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El BCE se dispone a abrir más la espita financiera

El Banco Central Europeo ha dejado claro que seguirá inyectando dinero en el sistema financiero mediante la fijación de tipos de interés profundamente negativos y la compra de activos financieros.

La reunión del Consejo de Gobierno celebrada el jueves en Fráncfort puso de manifiesto el continuo apoyo a la política monetaria ultrablanda que propugna su presidenta, Christine Lagarde, frente a la resistencia de algunos miembros del norte de Europa que quieren que se reduzca el ritmo de compra de bonos.

Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo [Crédito: Bernd Hartung/Banco Central Europeo]

Fue la primera reunión del Consejo de Gobierno desde que el BCE adoptó una nueva estrategia a principios de este mes —el primer cambio en dos décadas— que elevó su objetivo de inflación al 2 por ciento, abandonando el compromiso anterior de mantener la subida de precios por debajo de ese nivel.

Al igual que en el caso de la Reserva Federal, su homóloga en Estados Unidos, los anuncios de política del BCE son siempre un tanto confusos porque, aunque se formulan en términos de inflación, su verdadero objetivo es garantizar el flujo continuo de dinero ultrabarato en el sistema financiero.

En su comunicado de prensa, el BCE dijo que esperaba que sus principales tipos de interés se mantuvieran 'en sus niveles actuales o inferiores' hasta que considerara que la inflación subyacente estaba lo suficientemente avanzada como para garantizar su estabilización en el 2% a medio plazo. Y en línea con su cambio de estrategia añadió: 'Esto también puede implicar un periodo transitorio en el que la inflación esté moderadamente por encima del objetivo'.

El comunicado del BCE decía que su nueva orientación política 'subraya su compromiso de mantener una política monetaria persistentemente acomodaticia para cumplir su objetivo de inflación'.

Las compras netas de activos en el marco de un programa anterior continuarán a un ritmo de 20.000 millones al mes, mientras que las compras en el marco de su programa de emergencia contra la pandemia (PEPP), de 1.850 millones, continuarán 'al menos hasta finales de marzo de 2022' o hasta que el Consejo de Gobierno considere que 'la fase de crisis del coronavirus ha terminado'.

El BCE decidirá en una reunión en septiembre si cambia el ritmo de sus compras en el marco del PEPP. En marzo elevó el ritmo de compras a 80.000 millones de euros al mes debido a las subidas de los rendimientos de algunos bonos de la zona euro, una señal de tensión en los mercados financieros.

En la reunión de septiembre podrían aumentar las divisiones en el Consejo de Gobierno, ya que los representantes del norte de Europa, encabezados por el banco central alemán, presionan para que las compras se reduzcan, si no se eliminan del todo, en consonancia con su afirmación de que la crisis que pretendían contrarrestar ya ha pasado.

En la última reunión, se han manifestado estas divisiones. El Financial Times (FT) informó de que 'según personas familiarizadas con las discusiones' la redacción de la nueva postura política 'suscitó críticas de los líderes de los bancos centrales alemán y belga'.

Durante el debate, el FT dijo que 'Jens Weidmann, presidente del Bundesbank alemán, se quejó de que las nuevas condiciones establecidas por el BCE eran demasiado agresivas y aumentaban el riesgo de que la inflación se disparara por encima de su objetivo'.

Weidmann ha sido durante mucho tiempo un crítico de las políticas del BCE, en consonancia con la opinión de sectores del capital financiero alemán que consideran que se inclinan demasiado a favor de Italia y otros países del sur de Europa altamente endeudados.

El director del banco central holandés, Klaas Knot, habría pedido que el BCE separe el momento en que dejará de comprar bonos de la cuestión de la política de intereses, pero esta cuestión se dejó de lado hasta que se debatan los planes de compra de activos en septiembre.

La oposición puede crecer en el próximo periodo, pero de momento Lagarde cuenta con el apoyo mayoritario en el consejo de gobierno. En una rueda de prensa posterior a la reunión, dijo que había habido una 'pequeña divergencia' sobre la declaración de política y que había obtenido el apoyo de 'una mayoría abrumadora'.

Para rebatir las afirmaciones de que la crisis ha terminado, Lagarde dijo que 'aún queda camino por recorrer antes de que se eliminen las repercusiones de la pandemia sobre la inflación', en una señal de que no es probable que el BCE reduzca su programa de compra de bonos a corto plazo.

La respuesta de los operadores del mercado financiero fue favorable. Martin Wolburg, economista senior de Generali Investments, dijo al FT que el cambio de rumbo del BCE significaba que 'ahora hay margen de maniobra para que pueda llevar la primera subida de tipos más allá de 2024'. De ser así, significaría que ha pasado una década desde que el BCE recortó sus tipos por debajo de cero en 2014.

Elgar Bartsch, jefe de investigación macro del Instituto de Inversión BlackRock, dijo al periódico que el BCE había dado una 'sorpresa de dovish' y que podría haber un 'ajuste al alza' de sus compras de activos a finales de este año.

Bloomberg comentó que la nueva forward guidance refleja un compromiso de 'acción más vigorosa' y 'el siguiente paso será un aumento de las compras de activos en la reunión de septiembre'.

Existe la creencia creciente de que las políticas del BCE significan que se está encerrando en el apoyo a la deuda pública de la zona euro. Una encuesta realizada a principios de este mes entre 250 financieros y economistas alemanes reveló que ocho de cada diez creían que era 'cada vez más difícil apartarse de la política de bajos tipos de interés del BCE a medida que los gobiernos se vuelven cada vez más dependientes de las compras de sus bonos'.

Desde el inicio de 2020 y el comienzo de la pandemia, el BCE ha comprado casi todas las nuevas emisiones de bonos del Estado de la zona del euro y su tenencia total de deuda soberana en el bloque se sitúa ahora en el 42%.

Esto significa que la situación en la zona euro se está acercando rápidamente a la que ya existe en Japón, donde un brazo del Estado, el gobierno, emite nueva deuda mientras otro brazo, el banco central, la compra.

Esta situación nunca ha existido en ninguna economía capitalista, salvo en tiempos de guerra. Es una expresión de la quiebra total del llamado sistema de 'libre mercado', pregonado regularmente por los ideólogos de las clases dominantes como la única forma viable y posible de organización económica, y su sustitución por la intervención directa del Estado capitalista, a diario, para intentar evitar el desarrollo de una crisis.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 23 de julio de 2021)

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