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Cientos de miles de manifestaciones multirraciales contra la violencia policial en una muestra poderosa de unidad de la clase obrera

El Partido Socialista por la Igualdad y los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social acogen y apoyan las manifestaciones multirraciales y multiétnicas de miles de trabajadores y jóvenes que se han extendido por todo el país en respuesta al asesinato policial de George Floyd en Minneapolis, Minnesota. Estas manifestaciones, las cuales están sucediendo en medio de la pandemia a pesar de los serios riesgos involucrados, son una manifestación poderosa e inspiradora de un compromiso profundamente arraigado por defender los derechos democráticos, el odio a la policía fascistizante y al Gobierno de Trump, así como un profundo compromiso por la unidad de todos los sectores de la clase obrera.

El viernes por la noche, miles siguieron su protesta en Minneapolis, en desafío al toque de queda impuesto por el Gobierno estatal. Fuera de Minneapolis, hubo protestas importantes el viernes en Houston, Texas, de donde era oriundo Floyd; Atlanta, Georgia, donde los manifestantes irrumpieron en la sede de CNN; la ciudad de Nueva York, donde docenas fueron arrestados tras ser atacados por la policía y donde los manifestantes presuntamente abrumaron la comisaría en Brooklyn; Lexington y Louisville, Kentucky, donde los manifestantes exigieron justicia por Breonna Taylor, asesinada por la policía en marzo; Washington D.C., en las afueras de la Casa Blanca que temporalmente estuvo confinada; Fort Wayne, Indiana, donde la policía utilizó gases lacrimógenos para dispersar a la multitud; y en Las Vegas, Nevada, donde los manifestantes bloquearon el bulevar Las Vegas Strip.

Ha habido manifestaciones de cientos y en muchos casos miles en San Jose, California; Boston, Massachusetts; Chicago, Illinois; Omaha, Nebraska; Detroit, Michigan; Dallas, Texas; Denver, Colorado; Kansas City y St. Louis, Missouri, así como muchas otras ciudades de todo el país.

Este movimiento cada vez más extenso ha sido desatado por el asesinato brutal de George Floyd, pero refleja la ira cada vez mayor contra la desigualdad social, la pobreza, el desempleo masivo, la destrucción de la seguridad social y las guerras interminables. La situación desesperada que enfrenta la clase obrera se ha intensificado bajo el impacto de la pandemia de COVID-19.

Los Gobiernos estatales y locales han respondido con una movilización policial masiva. En Minneapolis, el gobernador demócrata de Minnesota, ha desplegado a partir de ayer a cientos de tropas de la Guardia Nacional. En Georgia, la Guardia Nacional fue desplegada en Atlanta la noche del viernes después de que el gobernador declarara un estado de emergencia. La policía en otras ciudades ha intentado sin éxito suprimir las manifestaciones con gases lacrimógenos y balas de goma.

El viernes, en un intento por contener las protestas, los oficiales estatales de Minnesota anunciaron que habían arrestado y presentado el cargo menor de homicidio de tercer grado contra Derek Chauvin, el policía que se arrodilló sobre el cuello de Floyd hasta que murió ahorcado. Sin embargo, los otros tres policías involucrados siguen libre. Ya están siendo avanzadas justificaciones malignas para las acciones de Chauvin, incluso la afirmación de que la muerte de Floyd no fue el producto de su brutal arresto, sino de “condiciones de salud subyacentes” y “posibles intoxicantes”.

Trump recurrió a Twitter el jueves en la noche para denunciar a los manifestantes como “MATONES” y amenazar con una violenta intervención militar. “Ante cualquier dificultad, asumiremos el control, pero cuando comiencen los saqueos, comenzará el tiroteo”.

Esta frase repite la utilizada famosamente en 1967 por el jefe de la policía racista en Miami, Walter Headley, para ordenar una represión violenta de las protestas masivas de negros contra la violencia policial racista. La amenaza de Trump no es vacía. El viernes por la noche, el Associated Press reportó que el Pentágono le ordenó al Ejército alistar varias unidades militares activas para enviarlas a Minneapolis.

El hecho de que el brutal crimen de Chauvin ocurriera en Minneapolis no es un accidente. En octubre del año pasado, Trump realizó un discurso en el Target Center del centro de Minneapolis, dedicándose a aclamar a los policías y denunciar a los socialistas y a la “izquierda radical”. Los oficiales policiales utilizaron camisetas con la consigna “Policías por Trump” en el mitin y alzaron pancartas que decían “La policía vota por Trump”.

“El respeto que tenemos por la policía no tiene límites”, declaró Trump en el evento. Lo que quiso decir por respeto “sin límites” fue dejado claro por el titular de la Federación Policial de Minneapolis, Bob Kroll. Dijo, “Lo primero que el presidente Trump hizo cuando tomó el cargo fue… iniciar, dejar que los policías hagan su trabajo, les coloquen las esposas a los criminales en vez de a nosotros”.

La Casa Blanca estuvo activamente involucrada en la organización de los severos pasos de la policía de Minneapolis para suprimir las protestas. El viernes por la mañana, los policías llevaron a cabo el provocativo arresto de un equipo reportero de CNN, un medio atacado frecuentemente por Trump, cuando transmitía en vivo. La acción estuvo calculada para enviarles un mensaje a los oponentes de Trump en los medios de comunicación y la población en general.

Las diatribas de Trump procuran el apoyo de la policía y el ejército con base en llamados fascistizantes y anticomunistas. Su denuncia de los manifestantes como “matones” se distingue de sus halagos para los fascistas derechistas que han orquestado protestas fuertemente armadas en las capitales estatales en semanas recientes, exigiendo poner fin a las medidas que buscan contener la pandemia de coronavirus. Fueron envalentonados por los llamados de Trump a “liberar Minnesota”, así como otros estados.

Como siempre, la respuesta del Partido Demócrata ha sido utilizar frases hipócritas sobre la “tragedia” del último asesinato policial mientras hacen todo lo posible para asegurarse de que las cuestiones económicas, políticas y sociales subyacentes sean tapadas. Joseph Biden, el presunto nominado presidencial demócrata, dijo en una declaración ayer que el asesinato de Floyd fue “un acto de brutalidad” por el que el pueblo estadounidense —y particularmente los blancos— son responsables.

“Con nuestra complacencia, nuestro silencio, somos cómplices de perpetuar estos ciclos de violencia”, afirmó Biden. “Nada de esto será fácil ni cómodo, pero si dejamos que simplemente crezca una costra sobre esta herida otra vez sin tratar la lesión subyacente, nunca se curará realmente. La propia alma de EE.UU. está en juego”.

El asesinato de George Floyd e incontables otras atrocidades no fueron llevadas a cabo por “nosotros”, el pueblo obrero estadounidense, sino por la policía, un instrumento del Estado.

La policía no es representativa de la vida estadounidense. Se recluta de las secciones más reaccionarias de la clase media-baja y los trabajadores políticamente atrasados, y se entrena para odiar y desdeñar a los pobres y oprimidos. Son una fuerza hostil de ocupación en cada barrio obrero del país. Muchos policías fueron reclutados tras servir en Irak y Afganistán, donde fueron insensibilizados a la violencia y la muerte.

Con un presupuesto anual de $100 mil millones, la policía ha sido integrada cada vez más con el ejército, obteniendo las armas más avanzadas y desarrollándose en organizaciones paramilitares. Cada año, mil personas son asesinadas a manos de la policía en EE.UU. Un número desproporcionado de los asesinados son afroamericanos. Pero la violencia policial tiene como blanco a los trabajadores y pobres de todas las razas y orígenes étnicos, mientras que la mayoría de los asesinados son muertos.

Mientras que el Gobierno de Trump promueve sistemáticamente la violencia policial, los demócratas están implicados en la violencia estatal contra la clase obrera. Los asesinatos policiales continuaron sin disminuir bajo el Gobierno de Obama, el cual adoptó el lado de la policía en cada caso que llegó a la Corte Suprema.

En cuanto a Minneapolis, el alcalde es un demócrata, así como el gobernador. Amy Klobuchar, la excandidata presidencial demócrata, fue fiscal del condado de Hennepin que protegió a la policía y se opuso a enjuiciarla por mal comportamiento, incluso en un caso previo involucrando al propio Derek Chauvin.

Durante, los últimos cincuenta años, los demócratas se han especializado en promover la política racialista, la insistencia de que la división fundamental en la sociedad estadounidense es entre un “EE.UU. blanco” y un “EE.UU. negro”. La política de la raza ha sido utilizada para argumentar que la solución a los problemas sociales, incluyendo el racismo, es contratar a más oficiales policiales negros y elegir a más políticos negros. Sin embargo, en estos 50 años, las condiciones de los trabajadores negros se han deteriorado, la desigualdad social ha alcanzado niveles récord y la violencia policial se ha intensificado. En muchas ciudades, incluyendo Minneapolis, la violencia policial es presidida por jefes policiales negros o alcaldes negros.

Las manifestaciones masivas de los trabajadores y jóvenes de todas las razas, desencadenadas por el brutal asesinato de Floyd ponen de manifiesto la tremenda solidaridad social que existe y desmiente la narrativa racial. No es una cuestión de negros contra blancos, sino de la clase obrera contra los ricos. Este es un tremendo paso adelante.

Las manifestaciones marcan una nueva etapa en el desarrollo de la lucha de clases.

El propio desarrollo y la expansión de este movimiento están vinculados a la crisis social y política más amplia en EE.UU. e internacionalmente. Toda la respuesta de la clase gobernante a la pandemia de coronavirus, su rechazo a tomar cualquier medida para proteger a la población, el obsequio de billones de dólares para los ricos y ahora la campaña homicida de regreso al trabajo según se propaga la pandemia, ha desenmascarado el carácter oligárquico de la sociedad.

Una catástrofe sin precedentes enfrenta a decenas de millones de trabajadores y jóvenes que han sido despedidos, pueden perder sus hogares y encaran la peor crisis económica y social desde la Gran Depresión. Incluso según la pandemia continúa propagándose por todo el país, el Gobierno de Trump está encabezando una campaña homicida de regreso al trabajo, esperando utilizar la desesperación social masiva para obligar a los trabajadores a poner sus vidas y las de sus seres queridos en peligro para pagar sus obsequios para los ricos.

¿Cómo debe ser vengada la muerte de George Floyd? ¿Cuál es el camino a seguir?

La lucha contra la brutalidad policial debe combinarse con un movimiento cada vez más amplio de la clase obrera contra las condiciones laborales inseguras, el desempleo masivo, la desigualdad social y la pobreza masiva. Es una lucha contra el sistema capitalista y por el socialismo.

El desarrollo de esta lucha exige la movilización política independiente de la clase obrera, en oposición a los demócratas y republicanos.

Es particularmente crítico que los trabajadores y jóvenes entiendan que su batalla tiene un alcance global. Establecer la unidad de los trabajadores en EE.UU. requiere la solidaridad con las luchas de los trabajadores de todas las nacionalidades y etnicidades. Un elemento crucial de esta estrategia involucra una oposición inflexible al trato brutal contra todos los trabajadores migrantes en EE.UU.

Al avanzar esta lucha, la cuestión del programa político es decisiva. Aquellos que estén de acuerdo con la estrategia y el análisis avanzados por esta declaración, quienes reconozcan la necesidad de luchar por el socialismo y poner fin al sistema capitalista, deben apoyar la campaña electoral y unirse al PSI. Urgimos a los jóvenes a unirse a nuestro movimiento juvenil, los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social.

(Publicado originalmente en inglés el 30 de mayo de 2020)

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