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La guerra global en ciernes y la estrategia internacional de la clase obrera

El siguiente discurso fue pronunciado por Ulaş Ateşçi, miembro líder del Sosyalist Eşitlik (Grupo Socialista por la Igualdad) en Turquía, ante el Acto Internacional en Línea del Día Internacional de los Trabajadores de 2024, llevado a cabo el sábado 4 de mayo.

Acto Internacional en Línea del Día Internacional de los Trabajadores de 2024. Active los subtítulos en la configuración del video.

Saludos revolucionarios del Sosyalist Eşitlik Grubu de Turquía.

Ciento diez años después del estallido de la Primera Guerra Mundial y 85 años después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, somos testigos de la expansión de una tercera guerra mundial que ya inició y amenaza con convertirse en un conflicto nuclear. Hay que detener este rumbo catastrófico mediante la intervención política consciente de la clase obrera internacional.

La vorágine de la guerra imperialista envuelve a toda la región. La guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania comenzó hace más de dos años. El genocidio de Israel en Gaza respaldado por la OTAN, que ya lleva siete meses, va de la mano de una escalada de provocaciones bélicas contra Irán y sus aliados.

Otros puntos conflictivos importantes en la región son las disputas fronterizas entre Serbia y Kosovo, de la antigua Yugoslavia, y entre Turquía y Grecia, aliados de la OTAN, mientras una guerra entre las repúblicas exsoviéticas de Azerbaiyán y Armenia en el Cáucaso podría estallar de nuevo.

La agresión del imperialismo de la OTAN, dirigido por Estados Unidos, es impulsada por el afán de repartirse los vastos territorios de Rusia y China, de los que fueron excluidos durante décadas debido a la Revolución rusa de 1917 y la china de 1949, y de dominar completamente Oriente Próximo.

La Unión Soviética en su fundación en diciembre de 1922. [David Benson para el WSWS] [Photo: David Benson/WSWS]

Mientras las potencias imperialistas lideradas por EE.UU. no han logrado desde febrero de 2022 su objetivo de derrotar militarmente a Rusia, provocando un cambio de régimen en Moscú y sometiendo por completo este vasto país rico en recursos, el despliegue de tropas de la OTAN en el campo de batalla y el uso de armas nucleares son cada vez más probables.

Esta guerra, instigada por la agresiva expansión de la OTAN hacia el este desde los años 90 y la transformación de Ucrania en un centro de agresión contra Rusia, también es el terrible precio de la traición de la Revolución de Octubre por parte de la burocracia estalinista y la disolución de la Unión Soviética en 1991.

La matanza que lleva décadas en el frente de Oriente Próximo de la guerra global, cuyo inicio estamos presenciando, ha sido posible gracias a la complicidad de los regímenes reaccionarios y proimperialistas de la región: Turquía, los Estados árabes y el régimen sionista de Israel.

La burguesía turca, que actuó como avanzada de la OTAN contra la URSS antes de 1991, ha sido un pilar regional de la agresión imperialista en Oriente Próximo y contra Rusia en el periodo postsoviético.

Fue cómplice en la guerra del golfo Pérsico de 1990-91, la desintegración de Yugoslavia y el bombardeo de Serbia en 1999, las invasiones de Afganistán en 2001 y de Irak en 2003, y la instigación de guerras imperialistas de cambio de régimen en Libia y Siria, en medio de los levantamientos revolucionarios de la clase trabajadora en Túnez y Egipto en 2011.

Millones han muerto en estas guerras, y decenas de millones se convirtieron en refugiados. Durante este periodo, decenas de miles murieron en una guerra civil en Turquía, que se intensificó cuando la clase dirigente turca no tuvo otra respuesta a las legítimas aspiraciones democráticas del pueblo kurdo que la represión.

Migrantes y refugiados esperan ayuda en un bote de madera atestado, mientras se acercan trabajadores humanitarios de la ONG española Open Arms, en aguas internacionales del mar Mediterráneo, a 200 km de la costa libia [AP Photo/Bruno Thevenin]

La colaboración de Ankara con la agresión imperialista en Oriente Próximo no ha hecho sino agravar la cuestión kurda. Hoy, continúa el peligro de una guerra a gran escala entre las fuerzas turcas y las milicias nacionalistas kurdas apoyadas por EE.UU. en Siria, donde también hay fuerzas iraníes y rusas. Al mismo tiempo, miles de políticos kurdos siguen encarcelados en Turquía en violación de sus derechos democráticos básicos.

El pueblo kurdo vive en Turquía, Irán, Irak y Siria y la cuestión kurda es internacional. No puede resolverse a escala “nacional”. El camino a seguir es una federación socialista que acabe con la opresión nacional y garantice los derechos democráticos, en lugar del sistema de Estado nación que ha demostrado ser un callejón sin salida en Oriente Próximo.

Aunque la agresión imperialista contra Irán y Rusia también amenaza sus propios intereses y arrastra a Turquía a la vorágine de la guerra, la arraigada dependencia de la burguesía turca en el imperialismo estadounidense y europeo la pone en un dilema insoluble en el marco del nacionalismo burgués.

Al igual que la burguesía de los otros países con un desarrollo capitalista tardío, su principal temor en Turquía es la amenaza de una revolución obrera, y ve en los centros imperialistas a sus principales aliados contra este peligro.

Esa misma posición de clase objetiva la comparten los movimientos nacionalistas burgueses, ya sean palestinos o kurdos, ya estén en la mira del imperialismoo o sean aliados. Todos los regímenes y movimientos nacionalistas burgueses, que son incapaces de hacer un llamado a la clase obrera internacional contra el imperialismo, siempre emprenden maniobras reaccionarias para buscar reconciliarse con las potencias imperialistas dentro del sistema capitalista de Estados nación, la raíz del problema.

Como lo explicó León Trotsky, colíder de la Revolución rusa y fundador de la Cuarta Internacional, en su teoría de la revolución permanente, y como lo demuestra la historia de los siglos XX y XXI, la independencia frente al imperialismo y la instauración de un régimen democrático requieren que la clase obrera tome el poder como parte de la revolución socialista internacional.

Recep Tayyip Erdoğan se reúne con Joe Biden, cumbre de la OTAN, 29 de junio de 2022 [Photo: Official White House Photo by Adam Schultz]

El genocidio de los palestinos en Gaza a manos del régimen sionista israelí ha puesto al descubierto la complicidad del Gobierno turco así como de todos los países de la OTAN y sus aliados. El Gobierno del presidente Recep Tayyip Erdoğan ha sido desenmascarado como colaborador del imperialismo y el sionismo al continuar las exportaciones que alimentan la guerra de Israel contra los palestinos, más allá de sus críticas retóricas a Netanyahu. Además, Erdoğan mantiene en Turquía bases de EE.UU. y la OTAN que prestan apoyo a Israel.

Ante la creciente desigualdad social y el agravamiento de la crisis del coste de vida, que provocó una ola de huelgas salvajes, la insistencia de Erdoğan en esta política, a pesar del antiimperialismo, antisionismo y apoyo a los palestinos de la gran mayoría de la población, incidió en que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) oficialista perdiera millones de votos en las elecciones locales de marzo, cayendo por primera vez al segundo puesto.

Pero no hay ningún desacuerdo entre Erdoğan y sus rivales burgueses en cuanto a la alianza militar-estratégica con el imperialismo y el sionismo. El Partido Republicano del Pueblo (CHP), el inmerecido beneficiario de la oposición popular al Gobierno en las elecciones locales, ha dado su pleno apoyo a la adhesión a la OTAN de Finlandia y Suecia como parte de la intensificada agresión contra Rusia. El CHP mantiene estrechos vínculos con Washington y Berlín, con los principales centros imperialistas detrás del genocidio en Gaza y la agresión contra Irán.

Turquía casi duplica su presupuesto militar hasta los 40.000 millones de dólares en 2024. El auge del militarismo y los preparativos de guerra en el extranjero van acompañados de una guerra de clases contra los trabajadores en casa.

El Gobierno de Erdoğan y la oposición burguesa también están de acuerdo en el brutal programa capitalista de ataques sociales contra la clase obrera y la supresión de la resistencia de los trabajadores a través del aparato sindical u otros medios bajo su control. A principios de abril, cuando los trabajadores de municipales de Altındağ, gobernado por el AKP en la capital, Ankara, iniciaron una huelga salvaje, el municipio metropolitano dirigido por el CHP rompió la huelga haciendo que sus propios camiones recogieran la basura.

Las protestas contra la negativa del Gobierno de Erdoğan a poner fin al comercio de Turquía con Israel se enfrentaron a violentos ataques policiales. Mientras la policía estadounidense reprimía violentamente a los estudiantes universitarios que protestaban valientemente el genocidio en Gaza respaldado por EE.UU., los manifestantes contra la complicidad de Alemania en el genocidio fueron atacados por la policía turca cuando el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier visitó Estambul. Entre los que dieron la bienvenida y acompañaron a Steinmeier estaba Ekrem İmamoğlu, el alcalde del CHP de Estambul, quien fue respaldado por los partidos pseudoizquierdistas.

Protesta propalestina en Estambul, Turquía, 5 de abril de 2024 [AP Photo/Khalil Hamra]

Esto subraya que no existe un movimiento contra la guerra ni una facción prodemocrática en la élite gobernante. Sin embargo, las protestas mundiales contra el genocidio en Gaza desde octubre han dejado claro que existe una oposición social masiva a la guerra. Esta oposición debe orientarse hacia la clase obrera y armarse con una clara estrategia socialista internacional.

La normalización por pate de la burguesía de la mortalidad y morbilidad por la pandemia, su normalización del genocidio y la guerra nuclear debe responderse con la normalización del socialismo.

Debe entenderse que la política de presionar a los Gobiernos imperialistas o capitalistas para que pongan fin a la guerra y al genocidio o de pretender que estamos en una era de “imperialismo pacífico” es ruinosa. Como explicaron los grandes líderes marxistas, Vladímir Lenin y León Trotsky, las causas de la guerra imperialista no residen en las intenciones subjetivas de los dirigentes políticos, sino en los intereses materiales de clase y en las contradicciones insolubles del sistema capitalista. Mientras exista el capitalismo, habrá guerras imperialistas.

Lenin y Trotsky en la celebración del segundo aniversario de la Revolución de Octubre

Además, el genocidio israelí contra los palestinos, la guerra contra Irán y Rusia y los preparativos de guerra contra China no puede detenerse solo mediante la lucha de los trabajadores de estos países o regiones. Los mejores aliados de los trabajadores de estas regiones son los trabajadores de los centros imperialistas, especialmente en EE.UU.

La revolución socialista que comenzó en Rusia en 1917 debe entenderse como un proceso global unificado. El éxito de esta revolución mundial y, hay que añadir, la supervivencia misma de la civilización humana depende sobre todo de que la clase obrera tome el poder en EE.UU. y Europa y actúe para acabar con la agresión imperialista. Por eso la campaña del Partido Socialista por la Igualdad en las elecciones presidenciales de 2024 en Estados Unidos, que no solo es el centro de mando del imperialismo mundial sino también el hogar de la clase trabajadora más poderosa del mundo, es crucial para la clase obrera de Oriente Próximo y el mundo.

En este Primero de Mayo crucial, el Sosyalist Eşitlik Grubu de Turquía hace un llamamiento a los trabajadores y a los jóvenes de todo Oriente Próximo: Únanse a nosotros en la lucha internacional por el socialismo para detener el genocidio y la guerra imperialista y acabar con su causa fundamental, el capitalismo mundial. ¡Construyan el Comité Internacional de la Cuarta Internacional como dirección del movimiento global socialista y contra la guerra!

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