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Reino Unido abandona la Unión Europea: ¡contra todo nacionalismo, por los Estados Unidos Socialistas de Europa!

A las 11 pm GMT, Reino Unido dejará la Unión Europea tas 47 años como miembro. La salida se produce tres años y medio después del referéndum de 2016 que resultó en una estrecha mayoría de 52 a 48 por ciento a favor de dejar la UE.

El referéndum sobre el brexit fue convocado por el entonces primero ministro conservador David Cameron para marginar a la facción “euroescéptica” de su partido y prevenir que su base de apoyo desertara a favor del Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP, siglas en inglés). Su cálculo que el respaldo de los tres principales partidos parlamentarios, los sindicatos, los bancos y el sector financiero, los Estados miembros de la UE y el presidente Obama de EE. UU. resultaría en un voto a favor de permanecer en la UE falló. En cambio, produjo un voto a favor de dejar la UE impulsado por una incipiente hostilidad a la “élite de Westminster” y el “ establishment ”.

Desde el 2016, ha habido un sinfín de intentos para retrasar el brexit o bien revertirlo. Sin embargo, el brexit ya es una realidad. Por más confuso políticamente que haya sido el apoyo popular al brexit, su promoción por parte de facciones líderes de la clase gobernante deriva de la enorme intensificación de los antagonismos interimperialistas que engendraron dos guerras mundiales en el siglo veinte.

Los bandos pro-UE y anti-UE de la burguesía británica tenían estrategias opuestas sobre cómo responder al inevitable advenimiento de guerras comerciales entre las principales potencias. Ambas facciones son igual de reaccionarias. La facción pro-UE quería preservar la posición global de Reino Unido dentro del bloque comercial de la UE y su masivo mercado único. Las fuerzas anti-UE la percibían como un impedimento para que Reino Unido persiguiera una política comercial y de inversiones como una base totalmente desregulada para la especulación financiera, centrada en una alianza fortalecida con EE. UU. y dirigida contra Alemania y Francia en particular.

El brexit es por ende un producto de las contradicciones económicas y sociales globales generadas por el capitalismo. Esto fue subrayado pocos meses después del referéndum con la elección de Donald Trump en los comicios presidenciales de EE. UU. de 2016, avanzando su propia agenda nacionalista de “EE. UU. ante todo”. Trump acogió el brexit como un arma para promover el rompimiento de la UE que denunció como un “competidor”, no un aliado, así como un “cartel” controlado por intereses alemanes.

El brexit ha confirmado la insistencia de Trotsky en la imposibilidad de unir harmoniosamente el continente estadounidense bajo el capitalismo. Es la expresión más avanzada del resquebrajamiento progresivo de la UE, bajo la presión de fuerzas centrifugas cada vez mayores que no solo está recrudeciendo los conflictos con EE. UU., sino también entre los Estados europeos. Más allá, las tensiones nacionalistas expresadas por el brexit y la competición por el control de los mercados y recursos globales están llevando al estallido del militarismo imperialista dirigido, ante todo, contra Rusia y China, amenazando con sumir al mundo entero en guerra.

La clase obrera está siendo obligada a pagar por las guerras comerciales y el rearme militar a través de una mayor austeridad, según la élite gobernante británica y sus rivales buscan permanecer globalmente competitivos a través de ataques intransigentes contra los empleos y salarios, y la destrucción de los servicios sociales esenciales. La verdadera agenda económica y social del brexit está encarnada en los objetivos manifiestos del Gobierno de Johnson de “completar la revolución de Thatcher” y rediseñar London como el “Singapur sobre el río Támesis”.

Esta ofensiva de la guerra de clases exige arremeter contra los derechos democráticos y las libertades civiles, haciendo que el gobierno democrático dé paso a métodos de Estado policial. La “Operación Yellowhammer” del Gobierno, que involucra el despliegue de decenas de miles de tropas y policías antidisturbios en caso de un brexit “sin acuerdo”, consiste realmente en planes para enfrentar los conflictos sociales que inevitablemente vendrán con el continuo empobrecimiento de la clase obrera. Ya hay planes de implementar leyes que prohíban huelgas de plena escala, en primer lugar, en el sector de transporte y luego en todos los servicios e industrias considerados “esenciales”. Además, el Gobierno ha añadido muchos grupos de protesta pacíficos y partidos izquierdistas a su estrategia “Prevenir” y pretende hacer lo mismo en cuanto a la legislación “antiterrorista”.

Los graves peligros frente a la clase obrera son responsabilidad ante todo del líder laborista Jeremy Corbyn y sus simpatizantes en las tendencias pseudoizquierdistas y estalinistas británicas.

Por cuatro años, Corbyn utilizó su apoyo popular como un oponente declarado de la austeridad y el imperialismo para suprimir la lucha de clases y cualquier desafío al imperialismo británico. Hizo campaña a favor de permanecer en al UE junto a Cameron, afirmando que la UE, pese a ser imperfecta, podía ser reformada en interés de los trabajadores. Tal apología intentaba contrarrestar la amplia oposición a la EU producida por su imposición de devastadores programas de austeridad contra los trabajadores en Grecia, España, Portugal y otros países, y su política de “Fortaleza Europa” de medidas brutales contra los inmigrantes que llevaron a miles de muertes en el mar Mediterráneo y la colocación de mallas con alambres de navaja y campos de concentración por todo el continente. En eso, Corbyn desempeñó el mismo papel que Syriza en Grecia, que prometió oponerse a la austeridad dictada por la UE pero implementó ataques peores que los del Gobierno predecesor de la Nueva Democracia y vigiló campos de detención y expulsiones de refugiados.

El papel más reaccionario de todos fue desempeñado por los promotores de “dejar la UE por la izquierda” o lexit —el Partido de los Trabajadores Socialistas (SWP, siglas en inglés), el Partido Socialista y el Partido Comunista estalinista—. Se opusieron a la UE con base en la defensa del nacionalismo económico centrado en la afirmación de que, después del brexit, Corbyn supuestamente podría implementar un “camino británico al socialismo”. Esta política subordinaba políticamente a la clase obrera a los elementos más reaccionarios dentro de la élite gobernante que encabezaron la campaña oficial a favor de dejar la UE. Esto se reflejó de la manera más degradante cuando el principal vocero del lexit, George Galloway, se subió al escenario junto al líder de UKIP, Nigel Farage y varios conservadores derechistas, proclamando, “¡Izquierda, derecha, izquierda derecha! Marcharemos adelante juntos”.

Galloway creó su propio Partido Obrero Británico, que “apoya positivamente el retiro de Reino Unido de la UE” y exige medidas antiinmigrantes. Prediciendo un “auge patriótico”, amenaza que cualquiera “de la izquierda” que parezca “antinacional” o “antibritánico… que no pueda digerir su propia bandera, su propia nación y su cultura, y tradición e historia” estarán condenados a “ser historia”.

El resultado neto de las políticas de Corbyn y la pseudoizquierda ha sido promover divisiones peligrosas que desarman a los trabajadores que ahora se enfrentan a una amarga lucha dentro de toda la élite gobernante.

Solo el Partido Socialista por la Igualdad avanzó un programa independiente auténtico para la clase obrera, basado en una lucha principista por el internacionalismo socialista.

El PSI llamó a hacer un boicot activo del referéndum sobre el brexit en oposición a todos los intentos de encarrilar a la clase obrera detrás de uno u otro bando reaccionario de la burguesía. Nuestra perspectiva estuvo basada en la movilización política independiente de la clase obrera en toda Europa.

Nuestra declaración indicó: “La posición del PSI es de irreconciliable hostilidad a la Unión Europea pero su oposición viene de la izquierda, no de la derecha”.

Explicamos: “La primera consideración de los socialistas no es solo defender los intereses actuales de la clase obrera, sino también su futuro. El mayor peligro político en esta situación es mezclar las banderas de clase con base en la promoción de un supuesto ‘nacionalismo de izquierda’”.

El PSI “no considera un boicot activo como una protesta individual, sino como el medio para comenzar el esclarecimiento político de la clase obrera y contrarrestar la desorientación creada por la burocracia laborista y sindical, junto a sus apologistas pseudoizquierdistas… En contra del chauvinismo nacional y la xenofobia promovidos por ambos lados de la campaña del referéndum, la clase obrera necesita avanzar su propio programa internacionalista para unir las luchas de los trabajadores de toda Europa en defensa de los niveles de vida y derechos democráticos. La alternativa para los trabajadores frente a la Europa de las corporaciones transnacionales es la lucha por los Estados Unidos Socialistas de Europa”.

La base objetiva para hacer realidad esta perspectiva está apareciendo ahora en forma de un estallido global de huelgas y protestas masivas involucrando a millones —en India, México, Puerto Rico, Ecuador, Colombia, Chile, Estados Unidos, Argelia, Líbano, Irak, Irán, Sudán, Kenia, Sudáfrica e India, representada en Europa por los chalecos amarillos y las huelgas del sector público contra Macron en Francia—.

Manifestantes en Rennes, en el oeste de Francia, el jueves 5 de diciembre de 2019 [crédito: AP Photo/David Vincent]

El diario Sun, propiedad de Rupert Murdoch, subrayó su esperanza de que el brexit prevenga la expansión de la lucha de clases al otro lado del canal de la Mancha. “Se suponía que Reino Unido era el que colapsaría en caos, mientras que nuestros vecinos continentales disfrutarían de estabilidad presuntamente gracias a su pertenencia a la Unión Europea”. Por el contrario, “los conflictos civiles en Francia, incluyendo el insuperable nivel de violencia y furia dirigido contra la élite política y la policía que hace valer su voluntad, estando en peligro de salirse de control”.

El Sun está expresando ilusiones vanas. Las tensiones sociales se encuentran en un punto de quiebre. Los ataques planeados contra los trabajadores y jóvenes inevitablemente llevarán al estallido de la lucha de clases en Reino Unido, como un componente de lo que el World Socialist Web Site predijo que sería “una década de intensificación de la lucha de clases y de la revolución socialista mundial”.

El futuro de la clase obrera depende de su unificación internacional contra el enemigo de clase común, bajo la dirección del Comité Internacional de la Cuarta Internacional. Junto a sus partidos hermanos, el PSI dará la conducción necesaria a las luchas revolucionarias que se avecinan, forjando un movimiento unido de la clase obrera europea y mundial por el socialismo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 31 de enero de 2020)

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