El Gobierno del primer ministro francés François Bayrou cayó ayer al perder un voto de confianza por un margen de 364 votos contra 194, con 15 abstenciones. Es la primera vez desde que comenzó la Quinta República francesa en 1958 que la Asamblea Nacional derroca a un gobierno.
El presidente Emmanuel Macron emitió un comunicado prometiendo “recibir mañana al primer ministro, François Bayrou, para aceptar su renuncia” y “nombrar un nuevo primer ministro en los próximos días”. Aparentemente intenta formar un nuevo gobierno sin convocar elecciones anticipadas, basándose en el parlamento sin mayoría actual. Entre los posibles nombres para primer ministro figuran desde el exministro del Interior fascistizante de Macron, Gérald Darmanin, hasta el ex primer ministro del Partido Socialista (PS), Bernard Cazeneuve.
Se perfila rápidamente un enfrentamiento entre la clase obrera y la oligarquía capitalista. La popularidad de Macron se ha desplomado hasta el 15 por ciento, el índice más bajo jamás registrado para un presidente francés; sus posibles nuevos primeros ministros son todos figuras impopulares que comparten la agenda de Bayrou de aumentar el gasto militar y aplicar medidas de austeridad. Además, el partido neofascista Agrupamiento Nacional (RN) se declara listo para asumir el poder, prometiendo más que duplicar los recortes sociales de Bayrou, de 44.000 a 100.000 millones de euros.
Con huelgas y protestas que comenzarán mañana en toda Francia, la clase obrera entra en una lucha que solo puede librarse con métodos revolucionarios. La única manera de resolver la crisis de deuda en Francia y en toda Europa sin empobrecer a los trabajadores es expropiar a la oligarquía capitalista, rompiendo su control sobre el poder estatal. Esto, a su vez, requiere liberar la lucha de clases del yugo de las burocracias que buscan estrangularla, principalmente los partidos y las direcciones sindicales del Nuevo Frente Popular (NFP), liderado por Jean-Luc Mélenchon.
El discurso de Bayrou en la Asamblea Nacional ayer defendió abiertamente la guerra y a la oligarquía capitalista. “Francia no ha tenido un presupuesto equilibrado en 51 años”, afirmó, señalando la deuda francesa de más de 3 billones de euros. Sin un aumento masivo en el gasto militar y pagos a los bancos para reducir la deuda, aseguró Bayrou, Francia será “dominada por la fuerza de las armas o dominada por nuestros acreedores mientras nuestras deudas nos ahogan. En cualquiera de los dos casos, perdemos nuestra libertad”.
Lamentó que multimillonarios como el hombre más rico de Europa, el magnate del lujo francés Bernard Arnault (con una fortuna de 172.000 millones de dólares), sean “objetivos emblemáticos de una forma de pensamiento mística. Son como muñecos vudú a los que la gente clava alfileres, para golpearlos en la cartera, supongo… Así nos dicen que si tomamos lo que tienen, mucho de lo que tienen, o el 2 por ciento anual de lo que tienen… entonces se resolverán los problemas de Francia”.
En cambio, Bayrou exigió que el pueblo francés aplaudiera a los ultrarricos. “El 1 por ciento superior es responsable de gran parte de la inversión privada en la producción en Francia”, dijo, y si “se les ataca, tienen una respuesta muy simple e inmediata: se van. Pueden encontrar una plétora de otros países con paraísos fiscales”.
La oligarquía capitalista no ha enriquecido a la sociedad, sino que la ha saqueado. Esta oligarquía condena a Francia y a gran parte de Europa a la estagnación industrial, monopolizando la riqueza creada por los trabajadores. En su obra de 2010 Por una revolución fiscal, el economista Thomas Piketty descubrió que en Francia, el 10 por ciento más rico de la población poseía el 62 por ciento de la riqueza total; solo el 1 por ciento poseía el 24 por ciento. Desde entonces, sin embargo, la riqueza se ha concentrado aún más en la cúspide: la riqueza de solo los 500 franceses más ricos aumentó de 194.000 millones a 1.228.000 millones de euros.
Fortalecer el ejército y estabilizar las finanzas públicas sin expropiar estas fortunas colosales significa destruir el gasto social. El Estado francés cuenta actualmente con ingresos fiscales anuales por 330.000 millones de euros. Sobre esta base, aumentar el gasto militar en 100.000 millones anuales, destinar otros 100.000 millones para el pago de intereses de la deuda y decenas de miles de millones más para amortizar la deuda significaría prácticamente eliminar el gasto en pensiones, salud y educación.
La líder del RN, Marine Le Pen, intervino en la Asamblea llamándolo “un momento de verdad en el que los responsables se ven obligados a revelar los resultados desastrosos de cinco décadas de gasto excesivo”. Los dirigentes “de derecha e izquierda” eran “culpables”, dijo Le Pen, llamando a Macron no a dimitir, sino a organizar elecciones legislativas anticipadas. Dijo que esperaba que el RN obtuviera “una mayoría absoluta para aplicar una política de recuperación nacional”.
Los trabajadores que votan por el RN deben ser advertidos: Le Pen los está engañando. Su demagogia sobre “la recuperación nacional” es una cobertura cínica para los planes del RN de establecer una dictadura fascistizante para hacer la guerra en el extranjero y la guerra de clases en casa. De hecho, la semana pasada, el presidente del RN, Jordan Bardella, publicó una carta abierta a los empresarios franceses pidiendo recortes de 100.000 millones de euros al gasto social.
Los trabajadores no pueden combatir una dictadura fascistizante apoyando a un gobierno liderado por el NFP, sea bajo Macron u otro. El programa del NFP promete participar en guerras de la OTAN y defender la propiedad capitalista. En el poder, el NFP recurriría pronto a la represión brutal para aplastar la oposición obrera a sus medidas para estabilizar el capitalismo francés.
Ayer, la mayoría del NFP pidió formar un gobierno bajo Macron. “El PS asume la responsabilidad de afirmar que está preparado, junto a la izquierda y los ecologistas, para gobernar”, declaró el dirigente del PS, Boris Vallaud, quien afirmó que el PS ofrecería “justicia fiscal, social y territorial”.
“Para salir de este callejón sin salida, el presidente no tiene otra elección que aceptar un primer ministro de un partido rival, nombrando a un primer ministro del Nuevo Frente Popular”, dijo la líder parlamentaria de los ecologistas, Cyrielle Chatelain. De forma similar, el dirigente estalinista del Partido Comunista Francés (PCF), Fabien Roussel, pidió a Macron que “saque las lecciones y nombre a un primer ministro de izquierda que cuestione la austeridad”.
Mélenchon proyecta una imagen más “radical”, diciendo que las huelgas venideras deben derrocar a Macron. Pero Mélenchon ha estado en gobiernos del PS favorables a la austeridad o aliados a ellos durante más de 40 años, desde que sirvió como asesor principal del presidente del PS François Mitterrand, cuando este último abandonó el programa de reformas con el que fue elegido en 1981 y adoptó su “giro hacia la austeridad” de 1982. Bajo la presión de los mercados financieros como en 1981, un gobierno de Mélenchon también capitularía rápidamente.
Anoche, en la cadena France2, Mélenchon afirmó que la caída de Bayrou fue una “victoria popular”, pero también elogió el “coraje” de Bayrou por convocar el voto de confianza: “Debemos saludarle, por cierto, porque es la primera vez en cinco años. Tuvo ese coraje”. Negando descaradamente la crisis de deuda, Mélenchon afirmó que sus propuestas de inversión ecológica darán confianza a las empresas francesas.
“No hay crisis de deuda. Tres billones de euros es algo cosmético”, dijo. “Lo que debemos dar sobre todo al país—no a los mercados financieros, sino a la buena gente, a los empresarios de este país—es visibilidad sobre lo que sucederá”.
La principal exigencia de Mélenchon es que Macron dimita y convoque elecciones presidenciales anticipadas para dar mayor legitimidad al sistema institucional francés. Dijo: “Estamos en un momento de ‘que se vayan todos’, creo que estarán de acuerdo. Y lo que necesitamos después de un movimiento de ‘que se vayan todos’ es un movimiento de refundación. Dadas las instituciones en este país, solo la elección presidencial nos permitirá tener un momento de refundación”.
Las negaciones de la crisis por parte de Mélenchon son una mentira para adormecer a los trabajadores. Todos los principales países de Europa enfrentan crisis de deuda insolubles. Solo hay dos salidas: una dictadura fascistizante para empobrecer a los trabajadores, o una lucha por la revolución socialista para expropiar a la oligarquía.
Las acciones que están siendo lanzadas por trabajadores y jóvenes en toda Francia deben iniciar esta lucha. Hay que preparar una huelga general para derrocar a Macron, con los trabajadores organizados en comités de base que coordinen sus luchas independientemente de las burocracias sindicales aliadas con Macron. Por encima de todo, esta lucha requiere encontrar aliados fuera de las fronteras de Francia, entre los trabajadores que entran en lucha contra la austeridad en toda Europa e internacionalmente, en una lucha abiertamente declarada por el socialismo.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 8 de septiembre de 2025)
