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Perspectiva

¡Opónganse a la campaña de guerra de EE.UU. y la OTAN contra Rusia en Ucrania!

1. El Comité Internacional de la Cuarta Internacional y el World Socialist Web Site se oponen inequívocamente a la campaña temeraria de Washington y sus aliados de la OTAN para instigar una guerra con Rusia, utilizando como pretexto la acusación falsa de una invasión inminente de Ucrania. El Gobierno de Biden ha inventado un relato claramente absurdo de “¡Que vienen los rusos!”, el cual carece de cualquier hecho creíble y desafía toda la lógica política.

2. La afirmación de que acecha una guerra inminente tan solo proviene de EE.UU. y la OTAN. El presidente ruso Vladímir Putin no ha hecho ninguna afirmación que insinúe tales intensiones. Por su parte, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski niega que una invasión rusa sea “inminente” y ha urgido repetidamente a EE.UU. y la OTAN que dejen de incitar pánico.

Soldados estadounidenses se alinean durante la visita del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, en la base aérea Mihail Kogalniceanu, cerca de la ciudad portuaria de Constanza, en el Mar Negro, al este de Rumanía, el viernes 11 de febrero de 2022 [Crédito: AP Photo/Andreea Alexandru].

3. La propaganda entumeciendo del Gobierno estadounidense está siendo divulgada al público por una prensa sumisa cuyos cabezas parlantes descerebrados no plantean interrogantes y, en cambio, presentan como la verdad absoluta los guiones diarios que les prepara el ejército y las agencias de inteligencia de EE.UU. Ya olvidaron la mentira de las “armas de destrucción masiva” que se utilizó para justificar la invasión de Irak de 2003. Está restringido el acceso de cualquier pregunta crítica o voz de oposición a la guerra en los medios de comunicación masivos. Las meras acusaciones se presentan como pruebas de alegado. Como lo dijo un vocero del Gobierno de Biden en una rueda de prensa reciente, una declaración gubernamental no necesita ser corroborada con evidencia. Por sí sola, esa declaración basta como evidencia porque fue hecha por el Gobierno.

4. Según el cuento de fantasía elaborado por la CIA, los amantes de la paz de EE.UU. y la OTAN están respondiendo a una amenaza repentina de una invasión rusa de Ucrania. Sin embargo, este enfrentamiento cada vez más grave es el producto de meses de preparativos intensos por parte de EE.UU. y la OTAN. En los últimos ocho meses, Washington desplegó 10.000 tropas en su base en Alexandropoulis en Grecia y llevó a cabo el ejercicio de guerra DEFENDER-Europe 21 para alistarse para el combate en las regiones de los Balcanes y el mar Negro, así como la mayor operación Sea Breeze jamás realizada en el mar Negro.

5. Como con todas las guerras de EE.UU. y la OTAN, el conflicto en torno a Ucrania se prepara por medio de planteos hipócritas. En este caso, la anexión rusa de Crimea y su apoyo a las fuerzas separatistas en el este de Ucrania —ambas acciones en respuesta al golpe de Estado organizado por EE.UU. y Alemania en 2014— se presentan como violaciones absolutas a la soberanía ucraniana.

6. EE.UU. y la OTAN proclaman la santidad de las fronteras nacionales. Pero su supuesta devoción a este principio contradice sus repetidas violaciones y reordenamientos de las fronteras nacionales durante los últimos 30 años. No mostraron respeto a la autodeterminación de Yugoslavia, la cual fue destruida después de la disolución de la Unión Soviética en 1991. El reconocimiento de la independencia croata por parte de EE.UU. y Alemania abrió la puerta a una década de conflicto étnico que se cobró decenas de miles de vidas. En 1999, la coalición de la OTAN, encabezada por EE.UU., bombardeó Serbia por 78 días consecutivos, en apoyo a la secesión de la provincia de Kosovo, cuya independencia fue establecida bajo el control de un Gobierno compuesto por capos narcotraficantes.

7. EE.UU. invadió Afganistán en octubre de 2001 y derrocó su Gobierno. A esto le siguió una violación aún más flagrante del derecho internacional en marzo de 2003: la invasión de Irak y el derrocamiento de su Gobierno. Durante la sangrienta ocupación estadounidense de Irak, Anthony Blinken, quien es ahora el secretario de Estado, propuso una división tripartita del país. En 2011, se elaboraron planes similares para el ataque de la EE.UU.-OTAN contra Libia, que resultó en el derrocamiento de su Gobierno y el asesinato de su presidente. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, celebró este crimen sangriento como una ocasión para chistear y reír. Esta intervención fue seguida por el bombardeo estadounidense de Siria que continúa hasta el día de hoy.

8. La presunta preocupación de Washington por la democracia ucraniana no es menos engañosa e hipócrita que su devoción por la autodeterminación de Ucrania. El Gobierno en Kiev, cuya existencia se debe al derrocamiento patrocinado por EE.UU. de un Gobierno electo, representa a una cleptocracia oligárquica responsable de reprimir a la clase obrera ucraniana. Las fuerzas sociales sobre las que se inclina Zelenski, que incluyen varias organizaciones paramilitares y grupos de extrema derecha, emiten el hedor histórico del fascismo.

9. La campaña de guerra de Washington muestra una urgencia frenética. Parece seguir un cronograma que no le permite medir las consecuencias ni discutir abiertamente los peores escenarios posibles. El 10 de febrero, Biden declaró a la prensa que, si los estadounidenses y los rusos comenzaban a dispararse, “constituye una guerra mundial”. Sin embargo, en vez de tomar pasos para aliviar las tensiones y prevenir tal cataclismo, EE.UU. insiste con sus provocaciones y acusaciones, anunciando que conoce la fecha exacta en que Rusia planea invadir: el 16 de febrero.

10. Estados Unidos está participando en provocaciones unilaterales al borde de la guerra en pro de sus propios intereses. El belicismo desquiciado de Washington y sus aliados de la OTAN se rige por una lógica objetiva impulsada por dos factores fundamentales.

11. En primer lugar, desde 1991, EE.UU. se ha dedicado incansablemente a sacar provecho de las posibilidades de saqueo y expansión imperialista otorgadas por la disolución de la URSS. El Plan Estratégico del Pentágono de 1992 declaró que EE.UU. no permitiría la aparición de ningún poder nuevo que desafiara su hegemonía mundial. Durante las últimas tres décadas, Washington ha librado guerras sin tregua para cumplir este objetivo, dejando en ruinas a países y civilizaciones enteras en los Balcanes, Oriente Próximo, el norte de África y Asia central. Cuanto más pronunciado se ha vuelto el declive de la hegemonía económica estadounidense, tanto más globales se volvieron sus objetivos de guerra. Ahora, ha fijado a Rusia y China en sus miras.

12. En su declaración del 18 de febrero de 2016, “Socialismo y la lucha contra la guerra”, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional presentó un análisis exhaustivo de la estrategia global del imperialismo estadounidense y sus aliados de la OTAN. Subrayó que lo que subyace a la campaña de guerra eran “las profundas contradicciones del sistema capitalista mundial: 1) entre una economía globalmente integrada e interdependiente y su división en Estados nacionales antagónicos; y 2) entre el carácter socializado de la producción mundial y su subordinación, a través de la propiedad privada de los medios de producción, a la acumulación de beneficios privados por la clase capitalista dominante”.

13. En el contexto de estas contradicciones fundamentales, el CICI explicó:

La campaña de guerra se centra en los esfuerzos de Estados Unidos para mantener su posición como potencia hegemónica mundial. En 1991, la disolución de la Unión Soviética fue vista como una oportunidad para aseverar la dominación sin rivales de Estados Unidos en todo el mundo. Fue glorificada por propagandistas imperialistas como el “fin de la historia”, la creación de un “momento unipolar” en el que el poder indiscutible de Estados Unidos dictaría un “nuevo orden mundial” en los intereses de Wall Street. La Unión Soviética había abarcado una extensión vasta del globo, extendiéndose desde los límites del este de Europa hasta el océano Pacífico. Así, las vastas regiones de Eurasia, ocupadas por una Rusia debilitada y Estados recién independientes de Asia central, estaban otra vez “en juego”, expuestas para la explotación y saqueo corporativos. La restauración estalinista del capitalismo en China, su represión de Estado policial contra la resistencia de la clase obrera en 1989 y la apertura de “zonas francas” para la inversión transnacional pusieron a disposición una vasta reserva de mano de obra barata.

14. Las acusaciones de una inminente invasión rusa y el despliegue de fuerzas estadounidenses a la región significan que hay secciones poderosas de la élite corporativo-financiera y las agencias de inteligencia que han decidido que el enfrentamiento con Rusia que han planificado por mucho tiempo no puede posponerse más. Entre 2017 y 2020, la principal queja del Partido Demócrata contra Trump no fue su ataque a la Constitución ni sus preparativos de dictadura, sino la insuficiente fuerza con la que se oponía a Rusia. Las audiencias del primer juicio político contra Trump, celebrado entre diciembre de 2019 y febrero de 2020, estuvieron dominadas por la acusación de que había retenido ayuda militar a Ucrania. La denuncia clásica del Partido Demócrata contra Trump no fue que es un dictador fascista en potencia, sino que era el “títere de Putin”.

15. Con el Gobierno de Biden en el poder, el Partido Demócrata está intentando recuperar el tiempo perdido. La estrategia de EE.UU. y la OTAN es tan cruda como obvia. Ucrania está siendo utilizada como un anzuelo para sumir a Rusia en una guerra. Las repetidas referencias de Biden a una operación de “falsa bandera” evocan la táctica bien conocida del ladrón que grita “¡Detente ladrón!” para prevenir que lo persigan a él. Si algún país planea una operación de “falsa bandera” es EE.UU.

16. Por más dudosas que sean sus causas, se utilizará cualquier incidente en Ucrania para activar las fuerzas de la OTAN y crear un estado de guerra de jure o de facto. Se cancelará el proyecto del gasoducto Nord Stream II, por medio del cual Rusia iba a entregar gas natural a Alemania. Rodeada por la OTAN, Rusia se enfrentará a una lista interminable y cada vez más larga de demandas, comenzando por la devolución incondicional de Crimea a Ucrania. Se pondrá fin a la influencia rusa en Bielorrusia. Los movimientos secesionistas en Rusia, desde Chechenia a Siberia, obtendrán un respaldo abierto del imperialismo. El objetivo final será un cambio de régimen en Moscú y el reparto de Rusia.

17. La insistencia del Gobierno de Biden del “derecho” de Ucrania a pertenecer a la OTAN es un elemento esencial de una estrategia que busca volver completamente impotente a Rusia. El fallecido estratega imperialista y fanático militarista, Zbigniew Brzezinski, escribió en su libro The Grand Chessboard [El gran tablero de ajedrez] que Ucrania es “geopolíticamente fundamental” para Rusia, ya que la seguridad de sus fronteras al sur y su acceso a los mares cálidos dependen de Ucrania. La región que abarca Ucrania, el mar Negro y la cuenca del Caspio tiene una importancia geoestratégica incalculable y constituye el eje central de los planes de dominio global de Washington. Por esta región, Rusia accede el Mediterráneo y China extiende los trayectos terrestres de su Iniciativa de la Franja y la Ruta hacia Europa. El objetivo militar de Washington es destruir Rusia como obstáculo a la hegemonía estadounidense en las regiones del mar Negro y el Caspio, y eventualmente en todo Eurasia. Pretende convertir este país rico en recursos en una semicolonia. Considera esto como un paso necesario en preparación para una guerra con China.

Soldados estadounidenses se alinean durante la visita del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, en la base aérea Mihail Kogalniceanu, cerca de la ciudad portuaria de Constanza, en el Mar Negro, al este de Rumanía, el viernes 11 de febrero de 2022 [Crédito: AP Photo/Andreea Alexandru].

18. En segundo lugar, la campaña de guerra ha sido llevada a su punto de ebullición por la crisis interna e irresoluble de EE.UU. La intensificación del impulso bélico inmediatamente después de su debacle en Afganistán deriva del conjunto de crisis sociales, financieras y políticas de proporciones inauditas.

19. Como lo ha subrayado el Comité Internacional desde enero de 2020, el impacto de la pandemia de COVID-19 en la evolución del siglo veintiuno será al menos tan grande como el de ambas guerras mundiales en el siglo veinte. La pandemia es un “evento desencadenante” que ha agravado las ya muy avanzadas contradicciones del sistema capitalista mundial, llevándolas a un punto explosivo.

20. La pérdida global de vidas desde el inicio de la pandemia es impactante. Las estimaciones más conservadoras son de seis millones de muertes en el mundo, pero los cálculos basados en el exceso de mortalidad estiman veinte millones de fallecidos. En EE.UU., el país capitalista más rico y poderoso del mundo, la cifra de muertes se acerca a un millón.

21. Esta devastadora cifra es el resultado de las políticas que han subordinado salvar vidas a la protección y el aumento de la riqueza de la oligarquía capitalista. Incluso cuando la pandemia sigue cobrándose decenas de miles de vidas cada semana, se ha rechazado explícitamente cualquier intento de contener la propagación del COVID-19. Los Gobiernos de todo el mundo, con Washington a la cabeza, tratan la muerte de miles de personas a diario como algo normal y están procediendo a eliminar todos los informes de contagios y muertes.

22. La pandemia ha intensificado las crisis internas en materia financiera, política y social de todos los países capitalistas. De hecho, han sido los países capitalistas más avanzados, especialmente EE.UU., los que han sido testigos de las crisis de carácter más tóxico.

23. Estados Unidos se acerca rápido a un estado completo de disfunción económica, social y política. La inflación se está disparando y la deuda del país, incurrida en gran medida a través del canalizar de dinero a los bancos y Wall Street, alcanzó la cifra impactante de $30 billones. La clase obrera está entrando en luchas abiertas y potencialmente explosivas. Apenas ha pasado un año desde que EE.UU. estuvo a minutos de ver la caída de su gobierno constitucional durante el intento de golpe de Estado del 6 de enero de 2021.

24. En una rueda de prensa el mes pasado, Biden puso en tela de juicio que la democracia estadounidense sobrevivirá toda la década. Ningún otro país tiene niveles tan altos de desigualdad social ni una clase gobernante tan indiferente a las necesidades más básicas de la población. Estados Unidos es un polvorín social. La guerra es un medio para unir artificialmente el país y desviar las crisis al extranjero.

25. Al estudiar las causas de la guerra, muchos historiadores serios han subrayado la preeminencia de las contradicciones internas. El famoso historiador estadounidense Arno Mayer señaló hace medio siglo en su estudio, The Dynamics of Counterrevolution [Las dinámicas de la contrarrevolución], que:

las condiciones tensas e inestables al interior tienden a volver a las élites fuertemente intransigentes y dispuestas a soluciones preventivas excepcionalmente drásticas, para no decir extravagantemente peligrosas. Las clases políticas y los Gobiernos asediados y vulnerables son más propensos a recurrir, en vez de rechazar, a emprender conflictos externos o guerras. Tanto por reflejo como por cálculo asumen que los miembros de una entidad política y una sociedad gravemente divididas se unirán no bien se enfrenten a una amenaza o enemigo comunes e inminentes. Tales Gobiernos tienden a utilizar la intensificación de los conflictos externos o guerras como un instrumento a favor de la cohesión social interna, como un antídoto contra lo que identifican como una inminente insurrección, revolución, guerra civil o secesión. El objetivo final es capitalizar una victoria diplomática y militar contundente para restaurar o, preferiblemente, mejorar el poder y el prestigio en deterioro de regímenes, Gobiernos y élites internamente endebles.

26. La burguesía europea, tras sobrevivir a duras penas la catástrofe de dos guerras mundiales, es más proclive a ser precavida. No obstante, le siguen la corriente a la campaña de guerra de Washington a pesar de que una guerra para disputar Ucrania sería catastrófica para sus propios intereses, al depender del gas natural y otros recursos de Rusia. Se enfrentan a crisis internas masivas que los hacen seguir el mismo camino desastroso. Además, saben que un desafío directo de la agenda estadounidense conllevaría represalias devastadoras. En 2003, Alemania y Francia se mostraron oficialmente renuentes a apoyar la invasión estadounidense de Irak. Washington atacó abiertamente a sus antiguos aliados y amenazó con reorientar sus relaciones en Europa hacia los Estados del este de Europa que habían sido admitidos recientemente a la OTAN, en oposición a los países centrales de la “Europa vieja”. La burguesía europea también teme que resistirse a EE.UU. los prive del botín de una potencial reorganización de Rusia. Tras haber sido disciplinados, se unen ahora a la marcha hacia la guerra.

27. Pero, independientemente de lo que se puedan imaginar los estrategas en Washington y las capitales europeas, recurrir a la guerra no resolverá ninguno de sus problemas. Los criminales que pongan en marcha tales cataclismos lamentarán descubrir la verdad resumida por el refrán, “porque sembraron viento, torbellino segarán”.

28. Más allá de cómo estalle y qué pase al inicio, una guerra con Rusia en Ucrania no se podrá contener. Seguirá una lógica de expansión incontrolable. Cada Estado en la región será arrastrado al conflicto. El mar Negro, que limita con siete países, será transformado en un hervidero de conflictos cada vez más intensos que se extenderán por Transcaucasia, la región del mar Caspio, Asia central y más allá.

29. China considerará sus intereses inmediatos bajo amenaza y también se verá inmersa en la guerra. Estallará el conflicto en torno a Taiwán. Irán e Israel se verán atrapados en combate. Japón y Australia les seguirán poco después. A cierto punto, el uso de armas nucleares se considerará como una salida. Y EE.UU. protagonizará todos los escenarios de este conflicto, sufriendo una pérdida devastadora de vidas y niveles masivos de dislocación social.

30. Han transcurrido poco más de 30 años de la disolución de la URSS. En 1992, los burócratas estalinistas en Moscú y Kiev alegaron que la restauración del capitalismo daría paso a una nueva era de prosperidad sin precedentes. Tras haber abandonado las consignas vaciadas del marxismo, tanto Rusia como Ucrania, afirmaron, disfrutarían niveles desconocidos de prosperidad al ser bienvenidos a la familia feliz y amante de la paz de las naciones capitalistas.

31. Esta fantasía ahistórica y utópica —arraigada en las panaceas estalinistas precursoras de 1991 del “socialismo en un solo país” y la “coexistencia pacífica” con el imperialismo— ha quedado totalmente desmentida. El Gobierno ruso, el enemigo más amargo del marxismo y de todo lo asociado a la Revolución de Octubre de 1917, se enfrenta ahora a la realidad de la subyugación imperialista.

32. El régimen de Putin, que gobierna en nombre de una corrupta oligarquía capitalista, no tiene ninguna respuesta viable, ni mucho menos progresista, a esta amenaza. Se ha demostrado que la posibilidad de una integración pacífica de Rusia en las estructuras del capitalismo mundial, dominadas por EE.UU. y las principales potencias imperialistas, no era más que una ilusión. Al ser un factor insignificante en las finanzas mundiales, la economía rusa está siendo sometida perpetuamente a presiones por las sanciones impuestas por EE.UU.

33. El uso del nacionalismo reaccionario es incapaz de hacerse sentir en las poblaciones en sus fronteras, lo cual solo profundiza el aislamiento de Rusia. Es más, al golpear los tambores de una guerra nuclear, Putin no ofrece más que la posibilidad del Armagedón global. Gobierna precariamente un país asolado por la pandemia, la cual ha intensificado todas las contradicciones de la ya deteriorada sociedad postsoviética. Putin está obligado a balancear entre diferentes facciones en conflicto de la élite capitalista: entre aquellas dispuestas a aceptar su estatus como una burguesía compradora bajo el dominio del imperialismo estadounidense y europeo, y aquellos que temen que una capitulación ponga en peligro sus propios intereses. Entre estos últimos, hay fuerzas ultranacionalistas y de extrema derecha, cuyo concepto de la defensa nacional depende, al final de cuentas, en una política suicida que involucra el uso de armas nucleares.

34. El Comité Internacional no basa su oposición a la guerra imperialista en el apoyo de ninguna forma de nacionalismo, sino en la lucha por unir a la clase obrera de todos los países para derrocar el capitalismo y establecer el socialismo mundial. Este principio esencial rige excepcionalmente en la situación actual.

35. La clase obrera ucraniana y rusa comparten una historia común. No desean una guerra fratricida. El movimiento revolucionario en Ucrania produjo a muchos de los líderes más destacados de la lucha por el socialismo, incluido León Trotsky. Los trabajadores de Ucrania y Rusia lucharon como camaradas por el derrocamiento del zarismo y la victoria de la Revolución de Octubre. Lucharon juntos contra el imperialismo alemán. Tanto los trabajadores de Rusia como los de Ucrania fueron víctimas de los crímenes del régimen estalinista y ambos han sufrido las consecuencias de la restauración del capitalismo. En la actualidad, los nacionalistas fascistoides en ambos países no representan ni hablan en nombre de los intereses de la clase obrera.

36. El camino a seguir para la clase obrera rusa y ucraniana supone una perspectiva global. Cabe subrayar que la oposición a Putin no implica alinearse con el imperialismo. Las denuncias de la pseudoizquierda sobre el 'imperialismo' ruso y chino no tienen relación con el desarrollo histórico de los siglos veinte y veintiuno. Más bien expresan el alineamiento de las fuerzas pequeñoburguesas con Washington. Es necesario oponerse al imperialismo sin adaptarse al nacionalismo ruso, y oponerse al nacionalismo ruso sin adaptarse al imperialismo.

37. Sea cual fuere el resultado inmediato de las tensiones actuales, no es posible una resolución pacífica de esta crisis. El período anterior al estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 y de la Segunda Guerra Mundial en 1939 vio muchos 'sustos de guerra'. Pero la resolución de una crisis pronto dio paso a otra, y la guerra finalmente llegó.

38. La crisis actual es una grave advertencia. El imperialismo se desliza como en un tobogán hacia el desastre. La fuerza social que debe movilizarse para detener la catástrofe en preparación en Ucrania es la clase obrera internacional. La lucha contra la guerra va de la mano con la lucha contra la explotación y contra la política asesina de inmunidad colectiva de los Gobiernos capitalistas. El imperialismo y el capital financiero tolerarán todas las muertes necesarias para garantizar su botín y sus ganancias. Hay que prevenir que se sumen millones de muertos más por la guerra a los millones de muertos por la pandemia. Es de suma urgencia que los trabajadores construyan un movimiento independiente contra la guerra sobre la base de una perspectiva socialista e internacionalista.

39. Los principios que deben guiar la lucha contra el imperialismo y su marcha hacia una guerra mundial fueron enunciados por el Comité Internacional en su declaración de 2016 y asumen el máximo nivel de urgencia en la crisis en curso:

  • La lucha contra la guerra debe basarse en la clase obrera, la gran fuerza revolucionaria en la sociedad, uniendo tras ella todos los elementos progresistas de la población.
  • El nuevo movimiento contra la guerra debe ser anticapitalista y socialista, ya que no puede existir una lucha seria contra la guerra excepto que en la lucha para poner fin a la dictadura del capital financiero y sistema económico que es la causa fundamental del militarismo y la guerra.
  • Por lo tanto, el nuevo movimiento contra la guerra, por necesidad, debe ser inequívocamente y totalmente independiente de y hostil hacia todos los partidos políticos y organizaciones de la clase capitalista.
  • El nuevo movimiento contra la guerra, sobre todo, debe ser internacional, movilizando el gran poder de la clase trabajadora en una lucha global unificada contra el imperialismo.

40. Llamamos a todas las secciones de la clase obrera y la juventud, así como a todas las secciones de principios y valientes de la clase media, a que luchen con base en estos principios contra la campaña de guerra.

41. El Comité Internacional de la Cuarta Internacional y sus secciones apoyan una discusión fraternal que tome como punto de partida los principios avanzados en esta declaración con las otras tendencias políticas e individuos en todo el mundo que reconozcan la urgencia de construir un movimiento internacional de masas contra la guerra.

(Publicado originalmente en inglés el 14 de febrero de 2022)

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