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La campaña de Biden/Harris y el callejón sin salida de la política del “menos malo”

La Convención Nacional del Partido Demócrata iniciará hoy y concluirá tras cuatro días con la nominación oficial el jueves de Joe Biden y Kamala Harris como los candidatos demócratas a presidente y vicepresidenta. La semana siguiente, la Convención Nacional Republicana se reunirá para renominar oficialmente a Trump, preparando el escenario para los dos meses finales de las elecciones estadounidenses.

Las elecciones de 2020 se celebran en condiciones extraordinarias. La pandemia de coronavirus se ha salido de control. Más de 170.000 personas ya han fallecido en EE.UU. y, para el momento de los comicios, esta cifra estará cerca o por encima del cuarto de millón. Más de 30 millones de personas están desempleadas en medio de la mayor crisis social desde la Gran Depresión. Millones se enfrentan a la pobreza y desahucios tras la eliminación de los beneficios federales por desempleo hace tres semanas.

Existe una enorme hostilidad popular contra el Gobierno de Trump, el cual es directamente responsable de esta catástrofe. Las políticas que ha encabezado, incluida la campaña de regreso al trabajo iniciada en mayo y los esfuerzos continuos para reabrir las escuelas, han conllevado decenas de miles de muertes. A sabiendas de la creciente oposición, el Gobierno está buscando sabotear las votaciones por correo para negarle a gran parte de la población el derecho a sufragio.

Candidato presidencial demócrata y exvicepresidente Joe Biden y su compañera de fórmula, la senadora Kamala Harris (D-California) llegan a una rueda de prensa en el colegio Alexis Dupont en Wilmington, Delaware, 12 de agosto de 2020 (AP Photo/Carolyn Caster)

En estas condiciones, se está haciendo uso de enormes presiones para convencer a los trabajadores y jóvenes a que apoyen la campaña de Biden y Harris. Independientemente de las reservas que puedan tener sobre el carácter derechista del Partido Demócrata y sus candidatos, según dice el argumento, esta es la única manera de deshacerse de Trump. Todo lo demás debe subordinarse al resultado electoral.

Esta no es la primera elección en la que se avanzan argumentos sobre el “menos malo”. En 1988, se trataba de votar por Dukakis, un gobernador derechista de Massachusetts, para finalmente acabar los años de Reagan. Después de que Dukakis perdiera frente a George H.W. Bush, los siguientes comicios en 1992 se volvieron una cuestión de acabar los años de Bush eligiendo a Bill Clinton, cuyas políticas derechistas le allanaron el camino a Bush II en 2000. En 2008, el argumento se volvió que era necesario elegir a Obama, el “candidato de la esperanza y el cambio” a fin de poner fin al desastre engendrado por Bush II, principalmente la guerra en Irak.

Obama continuó las políticas más derechistas de George W. Bush (con quien ha establecido, por cierto, una estrecha amistad personal), incluyendo las guerras en Irak y Afganistán y presidiendo el rescate de Wall Street tras el colapso financiero de 2008. Fueron las políticas derechistas de Obama y la nominación de Hillary Clinton con base en un programa proguerra, maquillado con política de identidades, lo que creó las condiciones para la elección de Trump en 2016.

En otras palabras, este acto ya ha tenido lugar y el resultado cada vez ha sido un giro mayor hacia la derecha de toda la élite política.

En este caso, en medio de todo el alboroto sobre el carácter “histórico” de la candidatura Biden-Harris, atribuido enteramente a la raza y el género de Harris, los nominados han sido seleccionados por medio de las maquinaciones del Partido Demócrata contra las candidaturas de Bernie Sanders e incluso Elizabeth Warren.

Es decir, la campaña del Partido Demócrata se basa en un rechazo a cualquier sugerencia de que está llevando a cabo una política de reforma social. Los demócratas ni siquiera están pretendiendo proveer un programa que atienda la catástrofe en curso en EE.UU.

El propio Sanders está desempañando el papel central en convencer a sus antiguos simpatizantes de que, a pesar de todo, la elección de Biden debe ser el objetivo primordial. Este fue el tema fundamental cuando habló en varios programas de entrevistas mañaneras ayer.

Un intercambio particularmente revelador apareció en CNN, cuando el moderador Jake Tapper citó un comentario del Wall Street Journal declarando que Wall Street dio “suspiro de alivio” ante la nominación de la exfiscala derechista Harris como vicepresidenta. Luego preguntó, “Si Wall Street da un suspiro de aliento con Kamala Harris siendo nominada candidata, ¿qué hace Bernie Sanders?”.

A esto, Sanders respondió, “Bueno, Bernie Sanders hace todo lo que pueda para derrotar a Donald Trump… Donald Trump necesita ser derrotado. Biden necesita quedar electo”. Sanders continuó, “Y después de que los Demócratas tengan control del Senado y la Cámara de Representantes y Joe sea presidente, haremos todo lo que podamos para movilizar a la gente a favor de una agenda progresista”.

De hecho, los mismos argumentos utilizados para insistir en que todo se debe subordinar a Biden se reutilizarán para argumentar que no se puede hacer nada que desestabilice a la futura Administración Biden porque eso tan solo fortalecería a la derecha. Como siempre, es un argumento opuesto a cualquier movilización de la clase obrera contra toda la política de las élites gobernantes representadas tanto por los demócratas como los republicanos.

En todo esto, no hay ninguna evaluación seria de qué produjo a Trump. Después de todo, no es un ogro que surgió del fondo del infierno. El propio Trump es un producto del sistema capitalista. Es el representante de la oligarquía financiera.

Existen diferencias entre los demócratas y los republicanos. Sin embargo, el conflicto dentro del Estado es uno entre dos facciones de la clase gobernante.

Hay sectores de la patronal y las agencias militares y de inteligencia opuestas a Trump principalmente por cuestiones de política exterior, en particular relacionadas con Rusia. Resumiendo las inquietudes de la clase gobernante, un comentario en el Washington Post de Josh Rogin aclamó la selección de Harris como vicepresidenta porque “aquellos cercanos a Harris la describen como una ‘demócrata Truman’, una indicación de su voluntad a emplear el poderío estadounidense para promover los valores e intereses estadounidenses”. Es decir, Harris, si se volviera presidenta, estaría dispuesta a librar guerras para avanzar los intereses de la clase gobernante estadounidense.

Está apareciendo más evidencia de la inclinación de la patronal estadounidense a favor de los demócratas en reportes de que el grueso del apoyo financiero por parte de la bolsa de valores y los principales bancos está yendo a Biden y no a Trump, así como un salto enorme en las donaciones en grandes montos tras la selección de Harris.

En cuanto a la política de la clase gobernante, en relación con la pandemia, ambos partidos se han unido en utilizar la pandemia para transferir varios billones de dólares a Wall Street, algo permitido por la Ley CARES aprobada a fines de marzo, y para hacer valer la campaña de retorno al trabajo en los estados de todo el país, estén gobernados por demócratas o republicanos.

El objetivo fundamental del Partido Demócrata es estrangular y suprimir la creciente oposición de la clase obrera. Las políticas de la élite gobernante están generando un estallido social. Los docentes y estudiantes se están movilizando contra el esfuerzo para reabrir las escuelas. Los trabajadores han comenzado a formar comités de base para oponerse a la campaña homicida de retorno al trabajo y a las condiciones inseguras en las fábricas y otros centros laborales.

El Partido Socialista por la Igualdad y nuestra campaña electoral rechazan todos los esfuerzos para subordinar a la clase obrera a las consideraciones electorales del Partido Demócrata. Insistimos en que la batalla contra la pandemia es una batalla contra el sistema capitalista. Los métodos que deben ser empleados son los métodos de la lucha de clases.

El PSI está encabezando la organización de los trabajadores contra la política homicida de la élite gobernante, en oposición a todas las facciones de la clase gobernante, con base en un programa revolucionario para acabar con la desigualdad, la guerra, la dictadura y el capitalismo. Urgimos a los trabajadores y jóvenes que estén de acuerdo con este programa a que apoyen la campaña electoral del PSI y se unan y construyan nuestro partido.

(Publicado originalmente en inglés el 17 de agosto de 2020)

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