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Perspectiva

¡Qué avance la Alianza Internacional Obrera de los Comités de Base!

El Primero de Mayo de 2021 será el segundo en que se celebra el día internacional de la solidaridad de la clase obrera e condiciones de una pandemia global. El Comité Internacional de la Cuarta Internacional celebrará este día con un mitin en línea. Hará un llamado a formar la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB o IWA-RFC por sus siglas en inglés).

El CICI y sus Partidos Socialistas por la Igualdad afiliados están avanzando esta iniciativa para comenzar y desarrollar una contraofensiva global de la clase obrera contra las políticas homicidas de los Gobiernos controlados por la clase dominante capitalista, que son responsables de una catástrofe mundial.

La formación del AIOB-CB es una respuesta críticamente necesaria a la crisis global que se ha cobrado un precio terrible en vidas humanas. Cuando el Primero de Mayo se celebró en 2020, las muertes a nivel mundial eran un poco menos que 250.000. Esta cifra es ahora 12 veces mayo tras superar los 3.000.000 de muertes.

Las muertes en ciertos países y regiones son pasmosas. Más de 850.000 personas han muerto en Norteamérica, incluyendo más de 583.000 en Estados Unidos y 213.000 en México. En Sudamérica, han fallecido 640.000 personas, cuya mayoría de 350.000 murieron en Brasil.

Se ha perdido un millón de vidas en Europa, incluyendo 130.000 en Reino Unido, 120.000 en Italia, 110.000 en Rusia, 100.000 en Francia y 80.000 en Alemania. En Asia, las muertes se acercan a 500.000, en las que India es primera con 200.000 víctimas, Irán con 70.000, Indonesia con 44.000 y Turquía con 37.000.

Más de 120.000 han muerto en África, con casi la mitad de ellos en Sudáfrica.

Más allá de las cifras de muertes, las consecuencias a largo plazo para los sobrevivientes son colosales. Casi 150 millones de personas se han contagiado a nivel global. Millones de ellas sufrirán síntomas persistentes después de su supuesta recuperación. Según un estudio reciente, aquellos infectados que no fueron hospitalizados tienen un peligro 60 por ciento mayor de muerte en los próximos seis meses que aquellos que no se contagiaron.

Casi un año y medio desde el inicio de la pandemia, el virus está asolando todo el mundo. Alimentado por la propagación de cepas nuevas y más transmisibles del virus, el promedio global de nuevos casos alcanzó su nivel más alto.

Los trabajadores de salud cargan a un paciente después de un incendio en el hospital Viay Vallabh para COVID-19 en Virar, cerca de Mumbai, India, 23 de abril de 2021 (AP Photo/Raanish Kakade)

En India, los casos nuevos diarios se dispararon a más de un cuarto de millón de personas. Los sistemas de salud de las mayores ciudades están colapsando y los crematorios están abrumados según se apilan los muertos. En Brasil, las muertes y casos diarios se encuentran en niveles récord. En Irán, el epicentro inicial de la pandemia, las infecciones nuevas superan con creces cualquier otro punto desde que apareció el virus.

Estados Unidos es el país imperialista más rico y poderoso. Pero a pesar de su riqueza y su control de las tecnologías más avanzadas, la pandemia ha expuesto el retraso reaccionario de su sistema político y organización social. Desde el inicio, la respuesta de Estados Unidos a la pandemia se ha visto definida, ante todo y en todo momento, por los intereses económicos de la oligarquía financiera. La política del Gobierno —primero bajo Trump y ahora presidida por Biden— no ha sido dirigida hacia la erradicación del coronavirus, sino hacia la perpetuación de la racha alcista de Wall Street y o de la campaña del imperialismo estadounidense por la hegemonía global.

El resultado de las políticas en pro del mercado ha sido un ascenso impactante en la tasa anual de muertes. Las “muertes en exceso” en 2020 son mayores que las ocurridas en la pandemia de la influenza en 1918. A pesar de todos los avances en la ciencia y la tecnología en el último siglo, más estadounidenses morirán en la pandemia de COVID-19 que durante la pandemia de 1918-19.

Acercándose a los 600.000 en EE.UU., los decesos por el virus se aproximan al total desoldados que murieron en la guerra civil, el conflicto más mortal en la historia estadounidense. Más de 70.000 casos nuevos se reportan cada día y casi 750 muertes. Muchos estados, especialmente en el centro industrial del país, se encuentran en medio de incrementos en casos, involucrando brotes concentrados en las escuelas, instalaciones de cuidado maternal y las fábricas.

La distribución de la vacuna es tan descoordinada e irregular como todos los otros aspectos de la respuesta de la clase gobernante a la pandemia. Incluso en muchos países capitalistas avanzados, el porcentaje de aquellos que han sido completamente vacunados permanece en un dígito. En muchas partes del mundo, la vacuna no estará ampliamente disponible por meses o incluso años. La propagación descontrolada del virus significa que aparecerán constantemente nuevas variantes, socavando los esfuerzos de vacunación en todas partes.

La respuesta de la clase gobernante a la pandemia

El virus es un fenómeno biológico, pero la respuesta de los Gobiernos en todo el humano ha sido definida por cálculos políticos e intereses de clases. Todos los que están en el poder —los Gobiernos, los partidos políticos, los bancos y las corporaciones, los mercados y la prensa— tienen la culpa completa de lo acontecido.

Desde el principio de la pandemia, la clase gobernante se ha rehusado a tomar las medidas necesarias para detener su propagación: pruebas masivas y rastreo de contactos, el cierre de la producción no esencial y las escuelas, la provisión de ingresos completos para los trabajadores y una asistencia real para las pequeñas empresas. Su preocupación no era el impacto de la pandemia en la salud de millones de personas, sino el impacto financiero de las medidas necesarias para salvar vidas sobre las ganancias de las corporaciones y el patrimonio de los ricos.

Se han perdido millones de vidas, pero fueron acumulados muchos miles de millones de dólares. Para la clase obrera, la pandemia ha sido una tragedia humana. Para las élites gobernantes, ha sido una bonanza financiera.

La riqueza colectiva de los milmillonarios en el mundo aumentó explosivamente un 60 por ciento el año pasado, de $8 billones a más de $13,1 billones. El aumento masivo de la deuda será pagado a través de una intensificación enorme de la explotación de la clase obrera.

A lo largo de los últimos 16 meses, ha quedado absolutamente claro que la respuesta de los Gobiernos capitalistas a la pandemia se ha regido estrictamente por consideraciones económicas y geopolíticas. Para justificar sus políticas de “negligencia maligna”, la clase gobernante estadounidense solo se ha diferenciado del resto por sus niveles de cinismo y engaño. Para racionalizar su negligencia criminal, el Gobierno estadounidense puede contar con la colaboración de la prensa.

En rechazo de las propuestas realizables y guiadas por la ciencia para la erradicación global del virus del COVID-19, la política capitalista afirma que la pandemia debe ser aceptada como una condición perpetua, una realidad inescapable con la que la clase obrera debe “vivir” o, más precisamente, con la que debe morir. Los reportes en la prensa de las muertes y aumentos de casos diarios se han ido desvaneciendo en un segundo plano. La población ha de ser desensibilizada con respecto a las muertes masivas y la miseria humana y se le incentiva a adoptar una actitud de pasividad y fatalismo.

En la medida en que esta política se enfrenta a una oposición en la clase obrera, la respuesta de las élites gobernantes ha sido recurrir a la represión y la violencia. Los fascistas y neonazis abiertos están siendo movilizados bajo la bandera de la oposición a cualquier límite en las actividades empresariales. Trump en EE.UU. y Bolsonaro en Brasil son las manifestaciones evidentes de un fenómeno internacional. La declaración de un ministro de Sri Lanka de que el presidente debería ser “más como Hitler” refleja las tendencias autoritarias en la élite gobernante en todos los países.

Y en medio de las muertes masivas y la miseria social, Estados Unidos está intensificando su campaña contra Rusia y China. El último presupuesto militar, que se acerca a $1 billón, es el más grande en la historia. El año pasado fue testigo de una peligrosa escalada de provocaciones imperialistas contra Rusia y China. En particular, la prensa estadounidense ha buscado incitar un odio popular contra China por medio de acusaciones completamente inventadas de que la pandemia fue causado por un virus producido en un “laboratorio de Wuhan”. Esta mentira ha ido acompañada de una campaña de propaganda viciosa que acusa al Gobierno de China por llevar a cabo un genocidio contra la población uigur.

La incitación deliberada de odio contra Rusia y China procura de manera obvia legitimar los preparativos de EE.UU. y Europa para una guerra en pro de sus intereses imperialistas globales. No obstante, tal propaganda y los conflictos militares a los conduce cumplen un propósito adicional crítico: desviar el enojo popular cada vez mayor en el país lejos de los Gobiernos nacionales y hacia el exterior, en contra de “enemigos extranjeros”. Los Gobiernos utilizarán el peligro de una guerra para intensificar la represión política interna contra la oposición social.

¡Por una contraofensiva de la clase obrera internacional!

La pandemia es un evento histórico-mundial que reverberará por décadas. En su impacto, la pandemia puede compararse a la Primera Guerra Mundial. Cuando estalló en julio de 1914, después del asesinato del archiduque austriaco Francisco Fernando, los soldados fueron al campo de batalla esperando poder llegar a casa para la Navidad. Pero la guerra se prolongó, mes tras mes, año tras año. Las muertes se acumularon de los miles a las decenas de miles y luego millones. La salvaje barbarie continuó porque beneficiaba los intereses geopolíticos de las potencias capitalistas y los intereses de ganancias de los que lucraban de la guerra. Tan solo se acabo debido a la intervención de la clase obrera, culminando en la Revolución rusa de 1917.

Enfermeros del Hospital Montefiore New Rochelle hacen huelga por problemas de inseguridad en los niveles de personal durante la pandemia de coronavirus, 1 de diciembre de 2020, New Rochelle, NY (AP Photo/Mark Lenihan)

El caso es el mismo con la pandemia. La pandemia continuará hasta que haya una intervención consciente e independiente de la clase obrera para tomar el control de la administración y dirección de la respuesta al virus de manos de las élites gobernantes capitalistas y en sus propias manos.

Los trabajadores ya han comenzado a resistir, desde los trabajadores automotores, de la salud y educación en Estados Unidos y Europa, hasta los trabajadores ferroviarios en Brasil y los trabajadores del transporte en India. La clase obrera está entrando cada vez más en consciencia de que la pandemia no se detendrá sin medidas de emergencia para implementar confinamientos y cierres de escuelas.

Sin embargo, todos los esfuerzos de la clase obrera para resistir a las políticas de la élite gobernante entran en conflicto con todas las instituciones del Estado y todo el marco de la política oficial. Sean explícitamente de derecha o supuestamente de “izquierda”, los partidos oficiales y las organizaciones políticas en todos los principales países capitalistas han rechazado las medidas exigidas por los científicos y los oficiales de salud pública para detener la pandemia.

En cuanto a los sindicatos oficiales, lejos de organizar la oposición a las políticas de la clase dominante, han ayudado a implementarlas. Estas organizaciones son solo “sindicatos” en nombre. En la práctica, abandonaron hace mucho cualquier defensa de los intereses de los trabajadores que dicen representar y ahora funcionan como coconspiradores de la gerencia empresarial y el Estado.

Si bien la degeneración corporativista de los sindicatos y su completa integración en el marco de la gerencia y el Estado quizás encuentra su forma más grotesca en Estados Unidos, las mismas condiciones prevalecen en todos los países. Los sindicatos no han librado ninguna lucha contra la política de “inmunidad colectiva” avanzada por la clase gobernante ni contra los masivos obsequios a los ricos.

La Alianza Internacional Obrera de los Comités de Base

Para que la clase obrera resista, se debe crear el camino para coordinar sus luchas en distintas fábricas, industrias y países en oposición a la clase gobernante y los sindicatos corporativistas. Para este propósito, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional y sus Partidos Socialistas por la Igualdad afiliados están iniciando la formación de una Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB, o en inglés IWA-RFC).

Conductores portuarios de Los Ángeles en huelga

El IWA-RFC buscará desarrollar el marco para nuevas formas independientes, democráticas y militantes de organización de las bases de trabajadores en las fábricas, las escuelas y los lugares de trabajo a una escala internacional. La clase obrera está lista para luchar. Pero se encuentra amarrada por las organizaciones burocráticas reaccionarias que suprimen toda expresión de resistencia.

Va a ser un medio por el cual los trabajadores de todo el mundo podrán compartir información y organizar una lucha unida para exigir protecciones para los trabajadores, el cierre de las instalaciones inseguras y la producción no esencial y otras medidas de emergencia necesarias para detener la propagación del virus.

El CICI está iniciando la formación de esta alianza a escala global, siendo esta la única forma para combatir la pandemia. La Alianza Internacional Obrera de Comités de Base, con la asistencia política de la Cuarta Internacional y los Partidos Socialistas por la Igualdad, buscará unificar a los trabajadores en una lucha mundial común, oponiéndose a cualquier esfuerzo de los Gobiernos capitalistas y los promotores reaccionarios de incontables formas de chauvinismo nacional, étnico y racial, así como de políticas de identidad, para dividir a los trabajadores en facciones hostiles.

Naturalmente, las condiciones que enfrentan los trabajadores varían de región a región, y de país a país, y estas pueden afectar la elección de tácticas. Pero es innegable que en todos los países los sindicatos burocratizados existentes funcionan como una fuerza policial institucionalizada, decidida a proteger los intereses empresariales y financieros de las élites gobernantes y sus Gobiernos contra la resistencia popular.

Se deben crear nuevos caminos para la lucha de masas. Hace más de 80 años, en un momento en la historia cuando la degeneración de las organizaciones sindicales existentes aún estaba mucho menos avanzada hoy, León Trotsky —el más importante estratega de la revolución socialista mundial— escribió que la tarea de la Cuarta Internacional era “crear en todas las instancias posibles organizaciones militantes independientes, que correspondan de la forma más apegada con las tareas de la lucha de masas contra la sociedad burguesa, sin vacilar ni un instante ante un rompimiento directo con el aparato conservador de los sindicatos”.

La batalla para desarrollar esta red globalmente interconectada de comités de base no se limita a fábricas, escuelas y lugares de trabajo donde existen los sindicatos. De hecho, la gran mayoría de los cetros laborales en la actualidad no están sindicalizados. Este hecho social significa que los comités de base se convertirán en la forma inicial y única de organización práctica en incontables lugares de trabajo.

El desarrollo de estos comités inevitablemente atraerá el apoyo de amplios sectores de la clase obrera, incluyendo los jóvenes y desempleados.

Esta es una lucha internacional. La aparición de nuevas variantes potencialmente resistentes a las vacunas en donde se propague la pandemia demuestra que no puede erradicarse en ningún país único a menos que se erradique globalmente. La competición nacional entre las potencias capitalistas ha bloqueado cualquier respuesta coordinada globalmente a la pandemia. Ahora, la vacuna para salvar vidas está siendo acaparada por los países capitalistas dominantes y utilizada como instrumento en sus intrigas geopolíticas.

La lucha por el socialismo

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional avanza la propuesta de la formación del AOI-CB dentro del marco de la perspectiva de la revolución socialista mundial.

El desarrollo de una red de comités de base es absolutamente esencial. Sin embargo, no substituye la construcción de un partido revolucionario. Es necesario actuar, pero una acción seria debe estar basada e un programa y principios. Sostener y desarrollar una red de organizaciones independientes requiere el desarrollo de una dirección socialista en la clase obrera.

Así como la propagación de la pandemia es inseparable del enriquecimiento de la oligarquía financiera, poner fin a la pandemia es inseparable de la expropiación de los oligarcas. La gran riqueza acumulada por la élite financiera debe utilizarse para financiar medidas de emergencia para salvar millones de vidas.

La lucha contra la pandemia y contra la guerra, la desigualdad, la explotación y la dictadura es una lucha contra todo el orden económico y social capitalista. Los trabajadores de todos los países deben unirse en una ofensiva política común para tomar el poder, expropiar a los oligarcas y establecer una sociedad socialista basada en el control racional, científico y democrático de la producción para el propósito de servir las necesidades sociales, no las riquezas privadas.

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional llama a los trabajadores de todo el mundo a que ¡asuman esta lucha! ¡Desarrollen comités de base en cada fábrica y lugar de trabajo!

(Artículo publicado originalmente en inglés el 23 de abril de 2021)

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