismo estadounidense. En una conferencia de prensa ayer, refiriéndose a un borroso plan para reducir la inmigración mediante el aumento de las inversiones de capital estadounidense y mexicano en el Triángulo del Norte, López Obrador todavía expresó con deferencia: “Esto se lo expuse al presidente Donald Trump y él ha aceptado esta propuesta". Cuando los reporteros le preguntaron específicamente si se debía permitir que la caravana ingrese a México, eludió la pregunta: "Hay opciones, hay alternativas. No se trata solo de eso".

(Publicado originalmente en inglés el 18 de octubre de 2018)