Al capitular a las exigencias de los legisladores más derechistas de las comisiones Demócratas del Senado y la Cámara de Representantes de que drásticamente recorta su proyecto de ley de asistencia social y cambio climático llamado “Volver Mejor”, el presidente Joe Biden viajó a Howell el martes para promover su agenda económica doméstica.
El día anterior, Biden se reunió con los “progresistas” de la Cámara de Representantes para reafirmar su aceptación de una reducción del precio de su proyecto de ley de gastos sociales de $3,5 billones durante 10 años a algo entre $1,9 billones y $2,2 billones, dependiendo del acuerdo de senador de Virginia Occidental Joe Manchin y senadora de Arizona Kyrsten Sinema de aprobar un proyecto de ley más allá de $1,5 billones.
Biden, según se reporta, dijo a los “progresistas” que él podía apoyar la exigencia de Manchin de que haya medios de prueba para muchas de las medidas sociales en el proyecto, así como las propuestas de reducir la duración de los programas a menos de 10 años, creando las condiciones bajo las que los Republicanos podrán acabar cualquier programa así decretado al recuperar el control del Congreso o la Casa Blanca.
El martes por la mañana, antes de viajar a Míchigan, Biden se reunió con los supuestos Demócratas “moderados” para asegurarles de su compromiso por aprobar el proyecto de ley de infraestructura de $1 billón, también con una duración de 10 años, aprobado por el Senado en agosto con el apoyo de 19 Republicanos, incluido el líder de la Minoría del Senado Mitch McConnell.
Biden busca cerrar la brecha entre las diferencias dentro del Partido Demócrata entre una mayoría de miembros de la Cámara, que insisten en el acuerdo de los senadores Demócratas reticentes sobre el proyecto de ley de gasto social más grande, aunque muy reducido, antes de que la Cámara de Representantes apruebe el proyecto de ley de infraestructura bipartidista, y una minoría que quiere aprobar el proyecto de infraestructura ahora.
Esta disputa dentro del Partido Demócrata ocurre dentro del contexto de una campaña de presión masiva llevada a cabo por los bancos, la industria farmacéutica, la industria petrolera y otros intereses corporativos que rechazan cualquier aumento de impuestos o extensión de programas de asistencia social. Según el grupo de vigilancia “Open Secrets” (Secretos Conocidos) más de 4.000 grupos de presión se esfuerzan sobre cuestiones presupuestarias y de gastos, y 10 industrias de mayor importancia ya han gastado casi $700 millones en la presión durante este año.
Éste fue el contexto del discurso de Biden en Howell el martes. La elección del pueblo unas 55 millas al oeste de Detroit era una importante. El mismo Howell, y el condado de Livingston, votaron mayormente por Trump en 2016 así como en 2020. Sin embargo, la residente nativa de Howell Elissa Slotkin fue elegida al Congreso como una Demócrata en 2018 y fue reelegida en 2020. Ella se considera entre los titulares Demócratas más vulnerables en las elecciones de 2022, durante las que es posible que los Demócratas pierdan sus márgenes pequeños en las dos cámaras del Congreso.
Slotkin es uno de los 11 ex operativos militares y de inteligencia prominentes de la CIA, el Pentágono, el Consejo de Seguridad Nacional y el Departamento del Interior elegidos como congresistas Demócratas de la Cámara de Representantes en 2018.
Una agente de la CIA con tres períodos de servicio en Irak, que sirvió como la directora de asuntos iraquíes del Consejo de Seguridad Nacional en la administración de Obama y como la ayudante principal de John Negroponte, el primer director de inteligencia nacional, Slotkin avanzó su implicación en los crímenes de guerra estadounidenses en Irak por mudar al Pentágono. Ahí, como la vicesecretaria asistente principal de defensa en los asuntos internacionales de seguridad, sus responsabilidades incluían las guerras a través de aviones teledirigidos, la “defensa doméstica” y la guerra cibernética.
Biden además de promover a Slotkin durante el evento en Howell, permitiendo que ella hablara antes de su discurso, él subrayó su currículo en la CIA, diciendo, “Elissa Slotkin, no quieren meterse con ella. (Risa). Ella es oficial de inteligencia, por eso se ha olvidado de más que la mayoría de ustedes sabe. Pero gracias por acompañarme, y gracias por los consejos que me has dado”. En su propio discurso, Slotkin promovió el proyecto de ley de infraestructura bipartidista y nunca se refirió al proyecto de ley de asistencia social y cambio climático, un proyecto que ella todavía no ha apoyado.
Esto marcó el tono del discurso de Biden, que elaboró el empuje de su agenda económica como un esfuerzo existencial para detener la caída geopolítica global de los Estados Unidos y para contrarrestar el ascenso de China. Hablando en el establecimiento educativo del Local 324 del Sindicato Internacional de Ingenieros de Funcionamiento, Biden redobló sus llamamientos por la unidad nacional y el bipartidismo como cosas esenciales para una estrategia de cooperación entre las corporaciones y el Estado, utilizando los servicios de la burocracia sindical para suprimir la oposición obrera y llevar a cabo una guerra económica contra China.
Declarando que los Estados Unidos estaba “en un punto de inflexión”, Biden comparó el dominio económico estadunidense en el siglo XX con la trayectoria de caída y deterioro durante el XXI.
“Nuestra infraestructura solía ser la mejor del mundo”, declaró él. “Hoy, según el Foro Económico Mundial, estamos en el lugar 13. Nuestra infraestructura –12 naciones tienen una infraestructura superior a la nuestra, que significa que ellas pueden mover sus productos, pueden hacer muchas cosas mejor que nosotros.
“Estamos entre los primeros países del mundo de garantizar acceso a educación universal. Ahora, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico pone a Estados Unidos en el lugar 35 de 37 países importantes sobre los asuntos que tienen que ver con la educación infantil como un porcentaje del PBI…
“No sé qué ha sucedido. El mundo ha notado, además, especialmente nuestros adversarios. Y ahora están cerrando la brecha de una manera preocupante”.
Afirmando que sus proyectos de ley no se trataban “de la izquierda contra la derecha o los moderados contra los progresistas, o cualquier cosa que divide a los estadounidenses”, dijo él. “Se tratan de la competitividad contra el descenso. Se tratan de encabezar el mundo o continuar a dejar que se nos pasen, algo que literalmente está sucediendo”.
En esta base nacionalista, él rápidamente giró hacia la amenaza central, China.
“Ahora, déjenme decirles, nuestros competidores no están esperando a ver qué vamos a hacer. Han estado gastando mil millones de dólares en la infraestructura y entrenando a su gente durante varios años.
“Por ejemplo, consideremos China… Durante los años recientes, China ha gastado aproximadamente tres veces más en la infraestructura como una parte de su economía que nosotros. Tres veces más. Y no desaceleran.
“Ayer, mi representante comercial estadounidense dio un discurso importante sobre nuestra competencia con China. Ella apuntó que China invertía mucho en las plantas siderúrgicas, iniciando hace aproximadamente 20 años. Y durante los últimos 20 años, una mitad de las compañías siderúrgicas estadounidenses han cerrado…
“China actualmente produce más acero en un mes que los Estados Unidos produce dentro de un año entero. Pueden ver los hechos en cualquier sector: Otros países están acelerando y los Estados Unidos desacelera”.
Luego sobre la competencia de controlar el mercado mundial de vehículos eléctricos, Biden aclamó la colaboración del sindicato United Auto Workers y los fabricantes automovilísticos basados en Estados Unidos, pero advirtió:
“¿Pero lo saben? China no está esperando. Ha fabricado dos veces más vehículos eléctricos que nosotros durante la última década. Controla más de 75 por ciento del mercado de baterías. Está a punto de invertir otros $14 mil millones en la capacidad de carga en su país”.
Luego Biden consideró su proyecto de asistencia social “Volver Mejor” y citó cifras sobre el descenso drástico de la inversión estadounidense en la educación, comparada con los otros países industriales de mayor importancia.
Como en sus discursos previos sobre su programa económico supuestamente en pro de la clase obrera, Biden señaló su apoyo por el capitalismo, combinándolo con una suplicación de que los milmillonarios “paguen su parte justa”.
“Soy capitalista. En mi opinión, se debe permitir que cualquier persona salga y gane un millón de dólares, o unos mil millones. Solo quiero que paguen su parte justa”, dijo él.
No hay nada progresista o en pro de la clase obrera en la política agresiva, nacionalista y bélica que Biden esbozó en Míchigan. Durante su discurso, Biden habló sobre “mis amigos del otro equipo”, es decir, el Partido Republicano que respaldó la conspiración de Trump de anular las elecciones de 2020, culminando en la intentona golpista del 6 de enero. Los “amigos” de Biden siguen respaldando los esfuerzos de Trump de construir un movimiento fascista y establecer una dictadura, mientras los Demócratas siguen encubriendo la conspiración en curso.
La evisceración de su propio proyecto de gastos sociales da prueba de la imposibilidad de reforma social dentro del marco del sistema capitalista. El verdadero blanco de la política corporativista de Biden es la clase obrera, cuya resistencia creciente él quiere suprimir a través de los sindicatos corporativistas, y desviar afuera usando un “enemigo” extranjero: China.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 6 de octubre de 2021)
