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La noche de 12 años de Uruguay: sin ajuste de cuentas con el pasado

La Noche de 12 Años está escrita y dirigida por el director uruguayo Álvaro Brechner, actualmente residente en España. Estrenada en la Selección Oficial en el 75 Festival de Cine Internacional de Venecia, la película fue presentada por Uruguay en 2018 a la edición 90 de los Premios de la Academia para Mejor Película en Lengua Extranjera. Fue también ganadora del Premio Pirámide de Oro en el Festival de Cine Internacional de El Cairo y ahora se encuentra disponible en Netflix.

La noche de 12 años

Brechner, que lleva más de una década haciendo películas, está considerado uno de los principales talentos sudamericanos. Sus películas anteriores Mal día para pescar (2009) y Mr. Kaplan (2014) consiguieron la aclamación de la crítica internacional.

Basada en los eventos que llevaron al golpe militar de 1973 en Uruguay, La noche de 12 años se centra en el encarcelamiento y tortura de tres guerrilleros que formaban parte del Movimiento de Liberación Nacional, más conocido como Tupamaros. Los tres, José “Pepe” Mujica (Antonio de la Torre), Mauricio Rosencof (Chino Darin) y Eleuterio Fernández Huidobro (Alfonso Tort) fueron secuestrados por el Ejército Nacional en 1972, el año anterior al del golpe militar de junio de 1973.

Los tres pasarían a ocupar importantes cargos en el gobierno del Frente Amplio cuando tuvo el poder entre 2005 y 2020. Mujica, un extupamaro, fue el presidente de Uruguay de 2010 a 2015. Rosencof, uno de los fundadores de los Tupamaros, es Director de Cultura de la Intendencia Municipal de Montevideo desde 2005. Fernández Huidobro fue ministro de defensa desde 2011 hasta su muerte en 2016.

El Frente Amplio es una coalición electoral que incluye a políticos que fueron exiliados, torturados o encarcelados bajo la anterior dictadura, que duró de 1973 a 1985. Formada inicialmente por el Partido Comunista y el Socialista, al Frente Amplio se unieron luego en 1989 exmiembros de los Tupamaros, así como el Partido Democratacristiano y otras fuerzas políticas burguesas.

Antonio de la Torre, Alfonso Tort y Chino Darín en La noche de 12 años

Alternando entre su encarcelamiento y flashbacks, la película muestra a los Tupamaros planeando actos de guerrilla urbana, como secuestros y atentados con bomba. Visualmente, La noche de 12 años captura bien los efectos del confinamiento solitario indefinido. Por ejemplo, a los tres presos no se les permite comunicarse verbalmente entre sí, de manera que recurren a comunicarse con códigos de golpecitos en las paredes, e incluso juegan al ajedrez así.

Los propios escenarios de la prisión van de graneros en desuso con poca luz solar a celdas tipo ataúd tan pequeñas que los cautivos apenas pueden ponerse de pie o estirarse en el suelo. Raramente, si acaso alguna vez, les daban camas. La excepción, como muestra la película, ocurre durante una inspección de la Cruz Roja, cuando les llevan camas, escritorios y material de lectura y escritura solo para llevárselo todo en cuanto los inspectores se van. Los presos politicos están siempre encerrados, excepto en las raras ocasiones en las que los sacan a hacer ejercicio.

Los presos, que recibirían la pena de muerte si los Tupamaros organizaban más atentados, eran llevados con los ojos vendados a diferentes ubicaciones por Uruguay, eran mantenidos en confinamiento solitario, y nunca se les decía dónde estaban. Un oficial les advierte de que “si hay un atentado, tendremos que matarlos. Y eso es fácil. Ustedes ya no son presos. Ustedes son rehenes”. Torturados y con apenas las necesidades básicas satisfechas, los tienen así durante doce años.

El aislamiento causa inevitablemente alucinaciones y delirios, que se mezclan con recuerdos fragmentados de los seres queridos. Esas son algunas de las escenas más conmovedoras. Un oficial dice, “Deberíamos haberlos matado cuando pudimos. Ahora los volveremos locos”. Los altos cargos son presentados en particular como implacablemente brutales, que escupen en la comida de las víctimas, o hacen cosas peores. Las celdas están repletas de gusanos y carecen de inodoro. En una de las raras ocasiones en las que se les permite asistencia médica, un doctor, perturbado por las condiciones en las que tienen a los tres, le dice a un oficial, “Esto es bárbaro. Un pelotón de fusilamiento sería más humano”.

Antonio de la Torre en La noche de 12 años

Sus familias tienen que hacerse camino por canales militares burocráticos para averiguar dónde los mantienen detenidos y se les dice, “Les dejaré verlos, pero no hagan las cosas más difíciles, porque ustedes se lo pondrán más difícil a ellos”. A veces, a las familias no se les dice su paradero y simplemente las mandan a dar palos de ciego.

Inspirado en la entrevista-memorias escritas por Rosencof y Huidobro sobre sus experiencias, el cineasta también hizo entrevistas e investigaciones durante cuatro años para explorar la “confusión mental” causada por la tortura del confinamiento solitario prolongado, que Brechner consideró “lo más importante a transmitir” en la película. La confusión es capturada bastante bien y La noche de 12 años es un testimonio de la resistencia y la valentía de los tres presos. Aún así, la película no es muy interesante ni conmovedora debido al tema. Esto se puede atribuir a su perspectiva conductora.

En una entrevista de 2018 con Emilio Mayorga para Variety, cuando se le preguntó, “¿Cuál fue tu objetivo clave cuando hiciste esta película?”, Brechner respondió que su “intención era mostrar el universo mental de la gente a la que se le robaba todo lo que la hace humana, y todo lo que hacen para mantenerse como seres humanos”. En la misma entrevista, explicó que la película no es una “película de cárcel”, sino “una película sobre el descenso a las profundidades del infierno interior”. Hay que preguntarse, ¿por qué centrarse en esto precisamente?

Sin duda hay muchos caminos por los que descender a las profundidades del “infierno interior”. Si, sin embargo, el “infierno interior” sucede que implica a tres presos políticos durante uno de los períodos sociales y políticos más volátiles en América Latina en el siglo XX, ¿entonces por qué la película evita frecuentemente las cuestiones históricas y políticas más serias que sensibilizarían al espectador respecto al sufrimiento de los tres? Después de ver La noche de 12 años uno queda más desconcertado que esclarecido respecto a los acontecimientos brutales y reaccionarios. No logra iluminar de ninguna manera el contexto histórico y político concreto en el que estos acontecimientos tuvieron lugar.

Un país que antes era visto como la “Suiza de América”, Uruguay pasó a tener la mayor cantidad de presos políticos per cápita del mundo, con casi uno de cada 30 uruguayos detenidos, y todavía más que fueron torturados, pero la película no demuestra ni una pizca de ira por lo que ocurrió. Está todavía menos preocupada por cómo o por qué la dictadura militar llegó al poder o cómo un país considerado como uno de los más democráticos de América Latina desde 1945 hasta mediados de los ’60 pasó a ser uno de los regímenes más represores de la región.

¿Quién fue el responsable? ¿Dónde está la justicia para las víctimas cuyos abusadores en el ejército siguen gozando de amnistía? En un país de solo tres millones de habitantes, oficialmente 180 personas fueron asesinadas por la dictadura militar, muchas más fueron “desaparecidas” y muchos fueron obligados a exiliarse. La película de Brechner no te hace sentir ni rastro de nada de esto. En cambio, idolatra a los tres individuos y luego presenta su ulterior ascenso a los más altos cargos en un gobierno capitalista como la justificación de su sufrimiento.

Es mérito de Brechner que escogiera hacer una película sobre esta época crucial, pero ¿por qué es que te queda como un vacío al terminar la película? Un espectador que no conozca la situación política de América Latina de la época, incluso la política de los movimientos radicales o izquierdistas que dominaron ciertos países, y la implicación de la CIA en toda la región, no sería iluminado ni un ápice.

Apenas si hay alguna referencia oblicua a que durante los ’70 y los ’80, las dictaduras de Uruguay, Bolivia, Chile, Brasil, Paraguay, Perú y Argentina, con la asistencia de las agencias militares y de inteligencia de EEUU, instigaron la Operación Condor. Bajo este programa de represión coordinada, se juntaron recursos policiales-militares con el propósito de rastrear a exiliados políticos y enviarlos de nuevo a su muerte, con escuadrones de la muerte cruzando fronteras con impunidad.

El cineasta suprime todo un período histórico crítico en el que la clase trabajadora fue derrotada como resultado de las traiciones del estalinismo, la bancarrota de la política pseudoizquierdista del pablismo y el callejón sin salida del guerrillerismo pequeñoburgués, todo lo cual allanó el camino a la victoria de la contrarrevolución respaldada por Washington y el derrocamiento del ejército de regímenes democráticamente elegidos por toda la región.

Los Tupamaros desempeñaron un papel notorio en desorientar a la clase trabajadora. Su perspectiva de la guerrilla urbana, influida por la política de Fidel Castro y el Che Guevara, relegó a los trabajadores al papel de espectadores pasivos de acciones armadas espectaculares, desde secuestros hasta atentados con bomba y ataques esporádicos a las fuerzas de seguridad.

La perspectiva de la guerra de guerrillas sirvió para aislar a los estudiantes y jóvenes radicalizados, así como a sectores de trabajadores, de la clase trabajadora en su conjunto, que dejaba al movimiento obrero bajo el dominio de direcciones reformistas y estalinistas. Los actos de la “lucha armada” entonces brindaron un pretexto para que el ejército impusiera la dictadura.

La bancarrota del guerrillerismo, elogiado como “heroico” por la pseudoizquierda fue expresado de la manera más aguda en la orientación de los Tupamaros hacia el propio ejército. En 1970, redactaron una carta en la que ofrecían una alianza con el ejército, revelando que ellos ya incluían en sus filas a miembros de los dos partidos políticos principales, los Blancos y los Colorados, así como a miembros de las fuerzas armadas.

El propósito de la carta era persuadir al ejército de que el gobierno era la verdadera amenaza a la soberanía nacional, “No somos enemigos —¿cómo podríamos ser enemigos?— porque el sufrimiento de nuestro Uruguay nos duele a nosotros igual que a ustedes”, declaraba. (Movimiento de Liberación Nacional, “Tupamaros: Carta al ejército”, citado por Tricontinental, 54-5, (1970) citado en Woodruff 2008, “Political Culture and Revolution: An Analysis of the Tupamaros’ Failed Attempt to Ignite a Social Revolution in Uruguay”, págs. 16-17). Al no poder persuadir al ejército, se adaptaron a otras fuerzas burguesas, tal como la coalición política Frente Amplio.

¿Y cuál es el legado del Frente Amplio? Durante su administración, presidió sobre la desintegración de las condiciones sociales en Montevideo, que produjo niveles históricos de emigración entre 1999 y 2003, con 30.000 exiliados económicos por año, la mayoría jóvenes y con educación. Los cantegriles proliferaron en las zonas norte y oeste de Montevideo y en las ciudades del interior crecieron un 10 por ciento anual. Subió la tasa de mortalidad infantil y de bebés, que morían incluso de hambre y malnutrición. Volvieron a aparecer enfermedades infecciosas anteriormente erradicadas, como la tuberculosis, mientras que la pobreza subió un 108 por ciento.

Bajo tales condiciones, el Frente Amplio, que llevaba controlando la Intendencia Municipal de Montevideo desde 1989, llegó a la presidencia en 2005, en lo que se consideró una ruptura histórica con los dos partidos capitalistas que llevaban 174 años gobernante, los Colorados y los Blancos.

El Frente Amplio rechazó cualquier cambio social o económico radical para abordar la creciente catástrofe humana en Uruguay, sin embargo. En cambio, sus dirigentes profesaban la moderación y hacían proposiciones a la burguesía nacional y las instituciones financieras internacionales. Su promesa de no “agitar las aguas” al llegar al poder incluía rechazar propuestas de subir el salario mínimo y seguir pagando la deuda externa uruguaya, que equivalía al 35 por ciento de los ingresos del país por exportaciones. Tan bien se acomodaron que los ministros del Frente Amplio fueron bien vistos por Wall Street, a quien se aseguró de la continuidad de las políticas económicas esenciales del país.

En 2011, se rechazó un intento de los legisladores por aprobar un proyecto de ley que hubiera revertido la amnistía que protegía a los militares que llevaron a cabo ejecuciones, desapariciones, tortura y el encarcelamiento por motivos políticos de decenas de miles de uruguayos durante el régimen militar. El Frente Amplio, y en particular Mujica, quien fue designado repetidamente como “el presidente más humilde del mundo” en los medios, apoyaron la amnistía. Mujica advirtió de los supuestos peligros de transferir “las frustraciones de nuestra generación a las nuevas generaciones”.

El cineasta parece haber adoptado los sentimientos conciliatorios de Mujica, que impregnan toda la película, haciendo de ella una incursión bastante amorfa en la angustia mental del confinamiento solitario extendido. De manera más importante, acepta acríticamente todo el marco político de los Tupamaros y el Frente Amplio, y esto constituye el mayor defecto de la película.

La actitud acrítica hacia los Tupamaros y su ulterior evolución a políticos burgueses va ligada a que el punto de partida de Brechner no es examinar los conflictos históricos y políticos que impulsaban a los presos y sus carceleros. En cambio, presenta un estudio de la naturaleza humana, el “corazón de la oscuridad” y de la angustia mental, pero de una manera tan descontextualizada que los protagonistas existen en una especie de vacio histórico y político —y hasta geográfico.

¡La noche de 12 años carece de concreción de manera que hasta te olvidas de que la acción sucede en Uruguay! La única indicación real es la Copa del Mundo, que tanto los presos como los militares escuchaban ávidamente. Esto es así porque la perspectiva es una búsqueda de algo más abstracto y menos polémico que un ajuste de cuentas con el pasado. El resultado final, desgraciadamente, es algo mucho más banal, mucho menos memorable y mucho menos esclarecedor.

(Publicado originalmente en inglés el 27 de enero de 2022)

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