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Parte 1

Empobreciendo a Ucrania: lo que EE.UU. y la UE han estado haciendo al país durante los últimos 30 años

Esta es la primera de una serie de dos partes. Haga clic aquí para leer la segunda parte.

En la reunión del pasado miércoles de congresistas estadounidenses, mientras hablaba el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, abrió el acto gritando 'Slava Ukraini' —'Gloria a Ucrania'— nada menos que cinco veces. para escuchar respondió a las palabras del, Últimamente, esta expresión se ha hecho popular en Washington, Londres y otros lugares, y el primer ministro británico Boris Johnson también dio el gritó en una sesión de la Cámara de los Comunes y en Twitter.

El presidente estadounidense Joe Biden, aunque todavía no ha abordado las dos palabras ucranianas, afirma en todo momento que los más de mil millones de dólares en armamento que ha mandado a Ucrania —suficiente para que cada ciudadano mate a los demás varias veces— es para defender la 'libertad' y la 'dignidad' de esa nación.

Los orígenes del término 'Slava Ukraini' revelan algo sobre la verdadera relación de Estados Unidos y la OTAN con las masas trabajadoras de Ucrania de todas las etnias y grupos lingüísticos: rusos, ucranianos, judíos, polacos, etc. Como explica el biógrafo Grzegorz Rossolinski-Liebe en su libro sobre el líder fascista ucraniano Stepan Bandera, 'Slava Ukraini' formaba parte del saludo que hacían los miembros de la Organización de Nacionalistas Ucranianos y su ala militar, el Ejército Insurgente Ucraniano, que fueron colectivamente responsables del asesinato en masa de decenas de miles de soviéticos, judíos y polacos durante la Segunda Guerra Mundial.

Ni Estados Unidos ni la UE ni ninguna de sus instituciones relacionadas se preocupan ahora o se han preocupado nunca por el pueblo de Ucrania, y mucho menos por su libertad. Incluso mientras han estado utilizando el país como zarpazo de gato en su batalla con Rusia —como resultado de lo cual cantidades masivas en potencia de fuego están llegando a las manos de los fascistas ucranianos de hoy, y partes del país están siendo voladas en pedazos— Estados Unidos y la UE han estado estrangulando económicamente al pueblo ucraniano durante décadas.

El director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn (derecha), saluda al presidente de Ucrania, Viktor Yanukovich (izquierda), en la sede del FMI el 12 de abril de 2010 en Washington, DC. (Fotografía del Fondo Monetario Internacional/Stephen Jaffe) [Photo: International Monetary Fund, Stephen Jaffe]

Medido por el PIB per cápita, Ucrania, con sus 44,13 millones de habitantes, es el país más pobre o el segundo más pobre de Europa. Compite con Moldavia, con unos 2,6 millones de habitantes, por estos títulos tan poco propicios.

El 50 por ciento más pobre de la población ucraniana recibe sólo el 22,6 por ciento de todos los ingresos del país y el 5,7 por ciento de su riqueza. El 10 por ciento superior posee casi el 60 por ciento de los activos personales netos de Ucrania, según la Base de Datos de Desigualdad Mundial, una publicación editada bajo la dirección de tres de los principales especialistas en desigualdad del mundo: Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman. En 2018, el ahorro neto medio de los hogares ucranianos se situó en menos 245 dólares.

La renta media de los hogares ucranianos es de unos 4.400 dólares al año, más o menos a la par que la de Irán, cuya economía lleva años funcionando bajo aplastantes sanciones. Se calcula que el salario medio en Ucrania es de apenas 330 euros al mes, y el mínimo que puede cobrar un trabajador, de acuerdo al Estado, es de 144 euros. Según el gobierno ucraniano, un individuo debería sobrevivir con menos de la mitad de esa cantidad, ya que el mínimo de subsistencia es de 64 euros. Los jubilados que se encuentran en la posición más baja de la escala de pensiones riciben 50 euros al mes.

El Instituto de Sociología del país informa que la familia ucraniana típica gasta el 47 por ciento de sus ingresos totales en alimentos y otro 32 por ciento en facturas de servicios públicos. En 2016, casi el 60 por ciento de las personas eran pobres según los estándares del gobierno, incluido el 60 por ciento de los niños. Esa tasa de pobreza se redujo a 'solo' el 37,8 por ciento en 2019. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura encontró que en 2020 el 15,9 por ciento de los niños ucranianos menores de 5 años estaban desnutridos, y en 2019 el 17,7 por ciento de las mujeres en edad reproductiva eran anémicas, una condición causada por la falta de hierro en la dieta. Esa cifra no ha dejado de aumentar desde 2004. El 24 por ciento de la población es obesa.

Población de Ucrania

Entre 2014 y 2019, la tasa de natalidad cayó un 19,4 por ciento. La tasa de mortalidad de Ucrania es extremadamente alta: 14,7 por cada 1.000 habitantes. Está muy por encima a la de muchos países de África, el continente más pobre del planeta. Su tasa de suicidios, según el Banco Mundial, es la undécima del mundo. Con un número de muertes superior al de nacimientos en más de dos a uno y cientos de miles de personas que emigran cada año en busca de algo mejor, la población del país ha disminuido cada año desde 1993. Hoy hay 8 millones de ciudadanos ucranianos menos que hace 30 años.

Se podría seguir contando cifras alarmantes. Aparte de los súper ricos y de una estrecha capa de personas de clase media y media-alta concentrada en las principales ciudades, Ucrania es un mar de privaciones.

Este es el resultado directo de las políticas económicas impuestas al país por los mismos Estados que hoy declaran su amor por Ucrania. En un sentido inmediato, la situación actual tiene sus raíces en el golpe de Estado de 2014, respaldado por Estados Unidos, que llevó al poder a un gobierno en Kiev que inmediatamente firmó un acuerdo de asociación con la UE que le exigía aplicar severas medidas de austeridad. Pero las raíces son aún más profundas.

El desastre social y económico de ese país se remonta a la disolución de la Unión Soviética por parte de la burocracia estalinista a finales de 1991 y a la restauración del capitalismo en todos los nuevos Estados nacionales independientes, que vieron su plena integración en las redes financieras y comerciales mundiales. A través de una serie de políticas conocidas colectivamente como 'terapia de choque' —elaboradas en estrecha colaboración con asesores occidentales— la propiedad nacionalizada se transfirió a manos privadas. Los antiguos funcionarios del Partido Comunista y sus hijos, los gestores económicos y los directores de las principales fábricas y secciones de la industria soviética, así como los elementos criminales activos en la economía a la sombra, ganaron a expensas de las masas trabajadoras, mediante una combinación de robo descarado y ventas a precio.

Salario medio mensual neto en Europa ajustado al costo de vida

A partir de esta operación de destrucción, surgieron en Ucrania facciones competidoras de grandes empresas centradas en Donetsk, al este, y en Dnipropetrovsk, al oeste, siendo sus principales fuentes de riqueza la minería y el procesamiento del carbón, la producción y el tránsito de energía y la metalurgia. Surgieron imperios bancarios y mediáticos, y pronto surgieron nuevas fuentes de beneficios en los productos de consumo y la agricultura.

El número de milmillonarios ucranianos comenzó a crecer a partir de este periodo: Víctor Pinchuk (1.900 millones de dólares), Renat Akhmetov (7.600 millones de dólares), Igor Kolomoyskyy (1.800 millones de dólares) Henadiy Boholyubov (1.100 millones de dólares), Petro Poroshenko (1.600 millones de dólares), Vadim Novinsky (1.400 millones de dólares), etc.

Durante décadas, la política ucraniana se ha visto consumida por conflictos, alianzas, rupturas de alianzas y guerras entre ellas, que se han planteado la cuestión de si el país sería arrastrado ya sea a estrechar sus relaciones económicas con Europa, a mantener sus fuertes lazos con Rusia o a gestionar de algún modo las dos cosas simultáneamente. La guerra se ha desarrollado a medida que han aumentado las tensiones geopolíticas entre Washington y Moscú, entendiendo a Ucrania como una zona clave de la competencia.

Durante la década de 1990, mientras se acumulaban grandes sumas en un extremo del espectro, la economía de Ucrania estaba en caída libre. Con un descenso del PIB per cápita del 8,4 por ciento entre 1993 y 1999, su economía se encontraba entre las peores de cualquier país europeo. La inflación estuvo a veces completamente fuera de control, alcanzando un máximo anual de alrededor del 376 por ciento en 1995, lo que acabó con los ahorros y el poder adquisitivo de los trabajadores ucranianos al principio del proceso de restauración del mercado.

'Muchos jóvenes, que carecían de alternativas a principios de la década de 1990, se unieron a las bandas y fueron utilizados como peones en el proceso de acumulación por parte de los delincuentes', observa la economista política Yuliya Yurchenko en su libro de 2018 Ucrania y el imperio delCapital, con una guerra entre clanes empresariales que competían y que a veces producía cadáveres en las calles. Un aumento de dos veces y media en la delincuencia entre 1988 y 1997 fue impulsado en gran medida por diversas formas de 'robo, hurto, estafa y extorsión' y 'la aceptación de sobornos, la falsificación y el comercio de narcóticos', señala.

El 10 por ciento de la riqueza en Ucrania

Durante este tiempo, Ucrania recibió 10 préstamos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial, en el inicio de lo que sería un proceso casi constante de préstamos de las instituciones financieras internacionales a lo largo de las décadas de 2000 y 2010. Las condiciones de los préstamos se han centrado en un 'Memorando sobre Cuestiones de Política Económica y Estrategia' de 1994 firmado por Ucrania y el FMI que, en palabras de Yurchenko, 'limitaba efectivamente el poder de decisión del gobierno de Ucrania'.

Los acuerdos con otras instituciones financieras internacionales, como el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, redactados según el principio de condicionalidad mutuas —es decir, los acreedores fijan condiciones que coinciden y se refuerzan mutuamente— establecieron límites similares. La soga alrededor del cuello de los beneficiarios de los préstamos se aprieta en múltiples direcciones.

Los prestamistas exigieron al gobierno de Kiev que pusiera fin a las políticas que obstaculizaban el comercio exterior, que eliminara las regulaciones de precios, que redujera el déficit presupuestario del Estado, que recortara las subvenciones a las industrias 'improductivas', que aumentara la competitividad de las empresas manufactureras mediante la modernización de sus plantas y el despido de trabajadores, que privatizara más propiedades estatales, que recortara los gastos presupuestarios centrándose en los programas sociales y en las pensiones, y que impusiera impuestos sobre el valor añadido de forma que la recaudación de las ventas recayera en mayor medida en los consumidores que en las empresas.

Aunque estos procesos se han acelerado y/o reducido en ocasiones dependiendo de si la administración de Kiev ha estado más aliada con Estados Unidos o con Rusia, todos los gobiernos ucranianos han participado en la aplicación de las exigencias del capital global. Habiendo surgido de las cenizas de la gran carnicería que fue la desintegración de la Unión Soviética, la clase dirigente de Ucrania es una clase compradora en el sentido más completo del término.

En 1998, por ejemplo, el parlamento ucraniano concedió al presidente Leonid Kuchma la autoridad para imponer una reducción del 30 por ciento en los gastos del gobierno. Esto se hizo porque el FMI le dijo al país que lo hiciera. 'Además de cumplir los objetivos fiscales y monetarios, el gobierno debe aprobar leyes sobre privatización, reforma fiscal, reestructuración del sector energético y agrícola, y eliminar su enorme ‘economía ala sombra’,' observaba un artículo de agosto de 1998 en el Financial Times .

'Las reformas', escribe Yurchenko, 'crearon un efecto negativo que se refuerza mutuamente en la economía al abrir la industria anticuada a la competencia de las empresas transnacionales extranjeras y al reducir el apoyo financiero del Estado a las empresas y a los ciudadanos, lo que hizo a estos últimos más pobres y a los primeros aún menos competitivos, con una esperada caída negativa del consumo agregado y de los ingresos potenciales.'

La deuda ucraniana siguió disparándose en los años siguientes, pasando de 10.000 millones de dólares en el periodo 1997-2002 a 100.000 millones en 2008-2009, el equivalente a más del 56 por ciento del PIB del país y más del doble del valor total de todas sus exportaciones en ese momento. Aunque ha fluctuado en los últimos años, hoy se encuentra básicamente al mismo nivel que hace una década. Como resultado, Ucrania ha entrado en un ciclo constante de endeudamiento, que a veces se acerca al impago debido a las mayores crisis de la economía mundial, como el crack de 2008-2009.

Continuará

(Artículo publicado originalmente en inglés el 22 de marzo de 2022)

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