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Gobierno de Trump alimenta las tensiones con China sobre Taiwán

En medio de la amenaza de golpe de Estado y la agitación política en Washington, el secretario de Estado Mike Pompeo, un leal partidario de Trump, ha aumentado de manera provocativa las tensiones con China por Taiwán, uno de los más peligrosos puntos de inflamación en Asia.

El fin de semana pasado, Pompeo anunció un cambio radical en los protocolos diplomáticos para tratar con Taiwán, dando luz verde al levantamiento de todas las restricciones de contacto entre Washington y Taipéi. La movida es otro paso para revocar la política de "Una sola China" bajo la cual los EE.UU. han reconocido de facto a Beijing como el gobierno legítimo de toda China, incluyendo la isla de Taiwán, y tiene un contacto limitado con Taipéi.

Presidenta taiwanesa Tsai Ing-wen, centro, camina hacia su ceremonia de inauguración en Taipéi, Taiwán, el miércoles 20 de mayo de 2020 (Oficina Presidencial de Taiwán vía AP)

En su declaración, Pompeo llamó a Taiwán "una democracia vibrante y un socio fiable" de los EE.UU. y declaró que la interacción con Taipéi se veía obstaculizada por "complejas restricciones internas". Anunció el levantamiento de "todas estas restricciones autoimpuestas" que, según él, eran "un intento de apaciguar al régimen comunista de Beijing". Todas las "directrices de contacto" emitidas por el Departamento de Estado eran "nulas y sin efecto".

Lo que Pompeo describió como el apaciguamiento de Beijing surgió de hecho del cambio en la política exterior de EE.UU. que estuvo marcado por la visita del presidente Richard Nixon a China en 1971. El acercamiento al Partido Comunista Chino fue una cuasialianza destinada a aislar y enfrentar a la Unión Soviética que también sentó las bases para la posterior restauración del capitalismo en China. El establecimiento de relaciones diplomáticas entre Washington y Beijing en 1979 se basó en la política de una sola China, aunque los Estados Unidos siguieron oponiéndose a cualquier toma de posesión china por la fuerza de Taiwán y siguieron suministrándole armas.

En la última década, primero bajo la administración de Obama y luego intensificada bajo Trump, los Estados Unidos han montado un esfuerzo agresivo y generalizado para socavar a China diplomática y económicamente, y han participado en un masivo incremento militar en toda la región del Indo-Pacífico. Ya no se considera en Washington un socio estratégico útil, y ahora se considera a China como su principal rival y amenaza a la dominación mundial de los Estados Unidos.

Desde el comienzo de su administración, Trump puso abiertamente en duda la política de "Una sola China", declarando que la anularía si China no cedía a sus demandas comerciales. La administración de Trump ha aumentado las tensiones con Beijing a través de una serie de cuestiones, desde las provocaciones navales de EE.UU. en el Mar del Sur de China y el Estrecho de Taiwán, a las medidas de guerra comercial. Esto ha incluido el desarrollo de lazos militares y diplomáticos más estrechos con Taiwán, que es considerado por el Pentágono como un elemento crítico de cualquier guerra de EE.UU. con China.

En un discurso histórico el pasado mes de julio, Pompeo dio un vuelco efectivo a tres décadas de política exterior estadounidense, declarando que "el viejo paradigma de compromiso ciego con China" debía ser sustituido por una estrategia en la que "el mundo libre debe triunfar sobre esta nueva tiranía". Lo más significativo es que descartó cualquier regreso a la política de "contención" de la Guerra Fría, implicando así que todos los medios, incluyendo la guerra, debían ser usados para combatir a China.

La importancia de la derogación por parte de Pompeo de los anteriores protocolos diplomáticos de EE.UU. con Taiwán no se perdió en Beijing. "Cualquier acción que dañe los intereses centrales de China se enfrentará con un firme contraataque y no tendrá éxito", dijo el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores Lijian Zhao a los periodistas el lunes.

Los EE.UU. ya había anunciado que su embajadora en la ONU, Kelly Craft, haría un viaje de tres días a Taipéi esta semana. La propia Craft almorzó públicamente en septiembre pasado con James K.J. Lee, director de la Oficina Económica y Cultural de Taipéi en Nueva York, la embajada de facto de Taiwán, y calificó la reunión de "histórica".

En una declaración la semana pasada, la misión china en la ONU advirtió que los EE.UU. "pagarán un alto precio por su acción equivocada", refiriéndose al viaje. "China insta firmemente a los Estados Unidos a que detengan su loca provocación, dejen de crear nuevas dificultades en las relaciones China-EE.UU. ... y dejen de ir más lejos en el camino equivocado", declaró.

El lunes, el embajador de EE.UU. en los Países Bajos, Pete Hoekstra, acogió puntualmente al representante de Taiwán en la embajada de EE.UU., en el primer contacto de este tipo desde que Pompeo anunció el fin de las restricciones. En un tuit, Hoekstra se jactó: "Hizo un poco de historia hoy: Recibió al representante de Taiwán Chen en nuestra embajada", acompañado de fotos de los dos.

Sin embargo, como Craft debía volar a Taipéi ayer, el viaje se canceló en el último minuto, junto con una visita prevista de Pompeo a Europa. Craft habría sido el tercer funcionario de alto nivel de los EE.UU. en visitar en los últimos meses. El secretario de Salud de EE.UU. Alex Azar visitó Taipéi el pasado agosto, convirtiéndose en el funcionario estadounidense de mayor rango en más de tres décadas.

La portavoz del Departamento de Estado Morgan Ortagus declaró en una declaración que todos los viajes previstos habían sido cancelados citando la necesidad de planificar la transición a una nueva administración Biden la próxima semana. La cancelación de los viajes sin duda tiene mucho más que ver con el caos político en Washington, en condiciones en las que Trump se niega a declarar la derrota, sectores del Partido Republicano siguen afirmando falsamente que las elecciones fueron robadas y los fascistas partidarios de Trump siguen conspirando para mantenerlo en el poder.

El viaje de Pompeo fue cancelado en medio de la preocupación por recibir una muy fría bienvenida en Europa. Uno de los tramos del viaje iba a ser Luxemburgo, cuyo ministro de asuntos exteriores Jean Asselborn había declarado en la radio RTL que Trump era "un criminal" y un "pirómano político que debe ser llevado ante un tribunal". Citando a funcionarios estadounidenses sin nombre, Reuters informó que las visitas de Pompeo a Bruselas y Luxemburgo fueron canceladas después de que Asselborn y los funcionarios de la UE se negaran a programar reuniones con él.

El gobierno taiwanés apoyó públicamente el viaje de Craft, que en otras circunstancias habría sido aclamado como una victoria diplomática sobre Beijing. Sin embargo, dada la incertidumbre sobre quién ocupará la Casa Blanca la próxima semana, la visita podría complicar potencialmente las relaciones con los EE.UU. si Biden se instala finalmente.

Mientras que las tácticas podrían cambiar bajo la administración de Biden, no habrá descanso en la confrontación de EE.UU. con China. Biden, quien sirvió como vicepresidente en la administración de Obama, fue un elemento crucial de su belicoso "pivote a Asia" contra China que sentó las bases de la guerra comercial y las provocaciones de Trump contra Beijing. Biden ya ha indicado que no va a revertir de inmediato las amplias sanciones comerciales de EE.UU. a China.

En otra indicación de su postura hacia China, como se informó en el Financial Times, Biden va a nombrar a Kurt Campbell en un poderoso y recién creado puesto de coordinador de políticas para Asia. Campbell, como secretario de Estado adjunto de Asia y el Pacífico en la administración Obama, desempeñó un papel central en la planificación y aplicación del "pivote hacia Asia" y sin duda seguirá un curso agresivo hacia China.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 14 de enero de 2021)

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