Español

Las elecciones colombianas pasan a segunda vuelta entre amenazas golpistas y falsas promesas de cambio

El domingo tuvo lugar la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, que definen una segunda vuelta que tendrá lugar el 19 de junio. Será una contienda entre el candidato oficial de la izquierda, Gustavo Petro, y el fascistoide Rodolfo Hernández, a quien se ha apodado el 'Trump colombiano'.

La gente pasa por delante de un mural de campaña del candidato presidencial Rodolfo Hernández en Bogotá, Colombia, el 20 de mayo de 2022. [AP Photo/Fernando Vergara] [AP Photo/Fernando Vergara]

En un país que en los últimos tres años ha sido testigo de una serie explosiva de protestas y huelgas masivas contra los brutales niveles de desigualdad social y violencia estatal, ambos candidatos, que se presentan como ruptura con el sistema político tradicional, asumen el reto de restablecer la estabilidad del régimen burgués en crisis en Colombia.

Esta es la segunda vez que Petro, representante de la coalición de pseudoizquierda Pacto Histórico, llega a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. En 2018, la disputó contra el actual presidente de extrema derecha, Iván Duque. A lo largo de la campaña de este año, apareció constantemente en las encuestas de intención de voto como el candidato favorito y recibió el 40,3 por ciento de los votos el domingo. En cambio, Hernandéz, que obtuvo el 28 por ciento de los votos, fue un sorprendente vencedor y pasará a la segunda vuelta.

Hasta hace unas semanas, el millonario y ex alcalde de la ciudad de Bucaramanga era considerado un político poco conocido a nivel nacional. Ahora, Hernandéz ya aparece ligeramente por delante de Petro en las encuestas.

Las comparaciones entre Hernandéz y Trump, así como con su aliado latinoamericano, el fascista presidente brasileño Jair Bolsonaro, tienen su punto. Combina rasgos bufonescos con una retórica ultrarreaccionaria —en 2016, afirmó en una entrevista: 'Soy un seguidor de un gran pensador alemán. Su nombre es Adolf Hitler'—, sobre todo en lo que respecta a la lucha contra la corrupción. Presentado por la recién creada Liga de Gobernantes Anticorrupción, el propio Hernandéz está siendo investigado por corrupción en contratos firmados durante su administración de Bucaramanga.

El hecho de que este grotesco personaje se haya presentado de repente como uno de los principales contendientes en la carrera presidencial es un testimonio de la degeneración del régimen político colombiano. El candidato de la derecha tradicional, Federico Gutiérrez, al que hasta el último momento se refería la prensa como el 'único capaz de disputarle la victoria a Petro', fue rechazado (obtuvo el 23 por ciento de los votos) por llevar la podrida candidatura del expresidente Álvaro Uribe y de su detestado discípulo, el actual presidente Duque.

Las actuales elecciones están marcadas al mismo tiempo por crecientes amenazas de golpe de Estado y por una injerencia sin precedentes de los militares en la política colombiana.

El Ministerio Público anunció a finales de abril que abrirá una investigación contra el comandante del Ejército Eduardo Zapateiro por intervenir en la campaña presidencial con una serie de tuits amenazantes contra Petro por criticar a los militares. Zapateiro escribió: 'Nunca he visto a un general en televisión recibiendo dinero mal habido. Los colombianos te han visto recibiendo dinero en bolsas de basura', refiriéndose a un escándalo de corrupción del que Petro fue absuelto. Terminó los tuits 'exigiendo respeto' para el candidato del Ejército. La manifestación de Zapateiro fue apoyada abiertamente por Duque.

Otros militares se pronunciaron en contra de Petro, planteando que el candidato pertenecía a la guerrilla castrista M-19. El coronel retirado José Marulanda, presidente de la Asociación Colombiana de Oficiales Retirados (ACORE), dijo que un sector de los militares ve a Petro con 'cierto temor y miedo', informó AFP. 'Sentimos que tiene un resentimiento muy claro contra los militares y policías, que fueron los que murieron por sus compañeros del M-19 en combate', dijo.

Junto a estos actores locales, un papel decisivo en los asaltos a la democracia en el país lo juega Washington, que tiene en Colombia su principal base política y militar en América Latina. En febrero, la subsecretaria de Estado estadounidense, Victoria Nuland, tras participar en conversaciones de alto nivel sobre seguridad en Bogotá, anunció que 'actores extranjeros' estaban intentando subvertir las elecciones en Colombia. Nuland anunció que, en respuesta, los militares y agentes de inteligencia estadounidenses trabajarían junto a sus colegas colombianos para garantizar unas elecciones 'libres y justas'.

Estos episodios son expresión de un proceso universal de corrosión de las formas democráticas burguesas de gobierno y de un avance de las amenazas dictatoriales fascistas. Crisis similares, con amenazas de golpes electorales y de intervención militar, han marcado las más recientes elecciones presidenciales en países latinoamericanos como Perú y Bolivia, y ya dominan las futuras elecciones presidenciales brasileñas que tendrán lugar en octubre.

La crisis del régimen capitalista en Colombia es un ejemplo de ello. Con un sistema político bipartidista de larga duración establecido desde 1853, el país se consideraba portador de una estabilidad política excepcional en América Latina, al no haber experimentado ni regímenes militares durante el siglo XX ni gobiernos nacionalistas burgueses de la 'Marea Rosa' en las últimas décadas. El uribismo, al presentarse como una alternativa política a la crisis de los partidos Conservador y Liberal, dio lugar al gobierno de Duque, que dejará el poder tras un único mandato como una de las administraciones presidenciales más impopulares de la historia.

Los dos factores fundamentales de esta crisis política son, por un lado, la crisis del sistema capitalista mundial, que está teniendo un impacto devastador en las economías latinoamericanas basadas en las materias primas, y por otro, la agudización de la lucha de clases a un nuevo nivel histórico.

Colombia fue definida por el Banco Mundial como 'uno de los países más desiguales del mundo'. Es el segundo país más desigual de América Latina y el Caribe, sólo por detrás de Brasil, y el más desigual entre los miembros de la OCDE. La desastrosa respuesta procapitalista del gobierno de Duque a la pandemia del COVID-19 ha profundizado las ya extremas condiciones sociales, llevando a otros 3,6 millones de colombianos a la pobreza.

Esta grave crisis social ha estimulado repetidos paros nacionales desde 2019, que han sacado a las calles a cientos de miles de trabajadores y jóvenes colombianos enfurecidos, y que fueron precariamente controlados por las federaciones sindicales y las asociaciones de agricultores en colaboración con el gobierno de derecha. El empleo de la violencia estatal asesina contra los manifestantes y la población en general, que Duque promovió en continuidad con las políticas de su mentor, Uribe, intensificó la ira popular y estalló en otra serie de protestas masivas.

Mientras que el crecimiento electoral de Petro está directamente vinculado a la creciente oposición social y al rechazo al régimen político capitalista, un posible gobierno de Pacto Histórico se mostraría incapaz de responder a las cuestiones candentes para la clase trabajadora colombiana. La derrota de Petro en las elecciones de 2018 se debió en gran medida a su identificación con las impopulares políticas de austeridad del gobierno de Unidad Nacional de Juan Manuel Santos, apoyado por Petro.

Resumiendo las razones de su actual proyección política, Petro declaró en una entrevista con The Economist: 'Ahora, si logro ganar una mayoría, como sugieren las encuestas... [es] porque el modelo económico y político en el que se sustentaba el uribismo se ha desmoronado. Por el lado económico, era el petróleo, el gas y la cocaína. Y por el lado político, la destrucción de las FARC proporcionaba una narrativa unificadora, pero ahora ya no existen'.

A pesar de reconocer el agotamiento de estas bases económicas y políticas, Petro no tiene alternativas que ofrecer más allá de afrontar el déficit fiscal del Estado —lo que necesariamente implicará más políticas de austeridad— y promesas apenas tangibles de reactivar el sector industrial del país frente a la economía actual, esencialmente extractiva. Tratando de presentarse como un fiel representante de los intereses nacionalistas de la burguesía colombiana, se esfuerza por disipar cualquier asociación con un programa de confrontación a los intereses lucrativos capitalistas.

En la misma entrevista con The Economist, afirmó que 'la caricatura sobre mi programa ha sido que vamos a expropiar empresas, como si quisiéramos crear una economía soviética. Nunca he sugerido eso, ni siquiera en mis días de guerrillero'. Aclara que su movimiento, el M-19, era partidario de la idea que basaba la constitución de 1991 de 'una economía de mercado socialdemócrata, como la llaman los alemanes. Con derechos universales y respeto a la propiedad privada, así como a la libre empresa'. Es decir, asume su relación umbilical con el régimen político capitalista que está siendo rechazado masivamente por la clase obrera colombiana.

Al no poder apelar con este programa reaccionario a la insatisfacción generalizada de la juventud y los trabajadores, la tarea de dar aires de radicalidad a la campaña del Pacto Histórico se entregó de lleno a su candidata a la vicepresidencia, Francia Márquez. Mujer negra, procedente de los sectores más empobrecidos de la sociedad colombiana, y activista de las políticas medioambientales y de identidad, Márquez promete representar una renovación de la política colombiana. En un momento dado, se enfrentó públicamente a Petro durante la campaña ante su oposición reaccionaria a la legalización del aborto.

Sin embargo, a pesar de los eslóganes pseudoizquierdistas en contra del racismo estructural y el patriarcado, Márquez no aboga por una ruptura con el sistema capitalista, ni tiene ninguna conexión remota con el movimiento socialista. Ha sido comparada acertadamente por una experta en política colombiana del Hampshire College, Roosbelinda Cárdenas, con la congresista estadounidense Alexandria Ocasio-Cortez y el grupo de pseudoizquierda del Partido Demócrata, el Squad. 'Al igual que las mujeres radicales de color que se han atrevido a presentarse en el Congreso de los Estados Unidos 'como iguales', la sola presencia de Francia Márquez en las elecciones presidenciales de Colombia hace sonar el statu quo', dijo Cárdenas a The Nation. Pero, en lugar de 'hacer vibrar el statu quo', una vez en el poder, Ocasio-Cortez se ha dedicado a denunciar cualquier oposición de la izquierda a la administración de Biden como 'mala fe', y a defender el armamento masivo del imperialismo estadounidense a Ucrania en su guerra por delegación contra Rusia.

En caso de que tome el poder, el destino de un gobierno del Pacto Histórico será el mismo que el de sus homólogos pseudoizquierdistas en América Latina: implementar políticas antisociales y reprimir las luchas de la clase obrera en nombre de mantener una unidad nacional de la burguesía, mientras se prepara el camino para el ascenso del fascismo, que perseguirá permanentemente su inestable administración política.

(Publicado originalmente en inglés el 1 de junio de 2022)

Loading