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Perspectiva

Encubrimiento de la pandemia en EE.UU. culpable por decenas de miles de muertes

El miércoles, los investigadores de la Universidad de Columbia publicaron un estudio que muestra cómo la enorme cantidad de muertos en EE.UU., que se aproxima a 100.000, es una consecuencia directa de las decisiones realizadas por el Gobierno de Trump.

El estudio, publicado en medRxiv.org, descubrió que si EE.UU. hubiera comenzado el distanciamiento social y otras medidas de control tan solo dos semanas antes, se habrían salvado 54.000 personas. La implementación de tales medidas una semana antes hubiera salvado 36.000 vidas.

Estas cifras cuantifican las consecuencias de los esfuerzos del Gobierno de Trump en enero y febrero para minimizar la amenaza presentada por la pandemia. A pesar de la clara evidencia y las advertencias de los científicos, Trump y sus miembros del gabinete le restaron importancia a la enfermedad. Tan tarde como el 28 de febrero, Trump siguió afirmando que el coronavirus “desaparecerá” como “un milagro”. Trump atacó a los que afirmaban que el COVID-19 se estaba propagando rápido por todo el país, declarando, “Esta es su nueva farsa”.

Pero los principales científicos del Gobierno siguieron sonando la alarma por casi dos meses en un intento fútil para hace que la Casa Blanca tomara las medidas más básicas en preparación para una importante pandemia. “Los oficiales de salud pública estaban completamente al tanto de la amenaza emergente del COVID-19 para principios de enero de 2020”, escribió Rick Bright, el exdirector de la Autoridad de Investigaciones Avanzadas y Desarrollo en Biomedicina, en una denuncia.

El presidente Donald Trump en una rueda de prensa sobre el coronavirus en la Casa Blanca, viernes 13 de marzo de 2020, Washington (AP Photo/Evan Vucci)

En una entrevista posterior, Bright añadió: “Yo sabía que todas las señales de una pandemia estaban presentes. Un nuevo virus, causando una mortalidad significativa y que se propagaba. Todas las señales estaban ahí. Solo era una cuestión de tiempo que el virus dejara China”.

Las declaraciones de Bright hacen añicos las afirmaciones del Gobierno de que “nadie pudo predecir” la pandemia y que cualquier atraso en la respuesta estadounidense se debió a que China mintió sobre la propagación de la enfermedad.

Por el contrario, el Gobierno de Trump, dijo Bright, estaba “decidido a minimizar esta amenaza catastrófica”.

Los esfuerzos deliberados del Gobierno federal de silenciar a los científicos y restarle importancia a la enfermedad, en combinación con los masivos atrasos en el despliegue de pruebas, hicieron que los estados implementaran las restricciones demasiado tarde.

El estado de Nueva York implementó su orden de permanecer en casa el 22 de marzo, más de dos meses después de que comenzara la transmisión comunitaria en EE.UU. a mediados de enero. Los cierres en la mayoría de las ciudades se realizaron tres meses y medio después de que los investigadores científicos chinos descubrieran el virus y se esparcieran los temores de una pandemia global.

Mientras que el Gobierno de Trump y la prensa culpan a China por retrasar la publicación de información, ahora se ha determinado que hasta 50.000 muertes fueron causadas por la decisión de la Casa Blanca para posponer lo más antes posible el encierro.

Los científicos chinos anunciaron que descubrieron un conjunto de personas con una enfermedad que no podían explicar el 31 de diciembre, y este anuncio fue ampliamente reportado en EE.UU., incluyendo por Reuters, la Prensa Asociada y el New York Times .

El World Socialist Web Site, con base en los datos públicamente disponibles, pudo advertir el 24 de enero que “ha aparecido evidencia de infecciones de persona a persona”. Mientras que cuatro días después, el WSWS escribió, “El brote ha expuesto la enorme vulnerabilidad de la sociedad contemporánea a nuevas cepas de enfermedades infecciosas, peligros para los que ningún Gobierno capitalista está adecuadamente preparado”.

Pero, por varios meses, los oficiales estadounidenses no hicieron lo suficiente para prepararse para la próxima pandemia. No fue hasta casi ocho semanas después de las primeras declaraciones públicas de los oficiales sanitarios chinos que se inició la toma de pruebas sistemática para COVID-19 en EE.UU.

Aun cuando no hacía nada en preparación para la propagación del COVID-19, impuso un veto a viajantes de China en contra de los consejos de la Organización Mundial de la Salud y sus propios asesores científicos. Dentro del Gobierno federal, Bright y otros científicos en el Gobierno advirtieron desesperadamente que una prohibición a viajantes no prevendría que llegara la enfermedad a EE.UU.

A pesar de las advertencias de los científicos en su Gobierno, ¿por qué implementó Trump una medida meramente cosmética, cuyo objetivo era fabricar el cuento de que el COVID-19 se podía mantener fuera del país?

Lo que impulsó la respuesta de la Casa Blanca a la pandemia desde el principio no fue la amenaza del COVID-19 para las vidas humanas, sino el impacto en la bolsa de valores. La Casa Blanca sabía muy bien que ala pandemia iba a tener un impacto devastador, pero esto ocurriría en condiciones en que Wall Street ya estaba bajo gran presión. Los mercados fueron inflados artificialmente por medio de años de tasas de interés ultrabajas y las medidas de “expansión cuantitativa” que alimentaron un aumento masivo en las deudas, que socavaban las ganancias corporativas y amenazaban con hacer colapsar el ya inflado mercado bursátil.

Trump y sus asesores sabían que el impacto de la pandemia desencadenaría una fuerte caída en el mercado que solo podía ser contenida y revertida a través de la inyección de billones de dólares en efectivo por parte de la Reserva Federal y el Tesoro. Para ganar tiempo, la Casa Blanca suprimió información y engañó al público mientras se preparaba el rescate.

Un artículo de Edward Luce en el Financial Times la semana pasada ofrece un vistazo a este proceso. “No se podía permitir que nada asustase al Dow Jones”, escribió, explicando el pensamiento del Gobierno de Trump. “Se desalentó dar cualquier señal de que EE.UU. se estaba alistando para una pandemia, incluyendo pasos reales para prepararse para ella”.

El Financial Times citó a una persona cercana a la Casa Blanca que dijo: “Jared [Kushner, el yerno de Trump] había estado argumentando que hacerle pruebas a demasiada gente, o pedir demasiados respiradores, asustaría a los mercados y por eso no deberíamos hacerlo”.

En medio del silencio público, hubo una furiosa actividad de fondo mientras los legisladores preparaban lo que sería el mayor rescate gubernamental de las grandes empresas de la historia. La Administración de Trump estaba buscando ganar tiempo, manteniendo al público en la oscuridad mientras un complejo programa para rescatar a Wall Street podía ser puesto en marcha.

Este tiempo se utilizó para redactar lo que se convertiría en un proyecto de ley de 800 páginas conocido como la Ley CARES, que creó el marco para un rescate multibillonario del sistema financiero por parte de la Reserva Federal y la canalización de cientos de miles de millones de dólares del Tesoro a las principales corporaciones.

El líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell presentó el proyecto de ley el 25 de marzo. En dos días, la Ley CARES fue aprobada por el Senado con un voto unánime y por la Cámara de Representantes con un voto de voz. Fue firmada como ley el mismo día. En otras palabras, la mayor redistribución de fondos públicos en la historia de la humanidad tomó sólo 48 horas.

Un artículo en Foreign Affairs señala que este rescate “desdibujaría las líneas, nunca claras para empezar, entre el sector público y el privado y transferiría una gran parte de la economía mundial a los balances de los Gobierno. Este nivel de gasto no tiene precedente en la historia, ni siquiera cercano. Ni en la guerra. Ni en tiempos de paz. Ni nunca”.

No bien se aseguró el rescate, los medios de comunicación cambiaron inmediatamente el tono. Pasaron de centrarse en imágenes de muertes masivas y hospitales abarrotados a “señales esperanzadoras” y “el lado esparanzador” para declarar que la pandemia estaba casi terminada y que los trabajadores debían volver al trabajo.

Incluso mientras 1.500 estadounidenses siguen muriendo cada día a causa de COVID-19, los 50 estados han reabierto sus empresas, enviando a los trabajadores de vuelta al trabajo en condiciones inseguras y preparando el terreno para un resurgimiento masivo de la enfermedad.

El total desprecio por la vida humana que llevó a la Casa Blanca a restarle importancia a la pandemia y a obstaculizar la respuesta federal está en juego en la campaña de regreso al trabajo.

En medio de las advertencias del director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, Robert Redfield, de que los Estados Unidos se enfrentan a un resurgimiento importante de COVID-19, Trump declaró ayer: “Ya sea una brasa o una llama... no vamos a cerrar nuestro país”.

En otras palabras, no importa cuán alto sea el número de muertos, las necesidades de la sociedad no podrán interferir con las ganancias de Wall Street. La prioridad del Gobierno seguirá siendo los intereses de la oligarquía financiera, no salvar vidas.

Por eso, la lucha contra la pandemia no debe librarse solo en el frente médico, sino también en el frente político. La lucha contra el COVID-19 es inseparable de la lucha más amplia posible contra las políticas criminales de la Administración de Trump y sus facilitadores abúlicos del Partido Demócrata.

Como lo señaló el Partido Socialista por la Igualdad en su reciente declaración, “¡Construyan comités de base en las fábricas y lugares de trabajo para prevenir la transmisión del COVID-19 y salvar vidas!”, los trabajadores deben:

formar comités de base de seguridad en cada fábrica, oficina y lugar de trabajo. Estos comités, controlados democráticamente por los propios trabajadores, deben formular, implementar y supervisar las medidas necesarias para resguardar la salud y las vidas de los trabajadores, sus familias y la comunidad en su conjunto.

¡No se puede volver a la rutina de antes! La pandemia ha expuesto la necesidad urgente de reestructurar completamente los procesos de producción, distribución y las actividades económicas en general. Las vidas del pueblo trabajador y sus familias no deben ser sacrificas por el lucro corporativo ni la riqueza privada de los oligarcas milmillonarios.

Instamos a todos aquellos que estén de acuerdo con estas demandas a que saquen las conclusiones políticas necesarias y emprendan la lucha por el socialismo.

(Publicado originalmente en inglés el 22 de mayo de 2020)

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