La gran mentira de Trump, acusando a China de propagar el COVID-19, un preludio de la guerra de EE.UU. contra China

por Peter Symonds
6 mayo 2020

El siguiente discurso fue pronunciado por Peter Symonds, editor nacional del WSWS (Australia), en la conmemoración en línea del Día Internacional de los Trabajadores de 2020, celebrada por el World Socialist Web Site y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional el 2 de mayo.

Desde Australia, bienvenidos a los participantes de todo el mundo en esta conmemoración en línea del Día Internacional de los Trabajadores.

La pandemia de COVID-19 ha puesto al descubierto la avanzada podredumbre interna del sistema capitalista, que da prioridad a las obscenas ganancias de unos pocos superricos sobre la vida y la salud de la gran mayoría de la población mundial.

El discurso de Peter Symonds comienza en el minuto 37:48 del video.

A medida que miles de personas siguen muriendo cada día, existe una necesidad imperiosa de colaboración internacional para reunir los conocimientos científicos y los recursos médicos y sanitarios y para elaborar científicamente los mejores métodos para controlar y, en última instancia, detener la propagación del virus.

Sin embargo, el anticuado sistema de Estado nación del capitalismo no solo ha demostrado ser un obstáculo para la cooperación internacional en la lucha contra el mortífero virus, sino que todas las rivalidades geopolíticas acercando una guerra mundial antes del brote de la pandemia, están estallando con renovada virulencia.

El factor más desestabilizador de la política mundial es el imperialismo estadounidense, ya que busca desesperadamente apuntalar su posición dominante en el mundo a través de todos los medios disponibles, incluso el empleo de su enorme maquinaria militar.

En medio de la pandemia, la Administración de Trump, con el respaldo en Estados Unidos de los demócratas y los medios de comunicación, está llevando a cabo una viciosa campaña de propaganda, basada en acusaciones infundadas y mentiras descaradas, para culpar a China por el coronavirus.

Trump ha cortado la financiación de la Organización Mundial de la Salud —el organismo que proporciona ayuda y asesoramiento a los países de todo el mundo para combatir ésta y otras enfermedades—por la afirmación falsa de que actuó en connivencia con China para encubrir el brote.

De hecho, las autoridades chinas actuaron rápidamente para advertirle al mundo. A partir del 3 de enero, informaron regularmente a la OMS de sus progresos, identificaron rápidamente el agente infeccioso y el 11 de enero proporcionaron a la OMS la composición genética del virus. El 23 de enero, Wuhan fue puesto en cuarentena para prevenir una mayor propagación.

Cualesquiera que sean las limitaciones de la respuesta china para hacer frente a un virus desconocido, palidecen hasta ser insignificantes en comparación con el fracaso de la Administración de Trump para tomar cualquier medida durante semanas ante peligros conocidos, resultando en decenas de miles de personas muertas.

Además, Trump ha dado crédito a la teoría conspirativa de extrema derecha de que el virus se originó en un laboratorio de virología de Wuhan, y fue liberado accidental o deliberadamente. Afirmó esta semana haber visto pruebas que apoyaban la acusación, a pesar de que la Oficina del Director de Inteligencia Nacional acababa de declarar que creía que el coronavirus “no fue hecho artificialmente”.

Esta Gran Mentira, engendrada por el exasesor fascista de Trump, Stephen Bannon, ha sido amplificada a través de los medios de comunicación estadounidenses ante la abrumadora evidencia científica de lo contrario, de que la pandemia es el resultado de una transmisión de animales a humanos.

Los esfuerzos de los EE.UU. para utilizar como chivo expiatorio a China, respaldados por aliados como Australia, son un burdo intento de desviar la atención de su propia negligencia criminal, en medio de la creciente oposición de la clase obrera. Pero es mucho más. Los estrategas estadounidenses temen profundamente que la pandemia provoque un mayor deterioro de la posición económica y estratégica del imperialismo estadounidense frente a China y sus demás rivales.

Primero con Obama y ahora con Trump, los Estados Unidos han tratado agresivamente de debilitar a China diplomática y económicamente, mientras que participan en una rápida acumulación militar en todo el Indo-Pacífico en preparación para la guerra. Bajo Trump, la llamada “guerra contra el terrorismo” ha sido suplantada por el “conflicto de las grandes potencias”. Su guerra económica contra China conduce inexorablemente a la confrontación y el combate militar.

La Administración de Trump está ahora discutiendo activamente aplicar sanciones económicas de represalia y otras medidas contra China. Al mismo tiempo, ha continuado sus provocaciones navales contra China en el mar de China Meridional.

Un cuarto de siglo de guerras criminales de EE.UU. por el dominio en el Oriente Próximo y el Oriente Medio está transformándose en un impulso hacia una guerra catastrófica entre las potencias con armas nucleares. No es casualidad que la Administración de Trump haya hecho pedazos el tratado sobre misiles balísticos de alcance intermedio ni que el presupuesto militar de este año dé la máxima prioridad al desarrollo de nuevas armas nucleares.

Las clases capitalistas de todo el mundo no tienen otra solución a la crisis económica que se profundiza rápidamente y que ha sido expuesta por la pandemia COVID-19, que la guerra de clases contra la clase obrera y la guerra contra sus rivales. La supervivencia de la humanidad depende de que la clase obrera internacional ponga fin al sistema de lucro en bancarrota y a su anticuada división del mundo en Estados nación en conflicto.

Beijing no tiene una respuesta progresista la agresiva acumulación militar de los EE.UU. y a la campaña de guerra. Su única respuesta es vacilar entre los inútiles intentos de apaciguar a Washington, por un lado, y, por otro, participar en una carrera armamentística que solo puede terminar en un desastre para la humanidad.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 5 de mayo de 2020)