Académicos y estudiantes se oponen al nombramiento a la Universidad de Cambridge del eugenecista Noah Carl: Parte 2

por Thomas Scripps
3 enero 2019

Esta es la segunda de una serie de dos partes sobre el significado político del nombramiento del eugenicista Noah Carl como investigador de la Universidad de Cambridge. La primera parte apareció en castellano el 31 de diciembre 2018.

El darwinismo social y sus secuelas políticas no son novedades en las universidades. A principio y mediados del siglo XX, la eugenesia tuvo importantes seguidores entre las universidades y grupos de poder. En 1907 se establece la Sociedad Británica de Eugenesia. Le siguen en 1921 la Sociedad Estadounidense de Eugenesia y, en 1927, el Instituto Kaiser Wilhem de antropología, herencia humana, y eugenesia. Ocurren conferencias internacionales en Londres (1912) y en la ciudad de Nueva York (1921 y 1932). Entre sus célebres partidarios están John Maynard Keynes, H.G. Wells, Bertrand Russell y George Bernard Shaw.

La popularidad de esa tendencia intelectual resultó de particulares condiciones políticas y sociales. La eugenesia se formaliza a fines del siglo XIX; se populariza a la postre de ese siglo cuando el capitalismo entre en un largo periodo de desmoronamiento. En el transcurso de esas décadas tumultuosas, surgen movimientos de revolución en muchos países del mundo.

Por lo tanto, a muchos de aquellos pensadores que creían en la esencia racional de la economía capitalista, no les cabía en la cabeza aceptar que su fracaso se debía a las fallas endógenas; buscaron basar el origen de ese persistente desmoronamiento social en el material humano “defectuoso”. Esos intentos también estuvieron ligados a las feroces rivalidades imperialistas y al peligro de guerra.

Primero se culpó a los enfermos mentales. En Estados Unidos, Alemania, Dinamarca, Suecia, Canadá, Bélgica, Japón y otros países se los condena a la esterilización obligatoria; ciertos filósofos de la eugenesia exigen su exterminio. En algunos ambientes la definición de poblaciones “no aptas” llega a incluir el residuum social (léase: los más desventajados, los desempleados crónicos, los más pobres y enfermos de la sociedad). Esta forma de pensar se combina con ideologías imperiales para para crear un pretexto “científico” con que justificar pretensiones de superioridad racial y nacional. Al desatarse la contrarrevolución fascista todas esas ideas encarrilan al salvajismo de los campos de muerte de la Alemania nazi.

Después de 1945, el repudio popular echa al traste la eugenesia. En la actualidad, al empeorarse más y más la crisis capitalista, la eugenesia levanta su cabeza a través del mundo otra vez, en el entorno de la rehabilitación general por la clase de poder de las ideologías de extrema derecha. En Gran Bretaña, con el propósito explícito de avanzar esa campaña, se estableció la Oficina para Estudiantes (OfS) del gobierno tory, encargada de “ir más allá para que las universidades fomenten la libertad de expresión dentro de la ley”, según el Ministro de Universidades Jo Johnson, permitiendo que el gobierno decrete castigos contra instituciones que, en su opinión, supriman debates.

La clase de “libertad de expresión” que se fomentará queda bien claro cuando se nombra a Toby Young como director de la OfS. Sus únicas credenciales para ese puesto eran una estrecha afiliación con el Partido Conservador, una larga historia de ataques a supuestos autoritarismos de izquierda en las facultades, una extensa crónica de tuits que incluyen, además de groserías, referencias a estudiantes de clase obrera caracterizados por sus “vacuas deformaciones” y por ser “trogloditas, analfabetos funcionales”.

En paralelo al nombramiento de Noah Carl en Cambridge, es notable que Young también ha escrito sobre la “eugenesia progresiva” y estuvo en la Conferencia de Inteligencia de Londres, algo que se supo a pocos días de ser nombrado director de la OfS.

Un enorme repudio popular forzó la renuncia de Young, aunque antes habían defendido con energía su nombramiento Boris Johnson, secretario de Relaciones Exteriores y otros importantes oficiales del gobierno. Habiendo sido escogido por sus opiniones de extrema derecha, Young sólo fue echado cuando no les quedaba otra.

Su salida no cambió la dirección de OfS. Sigue invocando junto con Sam Gyimah, el ex ministro de universidades una y otra vez la necesidad de abrir el debate en las universidades; cosa que para ellos significa hacia la derecha. Gyimah ha dicho que su intención es “aclarar las reglas sobre oradores y acontecimientos para impedir que burócratas y destructores en las universidades se aventajen de lo que no quede claro, para sus propios fines”.

El lord Michael Barber, director de la OfS, dice que es necesario “desafiar” discursos “impopulares”. Tendrá la autoridad de multar o avergonzar instituciones que interfieran con esos principios, en la opinión de la OfS. Ahora las universidades y sociedades estudiantiles cuentan con la luz verde para invitar a todos los reaccionarios que quieran; el gobierno estará listo para denunciar a estudiantes que protesten o que desenmascaren sus ideas.

Young, mientras tanto, sigue jugando el mismo papel que hubiera hecho en la OfS, ahora como comentarista de prensa. Reaccionando a la oposición contra Carl, Young escribió un artículo en el semanario londinense Spectator repudiando “la manera escandalosa con que avergüenza a Noah Carl una pandilla de profesores de quejas”. En un segundo artículo intitulado “¿Habrá justicia para Noah Carl?” exige que Chris Skidmore, actual ministro de universidades, “defienda la libertad intelectual y la libre expresión”.

La revista Spiked, derechista y libertaria, que desde hace tiempo ha encabezado la supuesta “cruzada universitaria por la libertad de expresión”, siempre a favor de personajes derechistas, publicó una muy deshonesta defensa de Carl, intitulada “El auge del pandillaje académico”, por Joanna Williams. Williams, la vez que reconoce que las opiniones de Carl deben ser “cuestionadas rigorosamente”, sugiere que “en vez de amontonarse sobre este joven universitario, exigiendo su despido, sería más positivo para la pandilla criticar esos puntos de vista que repudia”.

Es falaz presentar a Carl como un joven investigador victimizado y silenciado por académicos más viejos. Inicialmente hicieron sonar la alarma doscientos estudiantes preocupados de St Edmund’s College Cambridge, donde Carl ahora ejerce funciones; para ellos su investigación contiene “errores metodológicos”, es “abiertamente racista” y su nombramiento es “indefensible”.

Young y Spiked alientan un tropo derechista que en los últimos años se ha hecho dominante en los medios de difusión. Melani Phillips lanza aullidos en el Times desde hace tiempo; alegando que las “Universidades se han postrado al dogmatismo y al pandillaje” de “barrabravas de izquierda y autoridades timoratas”.

En junio 2018 escribió un artículo de opinión intitulado, “Las muchedumbres odiosas de izquierda no toleran la libre expresión” ante la exigencia de estudiantes de la Universidad de Stanford de que se cancelara una charla de Charles Murray, autor de The Bell Curve (La curva en campana), un libro derechista que refleja la perspectiva eugenésica. Stephen Glover del diaro Daily Mail acusa a las universidades de crear una “quinta columna de izquierda”; el Telegraph declara estar consternado por un estudio del Instituto Adam Smith en 1917 que señalaba que ocho de cada diez académicos ingleses son izquierdistas. El mismo Carl ha escrito ensayos parecidos, intitulados “Como daña la supresión del debate sobre razas, genes e inteligencia” y “La distorsión liberal izquierdista de los medios de difusión occidentales”. Las tendencias más reaccionarias ahora se sienten más y más alentadas para avanzar sus programas en las universidades. Hace sólo un mes se invitó a Steven Bannon a dar un discurso en la universidad de Oxford, sin que hubiera ninguna reacción.

Es necesario organizar una respuesta política.

El WSWS y los Jóvenes y Estudiantes por la Igualdad Social apoyan la campaña contra el nombramiento de Carl. Su nominación por la universidad de Cambridge es parte de una más amplia ofensiva derechista enraizada, como en pasadas épocas, en una tremenda crisis de la sociedad capitalista. La política burguesa requiere de un pretexto “intelectual” con que justificar la creciente desigualdad en el ámbito interno y el saqueo predatorio imperialista en el exterior. Hay que combatirlo con el programa de la revolución socialista; el único fundamento para defender la genuina libertad de expresión y el debate universitario.

Conclusión

(Publicado originalmente en inglés el 31 de diciembre de 2018)