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Shanghái sale del confinamiento tras vencer ómicron

Shanghái, ciudad de 26 millones de habitantes y centro comercial de China, ha repelido la variante ómicron en sólo dos meses con menos de 600 muertos. La infraestructura y la economía de la metrópoli están intactas, y ahora se están tomando medidas para levantar el confinamiento. Las autoridades sanitarias y municipales anunciaron el sábado su intención de poner fin formalmente al cierre después del miércoles, tras haber relajado las restricciones la semana pasada.

Mientras tanto, Europa y EE.UU. han mentido repetidamente a su población diciendo que poco se podía hacer contra la variante contagiosa y que debían actuar solos, ya que la apertura de la economía sigue siendo esencialmente una prioridad. Estas mentiras han ido acompañadas de una escabrosa campaña de calumnias contra China, en la que se ha presentado su exitosa y ampliamente popular política de 'Cero- COVID' como una infracción inaceptable de los derechos de la población.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se unió al coro la semana pasada, desestimando la política pandémica de China como un fracaso mientras aclamaba los desastrosos resultados de la India como un triunfo de la democracia.

Para poner en contexto la flagrante mentira de Biden, China e India tienen poblaciones comparables de más de 1.400 millones de personas cada una. El recuento oficial de muertes por COVID de la India se acerca a las 525.000, mientras que el de China apenas supera las 5.000, cien veces menos.

La disparidad es aún más dramática. Según el reciente informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el exceso de muertes en el mundo entre enero de 2020 y diciembre de 2021, una medida más precisa del impacto de la pandemia, India sufrió 4,74 millones de muertes en exceso, la mayor cantidad de todos los países.

Durante el mismo periodo, China experimentó menos muertes de las que se hubieran previsto, con una cifra negativa de 52.000 muertes en exceso. Las medidas adoptadas para suprimir la pandemia de COVID-19 tuvieron en realidad un efecto indirecto al reducir también las muertes por otras causas.

También vale la pena comparar a EE.UU. y a China sobre el estado de la pandemia de COVID teniendo en cuenta la maliciosa declaración de Biden. Desde la pandemia, Estados Unidos ha registrado más de un millón de muertes por COVID, con una población 4,2 veces menor que la de China. En una tasa per cápita, el 'líder del mundo libre' mató a uno de cada 330 de sus propios ciudadanos. La tasa per cápita de China fue de una infinitesimal de cada 250.000 personas.

En el último recuento, el número total de muertes por COVID en la China 'autocrática' ha alcanzado las 5.226 en 31 regiones de nivel provincial, muy por debajo incluso de la incursión de Hong Kong con ómicron, que se cobró más de 9.000 vidas con sólo 7,5 millones de habitantes.

La oleada de ómicron en China comenzó a principios de marzo. Mientras que los contagios diarios se estabilizaron rápidamente en la provincia septentrional de Jilin, el retraso en iniciar medidas estrictas en Shanghái provocó una transmisión comunitaria cada vez más acelerada allí. El 27 de marzo, la propagación de las infecciones en la metrópolis provocó un cierre gradual que puso a toda la región en estricto aislamiento.

A pesar de los errores y la confusión inicial derivado de un esfuerzo de salud pública masiva y nunca antes iniciado, el proceso de pruebas masivas, rastreo de contactos, aislamiento y cuarentena, incluyendo la administración de atención médica a los infectados, en poco más de dos meses, la marea de infecciones se había revertido.

La línea de tendencia del COVID en China desde el 1 de marzo (Fuente: WSWS media)

Tras alcanzar un máximo en la media de siete días de 26.109 casos diarios el 15 de abril, la media de siete días ha descendido hasta un mínimo de 426 casos diarios. Según la Comisión Nacional de Salud de la República Popular China, el país notificó ayer 293 nuevos casos de COVID, de los cuales 211 eran asintomáticos y 82 sintomáticos. Setenta y ocho de estos casos fueron importados, lo que deja 215 casos de transmisión local.

En Shanghái, el epicentro del brote de ómicron en la China continental, sólo se notificaron 122 casos de COVID en las últimas 24 horas. Ayer no se informó de ninguna muerte, lo que deja el total de muertes por COVID en Shanghái en 591.

En comparación, los Estados Unidos registraron ayer cerca de 110.000 casos de COVID. Sin embargo, dado el casi completo desmantelamiento de los rastreadores de COVID en la mayoría de los estados, estas cifras son un gran subregisto. A pesar de la persistencia de la discusión mediática sobre la pandemia en tiempo pasado, la media de siete días de muertes ha subido a más de 370 al día, lo que significa que morirán más estadounidenses en dos días durante la supuesta tregua de casos que ciudadanos chinos en tres meses de brote. En el tiempo que China ha tardado en hacer retroceder el COVID, con apenas 600 muertes, otros 50.000 estadounidenses murieron a causa de la enfermedad.

Aunque la transición a la normalidad en Shanghái se produce a un ritmo deliberado, se permite a la gente salir de sus casas y los negocios locales están reabriendo. La mayor parte de la población vive actualmente en la categoría de 'prevención' de menor riesgo, lo que significa que no se ha detectado ningún caso en más de dos semanas.

A partir del 1 de junio, la ciudad flexibiliza los requisitos de la prueba PCR de 48 a 72 horas para utilizar el transporte público o entrar en edificios públicos. Para los que planean salir de la ciudad, se requiere una prueba de PCR en 48 horas, seguida por una prueba rápida de antígenos en 24 horas, y la entrada en la ciudad necesita una prueba de PCR en 48 horas.

Según Wu Huanyu, subdirector del Centro Municipal de Control y Prevención de Enfermedades de Shanghái, cuando se detecta una infección adquirida en la comunidad, los rastreadores de contactos se dirigen al lugar e investigan los contactos cercanos y secundarios para contener la propagación y el rebrote. Además, en estos casos se realiza una secuenciación genética para determinar el origen de la infección por COVID.

Según la publicación de la ciudad, Shine, 'Casi 1.700 empresas de producción clave, 450 instituciones financieras y 580 empresas de comercio exterior han restablecido su actividad en Pudong. Un total de 660 supermercados y 41 mercados húmedos han reabierto, junto con centros comerciales emblemáticos como el Taikoo Li Qiantan y el 1 Yaohan, que han estado recibiendo clientes. Todas las líneas de autobús dentro de Pudong se restablecerán a partir del lunes, junto con todos los centros de servicios comunitarios'.

La capital, Beijing, respondió rápidamente al brote del 22 de abril que amenazó a la ciudad. Reuters informó ayer de que un portavoz del gobierno dijo durante una reciente conferencia de prensa que el brote se ha puesto 'efectivamente bajo control' sin tener que recurrir a un cierre de la ciudad.

En los ocho de los 16 distritos de Beijing, con cero casos comunitarios durante siete días consecutivos, se abrieron el domingo centros comerciales, bibliotecas, museos, teatros y gimnasios. El transporte público se reanudará en tres distritos, incluyendo el más grande, Chaoyang. Las comidas en interiores siguen prohibidas en toda la ciudad.

Si se planteara el resultado contrafáctico, un reciente estudio de la Universidad de Fudan de Shanghai, publicado en la revista Nature Medicine, concluyó que si China abandonara su política de Cero COVID, ómicron provocaría 112 millones de casos sintomáticos en seis meses, 5,1 millones de ingresos hospitalarios y 1,6 millones de muertes.

Además del desbordamiento total de sus sistemas sanitarios, esta medida tendría consecuencias nefastas a largo plazo que incluyen el sometimiento de millones de personas a la COVID larga y la posible aparición de nuevas cepas virulentas del virus del SARS-CoV-2.

La prensa financiera ni siquiera ha discutido la cuestión del impacto en la economía mundial si China abandonara el Cero-COVID. Los actuales intentos de culpar a China de la recesión económica mundial son puramente políticos. Si se permitiera la propagación del virus sin ninguna medida de salud pública para frenar la marea de infecciones, los resultados serían catastróficos tanto para la población como para la economía mundial.

Con la previsión de nuevas oleadas de infecciones, el continuo peaje de infecciones y reinfecciones en la salud de la población tendría consecuencias incalculables que durarían generaciones. Ni China ni ningún otro país puede suprimir una pandemia mundial. Sólo la clase obrera internacional puede imponer una política de Cero-COVID globalmente, ignorando todas las pretensiones de beneficio corporativo y 'seguridad nacional' que dictan las políticas de todos los estados capitalistas.

(Publicado originalmente en inglés el 29 de mayo de 2022)

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