Estallan protestas en Túnez después de autoinmolación del periodista Abderrazak Zorgui

por Alex Lantier
29 diciembre 2018

Durante los últimos tres días en varias ciudades tunecinas, los trabajadores y jóvenes se han enfrentado a la policía tras la autoinmolación del periodista Abderrazak Zorgui. El camarógrafo de 32 años se prendió fuego y falleció en su ciudad natal, Kasserine, después de publicar un video en las redes sociales llamando a un levantamiento y declarando que esperaba que su acto ayudara a comenzar una nueva revolución.

Su suicidio se produjo ocho años después de los levantamientos revolucionarios en Túnez y Egipto desencadenados por la autoinmolación del vendedor de verduras tunecino, Mohamed Bouazizi, en diciembre de 2010. A falta de una dirección revolucionaria capaz de llevar a la clase obrera a la toma del poder, el antiguo régimen tunecino pudo reestabilizarse e imponer los dictados financieros de los bancos europeos y estadounidenses. El actual presidente de Túnez, Beji Caid Essebsi, sirvió bajo la dirección de Zine El Abidine Ben Ali, el dictador derrocado por la clase obrera el 14 de enero de 2011.

En su video, Zorgui denunció el régimen tunecino y la "guerra contra el terrorismo", diciendo: "A todos los jóvenes desempleados de Kasserine, hambrientos y sin recursos: cuando protestamos, nos tiran de vuelta el terrorismo. Salimos a la calle para exigir el derecho al trabajo y continúan con el terrorismo, lo que significa ‘cállate y vete a casa a morirte de hambre’. Le digo a la gente y a los desempleados de Kasserine, hoy haré una revolución solo. Quienes quieran acompañarme son bienvenidos. Si alguien encuentra un trabajo después, mi autoinmolación no será en vano".

Añadió: "Estamos hartos y cansados, nos han estado haciendo promesas durante ocho años y estas son solo mentiras. Por mi parte, no pertenezco a ningún partido. Se olvidan de los desempleados y representan a los ricos, mientras que los desempleados y regiones enteras no tienen un centavo".

Desde la autoinmolación de Zorgui, las protestas han estallado cada noche en Kasserine, así como en Jbeniana, Tebourba y los distritos de la clase trabajadora de la capital, Túnez. Los jóvenes de Kasserine quemaron neumáticos y respondieron a la lluvia de gases lacrimógenos de la policía antidisturbios tirando piedras.

Con el desempleo nacional en 15.5 por ciento, y el doble en Kasserine, mientras que la inflación alcanza el 7.5 por ciento y el dinar tunecino colapsa, la ira aumenta entre los trabajadores. Nebil Gassoumi, un maestro de escuela en Kasserine que se unió a las protestas, dijo a France Info: "Nada va bien aquí. El dinar está abajo y, por lo tanto, nuestro nivel de vida es bajo, incluso para aquellos que tienen trabajo. Todos aquí están sufriendo ". Agregó:" No hay inversión, no hay trabajo para los solicitantes de empleo". Gassoumi dijo que esperaba que las protestas continuarán.

También esta semana, estallaron protestas contra el asesinato de Falikou Coulibaly, el presidente de la Asociación de Marfileños en Túnez. Esto desató un torrente de críticas por parte de los trabajadores y estudiantes de África subsahariana sobre las condiciones de trabajo y los tratos racistas en Túnez. "¿Por qué nos reprimen? Nos estrangulan a los subsaharianos. En honestidad, son malos. Moral y psicológicamente, nos sentimos muy mal", dijo a RFI un trabajador, Alexandre Diaoré, sobre Túnez.

"Está bastante de moda que una cierta capa burguesa vaya de compras a Carrefour, la tienda minorista en los suburbios del norte, con dos sirvientas negras", informa AFP. Al mismo tiempo, señala: "Las jóvenes criadas de Costa de Marfil o de los países cercanos trabajan siete días a la semana, les pagan poco y tienen sus pasaportes confiscados". La agencia de noticias también tomó nota de las quejas de “un estudiante senegalés que se le preguntó si duerme en los árboles y se alimenta con plátanos”.

El Gobierno tunecino está respondiendo a las crecientes protestas con violencia policial y planes de alto nivel para una ofensiva. En los distritos de Ennour y Ezzouhour de Kasserine, la policía arrestó a 16 personas durante redadas a domicilios, bajo cargos de causar disturbios. Cinco están acusados de destruir cámaras de vigilancia instaladas por el Ministerio del Interior tunecino.

El jueves, se reunió el Consejo de Ministros de Túnez. Mientras afirmaba la "necesidad de respetar el derecho a protestar pacíficamente", actuó para integrar todas las operaciones de seguridad interna bajo el control del presidente. Los ministerios de Defensa e Interior están coordinando las operaciones del ejército y la policía durante las protestas para conmemorar el derrocamiento de Ben Ali, y en los círculos mediáticos y policiales se está llevando a cabo una campaña histérica concertada para amenazar a los manifestantes o calumniarlos como terroristas y delincuentes.

En un editorial de La Presse titulado "Cuidado con los excesos y lo desconocido", Abdelkrim Dermech escribió:

"Quienes hacen paralelos entre la chispa encendida por Bouazizi el 17 de diciembre de 2010 y la de Abderrazak Zorgui el lunes en Kasserine, olvidan por cualquier motivo que esa comparación ya no se puede hacer. Si bien existe un verdadero divorcio entre la actual élite política y los jóvenes en las llamadas regiones menos favorecidas, la violencia, la agresión sin sentido y el daño a la propiedad pública o privada ya no pueden ser aceptados, tolerados o vistos como democráticos".

El jueves, el Consejo de Ministros declaró absurdamente que las circunstancias de la muerte de Zorgui eran "oscuras", y la policía dio un informe inicial sobre los interrogatorios de los manifestantes detenidos. El sitio web Kapitalis apoyo los veredictos de la policía con lo siguiente: "Los extremistas, incluidos los adolescentes arrestados el 25 y 26 de diciembre de 2018, afirmaron durante su interrogatorio que traficantes los habían pagado para infiltrarse en los manifestantes y atacar a la policía y las estaciones de la Guardia Nacional con piedras y cócteles Molotov".

En cuanto que las autoridades de seguridad tunecinas, que todavía están investigando los cargos de tortura y otros delitos que cometieron bajo Ben Ali, estas "confesiones", que se leen como si hubieran sido escritas por el Consejo de Ministros de Essebsi, no tienen credibilidad alguna.

Ocho años después de la caída de Ben Ali en el primer levantamiento revolucionario de la clase obrera en el siglo XXI, ninguna de las demandas que llevaron a los trabajadores a luchar se han resuelto. El capitalismo está social y económicamente en quiebra. En cuanto a las reformas democráticas de Túnez, fueron solo un cambio de fachada para el antiguo régimen y el viejo Estado policial, que ahora se desarrolla bajo la cubierta de la "guerra contra el terrorismo".

Esto reivindica la perspectiva desarrollada por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) inmediatamente después de la destitución de Ben Ali. El CICI reconoció que el levantamiento revolucionario en Túnez, y luego Egipto, marcaban el inicio de una nueva era de la lucha de clases internacional y la lucha por la revolución socialista mundial.

Su declaración del 17 de enero, 2011, "El levantamiento de masas en Túnez y la perspectiva de la revolución permanente", advirtió:

Las masas tunecinas, sin embargo, están solo en las etapas iniciales de su lucha. Como ya lo demuestra la continuación de la violencia militar bajo el nuevo presidente interino, la clase obrera se enfrenta a inmensos peligros. La cuestión crucial del programa y la dirección revolucionarios sigue sin resolverse. Sin el desarrollo de una conducción revolucionaria inevitablemente se instalará otro régimen autoritario para reemplazar al de Ben Ali.

Después de casi una década de guerra y crisis económica, una nueva erupción de la lucha de clases está en marcha en Túnez y más allá. A medida que estallan las rebeliones por pan en Sudán, han estallado protestas y huelgas políticas que están tambaleando en Francia, Portugal y España después de un año en el que hubo huelgas internacionales de trabajadores de Amazon y Ryanair, protestas de trabajadores iraníes y huelgas masivas de maestros estadounidenses.

La decisión de Zorgui de suicidarse en su llamado a la revolución es una ilustración particularmente trágica del análisis del CICI de que, en esta situación, la cuestión crítica es la construcción de una dirección revolucionaria en la clase obrera. Ahora es el turno de construir secciones del CICI en Túnez, en todo el Mediterráneo y en todo el mundo.

(Publicado originalmente en inglés el 28 de diciembre de 2018)