Español
Perspectiva

En pandemia, Washington intensifica las amenazas de guerra contra Rusia

La alianza de la OTAN encabezada por EE.UU., que incluye los países más ricos del mundo, ha sufrido 115,3 millones de casos y 1,89 millones de muertes por COVID-19. Ahora atraviesa una ola pandémica invernal que la Organización Mundial de la Salud (OMS) proyecta que se cobrará 700.000 vidas más solo en Europa. Además, la nueva variante ómicron, que posiblemente pueda eludir las vacunas existentes, se está propagando en EE.UU. y Europa.

Un ejercicio en los campos de entrenamiento militar de Yavoriv, cerca de Lviv, oeste de Ucrania, 24 de septiembre de 2021. Ucrania, EE.UU. y otros países de la OTAN siguen realizando ejercicios militares conjuntos en el oeste de Ucrania, presentando ejercicios ofensivos en entornos urbanos con tanques y otros vehículos militares (AP Photo/Pavlo Palamarchuk)

El jueves, Biden prometió que no habría “ni cierres ni confinamientos” para frenar los contagios, sino que solo seguiría utilizando las vacunas existentes. Esto significa que no pondrá ni un dedo sobre el flujo de ganancias a Wall Street, a expensas de la pérdida de millones de vidas durante la pandemia.

Con este telón de fondo, Washington, ayudado por sus aliados de la OTAN, está avivando las tensiones militares para distraer de la creciente oposición interna a sus políticas criminalmente irresponsables hacia la pandemia, corriendo el riesgo de desencadenar una guerra total con Rusia, o también con China.

La OTAN está acumulando sus fuerzas militares en las fronteras de Rusia. Está armando a Ucrania con misiles antitanque Javelin, buques de guerra con misiles guiados que serán construidos por Reino Unido y baterías de misiles antiaéreos. El régimen ucraniano de Kiev no ha refutado los informes rusos de que está concentrando 125.000 soldados en su frontera con Rusia.

Luego, el viernes, mientras 521.291 habitantes de la OTAN se enfermaban y 3.876 morían de COVID-19, Biden pidió a la OTAN que se preparara para la guerra con Rusia, una importante potencia nuclear.

Preparándose para una llamada telefónica mañana con el presidente ruso Vladimir Putin, Biden declaró imprudentemente que rechaza las “líneas rojas” de Rusia, es decir, que tomará medidas incluso si Rusia advierte que cruzan una línea roja y que esto llevaría a la guerra. Hablando de Ucrania, Biden declaró: “Somos conscientes de las acciones de Rusia desde hace mucho tiempo y mi expectativa es que vamos a tener una larga discusión con Putin. No acepto las líneas rojas de nadie”.

El rechazo de Biden de las “líneas rojas” rusas fue en respuesta a la advertencia de Putin la semana pasada de que el envío de bases de misiles de la OTAN a Ucrania constituía una “línea roja” que podría llevar a una guerra con Rusia. Los misiles de crucero disparados desde estas bases necesitarían solo seis minutos para alcanzar el centro de Moscú.

Washington presenta su política, por supuesto, como una defensa de Ucrania contra la agresión rusa. Después de que el ministro de Defensa ucraniano, Oleksii Reznikov, afirmara que 94.300 soldados rusos se están concentrando cerca de la frontera entre Ucrania y Rusia, y que “existe la probabilidad de una escalada grande por parte de Rusia”, el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, denunció a Rusia.

Tras afirmar que China se está preparando para invadir Taiwán y advertir de “terribles consecuencias”, Blinken dijo: “Ya hemos visto este libro de jugadas antes, en 2014, la última vez que Rusia invadió Ucrania. Entonces, como ahora, aumentaron significativamente las fuerzas de combate cerca de la frontera. Entonces, como ahora, intensificaron la desinformación para pintar a Ucrania como el agresor y así justificar una acción militar planificada de antemano”.

Esto es una sarta de mentiras. El propio Blinken admitió que “no sabemos si el presidente Putin ha tomado la decisión de invadir” y que sigue habiendo “incertidumbre sobre las intenciones y el calendario”. Es decir, Washington y Kiev solo alegan que hay tropas rusas en suelo ruso y que no saben qué harán esas tropas. Sin embargo, sobre esta tenue base, insisten en que los países de la OTAN deben ignorar efectivamente la pandemia y, en cambio, prepararse para la guerra con Rusia.

Un análisis de los acontecimientos de 2014 muestra que el agresor no es Rusia, sino la OTAN. En febrero de 2014, cuando Biden era vicepresidente de Barack Obama, Washington y Berlín respaldaron un golpe de Estado dirigido por la organización neonazi Sector Derecho que derrocó al presidente ucraniano prorruso Víktor Yanukovich. Llevó al poder a un régimen de extrema derecha que incluía al partido Svoboda, que la Unión Europea había condenado formalmente en 2012 por sus opiniones racistas y antisemitas. También se comprometió a prohibir el uso de la lengua rusa y a asesinar a los rusos étnicos en Ucrania.

Cuando las milicias de extrema derecha lanzaron incursiones en las zonas de habla rusa del este de Ucrania, como Dombás y Crimea, estas regiones votaron a favor de la secesión. El régimen fascistizante de Kiev no tenía ningún reclamo firme sobre Crimea. Fue anexionada por Rusia en 1783, el año en que Estados Unidos se independizó de Reino Unido, y solo fue cedida a Ucrania por el primer ministro soviético Nikita Jruschov en 1954, cuando su estatus interno dentro de la Unión Soviética tenía poca importancia.

Sin embargo, desde 2014, la OTAN ha afirmado fraudulentamente que el voto de Crimea para volver a unirse a Rusia constituía una “invasión” rusa de Ucrania que justificaba los preparativos de la OTAN para la guerra.

La OTAN no defiende a Ucrania, sino que la arma e incita a Moscú a atacar. A este respecto, vale la pena reflexionar sobre la declaración del senador demócrata Chris Murphy el domingo de que “Ucrania puede convertirse en el próximo Afganistán para Rusia si decide avanzar”.

Murphy se refería a la decisión de la Administración demócrata de Carter en 1979 de intentar provocar una invasión soviética de Afganistán. La política, propuesta por el estratega demócrata Zbigniew Brzezinski, consistía en armar a los muyaidines islamistas contra el régimen afgano respaldado por los soviéticos. Moscú intervino finalmente para apoyar al Gobierno afgano, atrapando al ejército soviético en una sangrienta guerra de una década con los islamistas respaldados por la CIA y aliados del futuro líder de Al Qaeda, Osama bin Laden. Dos años después de sufrir una estrepitosa derrota en 1989, la burocracia estalinista disolvió la Unión Soviética.

En 2014, en medio de la creciente crisis de las guerras de Estados Unidos en Oriente Próximo, cuando Rusia e Irán apoyaron al presidente Bashar al Asad contra la OTAN en la guerra de Siria, Brzezinski llamó a repetir esta política.

Unos meses después del golpe de Estado en Ucrania, Brzezinski dio un discurso en el Wilson Center, durante el cual propuso entrampar a Rusia en una guerra en Ucrania. Después de una invasión rusa de Ucrania, explicó con sangre fría, la OTAN podría sacrificar ciudades ucranianas como Jarkov y Kiev para desgastar al ejército ruso, de la misma manera que la guerra urbana en Stalingrado desgastó a los ejércitos nazis en la Segunda Guerra Mundial. Dijo:

“Si las principales ciudades, por ejemplo Jarkov o Kiev, se resistieran y la lucha callejera se convirtiera en una necesidad, sería prolongada y costosa. Y el hecho es --y aquí es donde cobra importancia el momento en que ocurre toda esta crisis-- que Rusia aún no está preparada para emprender ese tipo de esfuerzo. Sería demasiado costoso en sangre, paralizantemente costoso en finanzas. Y llevaría mucho tiempo y crearía más y más presión internacional. ...

“Deberíamos dejar en claro a los ucranianos que si están decididos a resistir, como lo afirman y aparentemente intentan hacerlo (aunque no muy efectivamente), les proporcionaremos armas antitanques, armas antitanques de mano, cohetes de mano...”.

Esta es la imprudente política que el Gobierno de Biden está tratando de implementar. Los trabajadores de los países de la OTAN, de las antiguas repúblicas soviéticas y a nivel internacional deben recibir las más serias advertencias. No sería la primera vez en la historia que una clase dominante desesperada llega a la conclusión de que una guerra le proporcionará una salida a una crisis interna explosiva para la que no tiene soluciones progresistas.

La pandemia es un acontecimiento desencadenante, que intensifica masivamente las tensiones de clase e internacionales. Profundamente desestabilizados, el Gobierno de Biden y los Gobiernos imperialistas de toda Europa se tambalean desesperadamente, buscando un objetivo para atacar.

La cuestión decisiva hoy, para salvar millones de vidas, es movilizar a la clase obrera y unirla en un poderoso movimiento internacional contra la guerra y a favor de una política científica para detener la pandemia de SARS-CoV-2 y eliminar la transmisión del virus.

(Publicado originalmente en inglés el 5 de diciembre de 2021)

Loading