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Perspectiva

¡Cierren las escuelas y los negocios no esenciales! ¡Los trabajadores deben actuar ya para detener ómicron!

Han pasado tres semanas desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró ómicron una “variante de preocupación” y advirtió que el peligro es “muy alto”. En estas tres semanas, los Gobiernos no han hecho nada, permitiendo que la nueva variante de COVID-19 se propague fuera de control en la población mundial.

Durante esas semanas vitales, ómicron se ha propagado silenciosamente, según las personas transmiten este virus extremadamente transmisible sin saberlo a aquellos en su entorno. Estos imperceptibles avances del virus se están manifestando en aumentos sin precedentes de casos, los más rápidos desde que comenzó la pandemia hace dos años.

Un grupo de enfermeras en el hospital Montefiore New Rochelle hacen huelga por falta de personal durante la pandemia de coronavirus, 1 de diciembre de 2020 en New Rochelle, Nueva York [crédito: AP Photo/Mark Lennihan]

Reino Unido ofrece una vista previa de lo que le espera a cada país. Más temprano esta semana, ómicron se convirtió en la variante dominante en Londres. Reino Unido reportó 9.300 casos el viernes, el tercer aumento consecutivo diario. Los casos han alcanzado su nivel más alto en el país tras un aumento de 50 por ciento en tan solo dos días.

En respuesta, el virólogo Trevor Bedford advirtió que la propagación continua de ómicron resultará en “un salto meteórico en casos”.

Bedford advirtió que el ritmo actual de crecimiento “corresponde a una duplicación epidémica de entre 2,3 días en Reino Unido y 3,3 días en Alemania”. Continuó: “Espero que los casos incrementen de forma rápida y repentina en un gran número de ciudades bien conectadas durante la próxima semana. Esto tomará a muchos por sorpresa, pero era un hecho consumado apenas descubrimos” la tasa de propagación de ómicron.

“Cada uno de los cuatro países con más cargas documentadas de ómicron [Dinamarca, Noruega, Reino Unido y Sudáfrica] ha excedido su récord de casos nuevos de la pandemia y siguen aumentando rápido”, escribió el epidemiólogo Eric Topol, profesor de medicina molecular en Scipps Research Institute.

En Estados Unidos, la tasa de positividad en la ciudad de Nueva York, un foco de la variante ómicron, se ha duplicado en tan solo cuatro días, de 3,9 por ciento el 9 de diciembre a 7,8 por ciento el 12 de diciembre, y la ciudad registró el nivel más alto de casos en la pandemia.

La rápida propagación ha ido de la mano de un volumen cada vez mayor de datos que muestran los enormes peligros de la nueva variante. Contrario a las afirmaciones de los Gobiernos y la prensa de que ómicron es un “mutante amigable”, no existe evidencia de que la enfermedad sea “moderada”.

Un estudio prepublicado el jueves de la universidad Imperial College London descubrió que los casos de ómicron tienen la misma probabilidad de resultar en síntomas y hospitalizaciones que delta, y una probabilidad mucho mayor de conducir a reinfecciones.

Los autores señalaron, “El estudio no encontró ninguna evidencia de que ómicron sea menos severo que delta, ni en relación con las personas que dieron positivo y reportaron síntomas ni con los casos que buscaron cuidados hospitalarios después de infectarse”. Añadieron, “Ómicron está asociado con un riesgo 5,4 veces mayor de reinfección comparado a delta”.

Este resultado era completamente predecible y, de hecho, fue anticipado por el World Socialist Web Site. Respondiendo al anuncio de la OMS de una “variante de preocupación”, el WSWS advirti ó hace dos semanas, “El hecho de que la variante ómicron es mucho más infecciosa que delta significa que, incluso si fuera menos mortal —una afirmación que no tiene por ahora ningún fundamento— el mayor número de casos se traduciría en más hospitalizaciones y, si los hospitales se llenarán, en un aumento masivo en muertes”.

Sin embargo, los Gobiernos de todo el mundo rechazaron las advertencias de los científicos, sabiendo muy bien que no actuar produciría un desastre. Hace dos semanas, el presidente estadounidense Joe Biden proclamó que el Gobierno estadounidense no implementaría “ni cierres ni confinamientos”. Prometió “reabrir nuestro país… reabrir nuestros negocios” y “reabrir nuestras escuelas”.

En vez de adoptar medidas de emergencia para atajar la nueva amenaza, el Gobierno de Biden exigió lo contrario: una eliminación mayor de restricciones. Ayer, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. adoptó oficialmente la demanda de Biden de que los niños, incluyendo aquellos que no han sido vacunados, no se pongan en cuarentena si estuvieron expuestos al COVID-19.

El New York Times hizo eco de esta política homicida, declarando, “El Covid no se irá a ninguna parte. Es tiempo de que comencemos a actuar acorde a esto”. El Times pidió que las escuelas permanezcan abiertas a pesar de la propagación de la nueva variante peligrosa y que los niños no cumplan un periodo de cuarentena tras exponerse.

Esta política es aún más criminal tomando en cuenta que, según los datos de Sudáfrica, la variante ómicron parece ser particularmente peligrosa para los niños. Hasta el 5 por ciento de los niños infectados con ómicron han sido hospitalizados.

De la misma manera en que toda la élite mediática y política conspiró en enero-marzo de 2020 para mantener al público desinformado del alcance del peligro presentado por la primera ola de COVID-19, el repunte causado por ómicron está siendo acompañado por una avalancha masiva de propaganda que busca minimizar la amenaza y anestesiar la opinión pública.

En solo dos semanas, todas las mentiras del Gobierno y la prensa han quedado al descubierto. Ómicron no es “moderada” y tampoco es “manejable”. Las políticas irresponsables de hoy resultarán en una ola de muertes en enero y más allá. El enfoque de “solo vacunas” de los Gobiernos capitalistas, lejos de poner fin a la pandemia, ha socavado masivamente la efectividad de las propias vacunas.

La insanidad de esta política ha quedado demostrada por el hecho de que, incluso cuando el Gobierno de Biden está insistiendo en su compromiso de mantener las escuelas y los negocios abiertos, los restaurantes, bares, los recintos para conciertos y las escuelas se están viendo obligados a cerrar por brotes masivos locales. En vez de ser implementados de una forma coordinada, racional y sistemática, dichas acciones se improvisan después de que gran parte de la población ya se está contagiando.

¡Es urgente tomar medidas ya! Es necesario un giro inmediato en las políticas. Se debe implementar inmediatamente una política de Cero COVID, que tenga como objetivo la eliminación del SARS-CoV-2.

Esta política no es irrealista. Ya fue implementada con éxito en China. Lo irrealista, o más precisamente, lo irracional, es la concepción de que es posible “vivir con” el COVID-19, con base en la esperanza de que el virus pronto será manejable y milagrosamente se disipará. Continuar esta política irracional, dictada por intereses corporativos y financieros, conducirá a la pérdida innecesaria y evitable de millones de vidas.

La clase obrera, en EE.UU. e internacionalmente, intervendrá y exigirá la implementación de medidas críticas de emergencia para detener la pandemia, con base en una estrategia de eliminación y erradicación. Esto exige el cierre temporal de las escuelas y los lugares de trabajo no esenciales, entregando asistencia social para todos los trabajadores afectados. Este cierre debe ir de la mano de pruebas masivas, rastreo de contactos, el aislamiento seguro de los pacientes infectados, la provisión de mascarillas de alta calidad, la vacunación rápida de la población global y otras medidas de salud pública.

Poner fin a la pandemia no es puramente una cuestión médica. Las medidas necesarias para detener la propagación del virus son bien conocidas y entendidas. El obstáculo principal es la clase gobernante, cuyos intereses económicos están en conflicto con la ciencia y la vida.

A esto se debe que la lucha contra la pandemia necesita estar conectada a un movimiento social y político de masas en la clase obrera internacional con el objetivo de transformar fundamentalmente la estructura económica de la sociedad. Los trabajadores deben construir comités de base en cada escuela y lugar de trabajo, y deben ser independientes de los sindicatos corporativistas que han servido como instrumentos críticos para hacer valer la política asesina de la clase gobernante.

Estos comités deben organizar a los trabajadores para que implementen el cierre de la producción no esencial y de las escuelas. La clase obrera necesita repudiar el principio que ha definido la política gubernamental a lo largo de la pandemia, de que las ganancias privadas tienen prioridad sobre salvar vidas.

La aparición de la variante ómicron y su rápida propagación en todo el mundo demuestran la urgencia de la Investigación Global de los Trabajadores sobre la Pandemia de COVID-19 iniciada por el World Socialist Web Site. Llamamos a los trabajadores y jóvenes a ampliar el apoyo a la investigación y llamamos a los científicos y a todos aquellos activos en la salud pública a que ofrezcan información y asistencia profesional para avanzar este trabajo.

(Publicado originalmente en inglés el 18 de diciembre de 2021)

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