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Los morenistas franceses encubren el respaldo del Nuevo Partido Anticapitalista a la OTAN contra Rusia

El suministro de armas a las milicias nacionalistas ucranianas por parte de la OTAN y los llamamientos de Washington al derrocamiento del gobierno ruso han desenmascarado a la pseudoizquierda de clase media. Bajo condiciones de la invasión reaccionaria de Ucrania por parte de Rusia, provocada por las amenazas de la OTAN, la pseudoizquierda se ha cuadrado detrás de su propia burguesía. En Francia, el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) pablista y el aparato estalinista de la Confederación General del Trabajo (CGT) han apoyado descaradamente la política de las potencias imperialistas de la OTAN contra Rusia.

El papel del grupo morenista Révolution Permanent e, que forma parte de la red de Izquierda Diario, vinculado al Partido Socialista Obrero (PTS) de Argentina y a la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) en España, es encubrir el papel reaccionario de estas fuerzas. Los morenistas intentan impedir que los trabajadores desborden los aparatos nacionales cómplices de la marcha hacia la Tercera Guerra Mundial. Esta es la razón del artículo de Révolution Permanente, titulado “Ucrania: el desafío de una política antimperialista independiente” de Juan Chingo, Philippe Alcoy y Pierre Reip.

Su artículo comenta un debate entre el profesor Gilbert Achcar, miembro del NPA y asesor remunerado del ejército británico, y el profesor Stathis Kouvélakis, antiguo miembro del partido Syriza, que, cuando estuvo en el poder, impuso medidas de austeridad a los trabajadores griegos. Los tartufos de Revolutión Permanente afirman en su artículo que figuras como Achcar y Kouvélakis están liderando un debate sobre política revolucionaria. Escriben:

Los textos de Gilbert Achcar (GA) y de Stathis Kouvélakis (SK) son muy ricos y reflejan algunas de las divergencias existentes en el seno de la izquierda y de la extrema izquierda francesa en relación con la guerra de Ucrania. Al mismo tiempo que nos permiten alimentar la lectura de la situación y de las cuestiones que plantea, dejan de lado la perspectiva de una política independiente de la clase obrera y de los sectores populares, que sería la única capaz de abrir el camino a una verdadera autodeterminación del pueblo ucraniano.

Révolution Permanente encubre el papel político de Achcar y Kouvélakis, y por lo tanto del NPA, del cual son destacados representantes políticos. En realidad, los dos profesores no son revolucionarios que “alimentan” el debate sobre Ucrania dentro de la “extrema izquierda”. Ambos son reaccionarios antiobreros que se dedican a encubrir la política imperialista de la OTAN con propaganda pseudoizquierdista.

Achcar es miembro del NPA, profesor de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres y asesor remunerado del ejército británico. Como cabría esperar de un asesor del imperialismo británico, ha aplaudido las intervenciones militares de la OTAN en Libia y Siria. En 2011, apoyó la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, autorizando el bombardeo imperialista de Libia, afirmando: “No puedes oponerte en nombre de principios antiimperialistas a una acción que prevendrá la masacre de civiles”.

Achcar también fue un fuerte partidario de la intervención imperialista en Siria. Participó en las reuniones de 2011 del Consejo Nacional Sirio, aliado de la inteligencia norteamericana, y aconsejó a la oposición siria contra Bashar al-Assad, dominada por un conjunto de milicias islamistas vinculadas a la CIA, a que buscasen asistencia indirecta en lugar de una intervención directa de Washington.

Ahora, como era de esperar, Achcar apoya el suministro de armas a las milicias de extrema derecha ucranianas por parte la OTAN, desarrollando sin rodeos un argumento proimperialista. “Estamos a favor de la entrega incondicional de armas defensivas a las víctimas de la agresión, en este caso, al Estado ucraniano que lucha contra la invasión rusa de su territorio” escribe en un artículo ya refutado por el WSWS. Achcar acusa falsamente a cualquier oponente de la OTAN de “campismo” prorruso.

El artículo de Achcar también provocó una respuesta en la revista Contretemps, del profesor Stathis Kouvélakis, antiguo miembro del estalinista Partido Comunista Francés (PCF), el NPA y Syriza.

Kouvélakis se unió al PCF mientras estudiaba en Francia en la década de los 80, tras la alianza gubernamental del PCF con el Partido Socialista (PS) del presidente Mitterrand para imponer un “giro de austeridad” a los trabajadores. Profesor del King's College de Londres entre 2002 y 2020, se unió a la Liga Comunista Revolucionaria (Ligue communiste révolutionnaire, LCR) en 2005, antes de convertirse en 2009 en NPA. Después se desempeñó como miembro del comité central de Syriza entre 2012 a 2015.

En 2014-2015, Syriza hizo campaña prometiendo detener la política de austeridad europea que estaba devastando Grecia. Tras llegar al poder en enero de 2015, y mientras Kouvélakis era miembro del comité central de Syriza, prometió a la Unión Europea, en febrero de 2015, mantener las “reformas estructurales” impuestas a Grecia. Posteriormente impuso 13.000 millones de euros en medidas de austeridad en julio. Poco después, Kouvélakis se fue de Syriza, no sin decir que “la palabra ‘traición’ no es apropiada si quieres entender lo que está pasando”.

En su artículo, Kouvélakis advierte sobre la oposición a la OTAN entre grandes masas de trabajadores en China, India, Vietnam y América Latina. En estos países, escribe, “el discurso moral de Estados Unidos y de los países occidentales, y su defensa del derecho, tan selectiva que resulta absurda, se perciben ampliamente como lo que son, es decir, una monumental hipocresía al servicio de una empresa de dominación”.

Kouvélakis analiza la expansión de la OTAN hacia el este desde la disolución estalinista de la Unión Soviética en 1991 al absorber Polonia y otros ex miembros del bloque soviético. Critica a quienes llaman a Vladimir Putin 'una persona desequilibrada que fantasea con el 'cerco' de Rusia por parte de potencias hostiles. No, lamentablemente todo esto es cierto y comenzó mucho antes que Putin”.

A pesar de estas confesiones, Kouvélakis acaba poniéndose de acuerdo con Achcar. Al denunciar a Rusia como una “potencia imperialista secundaria y regresiva”, caracteriza el conflicto como una guerra de liberación nacional de Ucrania. Dice lo siguiente: “Una cosa es cierta: esta guerra no puede ser de ninguna manera la guerra de las fuerzas que luchan por la emancipación humana; por sus objetivos y su propia lógica, es su exacta negación. Es una agresión dirigida contra el pueblo ucraniano”.

Esta definición de guerra proporcionada por Achcar y Kouvélakis es reduccionista y, en última instancia, falsa. Si bien está claro que la invasión rusa de Ucrania es reaccionaria y divide a los trabajadores rusos y ucranianos, también está claro que Rusia y Ucrania están lejos de ser los únicos combatientes. La OTAN está gastando miles de millones de euros en armar a las fuerzas armadas y milicias nacionalistas ucranianas, que sirven como conducto para una guerra dirigida por la OTAN contra Rusia.

Este conflicto no puede entenderse de forma aislada de la política llevada a cabo por parte de las potencias imperialistas de la OTAN desde la disolución estalinista de la Unión Soviética en 1991. Washington y sus aliados han intentado imponer su dominio en una serie de guerras imperialistas en Irak, Yugoslavia, Afganistán, Libia, Siria, Malí y más allá. Al mismo tiempo, la OTAN estaba absorbiendo a los países del antiguo bloque soviético en Europa del Este y tratando de enfrentar a las antiguas repúblicas soviéticas entre sí.

Desde la instauración de un régimen pro-OTAN en Ucrania en febrero de 2014, en un golpe liderado por fuerzas de extrema derecha tras las protestas de Maidan en Kiev, la OTAN ha utilizado a Ucrania para enfrentarse a Rusia.

Révolution Permanente en cambio, se toma muy en serio las apologías de la OTAN formuladas por Achcar y por Kouvélakis y trata de distinguir doctrinalmente a cuál de los dos profesores le gusta más:

Aunque el argumento de SK tiene la ventaja de destacar la internacionalización de la guerra en Ucrania y el papel de la OTAN, estos elementos no son suficientes para definir la guerra como un simple 'conflicto interimperialista', y menos aún como una 'guerra imperialista mundial no declarada', como algunos llegan a decir. En este sentido, GA tiene razón al señalar que una guerra interimperialista es 'una guerra directa, no una guerra por delegación', pero se equivoca al negarse a ver la innegable dimensión internacional de la guerra en Ucrania.

Aquí, Révolution Permanente falsea la naturaleza de la guerra y minimiza los enormes peligros que representa para los trabajadores. En realidad, el conflicto que la OTAN libra contra Rusia al armar a las milicias nacionalistas ucranianas es una “guerra mundial imperialista no declarada”. El mayor peligro es el de una escalada, donde la OTAN y Rusia comenzarían a pelear no solo dentro sino también fuera de las fronteras de Ucrania, provocando una guerra mundial a gran escala, librada con armas nucleares.

Otra falsificación política de Révolution Permanente, como de toda la pseudoizquierda, es llamar a Rusia una potencia “imperialista”. La invasión de Putin es sin duda reaccionaria: divide a los trabajadores ucranianos y rusos y allana el camino para una intervención militar intensificada de la OTAN en la región. Pero llamar a Rusia una potencia imperialista falsifica la historia y las relaciones de poder internacionales que subyacen a la guerra.

Rusia, un régimen capitalista nacido de la disolución estalinista de la Unión Soviética, no es ni más poderosa ni más agresiva que la OTAN. El PIB de Rusia es de aproximadamente 1,7 billones de dólares, aproximadamente 20 veces menos que el de la OTAN. Su población de 144 millones es seis veces menor que la de la OTAN, sus fuerzas armadas (alrededor de 1 millón de soldados regulares) tres veces más pequeñas que las de la OTAN. Y mientras los ejércitos de la OTAN están en las fronteras de Rusia, son los bancos de los países de la OTAN los que se quedan con las ganancias de las exportaciones de Rusia, y no al revés.

Révolution Permanente, por su parte, juzga que los debates reaccionarios entre Achcar y Kouvélakis “plantean la cuestión de qué política necesitamos para el convulsivo período que se avecina”, concluyendo:

Si la respuesta a la situación ucraniana constituye una prueba decisiva para todo el período venidero, la posición formulada por GA nos parece que abre la vía a un peligroso alineamiento detrás de la OTAN, mientras que la de SK tiene el límite de subestimar el papel que podrían desempeñar los trabajadores y los pueblos en la escena política.

Sin embargo, Révolution Permanente no dice más sobre el papel que podrían jugar los trabajadores. De hecho, es Révolution Permanente la que también está alineada detrás de la OTAN, y su propia propaganda subestima el papel que podrían jugar los trabajadores para detener la guerra. Para detener la guerra y evitar que conduzca a una guerra nuclear, los trabajadores tendrán que no sólo invadir sino luchar conscientemente contra los aparatos sindicales y políticos que encubre Revolución Permanente. El WSWS explicó en su respuesta a Achcar:

La tarea de un partido marxista, frente al peligro de una guerra mundial, es unir a los trabajadores internacionalmente contra la propaganda bélica en la que la clase dominante trata de ahogar a la opinión pública de todos los países. Desenmascarar las falsificaciones históricas y las mentiras políticas que utilizan cada clase dominante para abogar por la guerra arma a la clase obrera para intervenir, como lo hicieron los bolcheviques en la revolución de octubre de 1917 en Rusia durante la Primera Guerra Mundial, para detener la guerra y derrocar el orden social que la originó.

Tal política requiere desenmascarar, primero, los círculos político-sindicales pequeñoburgueses que los medios de comunicación de la patronal hacen pasar por la “extrema izquierda” y el “movimiento obrero”. Estos están totalmente integrados al aparato de propaganda imperialista. Así, no sólo el NPA, sino también la CGT, sindicato históricamente estalinista y pro-Moscú, y también el partido Lutte Ouvrière (Lucha Obrera), dan un apoyo más o menos abierto a la OTAN en Ucrania.

Estas organizaciones han virado mucho hacia la derecha desde que los antepasados políticos pablistas del NPA rompieron con el trotskismo y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) hace 70 años. Los burócratas y profesores pequeñoburgueses de esa época dependían del maná financiero de los grandes sindicatos y especialmente del Estado soviético dominado por los estalinistas. Los pablistas rompieron con el CICI en 1953, insistiendo en que el PCF era el único partido que podía liderar las luchas obreras en Francia.

Desde la disolución estalinista de la Unión Soviética y el colapso de los aparatos sindicales nacionales, este entorno social ha evolucionado como grupos pequeñoburgueses durante décadas. Aturdidos por la desaparición de la Unión Soviética, cuya realización cumplió con las advertencias de Trotsky sobre el papel del estalinismo, se reorientaron rápidamente hacia la OTAN. Enriquecidos por la bolsa de valores y empleados en aparatos sindicales y universidades financiadas con créditos estatales y organizaciones patronales, identifican instintivamente sus intereses con los del imperialismo.

Sobre todo, sirven para desmoralizar a capas de votantes y trabajadores que podrían formar la base de un movimiento de izquierda. La tarea de construir un movimiento antibelicista en contra del peligro de una guerra mundial nuclear requiere una oposición irreconciliable a la política reaccionaria del pablismo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 1 de abril de 2022)

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