Slavoj Žižek, una celebridad en ciertos círculos académicos y pseudoizquierdistas, escribió dos veces en el Guardian en apoyo a la guerra indirecta de la OTAN contra Rusia en Ucrania.
El mismo título de cada artículo hace el punto principal y deja muy poco a la imaginación política del lector. El más reciente, publicado el 21 de junio, inicia así: “El pacifismo es la respuesta equivocada a la guerra en Ucrania –lo menos que le debemos a Ucrania es un apoyo completo, y para hacer esto necesitamos una OTAN más fuerte—”. El artículo anterior, publicado el 23 de mayo, comienza desde un origen ideológico semejantemente inconfundible: “Una pregunta como ‘¿Cruzó una línea el intercambio de inteligencia estadounidense con Ucrania?’ resta importancia al hecho de que fue Rusia que cruzó la línea al invadir Ucrania”.
Tal posición pudo haber sido planteada por muchos autores e instituciones proguerra y proimperialistas. En este sentido, las intervenciones de Žižek son una gota en el balde miserable de propaganda bélica arrojado a diario a la población por los medios de comunicación burgueses.
De hecho, ponen al autor en la rama más intransigente y strangeloviana de los defensores de la OTAN. En el artículo más reciente, por ejemplo, Žižek aboga por un rechazo “incondicional” de cualquier solución negociada que involucre alguna concesión territorial a Rusia, incluso en la región del Dombás, poblada mayoritariamente por rusófonos. En el otro artículo, desecha la “obsesión con las líneas rojas”, es decir, considerar la respuesta de Rusia a una intensificación del conflicto por parte de la OTAN, como proveer inteligencia para hundir el buque de guerra ruso Moskva o asesinar generales rusos.
Como muchos de los intelectuales burgueses convencionales, Žižek despotrica contra los que se atreven a cuestionar la narrativa oficial sobre la guerra en Ucrania, provee una tapadera política para las maquinaciones presentes y futuras del verdadero imperialismo, y, al agitar a favor de una intensificación de la guerra, nos acerca aún más a un conflicto global de consecuencias insondables.
Žižek trae a este asunto sórdido no solo su marca distintiva de bufonería servil, pero también la influencia que retiene entre secciones de la pseudoizquierda, particularmente en el ámbito académico. Por más serias y aburridas que sean las tesis reaccionarias iniciales de estos artículos, lo que sigue es extraordinariamente fantasioso: tonterías pseudofilosóficas que involucran a todos desde John Locke hasta John Lennon, analogías históricas contorsionadas de que, por ejemplo, los “izquierdistas” que “demuestren comprensión hacia Rusia” son como los que abogaban por la neutralidad entre los nazis y los aliados antes de 1941, y más.
Este es el análisis de Žižek de los cálculos geopolíticos de Rusia para antes y después de la guerra:
Primero, Putin una vez afirmó algo semejante a la idea de que existir sin soberanía esencialmente reduce al país al estado de una colonia. A partir de esto, Žižek rápidamente deduce que Putin busca colonizar Ucrania. Naturalmente, el “punto de vista imperial” de Putin no solo lo lleva a amenazar a los países bálticos y Finlandia con la esclavitud colonial, sino también, a dar un salto geográfico radical, y amenazar también a Bosnia, Kosovo y, en última instancia, toda Europa.
Si eso no fuera suficiente, según Žižek existe un complot ruso aún más siniestro.
Rusia no es simplemente indiferente a las preocupaciones ambientales, sino que busca “sacar provecho del calentamiento global”. Lo fomenta junto con sus otros complots nefarios para tomar control de las rutas de transporte del Ártico mientras se derriten los casquetes polares. Esta es la verdadera razón, no la extensión de las fronteras de la OTAN ni la acumulación de activos militares junto a territorio ruso, por la que, según Žižek, Rusia está “tan enojada con los países escandinavos cuando expresaron su intención de unirse [a la OTAN]”.
Pero hay más. Después de tomar control de Ucrania en su totalidad y “desarrollar” una Siberia recién frondosa, Rusia “dominará hasta tal grado la producción alimenticia que pudiere chantajear a todo el mundo”. Presuntamente, como lo diría un personaje de Mike Myers, para extorsionar a una comunidad global indefensa… por un millón de dólares.
No tenemos nada de simpatía política hacia Putin ni su régimen. Pero confiamos en que los lectores reconocerán el carácter caricaturesco del relato de Žižek, así como la parcialidad total de sus sensibilidades políticas fantasiosas.
Después de cuatro meses de guerra, Rusia ya demostró ser incapaz de emplear su fuerza militar para derrotar decisivamente a un país en su frontera inmediata. Su economía, en algunos aspectos, se parece a la de un país del tercer mundo, en la medida en que depende de los recursos primarios que exporta, tales como el gas natural y el petróleo. En cuanto a los hechos de que, desde el colapso de la URSS, la OTAN ha avanzado 1.300 kilómetros hacia el este de varias maneras, que el imperialismo tiene una presencia y bases militares por doquier, que gasta más en lo que llama eufemísticamente su “defensa” que la suma combinada de las próximas diez potencias y significantemente más de 10 veces más que Rusia, Žižek no tiene nada que decir sobre eso.
Mientras es poco probable que el intento de análisis geopolítico de Žižek convenza a alguien a unirse a la causa de la OTAN, su objetivo es distinto. Žižek intenta proveer una tapadera izquierdista a su grito de guerra promoviendo la idea de que es posible tener una OTAN más amable y gentil que libre guerras más amables y gentiles si Europa asume un papel más independiente en la alianza.
Las críticas fantasiosas de Žižek ignoran en gran medida al imperialismo estadounidense, especialmente sus maquinaciones prolongadas en Ucrania y Europa del este. Sus artículos incluyen dos líneas descartables sobre Trump y una admisión de que George W. Bush cometió crímenes de guerra en Irak como lo hace Putin ahora en Ucrania. No es de extrañar que Žižek, quien apoyó a Obama en 2008 y 2012, no tenga nada que decir sobre las provocaciones realizadas por la Administración de Biden contra Rusia. Sin embargo, el imperialismo estadounidense todavía sirve como un contrapunto “malo” a la “buena” Europa.
Según Žižek, Europa ha estado “ignorando la realidad brutal fuera de sus fronteras” y “ha llegado la hora de despertarse” para que “no se pierda el legado europeo”.
No es la primera vez que Žižek invoca a Europa de esta forma, para promocionar la ilusión de que representa y podría representar un capitalismo menos bárbaro y una política exterior más humana.
Incluso los ataques viciosos de Žižek contra los trabajadores inmigrantes en Alemania después de los incidentes en Colonia en la víspera del Año Nuevo de 2015, puntuados con denuncias a las clases bajas, exigencias de controles fronterizos y el uso de las fuerzas militares, todavía mencionaban la idea de que, a diferencia del modelo estadounidense, “El capitalismo europeo… tiene algo que ofrecer al mundo”.
La invocación por Žižek de una Europa progresista es falsa. ¿Qué existe de las antiguas socialdemocracias europeas después de décadas de políticas de austeridad, a menudo realizadas por los mismos partidos socialdemócratas? Lejos de un continente dormido en un estado de inocencia pasiva que está a punto de ser despertado bruscamente por el comportamiento de Putin, Europa ya es un lugar violento, tanto dentro como en sus fronteras. La masacre reciente de docenas de refugiados en la ciudad autónoma española de Melilla es un ejemplo de muchos.
Pero es aún más falsa la noción de Žižek de que, más allá de los méritos políticos “izquierdistas” que Europa tenga, pueden ser preservados y avanzados a través de un nuevo compromiso militar contra Rusia en Ucrania y dentro del marco institucional de la OTAN.
Impulsada por el conflicto en Ucrania, Alemania ya ha triplicado su gasto militar y enviado señales de que planea poner en práctica estos activos contra Rusia. ¿Qué resultado “progresista” podría tener esto? ¿Cómo es que no entregaría la llave a los estratos más fascistizantes y agresivos de la burguesía, no solo en la política exterior, sino en el ámbito nacional también?
Hay un rasgo más del argumento de Žižek que vale la pena examinar: su declaración de apoyo por Julian Assange, y de hecho una exigencia por su “liberación inmediata”. Esto aparece en su artículo más reciente, escrito el mismo día en que la extradición de Assange a los Estados Unidos fue aprobada por el Gobierno británico.
Žižek hace esta declaración mientras discute el desliz reciente de George W. Bush con respecto a la guerra en Irak y una vez más para intentar justificar su apoyo a la OTAN. Afirma que los crímenes de Bush son “comparables completamente con lo que hace Putin en Ucrania”. En realidad, no lo son (Véase también: “ George W. Bush dice accidentalmente la verdad sobre la guerra de Irak ”). Luego anota que, desde que Assange expuso la magnitud de los crímenes de guerra, los que se oponen a la invasión rusa deben abogar también por su liberación.
La defensa de Assange hecha por Žižek es una postura vacía y cínica, insertada en un argumento político calculado para fortalecer a las mismas fuerzas que son responsables por el hostigamiento, el encarcelamiento y la tortura de Assange. Además de Estados Unidos, están implicadas las potencias europeas como Reino Unido y Suecia, a las que Žižek elogia demagógicamente para crear la ilusión de que es posible mejorar la OTAN.
La guerra en Ucrania ha llevado hasta la superficie el carácter fundamentalmente reaccionario de la teoría y la política de la pseudoizquierda. Esta tendencia fingió que un subjetivismo virulentamente irracionalista era una variedad de pensamiento izquierdista. De hecho, afirmaron ser defensores e innovadores del pensamiento marxista. Esta charlatanería intelectual ha sido expuesta más claramente por Slavoj Žižek.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 15 de julio de 2022)
