El gobernador de California ordena el cierre de todo el Estado mientras las muertes por coronavirus en EEUU superan las 200

por Patrick Martin
21 marzo 2020

El gobernador de California, Gavin Newsom, emitió una orden de "quedarse en casa" en todo el Estado, con efecto a partir de la medianoche del jueves, por la que se exige a los 40 millones de residentes del estado que no salgan de sus casas, salvo en casos de necesidad, para trabajar en determinadas ocupaciones vitales, o para obtener alimentos y atención médica.

Newsom actuó después de que los funcionarios de salud del estado proyectaran que el 56 por ciento de los residentes de California contraerá el coronavirus que causa COVID-19 en las próximas ocho semanas, o sea un total de 25 millones de personas. El número de aquellos cuyas infecciones causan enfermedades críticas que requieren tratamiento en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) es mucho mayor que el número de esas camas en los hospitales estatales.

El gobernador también pidió al presidente Trump que enviara un barco hospital de la Marina de EEUU, ahora atracado en San Diego, al puerto de Los Ángeles "inmediatamente". La nave no trataría a los pacientes con coronavirus, sino que acogería a pacientes con otras enfermedades que amenazaran su vida, que serían desplazados de los hospitales para hacer sitio a los afectados por el COVID-19.

Newsom había anunciado el martes que pondría a la Guardia Nacional en alerta, e invocaría la ley marcial si fuera necesario hacerlo en condiciones de cuarentena. Seis condados de la bahía de San Francisco ya habían impuesto un bloqueo de "quedarse en casa" el fin de semana.

California es uno de los tres epicentros actuales del brote de COVID-19 en los Estados Unidos, junto con el estado de Nueva York y el estado de Washington. Con mucho, el mayor número de pacientes con coronavirus se encuentra en el estado de Nueva York, principalmente en la ciudad de Nueva York y sus suburbios cercanos al norte, en el condado de Westchester.

El personal de la Guardia Nacional se posiciona en espera a los pacientes al centro de pruebas de coronavirus COVID-19 en Glen Island Park, el viernes 13 de marzo de 2020, en New Rochelle, N.Y. (AP Photo/John Minchillo)

Mientras que el alcalde Bill de Blasio ha pedido una orden de "quedarse en casa" para la ciudad de Nueva York, el gobernador Andrew Cuomo se ha opuesto a tal acción, diciendo a CNN el miércoles, "No estoy a favor de poner en cuarentena una ciudad. No estoy a favor de encarcelar a la gente". El jueves, sin embargo, Cuomo ordenó que todos los negocios operaran con solo el 25 por ciento de su fuerza de trabajo, dejando el 75 por ciento en casa. Esto fue un incremento del límite del 50 por ciento establecido el día anterior.

Sin duda hay una fuerte presión sobre Cuomo para no permitir un cierre del centro financiero más importante del mundo, que incluye a Wall Street y a la Reserva Federal de Nueva York, que lleva a cabo las intervenciones de la Reserva Federal en los mercados financieros.

Mientras tanto, un informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), publicado el miércoles, refuta las sugerencias de que el COVID-19 es una seria amenaza solo para los ancianos. Analizando todos los casos de EEUU desde el 12 de febrero hasta el 16 de marzo, 4.226 en total, los CDC encontraron que solo el 20 por ciento de los que murieron eran menores de 65 años, pero en los casos de enfermedades que requieren hospitalización, el 55 por ciento eran menores de 65 años, así como el 47 por ciento de los enviados a las UCI. "Estos datos preliminares también demuestran que las enfermedades graves que conducen a la hospitalización, incluyendo la admisión en la UCI y la muerte, pueden ocurrir en adultos de cualquier edad con COVID-19", encontró el estudio.

A medida que la epidemia continúa propagándose, hay cada vez más informes de escasez de suministros y equipos vitales en los hospitales, particularmente en los tres epicentros. Los CDC incluso emitieron un aviso de que el personal sanitario debería usar "máscaras caseras (por ejemplo, pañuelo, bufanda) para la atención de pacientes con COVID-19 como último recurso", si no se disponía de máscaras N95 necesarias.

También hay escasez de reactivos químicos utilizados para analizar las muestras de los pacientes que presentan síntomas que sugieren una infección por coronavirus. Esto ha dado lugar a un mayor tiempo de espera para obtener los resultados de laboratorio, lo que conduce a un círculo vicioso: durante el tiempo que los pacientes están en el hospital esperando los resultados, las enfermeras y los médicos deben usar equipo de protección durante períodos más largos, ya que no saben si sus pacientes están infectados.

El martes, los casos reportados de COVID-19 en el estado de Florida aumentaron en un 50 por ciento en un solo día, y los funcionarios estatales pidieron al gobierno federal 500.000 batas protectoras, guantes y kits de recolección de pruebas, así como dos millones de mascarillas y 5.000 respiradores. Esta solicitud de un solo Estado supera la totalidad de las reservas federales de emergencia.

El presidente Trump negó cualquier responsabilidad por la creciente brecha entre las necesidades del hospital y lo que está disponible, durante una reunión de prensa de más de una hora en la Casa Blanca el jueves. "Se supone que el gobierno federal no debería estar ahí fuera comprando grandes cantidades de artículos y enviándolos. Se supone que los gobernadores deben hacer eso", dijo. Repetía su comentario desdeñoso del día anterior, cuando dijo en una reunión similar que el gobierno federal "no es un empleado de paquetería".

Las noticias de prensa diarias de Trump se han convertido en muestras cada vez más insufribles de ignorancia y autoelogio ante la creciente tragedia humana, a la que el "comandante en jefe" es completamente indiferente. Esto se ha combinado con el rechazo arrogante de cualquier sugerencia de que su actuación en la supervisión de un desastre social sin precedentes podría ser objeto de críticas.

En la sesión informativa del jueves, los principales objetivos de Trump eran los medios de comunicación y el gobierno chino. Empezó la sesión reiterando la frase que ha usado repetidamente, refiriéndose al COVID-19 como el "virus chino". Las imágenes de vídeo tomadas desde detrás de Trump mostraban que el texto que había sido preparado por sus ayudantes se refería correctamente a la infección como el "coronavirus", y que Trump había tachado "corona" y escrito "chino" a mano.

Trump se regodeó del efecto del distanciamiento social en la reducción del número de periodistas presentes, ya que todos los demás puestos se mantenían vacantes para separar a los reporteros unos de otros. Sugirió: "Deberíamos deshacernos de otro 75 u 80 por ciento de ellos", y nombró a dos señalándolos burlonamente.

Luego, hacia el final de la sesión informativa, hubo una provocación manejada contra la prensa y China. Trump llamó a un partidario plantado en el cuerpo de prensa y le preguntó por qué los medios de comunicación de EEUU "se han unido a la narrativa del Partido Comunista Chino y están afirmando que eres racista por hacer estas afirmaciones sobre el virus chino. ¿Es alarmante que los principales medios de comunicación se pongan constantemente del lado de la propaganda de los Estados extranjeros, y trabajen aquí mismo y tengan acceso directo a usted y su equipo?"

Esta extraordinaria sugerencia —que los periodistas estadounidenses están trabajando para el gobierno chino y podría representar una amenaza física para Trump— sacó a relucir otra diatriba del presidente de los EEUU en la que denunciaba al New York Times, al Wall Street Journal y al Washington Post por su nombre, concluyendo: "Si tuviéramos un medio de comunicación honesto en este país, nuestro país sería un lugar aún más grande".

En todas sus apariciones públicas, Trump presenta variantes de la afirmación de que "nadie podría haber previsto" el brote de la epidemia de coronavirus. Esto ha sido desacreditado repetidamente, con amplia documentación que se remonta a la respuesta mundial a la epidemia de SARS en 2002, y a los posteriores brotes de gripe aviar, gripe porcina, MERS y ébola.

El jueves el Washington Post informó que el senador Richard Burr, presidente del Comité de Inteligencia del Senado, había advertido a un grupo de amigos de negocios hace semanas sobre el probable impacto de COVID-19, en un momento en el que Trump seguía dando garantías vacías al público americano de que no había nada de qué preocuparse.

Burr dijo en un almuerzo de los partidarios de los negocios el 27 de febrero que, si bien no podía divulgar ningún detalle de lo que había aprendido de las reuniones de inteligencia, "Hay una cosa que puedo decirles sobre esto: Es mucho más agresivo en su transmisión que cualquier cosa que hayamos visto en la historia reciente." Continuó, como atestigua una grabación del almuerzo obtenida por la Radio Pública Nacional, "Es probablemente más parecido a la pandemia de 1918", una referencia al brote mundial de gripe que mató a más de 50 millones de personas.

Evidentemente, Burr ya había actuado en respuesta a la advertencia —el 13 de febrero vendió entre 582.000 y 1,56 millones de dólares de sus acciones personales, en 29 transacciones separadas— la mayor parte de su patrimonio personal. No sólo descargó sus acciones una semana antes de la caída de Wall Street provocada por la crisis del coronavirus, sino que estas incluían 150.000 dólares en acciones de Wyndham Hotels and Resorts, cuyo valor ha bajado dos tercios desde entonces, y 100.000 dólares en acciones de Extended Stay America, otra acción turística, que ahora ha bajado a la mitad de su valor anterior.

La oficina del senador, por supuesto, ha negado cualquier conexión entre su repentina retirada del mercado de valores y cualquier conocimiento anticipado que tuviera del probable impacto del brote de coronavirus.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 20 de marzo de 2020)