Después de la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, López Obrador se apresura para apaciguar al capital financiero

por Alex González
10 noviembre 2018

El 29 de octubre, el presidente electo mexicano, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), anunció que el Gobierno entrante cancelará la construcción de un nuevo aeropuerto masivo en la Ciudad de México después de que la propuesta fuera rechazada en un referéndum que involucró a una pequeña fracción de votantes elegibles. El anuncio provocó olas de indignación por parte de los inversionistas domésticos e internacionales, quienes ya habían completado una tercera parte del proyecto de US$13 mil millones de dólares y habían especulado ampliamente en propiedades alrededor del aeropuerto.

El Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) sería el proyecto de infraestructura mexicano más grande en un siglo y remplazaría al actual aeropuerto internacional, el más visitado en América Latina. A finales del proyecto en 2065, el aeropuerto tendría una capacidad de 125 millones de pasajeros anuales, lo cual lo haría el segundo aeropuerto más grande del mundo en términos actuales.

La cancelación del aeropuerto fue una de las promesas clave de AMLO en su campaña presidencial. Aproximadamente 2 por ciento de los electores a nivel nacional votaron sobre el aeropuerto, la mayoría en municipios en los que ganó su partido, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), en las elecciones del 1 de julio. Los medios reportaron que las casillas fueron manejadas por exvoluntarios de Morena y que no había manera de verificar que no se votara más de una vez.

No cabe duda de que hay una oposición social genuina en contra del NAICM. Para las masas, el nuevo aeropuerto ejemplifica la corrupción y criminalidad de la clase gobernante. El diseñador del aeropuerto es el yerno del multimillonario Carlos Slim, el séptimo hombre más rico del mundo, mientras que el contrato para la construcción de la terminal fue otorgada a un grupo liderado por una compañía controlada por el mismo Slim. Estaban en juego fortunas enteras por medio de la especulación inmobiliaria, con el valor de las propiedades alrededor del aeropuerto aumentando por 50 a 60 por ciento.

Según los resultados oficiales, casi 70 por ciento de los que participaron en el referéndum votaron por la propuesta alternativa de AMLO, la cual involucra añadir dos pistas a una base militar existente en lugar de construir un nuevo aeropuerto. Dada la ubicación montañosa de la Ciudad de México, la viabilidad de operar el aeropuerto internacional existente y la base militar de manera simultánea no es clara, y múltiples expertos han pedido un estudio para evaluar los riesgos operacionales involucrados.

Después de que AMLO anunciara que cancelaría el proyecto, el peso mexicano tuvo su caída más grande desde la elección de Donald Trump en 2016, mientras que la bolsa mexicana perdió un 4 por ciento. Fitch Rating degradó al país de “estable” a “negativo”. Varios comentarios preocupados en la prensa internacional notaron que la decisión de AMLO había generado “incertidumbre” sobre su habilidad de dejar caer su máscara “izquierdista” para reprimir despiadadamente la oposición social e implementar las medidas necesarias para garantizar las metas de la clase gobernante.

En una rápida respuesta a las inquietudes de su verdadera base, AMLO se apresuró para tranquilizar a los empresarios de que pueden confiar en que su Administración garantizará sus intereses. “Desde el principio del análisis sobre este asunto, dejamos claro que los intereses de las compañías y los inversionistas estarían a salvo”, dijo. “Hay fondos que respaldan los compromisos en contratos e inversiones. Existe el aval a nuestra palabra de atender a cualquier reclamación de las empresas”. El director de comunicaciones del Gobierno entrante aseguró que los inversionistas y contratistas “no perderán ni un peso de su dinero” como resultado de la decisión de AMLO.

El actual aeropuerto internacional ha operado en exceso de capacidad por más de 20 años. Sin embargo, el NAICM se ha centrado totalmente en maximizar la riqueza de una pequeña capa acaudalada, no en abordar las necesidades sociales de la clase trabajadora. A lo largo de la campaña electoral, AMLO hizo llamados populistas en contra del aeropuerto para explotar y canalizar este enojo social detrás de su campaña. La reacción de AMLO ante el capital financiero devela que es igual de fiel a la clase gobernante que cualquier otro político capitalista.

La crisis alrededor del aeropuerto coincidió con un corte masivo de agua en la Ciudad de México, la ciudad más grande de Norteamérica. La semana pasada, casi 4 millones de habitantes de la ciudad no tuvieron agua por el mantenimiento a las tuberías que suministran agua al área metropolitana. Tres millones de personas en el vecino Estado de México también fueron afectadas. Por tres días, todas las escuelas públicas de la capital cerraron por falta de agua. Una ciudad de 21 millones de personas vivió escenas que pertenecen a otro siglo, con millones de personas dependiendo de agua almacenada en cubetas, tinas o contenedores para cocinar, limpiar y bañarse por múltiples días.

El gobierno estima que hasta el 40 por ciento del agua que llega a la ciudad se pierde por fugas, y varios reportes estiman que la ciudad no tendrá agua dentro de 50 años con las estimaciones actuales.

La crisis de agua en la Ciudad de México y el proyecto del NAICM están directamente vinculados, con varios científicos advirtiendo que construir el nuevo aeropuerto empeoraría la crisis de agua en la ciudad. Ya sea al llenar los bolsillos de la elite gobernante, como es el caso con el NAIM, o al insistir que “no hay dinero” para un proyecto de infraestructura masivo, el sistema de lucro no tiene ninguna solución progresista para la clase obrera. Ni la crisis de agua ni las necesidades de transporte de las masas pueden ser resueltas de una manera racional bajo el capitalismo.

Un reporte reciente de Credit Suisse reveló que el 10 por ciento más rico de los mexicanos tiene 70 por ciento de la riqueza del país, mientras que el 1 por ciento —o 130,000 individuos— tienen 40 por ciento de la riqueza en México. Millones son gastados cada año militarizando la frontera entre México y Centroamérica para prevenir que una de las capas más explotadas y vulnerables de la clase obrera internacional pueda buscar una vida mejor.

Los verdaderos socialistas insisten que ni un solo problema social que encara la clase obrera puede ser resuelto sin un ataque frontal a la riqueza de la élite financiera. Los trabajadores y jóvenes deben juzgar a AMLO y Morena no por sus frases populistas, sino por su historia, programa, y orientación de clase, todos los cuales están basados en el nacionalismo y una base en capas privilegiadas de la clase media-alta. La clase obrera mexicana y sus hermanos y hermanas de clase en todo el continente e internacionalmente necesitan una revolución socialista para planificar y organizar la sociedad de una manera científica en base a sus necesidades sociales objetivas.

(Artículo originalmente publicado en inglés el 8 de noviembre de 2018)