Después de que el Gobierno austriaco impusiera un confinamiento parcial ayer y vacunas obligatorias, queda claro que el abordaje políticamente criminal de “vivir con el virus” implementado por los Gobiernos europeos ha generado un desastre. Europa se enfrenta a la última ola de la pandemia hasta ahora, con entre 300.000 y 400.000 casos nuevos diarios y 4.000 muertes diarias por COVID-19.
Con 15.809 casos ayer, Austria es uno de los muchos países europeos que han notificado el mayor número de casos diarios de COVID-19 de la pandemia. Entre ellos se encuentran Alemania (64.164 el jueves), los Países Bajos (23.591 el jueves), Chequia (22.507 el miércoles), Eslovaquia (8.342 el miércoles) y Hungría (21.058 el lunes). Los casos se duplican cada una o dos semanas, amenazando con saturar los hospitales.
En Austria, las condiciones vuelven a ser las mismas que cuando comenzó la pandemia. Las morgues de los hospitales están llenas, y los hospitales están estableciendo centros de triaje para elegir quién recibirá tratamiento y a quién se dejará morir.
“Los cadáveres están a rebosar y se apilan en los pasillos”, dijo a APA una enfermera de Alta Austria. “Nadie de afuera puede saber lo que esto significa”, añadió, subrayando el coste psicológico de no poder preparar el cuerpo de forma digna: “Pones a alguien que ha muerto de coronavirus en una bolsa de plástico sellada, cierras la cremallera y ya está... Estamos nadando en COVID”.
En las provincias de Salzburgo y Alta Austria, más del 1,5 por ciento de la población está actualmente infectada. El miércoles, un portavoz de las clínicas estatales de la provincia de Salzburgo declaró al Morgen Post: “Todavía no hemos puesto en marcha el sistema de triaje, pero puede ser cuestión de unos pocos días”.
Gran parte de Europa solo lleva unos días de retraso. Los hospitales holandeses de Rotterdam y la provincia de Limburgo cancelarán en breve la atención no relacionada con el COVID-19, incluso para los pacientes con cáncer cuyo tratamiento se ha retrasado por la pandemia y que ahora se encuentran en estado crítico. Los hospitales alemanes de Baviera están enviando a Italia a los pacientes que no encuentran campo.
El director del Instituto Robert Koch de Alemania, el inmunólogo Lothar Wieler, exigió una acción oficial urgente. “No tenemos que seguir inventando algo nuevo. Todas las ideas y recetas que necesitamos están disponibles”, dijo Wieler. “Después de 21 meses, simplemente no puedo soportar que lo que digo y lo que dicen otros colegas siga sin ser aceptado... Actualmente nos encontramos en una grave situación de emergencia. Tendremos una Navidad muy mala si no cambiamos el rumbo ahora”.
Desde que la pandemia comenzó en Europa en febrero-marzo de 2020, se han producido grandes mejoras en el conocimiento del virus, y se dispone de equipos de protección y vacunas eficaces. Hay que preguntarse: ¿Cómo es posible que una de las zonas más ricas del mundo vuelva a sufrir una catástrofe?
Esta catástrofe es consecuencia directa de las medidas políticamente criminales de contagio masivo destinadas a minimizar el coste de las medidas de salud pública para los Gobiernos y a mantener a los trabajadores en activo para obtener ganancias para la aristocracia financiera. El primer ministro británico Boris Johnson habló en nombre de toda la burguesía europea cuando dijo a sus asistentes: “¡No más putos cierres, que los cadáveres se apilen por miles!”. Después de meses en los que los Gobiernos europeos ignoraron la propagación del virus, rechazando los cierres o las exigencias de uso de mascarillas, el primer ministro británico psicópata está consiguiendo su deseo.
Los Gobiernos de toda Europa insistieron en que la vacunación permitía ignorar el aumento de casos. El Gobierno británico dijo que su “plan” era “pasar de pandémico a endémico”, es decir, dejar que el virus se propague permanentemente sin control en la población. Este mismo plan se siguió en toda Europa, según los funcionarios dejaron en claro que, una vez que las vacunas estuvieran disponibles, ya no tolerarían un gasto significativo en medidas para limitar los contagios.
“El aumento se está produciendo en toda Europa, como es lógico”, dijo el mes pasado el ministro francés de Salud, Olivier Véran, en Libération. “Sin embargo, sabemos que la vacunación ha limitado fuertemente la correlación entre el número de infecciones y el número de casos graves, hospitalizaciones y muertes”, continuó. Su preocupación, añadió Véran, es “principalmente la presión sobre los hospitales”.
Los acontecimientos están poniendo al descubierto la falsa afirmación de Véran de que las vacunas rompen el vínculo entre el aumento de las infecciones y el incremento de los casos graves o las muertes. Las vacunas son muy eficaces y deben administrarse lo más ampliamente posible. El contraste entre Europa oriental y Europa occidental, cuya tasa de vacunación es mayor, es un recordatorio crudo y trágico de ello. Con menos casos diarios reportados, hay más muertes diarias en Rusia (1.254), Ucrania (725), Polonia (403) o Rumanía (254) que en Alemania (230) o Reino Unido (157).
No obstante, las personas vacunadas pueden contraer y transmitir el virus y las vacunas reducen sustancialmente, pero no eliminan totalmente, el riesgo de una enfermedad grave tras la infección. Dado que gran parte de la población sigue sin vacunarse, incluidos los niños, esto significa que muchos de los infectados se enferman gravemente, requieren cuidados críticos y sufren COVID largo si sobreviven.
La única manera de evitar una nueva pérdida de vidas realmente catastrófica es movilizar a los trabajadores a nivel internacional contra la Unión Europea, luchando por eliminar toda la transmisión de COVID-19 con políticas científicas de salud pública, incluyendo cierres estrictos y vacunación universal. La amarga experiencia enseña que las medidas que ahora se discuten no detendrán las muertes masivas.
Austria ha dado un giro de 180 grados, anunciando ayer un confinamiento parcial, cerrando los comercios no esenciales, limitando el derecho a salir a la calle y animando a los austriacos, cuando sea posible, a trabajar desde casa. Sin embargo, los trabajadores cuyos centros de trabajo sigan abiertos están obligados a ir a trabajar, y las escuelas permanecerán abiertas para sus hijos. Muchos estudios han demostrado que alrededor del 60 por ciento de los contagios se producen en los lugares de trabajo y en las escuelas, por lo que este cierre parcial no evitará los contagios masivos.
De hecho, hace un año se aplicaron cierres similares en gran parte de Europa. Evitaron que los hospitales colapsaran, pero no evitaron la catástrofe. De octubre de 2020 a abril de 2021, más de 700.000 personas murieron en Europa. La Organización Mundial de la Salud (OMS) proyectó el mes pasado que 500.000 personas morirán de COVID-19 en Europa antes del 1 de febrero.
En otras zonas –como Eslovaquia, los Países Bajos y varias regiones de Italia—, las autoridades están estudiando la posibilidad de aplicar confinamientos parciales, pero solo para las personas no vacunadas. Esta provocadora medida, que Austria impuso brevemente a principios de esta semana antes de descartarla por ineficaz, no detendrá los contagios. Los individuos vacunados también transmiten el virus.
En Alemania, donde se están llevando a cabo conversaciones para formar un nuevo Gobierno, los funcionarios hacen declaraciones contradictorias. “Tenemos que frenar rápidamente el aumento exponencial” de los contagios, dijo la canciller saliente Angela Merkel, calificando la situación de la pandemia de “dramática”. Sin embargo, el Gobierno saliente no toma medidas, y los funcionarios de los partidos gobernantes entrantes exigen que no se haga nada.
“No podemos hacer que el número de infecciones disminuya”, se regodeó Katrin Göring-Eckardt del partido Los Verdes. “Muchas más personas se infectarán y enfermarán”. Subrayó: “Las escuelas y las guarderías deben permanecer abiertas el mayor tiempo posible”.
Si se adoptan estas políticas asesinas, el sistema sanitario alemán colapsará en semanas, o quizás incluso en días. Los médicos y científicos que estudian la pandemia, como el profesor Kristan Schneider, de la Universidad de Mittweida, piden con urgencia un confinamiento estricto, como los que se aplicaron en varios países europeos tras las huelgas masivas de marzo de 2020.
“Un confinamiento estricto, con limitaciones de movimiento y cierre de escuelas podría cambiar las cosas”, dijo Schneider al ARD, “ya que evitaría el contacto y las infecciones... La vacunación obligatoria generalizada mejora ligeramente la situación según el pronóstico, pero es demasiado tarde para detener la actual oleada de infecciones. Antes, las medidas especialmente drásticas también han sido especialmente eficaces. Un freno de emergencia con una vacunación obligatoria sería ahora lo más aconsejable”.
La aplicación de estas políticas depende de la movilización internacional de la clase obrera, independientemente de los partidos de la élite política y de las burocracias sindicales, en una lucha política consciente contra los Gobiernos capitalistas de Europa y por la eliminación del coronavirus.
(Publicado originalmente en inglés el 19 de noviembre de 2021)
