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Los partidos de la coalición gubernamental alemana celebran una reunión maratoniana para preparar la confrontación de clases

Los líderes del Gobierno federal alemán y de la coalición de partidos que lo componen se sentaron juntos durante más de 30 horas esta semana para limar sus diferencias. Incluso se reunieron durante toda la noche del domingo al lunes, para viajar medio dormidos a las conversaciones del gobierno germano-holandés en Rotterdam.

Robert Habeck (Verdes), Olaf Scholz (SPD) y Christian Lindner (FDP) en la firma del acuerdo de coalición. [Photo by Sandro Halank / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0]

El martes por la noche, los líderes de la 'coalición semáforo' formada por los socialdemócratas (SPD), los Verdes y los liberaldemócratas (FDP) presentaron por fin un resultado. En un documento de 16 páginas titulado 'Paquete de modernización para la protección del clima y la aceleración de la planificación', se tratan asuntos que podrían haber sido gestionados por un departamento ministerial o una comisión del Bundestag (parlamento federal).

Por ejemplo, se regula con más precisión la instalación de sistemas de calefacción respetuosos con el clima, se obliga a instalar paneles solares en las nuevas autopistas, el 'billete de 49 euros' que permite viajar durante un mes en transporte público regional se integrará en la Bahncard 100 (un billete de viaje para todo el país) sin coste adicional, y se compensará el impacto ambiental con medidas de conservación de la naturaleza en las inmediaciones.

Si hubo algún cambio en la política anterior, fue una nueva suavización de las laxas normas de protección del clima. En el futuro, los objetivos climáticos legalmente anclados ya no tendrán que cumplirse anualmente en cada sector individual, sino sólo a largo plazo y de forma intersectorial.

Esto afectará sobre todo al transporte por carretera, que ya está muy por debajo de los objetivos climáticos. A instancias del ministro de Transportes, Wissing (FDP), los partidos de la coalición decidieron dar prioridad a 144 proyectos de autopistas y carreteras. Los maltrechos ferrocarriles recibirán €45.000 millones en los próximos cuatro años para renovar infraestructuras, lo que supone aproximadamente la mitad de la cantidad necesaria.

Está claro que en la maratoniana reunión de la coalición no sólo se discutieron detalles de política climática y desarrollo de infraestructuras. Detrás de las paredes del despacho del canciller, a resguardo de la prensa y el público, se discutieron asuntos muy diferentes: El rearme, la guerra, los recortes sociales y la represión de la creciente resistencia a las políticas de la coalición del semáforo. El gobierno se prepara para un gran enfrentamiento con la clase trabajadora.

Hace un año, el canciller Olaf Scholz anunció una 'nueva era', cuyas verdaderas dimensiones se están haciendo ahora claramente visibles. El gobierno está decidido a reconstruir Alemania como primera potencia militar de Europa y a intensificar la guerra de Ucrania hasta la derrota militar de la potencia nuclear Rusia. La OTAN interviene cada vez más directamente en la guerra, hasta el punto de desplegar tropas terrestres. La Bundeswehr (Fuerzas Armadas), que esta semana ha entregado a Kiev sus primeros carros de combate Leopard 2, va a desempeñar un papel protagonista.

Mientras que hace un año Scholz anunció un fondo especial para la Bundeswehr de €100.000 millones y un aumento a largo plazo del presupuesto de armamento hasta el 2% del producto interior bruto, ahora se habla de un fondo especial de €300.000 millones. Apenas pasa una semana sin que aumente el gasto militar. El miércoles, por ejemplo, la comisión presupuestaria del Bundestag liberó €12.000 millones en ayuda militar para Ucrania. Es seis veces más que el año pasado y representa aproximadamente una cuarta parte del anterior presupuesto de armamento de Alemania.

Además, está el enorme precio a pagar por la orgía de enriquecimiento de la oligarquía financiera. Durante décadas, los bancos centrales y los gobiernos han inyectado billones en los mercados financieros, engendrando una casta de milmillonarios y multimillonarios que ahora amenaza con arrastrar a la economía mundial al abismo. Si un banco cae en picado, se ponen a su disposición enormes sumas de dinero del erario público para rescatarlo.

El Gobierno suizo ha puesto al país en deuda, para bien o para mal, con el gran banco UBS en el rescate del debilitado Credit Suisse. El Gobierno alemán está preparando algo similar en caso de que el Deutsche Bank, en crisis, se vea amenazado.

Desde el punto de vista de la clase dominante, por lo tanto, no hay manera de evitar pasar todos los costes del militarismo y la crisis capitalista a la clase trabajadora. Para proteger los beneficios y las fortunas milmillonarias de los ricos, el nivel de vida de la clase trabajadora debe reducirse durante décadas.

Contra esto se está desarrollando una feroz resistencia. En Francia, ha estallado un enfrentamiento abierto entre la clase trabajadora y el Estado. Millones de personas se rebelan contra las reformas de las pensiones del presidente Macron, que condenan a los futuros pensionistas a una vida de pobreza. Macron está reaccionando con medios dictatoriales: está ignorando la voluntad de la gran mayoría, pasando por alto al Parlamento y poniendo a policías y soldados fuertemente armados contra los opositores a la reforma.

Lo mismo está ocurriendo en Alemania. Todo por lo que las generaciones anteriores habían luchado, a veces amargamente, está ahora en juego: un salario y una pensión dignos, asistencia sanitaria y educación para todos, alquileres asequibles, derecho a vacaciones y mucho más.

Las empresas y el Estado están utilizando la inflación para aplastar el nivel de vida de la clase trabajadora. Los conflictos colectivos actualmente en curso en el sector público, en Deutsche Post y en los ferrocarriles, muestran hasta dónde llegarán. La 'oferta' de la patronal, que Verdi ya ha aceptado en Deutsche Post, supone una reducción de los ingresos reales de entre el 20% y el 50% en comparación con su nivel de hace 10 años.

A esto hay que añadir la explosión de los costes energéticos y de los alquileres. Mientras que la coalición del semáforo había prometido construir 400.000 nuevos pisos al año cuando llegó al poder, ahora apenas se construye ninguno debido a la subida de los tipos de interés. El gigante inmobiliario Vonovia ha paralizado todos los nuevos proyectos de construcción previstos para 2023. En consecuencia, la fiebre por los pisos de alquiler aumenta y hace subir aún más los precios.

La coalición del semáforo está unida para llevar adelante sin piedad estos ataques contra la clase trabajadora. El ministro de Finanzas, Christian Lindner, ha aplazado la publicación del presupuesto del año que viene porque aún es necesario ahorrar €70.000 millones para cumplir con el techo de deuda. Está claro que este ahorro se producirá a costa de las prestaciones sociales y los salarios de los trabajadores, ya que el gasto militar aumenta. Al mismo tiempo, el Gobierno rechaza categóricamente imponer mayores impuestos a los ricos.

En 2021, escribimos que el programa de gobierno de la coalición del semáforo era 'una declaración de guerra a los trabajadores y un compromiso con el militarismo'. Eso se ha confirmado una y otra vez desde entonces. Pero mientras tanto, la resistencia crece. Lo demuestra la participación masiva en las huelgas del sector público, que coinciden con una oleada de huelgas y protestas en toda Europa.

Esto presiona a la coalición del semáforo y provoca tensiones internas, pero también la empuja más a la derecha. En el proceso, se está apoyando en los sindicatos para mantener a raya la creciente resistencia. Por ejemplo, Verdi simplemente ignoró la abrumadora decisión de ir a la huelga de los trabajadores de correos y aceptó bajar los salarios reales. A medida que se intensifiquen los conflictos, el gobierno alemán, al igual que Macron, recurrirá aún más a la represión y la violencia del Estado para suprimir la resistencia.

Las elecciones federales ya demostraron que el gobierno tenía poco apoyo popular. Nunca antes un canciller había sido elegido con tan pocos votos como Olaf Scholz. Si se tiene en cuenta la elevada tasa de abstención, ni siquiera el 20% de los electores con derecho a voto dieron su voto a los socialdemócratas en 2021. Willy Brandt fue apoyado por el 42 por ciento de los electores en 1972 y Gerhard Schröder por el 33 por ciento en 1998. Por primera vez en la historia de la República Federal, se necesitaron tres partidos para formar una mayoría de gobierno tras las últimas elecciones federales.

Desde entonces, el apoyo a los partidos del semáforo no ha dejado de disminuir. Lo mismo ocurre con los demás partidos —los democristianos (CDU/CSU), la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) y el Partido de la Izquierda—, todos los cuales apoyan las políticas del Gobierno y están dispuestos a continuarlas si la coalición fracasa.

En 1934, el marxista revolucionario León Trotsky escribió sobre Francia, que entonces se encontraba en una situación política similar:

La política de saqueo y asfixia de las masas no es un capricho malvado de la reacción, sino la consecuencia de la descomposición del sistema capitalista. Este es el hecho básico que todo trabajador debe asumir si no quiere ser engañado con frases huecas.

Lo mismo ocurre hoy. Para rechazar los ataques del Gobierno y luchar contra los recortes salariales, los recortes sociales, la guerra y la represión estatal, la clase obrera necesita una perspectiva socialista y su propio partido. Debe romper con los títeres de la oligarquía financiera en los sindicatos y construir comités de acción independientes de base.

Ningún problema social puede resolverse sin expropiar los bancos y las empresas, ponerlos bajo el control democrático de la clase obrera y reorganizar la economía mundial de acuerdo con las necesidades de la sociedad. Esto es por lo que luchan el Sozialistische Gleichheitspartei (Partido Socialista por la Igualdad) y sus partidos hermanos internacionales de la Cuarta Internacional.

(Publicado originalmente en inglés el 3 de marzo de 2023)

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