Cómo el WRP traicionó al trotskismo:1973-1985

15. El WRP ataca a los sindicatos

Declaración del Comité Internacional de la Cuarta Internacional
25 enero 2019

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Este es el decimo quinto de 43 capítulos que se publicarán diariamente. Originalmente fueron publicados como el Volumen 13, no. 1, de la revista Fourth International en el verano de 1986.

En 1985, después de un proceso prolongado de degeneración, el Workers Revolutionary Party, la sección británica del CICI, rompió en definitiva con el trotskismo. En mayo y junio de 1986, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional se reunió y realizó un exhaustivo análisis de las cuestiones teóricas, políticas e históricas involucradas en el colapso del WRP. “Cómo el WRP traicionó al trotskismo: 1973-1985” fue una labor clave en rearmar al movimiento y prepararlo para las batallas políticas en torno a la construcción de una dirección revolucionaria en la clase obrera. Estas lecciones son vitales para el desarrollo de nuevas secciones del CICI internacionalmente.

En mayo de 1981, los laboristas ganaron las elecciones locales y obtuvieron la mayoría en el GLC, proporcionándole a la dirección del WRP la oportunidad de extender sus relaciones con las “corrientes centristas” en los gobiernos locales que estaban defendiendo el Estado capitalista contra la clase trabajadora. El significado de este giro, en relación con la lucha de clases, se puso de manifiesto posteriormente en la forma más sorprendente.

En junio, el sindicato de los trabajadores del subterráneo amenazó con irse a la huelga para conseguir un aumento salarial del 15 por ciento. El News Line respondió con un editorial titulado “La traición del Sr. Weighell”, publicado el 26 de junio de 1981:

Hay solo una forma de describir la convocatoria a la huelga total de los transportistas del metro de Londres por parte de Sidney Weighell —es una provocación de parte de un derechista para desacreditar al nuevo Concejo del Gran Londres dirigido por la izquierda—. …

A solo pocos días de su conferencia sindical, Weighell procedió a empujar al GLC —que controla directamente el transporte de Londres— hacia una confrontación que este no deseaba.

El WRP ha dicho consistentemente que las demandas sectoriales deben subordinarse a la lucha más importante contra el gobierno conservador. Solo Thatcher se beneficiará de las batallas entre obreros y concejos laboristas.

Pero Weighell no está interesado en la lucha contra los conservadores, como lo prueba su diatriba contra Livingstone. Los miembros del subterráneo deben rechazar la decisión de este y mantenerse firmes con el GLC y contra los enemigos principales —Thatcher, Heseltine y Fowler—.

El 4 de julio de 1981, el News Line exigió que:

Se evite a toda costa una confrontación entre el NUR —Sindicato Nacional de Ferrocarrileros [sigla en inglés]— y el GLC dirigido por los laboristas sobre los reclamos de pago del transporte de Londres.

La amenaza de huelga por parte de los obreros del subterráneo el 20 de julio crearía una peligrosa ruptura en la unidad de los movimientos laborista y sindical, y los conservadores explotarían esta situación. …

Cualquier negociación salarial entre el GLC y el NUR tiene que tener en cuenta estos hechos políticos y económicos. …

Los sindicatos tienen el derecho de seguir adelante con su demanda total y el líder laborista Ken Livingstone sería la última persona que les negaría este derecho.

Pero igualmente, los líderes del GLC tienen derecho a exigir que Weighell se mantenga en unidad con el concejo en su lucha contra los conservadores.

Líder del GLC, Ken Livingstone

Por lo tanto, en el nombre de la unidad, el WRP dejó bien en claro que apoyaría, en caso de huelga, cualquier medida que el GLC escogiera en contra del sindicato. El 8 de julio de 1981, el News Line publicó en una página una carta de Livingstone que defendía la posición del GLC —consolidando así la solidaridad completa entre el WRP y Livingstone contra la clase trabajadora—.

No había ni una pizca de diferencia entre la línea de Healy contra los obreros transportistas y la de los estalinistas en España en 1937 y durante la Segunda Guerra Mundial. Donde los estalinistas demandaban que la clase trabajadora subordinase sus intereses a las necesidades de la llamada lucha “antifascista”, el WRP insistía en que “luchas sectoriales” —es decir, las de la clase trabajadora— “deben ser subordinadas a la lucha principal contra el gobierno conservador”.

Esa frase no era más que un cínico juego con la palabra “lucha”. Para un trotskista la etapa más importante en el desarrollo de la lucha de clases contra el enemigo burgués llega cuando la clase trabajadora entra en conflicto no solo con los líderes derechistas tradicionales sino principalmente con los izquierdistas. Esta es una señal inequívoca de que la clase trabajadora está buscando el camino hacia una lucha revolucionaria.

La sociedad burguesa en Reino Unido se enfrenta al mayor peligro cuando la clase trabajadora emprende contra el punto de apoyo de la burguesía en la izquierda laborista. Pero, precisamente en ese momento, el WRP funcionó como el defensor más consciente de este reformismo demagogo y, por lo tanto, del capitalismo mismo. Rehusando hacerles demandas a estos izquierdistas —desenmascarando así, en la forma más viva, el hecho de que se negaban a romper con la burguesía— la dirección del WRP actuó para disciplinar a la clase trabajadora a favor de estos. Los inmensos recursos que habían sido acumulados por el WRP fueron usados para crear un obstáculo inmenso entre la clase trabajadora y el camino a la revolución socialista. En un sentido político e histórico, Gerry Healy se había convertido en un traidor contra la clase trabajadora, un enemigo del marxismo y en un agente político de la burguesía dentro del movimiento obrero.

Su monstruosa traición a la clase trabajadora tuvo consecuencias políticas directas y devastadoras dentro del movimiento obrero británico. El WRP trabajó conscientemente para privar a la clase trabajadora de una perspectiva revolucionaria. Por el contrario, argüía día y noche que no existía alternativa a las políticas de los reformistas de izquierda —los fieles sirvientes del capital—. Bajo su dirección, el WRP propagó la desmoralización y la confusión dentro de la clase trabajadora. Una organización que se autodenomina revolucionaria no puede cometer un crimen más grande contra la clase trabajadora. El mensaje del WRP fue: los laboristas están en el poder. Paren sus luchas. Abandonen sus exigencias salariales. Mantengan la unidad con los reformistas. Pongan la confianza proletaria en sus manos. Y, por el amor de Dios, abandonen las calles y váyanse a sus casas.