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Programa de entrevistas alemán utiliza una propaganda atroz para justificar la expansión de la guerra de Ucrania

Una política de guerra agresiva y de rearme, como la que está llevando a cabo el Gobierno alemán, siempre va acompañado de una propaganda ensordecedora. Pero con el crecimiento de la oposición popular hacia la intensificación de la guerra de Ucrania por parte de la OTAN, esta propaganda está asumiendo formas histéricas y grotescas.

Un ejemplo de ello fue el reciente programa de entrevistas de Louis Klamroth Hart aber Fair (Duro pero justo) en la emisora ARD. Se empleó propaganda atroz de la peor clase, mentiras abiertas y un guion orquestado en detalle para intimidar a cualquiera que albergara dudas sobre la constante escalada de la guerra por parte de la OTAN y rechazando el horrendo nivel de rearme.

Wagenknecht, Prantl, Münkler, Strack-Zimmermann, Göring-Eckard (desde la izquierda) en "Hart aber Fair". [Photo by Screenshot ARD]

Este fue el motivo por el que se invitó a la política del partido de La Izquierda Sahra Wagenknecht, que había publicado un 'Manifiesto por la Paz' el 10 de febrero, en el que se oponía a la 'escalada de entregas de armas' y promovía las 'negociaciones de paz'. Como ha señalado el WSWS, Wagenknecht no adopta una postura antimilitarista, sino que defiende una orientación diferente para el militarismo alemán. Sus diferencias con el Gobierno alemán son puramente tácticas.

Wagenknecht fue el saco de boxeo que todos los invitados y el moderador golpearon durante 70 minutos. Pero ella no era el verdadero objetivo. La emisión iba dirigida contra la oposición abrumadora que crece a pesar del bombardeo mediático a favor de la guerra. Según una encuesta de Yougov a principios de febrero, el 40 por ciento se opone a las entregas de armas hasta el momento por considerarlas demasiado amplias. Hasta un 44% se opone a la entrega de carros de combate.

Este rechazo profundamente arraigado a librar de nuevo una guerra contra Rusia debía ser suprimido por todos los medios en la emisión. Para ello, se amordazó con los medios más despreciables cualquier intento de tratar de comprender las raíces geoestratégicas e históricas de la guerra y cualquier crítica a la escalada de la OTAN.

Nada más empezar, se dio la palabra al profesor derechista de Humboldt Herfried Münkler, que lleva mucho tiempo promoviendo los asesinatos con drones y la restricción de la democracia, y que afirma que Alemania no persiguió intereses imperialistas en la Primera Guerra Mundial. El profesor explicó que no podía haber negociaciones de paz en la actualidad porque Rusia estaba librando una guerra de desgaste y no quería negociaciones. Las potencias de la OTAN no deben aceptar que Rusia gane terreno, porque, de lo contrario, otros países también librarían guerras de agresión.

Uno se pregunta en qué planeta ha pasado el profesor los últimos 30 años. Durante este tiempo, Estados Unidos y sus aliados han librado incesantes guerras de agresión violando el derecho internacional, sólo en Irak costaron un millón de vidas y destruyeron toda una sociedad.

Pero Münkler fue secundado inmediatamente por la política liberal demócrata (FDP) Marie-Agnes Strack-Zimmermann, quien declaró que Putin sólo entiende el lenguaje de la fuerza y que no es posible negociar con él. 'No estamos tratando con alguien que domine la unión cultivada, la unión humana. Putin no quiere eso', afirmó.

Esta demonización de Putin, de la que se hizo repetida e inmediatamente la política del Partido Verde Katrin Göring-Eckardt, es un intento transparente de justificar la escalada de la guerra y ocultar sus verdaderas causas. Alemania y las demás potencias de la OTAN no están librando esta guerra por la paz y la libertad —y desde luego no por el pueblo ucraniano, que es el que más está sufriendo—, sino por sus propios intereses geoestratégicos. Quieren debilitar y someter a Rusia para poder apoderarse de sus materias primas y preparar una guerra contra China.

¡Por eso ni siquiera se permitió mencionar la palabra geoestrategia! Cuando Wagenknecht hizo la sobria afirmación de que, para Rusia, lo importante no era tanto ganar terreno como garantías de seguridad, los propagandistas reunidos se opusieron de inmediato. Strack-Zimmermann acusó a Wagenknecht, y con ella a los manifestantes de la manifestación del pasado sábado, de 'justificar por qué Ucrania fue atacada'. Como si un análisis de las causas pudiera equipararse a una justificación.

Luego, en el descanso, se trajo más potencia de fuego para justificar la escalada de la guerra y cerrar cualquier debate. Sergiy Osachuk, sargento mayor del ejército ucraniano, habló por vídeo, declarando que Putin quería eliminar no sólo a Ucrania, sino todo 'lo que se había conseguido después de la Revolución Francesa en el siglo XVIII, lo que habíamos conseguido con las lecciones de la Primera y la Segunda Guerra Mundial'. La ausencia de entregas de armas de la OTAN significaba 'aún más miles de cámaras de tortura', dijo el militar. El ejército ucraniano estaba dispuesto a luchar contra Rusia durante 20 años hasta que el último soldado ruso fuera expulsado de Ucrania, declaró.

Este fue el pistoletazo de salida para una desagradable tanda de propaganda de atrocidades en la que panelistas y moderadores se pasaron la pelota unos a otros. La propaganda de atrocidades es una herramienta bien conocida para justificar la escalada de las guerras y excluir cualquier negociación. Las atrocidades cometidas por el bando contrario se exageran sistemáticamente o incluso se inventan, mientras que los crímenes del propio bando se minimizan y niegan.

Los 'miles de cámaras de tortura' de Osachuk es una de esas exageraciones desmesuradas. No cabe duda de que la guerra reaccionaria del régimen de Putin está dando lugar a crímenes infames, pero éstos se magnifican sistemáticamente para continuar e intensificar la guerra. 'Miles de mujeres son violadas, se les rompen las manos para que no puedan defenderse', declaró, por ejemplo, Strack-Zimmermann, superando con creces las estimaciones de las Naciones Unidas sobre las violaciones en Ucrania.

Heribert Prantl, durante muchos años jefe de departamento del Süddeutsche Zeitung y antiguo liberal, aprovechó inmediatamente esta circunstancia para justificar la escalada de la guerra: 'Estoy a favor de la entrega de armas porque hay que poner al ejército ucraniano en condiciones de resistir los ataques y, con ayuda occidental, hacer retroceder a los rusos y poner fin a semejantes atrocidades', declaró, y añadió: 'Hay que contraatacar masivamente'.

Cuando Wagenknecht protestó diciendo que 'ambos bandos están cometiendo crímenes de guerra', Klamroth la interrumpió bruscamente y declaró: 'No puedo permitir que eso quede aquí. Déjeme enseñarle lo que dice la ONU'. A continuación, reprodujo un clip en el que decía: 'Naciones Unidas lleva recopilando información sobre violaciones desde el comienzo de la guerra... Según esto, la ONU no dispone de pruebas de violaciones cometidas por soldados ucranianos. Cuando se trata de la cuestión de las violaciones, sin excepción, siempre se trata de soldados rusos'.

Cuando Wagenknecht trató entonces de corregir esta versión, Klamroth abandonó el podio, se acercó a ella y le ladró: 'Ahora tenemos un problema, porque es mi responsabilidad como presentadora de este programa no permitir que ningún informe falso se mantenga aquí. Se lo he demostrado. Así es'. Wagenknecht volvió a protestar, pero Klamroth y los demás panelistas le cortaron el paso.

De hecho, fue muy claramente una tergiversación por parte del moderador. Por ejemplo, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCHR, por sus siglas en inglés) denunció violaciones cometidas por el batallón fascista ucraniano Azov en el Dombás incluso antes de la guerra. Tras el inicio de la guerra, la oficina emitió informes periódicos sobre crímenes de guerra, incluyendo informes de violaciones cometidas por soldados ucranianos en julio y septiembre de 2022.

Con mentiras deliberadas y su agresiva defensa en el 'debate', los creadores del programa querían refutar el plausible argumento de que las violaciones, al igual que otros crímenes de guerra, sólo pueden terminar si se pone fin a la guerra. En su lugar, cultivaron la imagen de rusos brutales que se lanzan al campo de batalla contra soldados ucranianos ilustrados y humanos. De este modo, pretenden imponer aún más sus propios objetivos bélicos sobre las espaldas de la población ucraniana.

'¿Cómo puede usted, como mujer, decir que esto no le concierne?', preguntó provocativamente Strack-Zimmermann. Cuando Wagenknecht se negó a aceptar esta insinuación infundada y estúpida y se posicionó claramente en contra de las violaciones en la guerra, Münkler, Strack-Zimmermann y Göring-Eckard la increparon a coro por negarse a nombrar a los culpables.

Esta forma de utilizar los crímenes sexuales en la guerra para movilizar las emociones a favor de la expansión de la guerra es demasiado familiar. Los nazis lo llevaron al extremo con la propaganda de atrocidades contra el Ejército Rojo. 'El bolchevismo es esclavitud, violación, asesinato en masa, exterminio', rezaba un conocido cartel que mostraba un esqueleto con una estrella roja, con las palabras debajo: '¡Nunca te rindas!'.

También en la antigua Alemania Occidental, la exageración de los asaltos reales y supuestos de los soldados del Ejército Rojo sirvió para avivar la Guerra Fría, al mismo tiempo que relativizaba los propios crímenes de Alemania. Los belicistas están retomando ahora desde el punto en que lo dejaron.

Esto no tiene nada que ver con una condena necesaria de los crímenes de guerra rusos, sino que pretende movilizar sentimientos para su campaña contra Rusia, que por sí misma está causando sufrimiento a millones de personas. Esto encontró una expresión particularmente histérica en Hart aber Fair .

(Publicado originalmente en inglés el 3 de marzo de 2023)

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