Cómo el WRP traicionó al trotskismo:1973-1985

16. Hacia un partido de ley y orden

Declaración del Comité Internacional de la Cuarta Internacional
26 enero 2019

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Este es el decimosexto de 43 capítulos que se publicarán diariamente. Originalmente fueron publicados como el Volumen 13, no. 1, de la revista Fourth International en el verano de 1986.

En 1985, después de un proceso prolongado de degeneración, el Workers Revolutionary Party, la sección británica del CICI, rompió en definitiva con el trotskismo. En mayo y junio de 1986, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional se reunió y realizó un exhaustivo análisis de las cuestiones teóricas, políticas e históricas involucradas en el colapso del WRP. “Cómo el WRP traicionó al trotskismo: 1973-1985” fue una labor clave en rearmar al movimiento y prepararlo para las batallas políticas en torno a la construcción de una dirección revolucionaria en la clase obrera. Estas lecciones son vitales para el desarrollo de nuevas secciones del CICI internacionalmente.

Mientras que el WRP luchaba contra los sindicatos a favor del GLC, se desarrollaba otro problema en otro frente de la lucha de clases. Miles de obreros y jóvenes inmigrantes oprimidos de Londres, Manchester y Liverpool se levantaron contra la miseria del capitalismo y la brutalidad y racismo de la policía. Estas rebeliones no solo expresaban el odio de la juventud contra Thatcher, sino su desprecio contra los funcionarios locales socialdemócratas que funcionaban como guardias de los guetos en el centro de las ciudades. Estas rebeliones no se desataron por mera casualidad, sino que expresaban la frustración generada por las constantes traiciones de los laboristas: sus hipócritas llamados a tener paciencia, su rechazo a movilizar a la juventud contra las fuerzas del Estado capitalista y su incapacidad para mejorar sus condiciones de vida.

El hecho de que miles de jóvenes en Brixton y Toxteth vieran al WRP como un aliado de los reformistas solo intensificaba sus frustraciones y los convencía de que no existía otra forma de hacer valer sus opiniones excepto sublevándose espontáneamente. El WRP comparte gran parte de la responsabilidad por el hecho de que estas rebeliones no tuvieran dirección ni programa. En el verano de 1981, ¿qué alternativa podía ofrecer el WRP a la juventud rebelde que buscaba una forma de luchar contra los conservadores y sus sirvientes reformistas? Sus palabras sobre una lucha “anticonservadora” dirigida por charlatanes de izquierda solo le podía parecer cómica a un a juventud que instintivamente despreciaba a estos parlamentarios irremediables. Tampoco podía proponer un vuelco hacia la clase trabajadora, ya que el WRP acababa de aconsejarles a los sindicatos que se sometieran a la disciplina del GLC. En resumen, el WRP no tenía nada que ofrecerle a la juventud más que un callejón sin salida.

La lógica política de la capitulación de los dirigentes del WRP ante los agentes reformistas del Estado capitalista se expresó de la manera más obscena en la forma histérica con la que denunciaron las rebeliones —a las cuales habitualmente denominaban motines— y en su intento de querer negar que existían bases objetivas para las tensiones explosivas. En cambio, el News Line insistía en que las rebeliones eran en realidad provocaciones del Estado. Esa terminología permitió que los líderes del WRP convenientemente denunciaran las rebeliones de los jóvenes en nombre de la lucha “anticonservadora” mientras que al mismo tiempo evitaban hacer cualquier ataque político contra los gobiernos laboristas locales que controlaban las áreas sitiadas.

Revuelta de Toxteth, Liverpool, en 1981

En un editorial que apareció el 11 de julio de 1981 del News Line, el WRP opinó que “los concejos laboristas están endeudándose más debido a los daños que causan los motines y el alto costo del patrullaje”. ¿Por qué el WRP no encaró este problema exigiendo que el GLC expulsara a la policía de estas áreas?

El 18 de julio de 1981, el News Line publicó una declaración del Comité Político del WRP titulada “Las revueltas: ¿provocaciones policíaco-militares?”, intentando probar que las rebeliones eran el producto de una conspiración maquinada por agentes especiales del Estado que estaban “intentando crear un sangriento conflicto en Reino Unido”. Alegaba que los “motines” habían sido orquestados para permitir que los conservadores llevaran a cabo “un violento golpe contra la clase trabajadora usando el terror y la intimidación contra todos los opositores del gobierno”.

Llamando a instaurar una “vigilancia total contra los infiltrados policiales y agentes provocadores del ejército”, el WRP insistía en que la rebelión “no era simplemente un levantamiento espontáneo en contra del desempleo o la privación social surgida por las medidas conservadoras. Por el contrario, cada incidente estuvo deliberadamente generado por las acciones de unidades especiales de la policía”.

Calumniando de provocadores a grandes sectores de la comunidad asiática y negra, estos canallas cobardes se quejaban de que “la policía no hizo intento alguno por impedir la destrucción de ventanas ni el vandalismo”.

Actuando como portavoz del GLC, el Comité Político del WRP expresó resentidamente que “todas las ciudades y condados donde ocurrieron las revueltas están controlados por los laboristas”. En vez de analizar este fenómeno político, los seguidores de Healy les ofrecieron sus condolencias a los reformistas: “Los daños de las revueltas van a aumentar enormemente los costos en condiciones en las que Heseltine se ha negado a dar un centavo más. La situación está llegando rápidamente al punto en el que estas autoridades locales no podrán hacer frente al costo del patrullaje y defender el resto de los servicios sociales esenciales”.

La declaración concluyó: “Reafirmamos nuestra completa oposición a que los jóvenes desempleados caigan en la política de provocaciones y que lleven a cabo actos de vandalismo y pillaje. Esto no resolverá ninguno de los problemas a los que ellos se enfrentan y solo proporcionará candidatos para los campos de concentración de Whitelaw cuando la lucha real es contra los conservadores y por una revolución social”.

Los que escribieron y votaron a favor de esta declaración merecen que se les haga correr desnudos y se les escupa por las calles de Brixton y Toxteth. Los charlatanes reaccionarios del Comité Político de Healy no concedieron ni siquiera lo que el juez conservador, lord Scarman, se vio obligado a admitir en su informe publicado varios meses después: que existían causas objetivas detrás de las rebeliones de la juventud.

En diciembre de 1981, dos meses después de la publicación del informe de Scarman, el secretario general del WRP, Michael Banda, respondió a sus conclusiones en un largo artículo que ocupaba ocho páginas del News Line. Era un intento tardío de querer limpiar la pestilencia creada por la línea del partido en torno a la rebelión y restaurar la credibilidad del WRP entre la juventud de Brixton y Toxteth. Quizá también fue un intento por parte de Banda de querer resolver los problemas de su consciencia.

En suma, el análisis de Banda, sin ser intencional, era una devastadora acusación de la posición del Comité Político del WRP. Dedicando su artículo a la memoria de los jóvenes asesinados durante las rebeliones y a la “tenacidad, unidad y coraje de los miles de jóvenes y obreros que defendieron sus hogares y comunidades contra el terror policial y las provocaciones del gobierno conservador”, la versión de Banda acerca de los acontecimientos contradecía totalmente las declaraciones hechas por el WRP durante el verano anterior.

Lejos de definir a los jóvenes como provocadores, Banda celebraba su lucha:

Durante todo un fin de semana, ocuparon las calles contra cientos de policías de toda la región metropolitana. …

Brixton ardía. Pero el saqueo destruyó más que propiedades. Destruyó, en la mente de muchos obreros, la creencia en la coexistencia pacífica con las fuerzas represivas del Estado, la policía. Reveló con claridad absoluta el odio implacable de millones de personas hacia el gobierno conservador y la bancarrota del sistema capitalista que los había forzado a vivir con privaciones y en la pobreza (News Line, 5 de diciembre de 1981).

El documento de Banda no fue escrito para desenmascarar a Healy ni para corregir la perspectiva del partido. Ahora que las rebeliones habían sido superadas sin peligro y las conclusiones de lord Scarman les habían dado a las batallas del verano anterior cierta legitimidad, era la tarea específica de Banda limpiar el historial del WRP. Y él tenía razón en una cosa. Brixton ardía y el saqueo destruyó más que propiedades. Destruyó la credibilidad política de la dirección del WRP entre la juventud de la clase trabajadora.