Ejército italiano reclutado para transportar cuerpos ante repunte de muertes por coronavirus en Europa

por Alex Lantier
21 marzo 2020

A medida que las escuelas, universidades y lugares de trabajo se cerraban en toda Europa e Italia, Francia y España imponían medidas de confinamiento a sus poblaciones, el número de muertes por coronavirus en Europa seguía aumentando ayer. Con 244.799 casos de coronavirus en todo el mundo ahora, Europa ha anunciado un total de 107.397 casos y 4.964 muertes. Ochocientas de las 1.010 personas que murieron ayer fueron en Europa, incluyendo 16 en Alemania, 44 en Reino Unido, 108 en Francia, 165 en España y 427 en Italia.

En el primer epicentro de la pandemia, China, se han producido 3.245 muertes y 80.928 casos, de los cuales 70.420 se han recuperado, y el número de casos activos sigue disminuyendo después de las drásticas medidas de confinamiento y el tratamiento agresivo detuvieron en gran medida la propagación de la enfermedad. Pero en Europa, el nuevo epicentro, la enfermedad se sigue propagando sin control, abrumando un número creciente de sistemas hospitalarios con pacientes que se asfixian por la neumonía causada por el virus.

Italia ha visto 41.035 casos y 3.405 muertes por coronavirus, más muertes que en China, que tiene 23 veces la población de Italia. Los sistemas de salud en el norte de Italia, el epicentro europeo de la enfermedad, están tan abrumados que no pueden procesar los cadáveres de los muertos, y mucho menos atender a todos los enfermos. Las 427 muertes de ayer se produjeron después de que 475 personas murieran el miércoles en Italia, el mayor número de muertes diarias en cualquier país durante la pandemia.

Un paciente en una unidad de biocontención sobre una camilla de ambulancia, llegando al Hospital Columbus Covid 2 en Roma (AP Photo/Alessandra Tarantino)

Una tragedia humana de enormes dimensiones se está desarrollando en Italia. En Bérgamo, donde el número de muertos aumenta más rápido de lo que las autoridades e iglesias pueden enterrar o incinerar, el Gobierno italiano envió un convoy de 15 camiones del ejército para transportar los cadáveres a otras ciudades para deshacerse de ellos. Cargados de ataúdes, los camiones recorrían de noche las calles desiertas de la ciudad, filmados sólo por los residentes de Bérgamo confinados en apartamentos con vistas a su ruta.

Abandonados por el Gobierno italiano, los médicos acuden a las redes sociales para pedir ayuda desesperadamente. El Dr. Stefano Fagiuoli del hospital Papa Giovanni de Bérgamo publicó un breve vídeo en inglés, en el que decía: "Tengo dos mensajes. El primero es para la población en general: por favor, quédense en casa. El segundo mensaje es para quien quiera ayudarnos. Necesitamos desesperadamente tanto enfermeras como médicos, junto con respiradores y equipos de protección".

En Cremona, el Dr. Romano Paolucci dijo, "estamos al final de nuestras fuerzas. Este es un hospital pequeño y estamos recibiendo a mucha gente". El número de pacientes con neumonía crítica es mucho mayor que el número de respiradores disponibles para salvarlos, lo que obliga a los médicos a tomar la decisión barbárica de a quién tratarán de salvar y a quién condenarán a muerte al negarles el acceso a un respirador. El personal está destrozado, añadió Paolucci, viendo a los pacientes "morir solos, sin un ser querido a su lado, a menudo teniendo que decir su último adiós a través de una mala señal de celular".

Además, a medida que aumenta el número de casos y muertes en Europa, esas condiciones van apareciendo gradualmente en todo el continente. En España se registraron ayer 2.626 nuevos casos y 165 muertes, y el personal informa que los hospitales de Madrid, una de las zonas más afectadas, están al borde del colapso. Múltiples pacientes están hacinados en habitaciones individuales, las camas de cuidados intensivos están instaladas en los pasillos, se utilizan todas las máquinas disponibles, y sin embargo, como le dijo un médico a El Diario, "Estamos en una situación terrible. El miércoles en cuidados intensivos teníamos a 200 personas que no podíamos tratar, la gente estaba llorando".

Se esperan condiciones similares en París. El martes, cuando entraron en vigor las medidas de confinamiento en toda Francia, los epidemiólogos les dijeron a la dirección de los Hospitales Públicos de París (AP-HP) que no necesitarían cientos, sino 4.000 camas de cuidados intensivos para hacer frente a un aumento de casos que se espera que continúe durante semanas después de que comience el confinamiento. Después de la “sorpresa” que produjo este anuncio, el personal se movilizó para transformar todo el espacio disponible en los hospitales de París para el cuidado del coronavirus. Sin embargo, los médicos siguen informando de una escasez crítica, incluyendo de respiradores y mascarillas médicas.

"Todos tenemos miedo de lo que se avecina", dijo el Dr. Nicolas Van Grunderbeeck a Le Monde en Arras, mientras un médico de París denunciaba la falta de rapidez de las autoridades: "El material está finalmente siendo proporcionado, pero probablemente no será suficiente. Hace tres semanas debieron haber empezado las cuarentenas, se debieron haber vaciado los hospitales, entrenado a todos para tratar el COVID-19. Me aterroriza que, si no hay una cuarentena real, órdenes estrictas de quedarse en casa, entonces habrá aún más muertes".

Estos acontecimientos subrayan el carácter criminal de las políticas del capitalismo europeo. La austeridad de la Unión Europea (UE) aplicada durante décadas, en particular desde el derrumbe de Wall Street de 2008, saqueó los recursos para las infraestructuras sanitarias y sociales fundamentales y aumentó drásticamente la desigualdad social. Y cuando el número de casos comenzó a aumentar de forma explosiva a finales de febrero, los Gobiernos de la UE se opusieron a las órdenes de confinamiento en los hogares y trataron de obligar a los trabajadores a permanecer en sus trabajos, con el fin de evitar el cierre de fábricas y seguir proporcionando rescates masivos para respaldar las infladas bolsas de valores.

Con una indiferencia asombrosa hacia la vida humana, los altos funcionarios de la UE exigieron que los trabajadores siguieran trabajando y aceptaran que decenas o cientos de millones de personas en toda Europa se enfermaran. La canciller Angela Merkel dijo que entre el 60 y el 70 por ciento de la población alemana (entre 49 y 57 millones de personas) se enfermaría. Sir Patrick Vallance, el principal asesor científico del Reino Unido, se opuso a los esfuerzos para detener la propagación del coronavirus: "No es posible evitar que todo el mundo lo contraiga y tampoco es deseable porque se quiere que haya cierta inmunidad en la población para protegernos en el futuro [énfasis añadido]”.

Aunque el distanciamiento social y el confinamiento en casa de grandes sectores de la población activa son necesarios para detener la propagación de una enfermedad tan contagiosa, muchos funcionarios de la UE mantienen esta política. El miércoles por la noche, Merkel habló de nuevo, descartando una orden nacional de confinamiento y proponiendo que no se tomen medidas para capacitar al nuevo personal y construir nuevos equipos médicos. El lunes, el primer ministro holandés Mark Rutte también descartó las órdenes de confinamiento por ser poco prácticas e insistió en que no se implementarían, aunque 2.460 holandeses tienen ahora el virus.

Cada vez está más claro que las pérdidas de vidas humanas que se preparan en todo el mundo pueden acercarse a las de los grandes conflictos armados.

Con 107.397 casos en Europa, los hospitales ya están inundados, a los pacientes críticos se les niega la atención para salvar sus vidas y la pandemia se está cobrando miles de vidas. Si entre el 60 y el 70 por ciento de la población de la Unión Europea (305-356 millones de personas) se enfermara de coronavirus, las horribles escenas en Milán y Madrid se replicarían mil veces en toda Europa. Los hospitales se verían completamente abrumados, decenas de millones se verían privados de atención médica y millones morirían.

La intervención política independiente de la clase obrera en Europa e internacionalmente contra las políticas reaccionarias de la aristocracia financiera es ahora una cuestión de vida o muerte. Solo el estallido de huelgas salvajes en las fábricas de toda Italia la semana pasada obligó al Gobierno italiano a abandonar su oposición a las órdenes de confinamiento, una política adoptada posteriormente en Francia, y en Madrid y País Vasco en España.

Para luchar contra la enfermedad, sin embargo, el poder no puede quedarse en manos de la clase dirigente. Los Gobiernos de la Unión Europea siguen negándose a organizar pruebas masivas de la población para identificar a los que propagan la enfermedad, a organizar una producción de emergencia de equipo médico clave para tratar a los enfermos y a apoyar a los trabajadores en un período de cuarentena y confinamiento. Esto socava a largo plazo cualquier beneficio de las cuarentenas que se han adoptado.

Después de que el Banco Central Europeo (BCE) aprobara esta semana un rescate de 750.000 millones de euros para los mercados financieros de la UE, las afirmaciones de que no hay recursos para tales políticas son absurdas. Estos recursos existen, y no se puede permitir que ninguna consideración de riqueza privada ni lucro interfiera con el uso de esta riqueza, producida por la clase obrera, para salvar vidas.

La expansión de las huelgas en toda Italia y a nivel internacional pone de manifiesto el poder de la clase obrera, actuando independientemente de las burocracias sindicales controladas por el Estado, para tomar el control de las fábricas y confiscar la riqueza de la aristocracia financiera. Solo una lucha de este tipo, basada en una perspectiva socialista, puede superar los niveles tóxicos de desigualdad social y proporcionar recursos para una lucha internacional coordinada contra el virus.

(Publicado originalmente en inglés el 20 de marzo de 2020)