El miércoles, más de dos semanas tras las elecciones presidenciales del 25 de junio, el Tribunal Supremo Electoral guatemalteco (TSE) certificó los resultados y declaró que la segunda ronda se llevará a cabo el 20 de agosto entre la ex primera dama Sandra Torres de Unión Nacional de la Esperanza (UNE) y Bernardo Arévalo del Movimiento Semilla.
Simultáneamente, un tribunal penal anunció que suspendería el registro legal de Semilla en apoyo a acusaciones fraudulentas del Ministerio Público sobre firmas falsas y financiamiento de campaña ilegal. En un fallo salomónico el día siguiente, la Corte de Constitucionalidad ordenó que procedieran tanto la segunda ronda como el procesamiento de Semilla.
El fallo reconoce que el intento de suspender a Semilla en medio de comicios es inconstitucional pero permitió que siguiera el proceso e investigación que buscan inventar un pretexto para anular una elección popular y consumar un golpe de Estado.
La Corte de Constitucionalidad fue responsable del atraso inicial, ordenando el 1 de julio una revisión de todas las actas electorales a favor de un amparo presentado por varios partidos de derecha, incluyendo Vamos del presidente actual Alejandro Giammattei, cuyo candidato quedó tercero.
De manera amenazante, policías fuertemente armados, con sus rostros cubiertos y vestidos como civiles, allanaron el TSE en Ciudad de Guatemala el jueves, presuntamente para buscar documentos que incriminen a Semilla. Además, con el pretexto de una excursión inofensiva, fueron desplegados estudiantes militares al Palacio Nacional, el antiguo asiento del poder donde se han celebrado las concentraciones sociales en años recientes. Esto se produjo después de varias movilizaciones de grupos fascistas vinculados al ejército denunciando un fraude electoral.
El miércoles y jueves, solo hubo protestas dispersas, principalmente de simpatizantes de Semilla, para protestar el intento de golpe. Los esfuerzos criminales por parte de Semilla para sembrar complacencia y el giro de la pseudoizquierda para alinearse en apoyo a Arévalo tan solo han envalentonado a los golpistas.
En entrevistas con la prensa y declaraciones en los mítines, Arévalo advirtió de un intento de “golpe de Estado técnico” y una “ruptura del orden constitucional” por parte de las fuerzas alineadas con el Gobierno actual. No obstante, llamó a la “tranquilidad” y a la unidad de “todos los sectores de la sociedad, sin distinción de ningún tipo étnico, político, religioso, de nada”. También garantizó que el TSE “sencillamente no va a atender esta orden de carácter ilegal”, ignorando que acató la intervención ilegal inicial de la Corte Constitucional, cuando solo la Corte Suprema de Justicia podía intervenir en la elección.
Ante todo, la primera ronda evidenció la oposición contundente a toda la élite política. La mayor parte del electorado o bien se abstuvo o bien emitió votos nulos o en blanco. Torres y Arévalo recibieron juntos solo el apoyo de 1,5 millones de los 9,36 millones de votantes.
Mientras la camarilla corrupta en el poder busca defender sus privilegios, Washington ha respaldado repetidamente los resultados, que favorecen a su candidato preferido, Arévalo. El secretario adjunto de Estado para el hemisferio occidental, Brian A. Nichols, declaró llanamente en un tuit el jueves: “Esperamos una segunda vuelta electoral libre y justa en Guatemala el 20 de agosto, entre Sandra Torres y Bernardo Arévalo”.
El Movimiento Semilla, cuyas bases se limitan a las universidades, ONG y otras secciones de la clase media-alta, ha dejado en claro que seguirá las órdenes del imperialismo estadounidense.
Esto fue demostrado más evidentemente por sus presiones al Gobierno de Giammattei para que apoyara las sanciones contra Rusia y las empresas rusas en Guatemala por la guerra de EE.UU. y la OTAN en Ucrania. Arévalo incluso se opuso a la compra de vacunas Sputnik V y ha indicado que no planea cambiar las relaciones diplomáticas de Taiwán a Beijing.
El partido fue creado a partir de 2015 por exministros, diplomáticos y otros miembros de la élite política en apoyo a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). La comisión fue creada por la ONU bajo órdenes directas y financiamiento de Washington para emplear investigaciones criminales selectas y presionar así a líderes políticos y empresariales. En entonces como un grupo de cabildeo, Semilla tomó los primeros pasos para convertirse en un partido a instancias de los funcionarios estadounidenses, particularmente después de que los cargos de corrupción presentados por la CICIG contra el entonces presidente Otto Pérez Molina y la vicepresidenta Roxana Baldetti desencadenaran protestas masivas y los obligaran a renunciar.
Uno de los principales fundadores, Alberto Fuentes Knight, un ministro de Finanzas bajo el UNE que luego fue encarcelado por corrupción, ha reconocido abiertamente: “antes de dar el salto de lo social a lo político viajamos a Norteamérica para consultar con representantes demócratas y republicanos si era correcta o no esta decisión”.
El secreto abierto de que Semilla opera como títere del Departamento de Estado de EE.UU. debería ser una advertencia a los trabajadores en Guatemala. Es una organización mortalmente hostil a la clase trabajadora y se dedicará a suprimir cualquier movilización masiva de los trabajadores en defensa de los derechos democráticos, incluso de su propia elección popular.
Un Gobierno de Arévalo no presentará ningún desafío a la superexplotación de los trabajadores guatemaltecos ni de los recursos naturales por parte de las corporaciones y casas financieras estadounidenses y sus socios locales. En medio de un resurgimiento mundial de la lucha de clases contra la austeridad social y los ataques a los niveles de vida, Arévalo respondería a cualquier lucha de los trabajadores guatemaltecos mediante la represión y un giro hacia formas dictatoriales de gobierno, al igual que han hecho todos los supuestos Gobiernos “progresistas” actualmente en el poder en toda la región.
Semilla solo arrastrará aún más al país y a la región a una futura conflagración global, en un momento en que el Pentágono ya ha pedido a los Gobiernos latinoamericanos que envíen ayuda militar a Ucrania.
La historia reciente de Guatemala, incluida la década de 1980 cuando Arévalo ascendía en el escalafón diplomático, ha estado marcada por brutales dictaduras respaldadas por el imperialismo estadounidense que aplastaron cualquier oposición tanto a la desigualdad social como a las operaciones irrestrictas del capital extranjero.
En junio de 1954, la CIA orquestó y lanzó un ataque militar desde Honduras para derrocar el Gobierno electo de Jacobo Árbenz, que había llevado a cabo reformas agrarias y sociales limitadas. Estados Unidos proporcionó pilotos, aviones de guerra, napalm y Boinas Verdes y organizó grupos paramilitares que formarían escuadrones de la muerte en las décadas siguientes. Sus métodos de desaparición de activistas de izquierda fueron en gran medida pioneros de aquellos utilizados por las dictaduras de Brasil, Argentina y Uruguay.
Árbenz y su predecesor, Juan José Arévalo –el padre de Bernardo Arévalo— fueron apoyados por el estalinista Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), principal responsable de traicionar la lucha contra el imperialismo y la defensa de los derechos democráticos. En aquella época, sus asesores entraron en el Gobierno y defendieron abiertamente el desarrollo del capitalismo, al tiempo que promovían el “marxismo maya”, tratando de presentar al campesinado predominantemente indígena como la fuerza revolucionaria de Guatemala y sus creencias de corte naturalista como “marxistas”. Los indígenas ricos no solo apoyaron en gran medida el golpe de la CIA sino que conspiraban sistemáticamente contra las capas más pobres. En la década de 1960, el PGT se disolvió en guerrillas castristas que fueron rápidamente aplastadas por el ejército fascistizante, que durante la década de 1980 también llevó a cabo una campaña genocida contra la población maya.
El 5 de diciembre de 1982, el presidente estadounidense Ronald Reagan visitó Guatemala para entrevistarse con el general Efraín Ríos Montt, que acababa de tomar el poder mediante un golpe militar y había utilizado los tribunales –los historiadores aún no saben quiénes eran los jueces— para condenar a muerte a opositores. Reagan lo describió como “un hombre de gran integridad personal” que estaba “totalmente dedicado a la democracia”. Durante los tres días siguientes, un pelotón de élite asesinó a 162 personas en la aldea de Las Dos Erres, incluidos 67 niños. Las mujeres fueron violadas y enterradas vivas, y se hallaron placentas y cordones umbilicales tirados en el suelo. Este tipo de masacres por parte de las tropas entrenadas y armadas por Estados Unidos fueron comunes, cuando los militares no bombardeaban las aldeas.
El imperialismo estadounidense depende hoy más que nunca de métodos antidemocráticos y de su influencia en los ejércitos locales para garantizar su hegemonía y compensar la pérdida de dominio económico frente a sus rivales geopolíticos, principalmente China. El único camino para oponerse al imperialismo y a su venal burguesía clientelar en Guatemala es la movilización política independiente de la clase obrera bajo un programa socialista e internacionalista.
(Publicado originalmente en inglés el 14 de julio de 2023)
