Español
Perspectiva

El Partido Comunista de China se dirige a una política de “inmunidad colectiva”

Pretendiendo recalibrar la política “dinámica de cero COVID”, el Partido Comunista de China (PCCh) liderado por Xi Jinping está adoptando rápidamente una política de “inmunidad colectiva”, otro término que significa el contagio masivo de la población. Ante una crisis económica en casa y bajo las presiones conjuntas del capital financiero internacional y las provocaciones militares del imperialismo estadounidense, el Gobierno de Xi está abandonando la política de “cero COVID” que ha salvado millones de vidas.

El levantamiento de las medidas de “cero COVID” en China provocará un nivel masivo de muertes en el país. No hay ninguna incertidumbre sobre el resultado que tendría “vivir con el virus” en China. Los últimos tres años han demostrado la magnitud enorme del sufrimiento y las muertes que implica inevitablemente tal política: la saturación de los hospitales, los congeladores para almacenar cuerpos, entierros masivos y una población de sobrevivientes aquejada por el duelo el COVID persistente. Las cifras de más de 1,1 millones de estadounidenses y un exceso de mortalidad mundial de 20 millones ilustran lo que presagia dejar a una nación de 1,4 mil millones a merced de la pandemia.

Un reporte de Reuters el fin de semana intitulado “Cuántas personas podrían morir si China relaja las restricciones anti-COVID” ofrece tres estimaciones científicas como respuesta al escalofriante titular. Se estiman entre 1,3 y 2,1 millones de muertes.

Durante los últimos dos años, el capital financiero internacional ha exigido que China levante su política de “cero COVID” para poder reanudar a toda marcha la explotación de la clase obrera china y restaurar el acceso a los vastos mercados de consumidores de China. Un día después del artículo que advierte de una cifra de muertes de millones, Reuters publicó un artículo financiero bajo el título, “Los inversionistas apuestan que el alza en China por aflojar las restricciones anti-COVID-19 será feroz pero breve”.

Hay cantidades enormes de dinero que están inundando las inversiones especulativas en los mercados de consumo chinos, anticipando un crecimiento “feroz” gracias a levantar el “cero COVID”. Pero este crecimiento no durará mucho. El caos sanitario y las muertes por la política de infecciones masivas producirá una fuerte contracción económica. Después del repunte inicial de consumo, indica el artículo de Reuters, los consumidores deberían reubicar su dinero en empresas de pruebas de antígeno. Para el capitalismo no hay nada más lucrativo que la miseria humana.

Para justificar el abandono del “cero COVID”, el PCCh está siguiendo el libro de jugadas de las potencias occidentales, particularmente de EE.UU. El Gobierno chino está repitiendo la afirmación falsa promovida por la prensa occidental de que ómicron es una variante “leve”. Presenta la pseudociencia como ciencia, promoviendo la medicina china tradicional como cura, así como Trump lo hizo con la ivermectina y el cloro. Siguiendo las imperativas económicas y haciendo caso omiso de la salud pública, favorece un regreso completo a los niveles regulares de trabajo y comercio.

Los pasos de la burocracia del PCCh hacia levantar la política de “cero COVID” preceden a las protestas recientes que la prensa occidental ha aplaudido universalmente. Las protestas fueron pequeñas, involucrando concentraciones de cientos de personas casi exclusivamente de las capas estudiantiles de la clase media-alta en las universidades élite del país. Sus pancartas, consignas y hojas en blanco, por medio de las cuales exigen un fin a las pruebas masivas y presentan las medidas de salud pública como algo opuesto a la “libertad”, han reflejado algo más que mera confusión. Ponen de manifiesto los intereses y las frustraciones de capas sociales privilegiadas que se han dejado de poder disfrutar sus suntuosos estilos de vida.

Este estrato social es una base de apoyo clave para la burocracia del PCCh. Muchos son miembros o aspiran a ser miembros del partido, que es un paso crítico para su avance social, pero consideran las medidas de “cero COVID” como una imposición intolerable.

En su contenido social y desarrollo hasta el momento, las protestas de hojas en blanco en China se asemejan a las protestas derechistas contra el uso de la mascarilla y antivacunas que se realizaron en Estados Unidos, Europa y Canadá en 2020 y 2021. El PCCh está respondiendo de manera similar, utilizándolas como pretexto para seguir avanzando hacia una política de infecciones masivas.

Buscando reintegrar a China en la economía capitalista mundial, el Gobierno de Xi primero socavó el apoyo popular a la política de “cero COVID” y luego adoptó medidas para eliminarla. En mayo de 2022, el Gobierno recortó la financiación del seguro nacional para las pruebas masivas de COVID, trasladando la carga financiera, de miles de millones de dólares, a los municipios más afectados de las regiones fronterizas del país. Muchas de estas ciudades y regiones, a su vez, hicieron que el gasto de las pruebas fuera incurrido por la propia población.

Con la consolidación del poder político en manos de Xi Jinping en el Vigésimo Congreso del partido, celebrado en octubre, el PCCh se dispuso a aplicar una serie de medidas para la eliminación de las restricciones de “cero COVID” en la vida económica del país.

El 11 de noviembre, el partido anunció sus “Veinte artículos”, que relajaban todos los componentes del “cero COVID” e incluían el almacenamiento de medicinas para preparar al país para los contagios masivos que se producirían. Estas medidas se tomaron inmediatamente antes de la cumbre del G20, en la que Xi participó simbólicamente sin llevar mascarilla. El PCCh señaló al capitalismo mundial que China volvía a estar abierta a los negocios.

Ahora, el PCCh está desechando el “cero COVID” con una rapidez alarmante. Cada puñado de días se produce un nuevo anuncio –la reducción de las cuarentenas, el fin de las pruebas masivas, la desincentivación de hacerse pruebas— lo que indica que se están abandonando incluso las medidas más básicas de mitigación.

Las pruebas masivas periódicas son la base del “cero COVID”. Sin una evaluación científica de las tasas de infección y transmisión en la comunidad, ya no es posible confiar en las cifras procedentes de China. No cabe duda de que las cifras de infecciones y muertes son sumamente incompletas.

El cambio de política que se está produciendo en Beijing fue exigido por las potencias imperialistas y los centros financieros mundiales durante más de dos años. Utilizando el lenguaje de la guerra, calificaron las medidas de salud pública de China como atrocidades masivas, violaciones de los derechos humanos y totalitarismo. El New York Times publicó un artículo en enero de este año en el que comparaba a los trabajadores sanitarios de uniforme blanco de China con los nazis. El imperialismo estadounidense insistió en que China abriera sus puertas tanto a los dólares como a las enfermedades, de una manera que guarda un asombroso parecido con las Guerras del Opio del siglo diecinueve, en las que las potencias imperialistas abrieron a China a punta de pistola para la venta de drogas.

Los medios de comunicación occidentales se han aferrado diligentemente a las protestas contra el “cero COVID”, celebrándolas como una reivindicación de la “libertad”. El New York Times publicó un editorial el domingo en el que hablaba de su “obligación moral” de apoyar las protestas, pero no mencionaba el número de muertos que se producirá cuando se cumplan las demandas de los manifestantes. China se tambalea al borde de la catástrofe y un ambiente festivo llena las páginas de los medios de comunicación occidentales. Son los animadores del apocalipsis.

Para las fuerzas del Pentágono y de la Casa Blanca, el levantamiento del “cero COVID” significa algo más que el restablecimiento de las cadenas de suministro y una fuente de beneficios muy necesaria. Ven en la propagación desenfrenada de la pandemia en China y en los millones de personas que matará un medio para fomentar una intensa crisis social y desestabilizar el régimen del PCCh. La insistencia de Washington, detrás del velo de los derechos humanos, en que el COVID no puede ni debe ser contenido constituye una forma de guerra biológica, una preparación para un conflicto militar abierto que es tan importante como el nuevo bombardero B-21.

La experiencia de la política china de “cero COVID” en los últimos tres años es una prueba irrefutable de dos principios. En primer lugar, es posible, mediante una planificación social coordinada, eliminar el coronavirus y evitar muertes masivas. En segundo lugar, es imposible mantener una política de este tipo a escala nacional.

La burocracia del PCCh es nacionalista hasta la médula. Fue el nacionalismo del estalinismo lo que impulsó cada una de las traiciones del PCCh a la clase obrera en el siglo veinte. Es imposible construir el socialismo y acabar con una pandemia dentro de los confines de un solo país. El aparato del PCCh no tiene forma de avanzar y busca proteger su poder y sus privilegios mientras capitula ante el capitalismo mundial. Al igual que abrió la economía del país a la explotación capitalista mundial en los años 80 y 90, hoy está abriendo China a las enfermedades y muertes masivas.

La política de “inmunidad colectiva” adoptada por el PCCh provocará la muerte de millones de personas. La propagación del virus en China, además, impulsará la evolución de nuevas variantes que circularán por todo el mundo. Esta catástrofe, sin embargo, no es inevitable.

Hay protestas cada vez mayores en la clase obrera china, sobre todo en las ciudades manufactureras del sur, que son de un carácter totalmente distinto a las protestas de hojas en blanco de la clase media-alta. Decenas de miles de trabajadores de la fábrica de iPhone de Foxconn y de la industria textil de Guangzhou han entrado en un conflicto abierto con el Estado. Luchan contra las condiciones laborales de explotación, la retención de salarios y el hecho de que no se les proteja adecuadamente en las fábricas de la propagación del COVID-19.

Los trabajadores chinos que protestan representan una fuerza social capaz de detener la inminente catástrofe. La tarea más urgente es la construcción de una oposición organizada al levantamiento del “cero COVID” con una perspectiva internacionalista y socialista. El capitalismo ve un bien en la peste y no hará nada para detener la muerte de millones de trabajadores, pero evitar que la pandemia haga estragos en China pone todo en juego para la clase obrera global, la cual necesita prestar toda su ayuda a la clase obrera china en la construcción de un movimiento político contra el levantamiento de la política de “cero COVID”.

(Publicado originalmente en inglés el 5 de diciembre de 2022)

Loading