Premios de la Academia 2020: Parásitos, de Bong Joon-ho, de Corea del Sur, gana premios importantes

por David Walsh
22 febrero 2020

La película surcoreana Parásitos, dirigida por Bong Joon-ho, ganó cuatro premios importantes en los Premios de la Academia 2020, en la noche del domingo 9 de febrero, en Los Ángeles. Obtuvo los premios a mejor película y mejor película extranjera, un hecho sin precedentes, y Bong ganó los premios a mejor director y mejor guión original.

Parásitos

1917, de Sam Mendes, ganó tres premios (incluido el veterano Roger Deakins por mejor fotografía), u Érase u na vez en Hollywood, de Quentin Tarantino, Contra lo imposible, de James Mangold, y Guasón (Joker), de Todd Phillips, ganaron dos. Joaquin Phoenix ( Guasón ) y Renee Zellweger ( Judy, de Rupert Goold) se llevaron los premios a mejor actor y mejor actriz, y Brad Pitt ( Érase una vez en Hollywood ) y Laura Dern ( Historia de un matrimonio, de Noah Baumbach) ganaron en las categorías de mejor actor y actriz de reparto.

Como dijimos en enero, cuando se anunciaron las candidaturas a los premios: “Películas con una mirada más aguda sobre la vida estadounidense y global, incluidas Dark Waters, de Todd Haynes, La lavandería, de Steven Soderbergh, Secretos de Estado, de Gavin Hood, Velvet Buzzsaw, de Dan Gilroy, y Just Mercy, de Destin Daniel Cretton, no recibieron candidaturas”.

Además, J’accuse (Yo acuso), de Roman Polanski, relato dramatizado del asunto Dreyfus en Francia en la década de 1890, uno de las mejores películas del año, no recibió ni un premio ni una candidatura porque la campaña #MeToo (#YoTambién) intimidó a los posibles distribuidores y evitó su distribución en los Estados Unidos. Por ese problema, A Rainy Day in New York, de Woody Allen, tampoco pudo encontrar un distribuidor. Casi no se habla de esta nueva lista negra en los medios de comunicación estadounidenses.

Parásitos merecía ganar los premios más serios. Era claramente superior a las demás películas candidatas. El trabajo de Bong es una obra compleja y perturbadora sobre el desastre social, económico y psicológico que significa la brecha grande entre ricos y pobres. Dos familias, los Kim y los Park, que habitualmente viven en extremos opuestos de la sociedad, entran en contacto repentinamente, con consecuencias terribles. La escena culminante termina en una erupción de ira de clase.

Como señalamos en nuestra crítica original, Corea del Sur es uno de los países socialmente más desiguales del planeta. El film de Bong muestra, de manera reflexiva y lógica, los resultados inevitables de tal división: los pobres harán casi cualquier cosa para salir de sus condiciones de pesadilla, subsistiendo literalmente en el mundo subterráneo. Los ricos mimados, que viven en un capullo, no están preparados para la envidia, el enojo y la violencia provocados por su dominio y arrogancia.

Recientemente, Bong dijo al periódico The Guardian que “Corea, en la superficie, ahora parece ser un país muy rico y glamoroso, con K-pop, internet de alta velocidad y tecnología de la información… pero la riqueza relativa entre ricos y pobres está creciendo. La generación más joven, en particular, siente mucha desesperación”.

Parásitos de Bong Joon-ho

En las notas de producción de la película, el director señaló el hecho de que “en este mundo triste las relaciones compasivas no se sostienen”. Parásitos, explica, retrata a “personas comunes” que cayeron en una colisión “inevitable”. La película es “una comedia sin payasos, una tragedia sin villanos”.

Bong dijo en una entrevista el año pasado, “Creo que todos los creadores, todos los artistas, e incluso todos, siempre estamos interesados en las clases sociales, todos los días, creo que sería extraño si no lo estuviéramos. … Creo que todos tenemos antenas muy sensibles a la cuestión de clase, en general”. Desafortunadamente, como lo indica la gran mayoría de las películas candidatas a los Premios de la Academia de este año, este no es el caso. Ciertamente, la atención de la mayoría de los cineastas estadounidenses está firmemente en sí mismos y en sus identidades étnicas, de género y sexuales.

No está claro que Bong, que describe sus antecedentes y circunstancias actuales como de clase media, sea de izquierda. Simplemente puede ser más observador y honesto que la mayoría en el mundo del cine (su falta de claridad se hizo manifiesta durante la ceremonia en sus comentarios amistosos—en la medida en que no fueron meramente corteses o diplomáticos—sobre colegas candidatos a mejor director como Martin Scorsese y Quentin Tarantino, en quienes dijo haberse inspirado; de hecho, Parásitos se opone de manera significativa a los esfuerzos turbios y misantrópicos de Scorsese y Tarantino). Bong ha prestado atención en sus películas a la evolución de la sociedad surcoreana durante dos décadas, con films como Barking Dogs Never Bite (2000), Memorias de un asesino (2003), M adre (2009), Snowpiercer (2013) y Okja (2017).

El triunfo arrollador de una película surcoreana sobre resentimiento y conflicto de clase en los Premios de la Academia tiene un cierto significado objetivo, sin importar cómo haya sido el resto de la ceremonia y sin importar si los votantes retroceden y se engañan a sí mismos, como suelen hacer, en los años siguientes. A pesar de todos los esfuerzos de los medios de comunicación, la jerarquía de la Academia y el sistema político para ahogar la cultura en la raza y el género, las cuestiones sociales emergen.

Y esos esfuerzos en la noche del domingo fueron considerables. Los organizadores de la ceremonia de entrega de premios se sintieron decepcionados por el resultado del proceso de elección, que tuvo una sola artista negra candidata para un premio de actuación (Cynthia Erivo en Harriet ) y no tuvo directoras. Las últimas semanas fueron dominadas por el “furor” posterior de los medios.

1917

El New York Times, inevitablemente, jugó un papel principal. El Times, por ejemplo, se refirió en un artículo reciente a “la más notoria controversia fuera de la pantalla de los Oscars: la evidente blancura y masculinidad de muchas de las principales categorías y películas”. Y otro artículo observó: “Los titulares sobre la 92a edición de los Premios de la Academia fueron sobre lo que no veríamos: J. Lo [Jennifer Lopez por Estafadoras de Wall Street ], ninguna directora de grandes películas, casi ninguna persona de color en las categorías de actuación”. Y el implacable Times comentó además: “El viejo Hollywood—y la forma en que está representado por la academia y sus candidaturas—ha estado en el microscopio por un tiempo, ya sea por #OscarsSoWhite (#OscarsTanBlancos) o #MeToo o la falta de reconocimiento a las directoras”.

En nuestra opinión, el cine estadounidense es realmente deficiente en este momento desde una brújula social y moral con base objetiva, orientada al problema de la desigualdad social y la diferencia de clases, así como a las amenazas grandes que enfrenta la población, el autoritarismo y la guerra. El cineasta que ignora estas cuestiones, sea cual sea su género, raza u orientación sexual, tendrá poco para decir a su audiencia.

Brad Pitt en Once Upon a Time ... in Hollywood

Este año, en respuesta al enojo por las candidaturas y presiones resultantes, los organizadores de la ceremonia hicieron todo lo posible para inyectar política de raza y de género en su programa, hasta un punto obvio. Compensando desesperadamente por su fracaso al elegir el número “apropiado” de personalidades “no blancas” y “no masculinas”, la Academia se aseguró de que no hubiera quejas sobre los presentadores, cantantes, cómicos, músicos y los comentarios de estos sobre la “representación” femenina o negra.

Este tipo de campaña no aborda la cuestión legítima y democrática de la educación cultural y participación de un gran número de jóvenes, de todos los colores y géneros, que están excluidos de la industria del cine, la televisión y la música debido a su origen social y condiciones económicas. Lo que implica el programa de “diversidad” de la Academia es la aceptación conformista del orden establecido y la mera redistribución de una parte de las posiciones existentes y la riqueza a afroestadounidenses, mujeres y homosexuales, ya acaudalados en muchos casos.

Esto es atractivo para una capa relativamente delgada de la población. Sin duda, varios factores explican el declive continuo de la audiencia televisiva de los Premios de la Academia, que alcanzó su nivel más bajo de la historia la noche del domingo 9, unas 23.6 millones de personas, pero el énfasis autocomplaciente y a menudo autocompasivo en la raza y el género no es popularmente atractivo.

Por ejemplo, este momento, descrito por ABC News, fue simplemente irritante: “[Las actrices] Sigourney Weaver, Gal Gadot y Brie Larson se juntaron en el escenario para presentar una interpretación innovadora de las candidatas a mejor banda sonora original de este año.

“‘Queremos celebrar la primera vez en la historia de 92 años de los Premios de la Academia: una directora conducirá la orquesta para esta performance’, dijo Weaver.

“Con Gadot y Larson a su lado, Weaver dijo, ‘todas las mujeres son superhéroes’”.

Renée Zellweger en Judy

El New York Times dio el paso inusual de que un aviso sobre su racialista y desacreditado “Proyecto 1619” fuera transmitido durante la ceremonia. El anuncio presentó a la actriz y cantante Janelle Monáe (que abrió el programa con un número musical), como lo describió una publicación, “parada sola en la costa de Virginia. El agua se arremolina detrás de ella y la cámara se acerca mientras recita las siguientes palabras: ‘En agosto de 1619, apareció un barco en este horizonte cerca de Point Comfort, en Virginia. Llevaba más de 20 africanos esclavizados que fueron vendidos a los colonos. Ningún aspecto del país que conocemos hoy no ha sido tocado por la esclavitud que siguió. Estados Unidos no era Estados Unidos, pero este fue el momento en que comenzó’”.

Cínicamente, el anuncio del Times concluyó con este título: “La verdad puede cambiar la forma en que vemos el mundo. La verdad vale la pena".

La política del Partido Demócrata domina el mundo del cine en Hollywood. En una referencia al juicio político de Donald Trump recientemente concluido, Brad Pitt, al aceptar su premio al mejor actor secundario (por É rase una vez en Hollywood ), bromeó, “Me dijeron que solo tenía 45 segundos, y esos es 45 segundos más de lo que el Senado le dio a John Bolton esta semana”. Bolton es el reaccionario y belicista extremo con quien los demócratas hicieron una alianza de facto después de que sus afirmaciones sobre Trump y Ucrania para un próximo libro se filtraran a la prensa.

El éxito de Parásitos en los Premios de la Academia fue elogiado por los medios estadounidenses en general. Pero no todos estaban felices. Por supuesto, un columnista de derecha tituló su comentario la semana anterior a la entrega de premios, “'Parásitos', de Bong Joon-ho, es un sobrevalorado e inverosímil sinsentido sobre lucha de clases”.

Más allá de los reaccionarios, empero, se alzaron algunas voces nerviosas. En particular, la crítica Ann Hornaday, del Washington Post, expresó que no le agradaba la prominencia de Parásitos. La táctica de Hornaday fue tratar a Parásitos como si fuera simplemente una variación del estilo de cine de Tarantino, con violencia gratuita, y evitar su contenido social. “Las técnicas y los tropos que Bong reutiliza tan hábilmente en Parásitos ”, escribió, recurriendo a la jerga feminista, “hacen que la película parezca original y extrañamente familiar, el producto de la mirada masculina que aún domina en Hollywood”.

Hablando de la ceremonia, Hornaday afirmó que “los clips con las candidatas a mejor película lucieron como tantas fantasías de niños varones con sus juguetes y cumplimiento de deseos, completadas con arrogancia, autos que ronronean y mujeres silenciadas o prácticamente ausentes”. ¿Cómo podía competir Mujercitas, de Greta Gerwig, “contra tantas películas que mitifican a los Grandes Hombres?” Al juntar a Parásitos con la confusa e incluso desorientada Guasón, la crítica del Post describe a las dos películas como “poco originales e insulares, una caja de sorpresas autorreferencial de estilo visual ‘cool’—a menudo con violencia sangrienta—al servicio de narrativas que fueron endebles o simplemente superficiales”.

El Washington Post es propiedad de Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo, quien estuvo presente en la ceremonia de los Premios de la Academia en Los Ángeles. Él puede coincidir en que las ideas inquietantes que propulsan a Parásitos son “endebles o simplemente superficiales”.

(Publicado originalmente el 11 de febrero de 2020)