A partir del 1 de octubre, se reanudarán los pagos mensuales sobre los préstamos estudiantiles, que tienen 43 millones de jóvenes y trabajadores, por primera vez desde marzo de 2020. La reanudación de los pagos vinculados a la deuda federal estudiantil de $1,7 billones, así como el regreso de la acumulación de intereses este mes, tendrá consecuencias sociales devastadoras para millones.
Como parte de su campaña presidencial de 2020, el demócrata Joe Biden prometió condonar la deuda estudiantil federal para los prestamistas que ganan menos de $125.000 por año. Como ocurre con tantas promesas de campaña demócratas, esta también era completamente vacía. Pese a toda la demagogia de Biden, el capitalismo estadounidense es incapaz de resolver este o cualquier otro tema social importante.
Los pagos sobre la deuda estudiantil se suspendieron en marzo de 2020 en respuesta a la enorme afectación económica causada por la pandemia de COVID-19. Millones perdieron su trabajo y salario en medio de las necesarias medidas de cierre y cuarentena para frenar la propagación de la enfermedad. Ahora, además de eliminar cualquier medida para rastrear y detener el mortal virus que causa el COVID-19, la élite política está reimponiendo los pagos para satisfacer las demandas de Wall Street, acabando con la pausa de 42 meses.
Desde la suspensión inicial de los pagos de la deuda, la crisis social se ha seguido profundizando. En los últimos tres años, el coste de vida ha aumentado 20 por ciento, mientras que el salario medio cayó.
La magnitud de la crisis de la deuda estudiantil es enorme. Según los datos de la Reserva Federal, en marzo de 2023, la deuda total de préstamos estudiantiles en EE.UU. era de $1,774 billones, superior a la deuda de tarjetas de crédito de $1,03 billones o a la deuda de préstamos para automóviles de $1,56 billones. El volumen de la deuda por préstamos estudiantiles ha aumentado más de tres veces y media desde 2006, cuando era de $480.000 millones. En la actualidad, aproximadamente uno de cada cinco adultos estadounidenses debe dinero en préstamos estudiantiles.
La reanudación de los pagos tendrá un impacto financiero aplastante en los estudiantes y sus familias. Se produce en medio de un aumento de los tipos de interés de todo tipo de préstamos, y en un momento en que la morosidad de las tarjetas de crédito y los préstamos para automóviles es la más alta de la última década, según Moody's Analytics.
Como declaró Mark Zandi, economista jefe de Moody's Analytics, al Washington Post: “El aumento de la morosidad y los impagos es sintomático de las difíciles decisiones que estos hogares tienen que tomar en estos momentos: pagar las facturas de las tarjetas de crédito, el alquiler o comprar alimentos”.
Desde 2006, la deuda promedio por préstamos estudiantiles se ha multiplicado por cuatro, pasando de $9.366 a $37.338. Según el Departamento de Educación de EE.UU., casi dos tercios, más de 1 billón de dólares, de toda la deuda de préstamos estudiantiles corresponde a unos 27 millones de personas de entre 25 y 49 años.
Muchos estudios han demostrado que estos trabajadores endeudados se han visto obligados a aceptar segundos empleos y a posponer decisiones vitales, como iniciar una familia, comprar una casa o irse de vacaciones, debido a los pagos de sus préstamos estudiantiles.
Además, los padres se han endeudado para ayudar a sus hijos a costearse una educación universitaria. Hay 3,7 millones de personas con préstamos Direct Parent Plus, que deben en promedio $30.000 dólares. Algunos tienen deudas de hasta $200.000.
Muchos de estos padres llevarán esta deuda hasta la jubilación, y como se han aprobado leyes (a instancias de los bancos) para impedir que estos préstamos se cancelen mediante quiebras personales, los pagos se embargarán de sus cheques mensuales del seguro social si no pueden pagar y entran en mora.
Con la decisión del 30 de junio de 2023 de la Corte Suprema de EE.UU. de rechazar el plan del Gobierno de Biden para la condonación extremadamente limitada de los préstamos estudiantiles, la clase dominante dejó claro que no se permitirá nada que ponga freno a las operaciones de Wall Street en el mercado de préstamos estudiantiles.
Consciente de que la reanudación del cobro y pago de intereses tendrá consecuencias devastadoras para millones de prestatarios y que ya está provocando la indignación popular, el Gobierno de Biden ha propuesto algunos paliativos que presenta como grandes bendiciones para las víctimas del timo de los préstamos estudiantiles.
Entre ellas se encuentra una “rampa de acceso” temporal, en virtud de la cual no se iniciarán informes crediticios ni cobros de deudas contra los prestatarios que incumplan los pagos durante el primer año de reanudación del pago de la deuda. Sin embargo, los intereses seguirán acumulándose y la deuda pendiente será aún mayor cuando expire el periodo de gracia.
Además, el plan SAVE de Biden condona la deuda de unos 800.000 prestatarios que se han visto obligados a realizar pagos durante más de 20 años y de aquellos que tomaron menos de $12.000 prestados y han estado pagando durante más de 10 años; en total, alrededor del 2 por ciento de los deudores de préstamos estudiantiles.
Otros programas, que no eliminan la deuda, implican opciones de reembolso basadas en los ingresos, que pueden reducir los pagos mensuales a 0 durante un periodo, pero ampliarán el plazo del préstamo a 20 o 25 años mientras se siguen devengando intereses. Como resultado, la deuda total aumentará exponencialmente.
Un géiser de ganancia s para Wall Street
Un hecho poco conocido del sistema patrocinado por el Gobierno es que la totalidad de los $130.000 millones en préstamos privados y una parte significativa de los préstamos federales han sido titulizados en forma de Valores Respaldados por Activos de Préstamos Estudiantiles (SLABS, por sus siglas en inglés).
Éstos son negociados por las grandes instituciones financieras como Wells Fargo, JPMorgan Chase y Goldman Sachs. Los bancos, los fondos de alto riesgo, las empresas de inversión y otros parásitos de Wall Street están ganando miles de millones de dólares del empobrecimiento de decenas de millones de personas con préstamos estudiantiles y sus familias, quizás abarcando una tercera parte de la población estadounidense.
Al igual que ocurrió con el esquema Ponzi de las hipotecas de alto riesgo que hundió el mercado inmobiliario y llevó a todo el sistema financiero capitalista al borde del colapso en 2008, los prestamistas privados y el Gobierno están concediendo préstamos a personas que se sabe que tienen pocos o ningún medio de pagarlos de vuelta. En las ruinas financieras dejadas por el colapso del timo de las hipotecas de alto riesgo, decenas de millones de trabajadores perdieron sus empleos, sus hogares y los ahorros de toda su vida. Sin embargo, los banqueros depredadores y los especuladores fueron rescatados con billones de dólares por las Administraciones de Bush y Obama, la Reserva Federal y los dos grandes partidos patronales.
Así que pasaron de lucrar de las viviendas a saquear a la población a través del aumento vertiginoso del coste de la educación superior.
El acuerdo entre el Gobierno, la industria financiera y las instituciones educativas se ha construido durante décadas para estafar a la población, utilizando la falsa promesa de que una educación universitaria garantizará un trabajo bien remunerado y un alto nivel de vida.
Como explica Josh Mitchell en su reciente libro, The Debt Trap: How Student Loans Became a National Catastrophe (La trampa de la deuda: cómo los préstamos estudiantiles se convirtieron en una catástrofe nacional):
El programa de préstamos estudiantiles es la quintaesencia del capitalismo corrupto. Privatizó las ganancias y socializó las pérdidas. En un eco de la burbuja inmobiliaria, todos los riesgos recayeron en los estudiantes y sus familias, a quienes se les ha dicho repetidamente que la universidad y los estudios de posgrado son inversiones seguras y necesarias.
Entre los estudiantes más endeudados se encuentran los que cursan estudios de posgrado. La deuda promedio de los estudiantes de posgrado es de $71.000, y para los que buscan un título en derecho, medicina u odontología, el promedio adeudado es de $130.000, $203.000 y $301.000, respectivamente. Muchos de estos estudiantes se ven obligados a trabajar como ayudantes de cátedra y se les paga el salario mínimo.
Penny, estudiante de posgrado de la Universidad de Virginia Occidental, declaró al World Socialist Web Site:
Hice los cálculos hace poco para un plan de pago basado en mis ingresos en el que podría pagar mis préstamos durante 10 años, y al final de esos 10 años terminaría debiendo más que al principio a pesar de pagar unos $75.000.
El aumento de la deuda de los préstamos estudiantiles no solo es un medio para intensificar la explotación económica de la clase trabajadora, sino que también forma parte de un ataque sistemático contra el derecho a la educación.
El New York Times informó recientemente de que, desde 1992, el precio para asistir a universidades privadas de cuatro años casi se ha duplicado, mientras que el precio en las universidades públicas de cuatro años se ha más que duplicado, incluso después de ajustarlo a la inflación. El coste promedio de una universidad privada, incluidos los gastos de manutención, es ahora de unos $58.000 al año. Las instituciones públicas prestigiosas, como la Universidad de Michigan, pueden costar más de $80.000 al año.
Cada vez más, asistir a la universidad se ha convertido en una carga financiera casi insoportable para las familias de clase trabajadora y clase media-baja. Desde 2008-2009, el número de matrículas universitarias no ha dejado de caer, de 21 millones en 2010 a 18 millones en 2021, y solo un tercio de los estadounidenses dicen ahora tener mucha confianza en la educación superior, considerada antes como la palanca principal de la movilidad social.
Como resultado, la educación superior, especialmente en las mejores universidades, se ha convertido cada vez más en una prerrogativa de los más ricos. Solo alrededor del 10 por ciento de los estudiantes se matriculan en universidades selectivas, y a las más selectivas –a menudo las más caras— se limitan en gran medida a los hijos del 10 o incluso del 1 por ciento de las personas con mayores ingresos.
Mientras se dice al público que el Gobierno no tiene dinero para la educación, se gastan billones de dólares en guerras y en rescates masivos de bancos. Hasta ahora, Estados Unidos ha gastado más de $60.000 millones en la guerra por delegación contra Rusia en Ucrania, incluyendo $43.000 millones en ayuda militar directa, como armas y equipamiento. Para 2024, el Gobierno de Biden solicitó un presupuesto militar de $1 billón para prepararse para un conflicto mundial, incluso contra China.
Y cuando el Silicon Valley Bank y varios otros bancos quebraron en la primavera, el Gobierno de Biden intervino para proporcionar más de $150.000 millones en fondos para proteger a los inversores más ricos.
Como subrayó el revolucionario ruso Vladímir Lenin, el imperialismo significa “reacción en toda la línea”. Todas las necesidades sociales están subordinadas a los intereses financieros y geopolíticos de la oligarquía financiera. El dinero que se gasta en la guerra y en la destrucción de vidas humanas en el extranjero se saquea de la clase trabajadora en casa, mediante ataques a su nivel de vida y a sus derechos democráticos, incluido el derecho a la educación pública.
La usura con los créditos universitarios por parte de la élite financiera forma parte de un ataque más amplio a la educación, que incluye el cierre de escuelas públicas y su absorción por empresas privadas con el apoyo del Gobierno, recortes en la educación pública y ataques a los salarios y las condiciones de trabajo de los educadores.
El parasitismo extremo del timo de los préstamos estudiantiles es una muestra de la descomposición del sistema capitalista y del impulso insaciable de la élite financiera por subordinar todo y a todos en la sociedad a la acumulación de riqueza personal.
El acceso a una educación gratuita, sin quedarse endeudado para toda la vida, es un derecho fundamental de todos los estudiantes. El World Socialist Web Site, el Partido Socialista por la Igualdad y los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social presentan las siguientes demandas socialistas para que los estudiantes y las familias de la clase trabajadora luchen por este derecho:
- ¡Cancelen toda la deuda estudiantil! ¡Educación gratuita y de calidad para todos!
- ¡Alto a la guerra en Ucrania! ¡No más dinero para la guerra ni para rescatar a los ricos! En su lugar, ¡miles de millones para la educación y la salud públicas!
- ¡Expropien los bancos! ¡Pongan el sistema financiero bajo propiedad pública y control democrático de la clase trabajadora!
(Publicado originalmente en inglés el 8 de septiembre de 2023)
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