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Cumbre de la OTAN sumida en recrudecidos conflictos interestatales

Los conflictos explosivos sobre política comercial y militar entre Washington y sus principales aliados europeos salió a la superficie esta semana en la cumbre de la OTAN en Londres. Con el objetivo de marcar 70 años desde la fundación de la OTAN en 1949, después de que Estados Unidos emergiera de la Segunda Guerra Mundial como la potencia imperialista dominante, la cumbre en cambio bajó al nivel de recriminaciones mutuas entre Donald Trump y el presidente francés, Emmanuel Macron, y amenazas de imponer miles de millones en aranceles propios de una guerra comercial.

El colapso de las instituciones internacionales que gobernaron por mucho tiempo el capitalismo mundial ha alcanzado una nueva etapa. Hace tres años, las divisiones dentro de la OTAN aumentaron cuando Reino Unido votó a favor de salir de la Unión Europea (UE), mientras Berlín y París iniciaron pasos para construir un ejército independiente de la UE y Trump comenzó a amenazar a Europa con una guerra comercial.

Hoy día, es evidente que la OTAN no tiene ninguna perspectiva para reducir, ni hablar de superar, estas irresolubles divisiones internas. En cambio, está intensificando las políticas que conllevan un grave peligro de desatar una guerra mundial.

El presidente Donald J. Trump en la sesión del pleno de la Organización del Tratado del Atlántico Norte el 4 de diciembre de 2019 en las afueras de Londres [crédito: Casa Blanca]

Antes de la cumbre, la prensa estuvo dominada por la controversia en torno a una entrevista de Macron con la revista británica Economist en la que declaró que la OTAN tenía una “muerte cerebral” y que la política estadounidense hacia Rusia derivaba de “histeria”. Macron alimentó la controversia, después de una reunión de emergencia con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, el viernes en París, afirmando que la OTAN no debería convertir a Rusia y China en enemigos. Propuso en vez librar una “guerra contra el terrorismo” —el pretexto de la guerra neocolonial francesa en Mali y de su represión de Estado policial dentro de Francia—.

Trump llegó a Londres con una estruendosa diatriba contra su supuesto aliado francés, calificando los comentarios de Macron como “desagradables” y “muy insultante”. Luego intentó poner a la OTAN en línea con una política de escalada militar contra Rusia.

En vísperas de la huelga del sector público en Francia hoy, Trump también relacionó la declaración de Macron sobre la OTAN con las protestas de los “chalecos amarillos” contra la profundamente impopular agenda de austeridad del presidente francés. Dijo: “Vez lo que pasa con los chalecos amarillos… Han tenido un año muy difícil y simplemente no puedes andar haciendo declaraciones como esas sobre la OTAN”.

En última instancia, el comunicado de la cumbre compromete a la OTAN a aumentar sus gastos militares en cientos de miles de millones de dólares, desplegar más misiles en Europa apuntando a Rusia, seguir la guerra en Afganistán, espiar a China y mantener las armas nucleares.

Esto no solo intensifica el peligro de guerra, sino también de crisis dentro de la propia OTAN. Detrás de esta crisis, hay conflictos objetivos e históricamente arraigados entre las potencias imperialistas que se enfrentaron en dos guerras mundiales durante el siglo veinte. La entrevista de Macron con el Economist resume la oposición ampliamente compartida en círculos gobernantes europeos sobre las constantes guerras de EE. UU. para compensar su creciente debilidad económica en las décadas desde que la disolución de la Unión Soviética privara a la OTAN de su enemigo común original.

Así como Berlín y París se opusieron a la invasión unilateral encabezada por EE. UU. de Irak en 2003, Macron dejo en claro que percibe las políticas estadounidenses como una amenaza a los intereses económicos y militares europeos. Describió la política de Oriente Próximo como un “enorme problema para la OTAN”, tras la derrota de las fuerzas patrocinadas por la OTAN en Siria y la invasión turca del país para atacar las milicias kurdas respaldadas por EE. UU.

El presidente Donald Trump se reúne con el presidente francés Emmanuel Macron en la Casa Winfield, el jueves 3 de diciembre de 2019, en Londres [AP Photo/Evan Vucci]

Ante todo, exigió estrechar lazos con Moscú: “Si queremos construir la paz en Europa y reconstruir la autonomía estratégica europea, debemos reconsiderar nuestra postura hacia Rusia”. Subrayó que una inquietud clave detrás de su acercamiento a Rusia es el inminente peligro de una guerra mundial y que busca “construir relaciones que prevengan una conflagración mundial”.

El presidente francés no atribuyó el fracaso de la OTAN a este o aquel error táctico, sino a las políticas perseguidas por décadas. Pese a ser un dedicado oponente del socialismo, atacó a los propagandistas procapitalistas que proclamaron el “Fin de la Historia”, argumentando que la disolución de la URSS por parte del Kremlin significó la derrota final del socialismo y el triunfo de la democracia capitalista liberal. Admitió al Economist que esta falsa concepción abrió paso a las impopulares guerras de la OTAN en Oriente Próximo.

Añadió: “Predominaba una concepción que se desarrolló en las décadas de 1990 y 2000 en torno a la idea del Fin de la Historia, una expansión interminable de democracia, de que Occidente había ganado y se universalizaría. Era la historia que vivimos hasta la década de los 2000, cuando una serie de crisis demostró que no era verdad… A veces cometemos errores intentando imponer nuestros valores y cambios de regímenes sin apoyo popular. Es lo que vino en Irak y Libia y quizás lo que se planeaba para Siria, pero fracaso. Es un elemento del enfoque occidental, diría en términos genéricos, que ha sido un error desde el principio del siglo”.

Independientemente de sus diferencias con Macron, Trump hizo un comentario similar sobre las guerras estadounidenses en Oriente Próximo. Tuiteó: “Estados Unidos ha gastado OCHO BILLONES DE DÓLARES combatiendo y actuando como policía de Oriente Próximo. Miles de nuestros Grandiosos Soldados han muerto o sufrido graves lesiones. Millones de personas han muerto en el otro bando. ¡ENTRAR EN ORIENTE PRÓXIMO FUE LA PEOR DECISIÓN JAMÁS HECHA… EN LA HISTORIA DE NUESTRO PAÍS! Fuimos a la guerra bajo una premisa y ya desmentida, LAS ARMAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA”.

No obstante, la decisión de la OTAN ayer de escalar las políticas militaristas constituye una advertencia a la clase obrera. Las contradicciones básicas del capitalismo identificadas por los principales marxistas del siglo veinte, ante todo entre la economía mundial y el sistema del Estado nación, están manifestándose explosivamente. Atrapados en crisis sin solución, conscientes de su propia bancarrota política y criminalidad, y temiendo a la creciente oposición desde abajo, las clases gobernantes imperialistas se encabezan, con ojos cerrados, hacia una catástrofe militar de dimensiones horrendas.

La cuestión clave que enfrentan los trabajadores y jóvenes es la construcción de un movimiento internacional contra la guerra en la clase obrera. Hace dos años, analizando los recrudecidos conflictos dentro de la OTAN después del brexit y la elección de Trump, el WSWS escribió: “La fuerza que aparecerá como la alternativa al colapso de la política burguesa es la clase obrera internacional. Está siendo impulsada a entrar en acción por las condiciones de vida intolerables, el desempleo masivo y la miseria social tras décadas de austeridad y guerra”.

Dos años después, este análisis se ha visto confirmado por el resurgimiento de la lucha de clases. Francia iniciará hoy la mayor ola huelguística en la Presidencia de Macron.

Durante el último año, cientos de miles de trabajadores en Estados Unidos, Europa, América Latina y Asia han hecho huelga como parte de un auge internacional más amplio de protestas políticas contra la desigualdad social y la represión militar-policial. Ha habido huelgas de masas o protestas antigubernamentales en Irak, Líbano, Argelia, Sudán, Irán, Sri Lanka, Bolivia, Chile, Cataluña en España y Puerto Rico.

Este surgimiento de la lucha de clases forma la base social para oponerse a la marcha de guerra de las élites gobernantes. La respuesta necesaria al peligro de las guerras imperialistas es unir estas luchas crecientes de la clase obrera por medio de la construcción de un movimiento unido, internacional y socialista contra la guerra.

(Publicado originalmente en inglés el 5 de diciembre de 2019)

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