El año 2025 pasará a la historia como uno de los años más devastadores en cuanto a despidos masivos en la historia reciente. Solo en Estados Unidos se eliminaron más de un millón de puestos de trabajo, lo que lo convierte en una de las mayores oleadas de destrucción de empleo del siglo XXI, y la mayor que se ha producido sin una recesión o una crisis financiera declaradas oficialmente.
La clase dominante ha aprovechado el año para llevar a cabo una reestructuración deliberada de la producción, acelerando la automatización, la inteligencia artificial y la reorganización global para recortar los costes laborales y enriquecer enormemente a una pequeña oligarquía financiera.
Según la empresa de recolocación Challenger, Gray & Christmas, los empleadores anunciaron más de 1,1 millones de recortes de empleo hasta noviembre de 2025, lo que supone un aumento del 54 % con respecto al mismo periodo del año anterior. Esta fue la cifra más alta desde el comienzo de la pandemia en 2020 y solo la sexta vez desde 1993 que los recortes de empleo superaron el 1,1 millón durante los primeros 11 meses del año. Estas cifras subestiman la magnitud real de la devastación, ya que excluyen muchos despidos temporales, no renovaciones de contratos y despidos no reportados.
La destrucción de puestos de trabajo se extiende a todos los sectores importantes de la economía. La logística y el transporte se vieron particularmente afectados. UPS anunció la eliminación de 48.000 puestos de trabajo en 2025 como parte de una reestructuración radical que supuso el cierre de instalaciones, la automatización de operaciones y la intensificación de la explotación de los que se quedaron.
Los gigantes tecnológicos, promocionados durante mucho tiempo como motores de la «innovación», lideraron todos los sectores en despidos, con más de 153.000 recortes de empleo anunciados hasta noviembre, un 17 % más que en el mismo periodo de 2024. La inteligencia artificial y la automatización se utilizaron para llevar a cabo miles de despidos en Microsoft (15.000), Intel (15.000), Amazon (14.000), Verizon (13.000) y HP (4-6000) y otras empresas, mientras se destinaban miles de millones a la recompra de acciones y a la remuneración de los ejecutivos.
La industria del entretenimiento y los medios de comunicación registró otro año brutal, con más de 17.000 puestos de trabajo recortados en televisión, cine, radiodifusión, noticias y streaming en los primeros 11 meses del año, un 18 % más que el año pasado. En el sector de la transformación de alimentos, los productos de consumo y el comercio minorista, Nestlé anunció 16.000 recortes de empleo; Tyson va a cerrar una planta de envasado de carne de vacuno en Nebraska, lo que supondrá la pérdida de 3200 puestos de trabajo; y Procter & Gamble va a recortar 7000 puestos de trabajo y Target 1800, al tiempo que mantienen su rentabilidad y recompensan a los accionistas.
En la industria automovilística, 2025 puso al descubierto el fraude de la llamada «transición a los vehículos eléctricos» bajo el capitalismo. General Motors llevó a cabo profundos recortes de empleo en sus operaciones de vehículos eléctricos y baterías, incluyendo más de 1200 despidos permanentes en su planta de montaje insignia Factory Zero en Detroit, al reducirse la producción de dos turnos a uno. Otros cientos de trabajadores fueron despedidos o puestos en situación de permiso indefinido en las plantas de baterías Ultium Cells en Ohio y Tennessee.
Ford está poniendo fin a la producción de su camioneta eléctrica F-150 Lightning y desmantelando su empresa conjunta de baterías Blue Oval en Kentucky, lo que supondrá la pérdida de 1600 puestos de trabajo. Los recortes de empleo se están acelerando en la fabricación de maquinaria de construcción y camiones, con el cierre de la planta de CASE IH en Burlington, Iowa, y la pérdida de 100 puestos de trabajo en la planta de trenes de transmisión de Volvo Mack en Hagerstown, Maryland.
A pesar de las cifras oficiales del PIB alabadas por Trump, los economistas afirman que casi la mitad de los estados de EE. UU. ya han experimentado niveles de pérdida de empleo y descenso de la producción compatibles con una recesión. Oregón, por ejemplo, registró casi 9000 despidos masivos en 2025, una cifra que superó el ritmo de pérdida de empleo durante los peores años de la Gran Recesión de 2008-2009.
La masacre laboral no se limita a Estados Unidos. En toda Europa se aceleraron los despidos industriales, y los fabricantes alemanes anunciaron recortes de empleo a un ritmo de aproximadamente 10 000 al mes. En el sector automovilístico, VW, Bosch, ZF y otros fabricantes han recortado más de 50 000 puestos de trabajo, mientras que Ford está recortando 1000 puestos en su planta de vehículos eléctricos de Colonia (Alemania), como parte de sus planes de eliminar 4000 puestos de trabajo en toda Europa para 2027. Las grandes empresas también están llevando a cabo planes de reestructuración radicales en Gran Bretaña, Francia e Italia.
A la clase trabajadora se le dice que esta devastación es inevitable, resultado de las «fuerzas del mercado», el «cambio tecnológico» o la «competencia global». En realidad, se trata de una política consciente de las empresas y los gobiernos capitalistas que se enfrentan a contradicciones económicas cada vez más profundas. La inteligencia artificial y la automatización, tecnologías que en una sociedad organizada racionalmente podrían reducir radicalmente la semana laboral y eliminar las tareas peligrosas y repetitivas, se están utilizando como arma para destruir puestos de trabajo e intensificar la explotación.
Las advertencias de una ola aún mayor de recortes de empleo en 2026 son explícitas. Los estudios indican que la IA ya puede sustituir el trabajo equivalente a más del 10 % de la población activa de Estados Unidos, y figuras destacadas del sector tecnológico predicen abiertamente que se eliminarán millones de puestos de trabajo más a medida que las empresas persigan el «ahorro de IA». Las revistas de negocios hablan ahora con franqueza de un futuro de «crecimiento sin empleo», en el que la productividad y los beneficios se disparan mientras que el empleo se estanca o disminuye.
Este ataque es inseparable de la crisis más amplia del capitalismo. La expulsión del trabajo vivo —la única fuente de plusvalía— del proceso de producción no hace más que profundizar las contradicciones del sistema. Las empresas tratan de compensar esto mediante la aceleración del ritmo de trabajo, los despidos masivos, las políticas de guerra comercial y la intensificación de la explotación de quienes siguen empleados. El giro hacia el nacionalismo económico y el militarismo, incluida la escalada del conflicto con China, está ligado a la misma crisis y al mismo esfuerzo por imponer sus costes a la clase trabajadora.
El grotesco resultado social es una sociedad en la que el desempleo masivo y la inseguridad coexisten con una obscena acumulación de riqueza. Wall Street espera que los mercados bursátiles continúen su meteórico ascenso en 2026, incluso cuando millones de personas pierden sus medios de vida. La fortuna personal de Elon Musk se disparó hasta alcanzar aproximadamente 750.000 millones de dólares en 2025, lo que simboliza la enorme transferencia de riqueza social hacia arriba que acompaña a los despidos masivos y la austeridad.
Las burocracias sindicales han funcionado a lo largo de este proceso como instrumentos de la gestión empresarial. Aceptan el supuesto «derecho» de las empresas a eliminar puestos de trabajo, limitan su respuesta a la obtención de indemnizaciones por despido y planes de jubilación anticipada, y reprimen activamente cualquier lucha de los trabajadores para defender sus medios de vida. Lo peor de todo es que los dirigentes del sindicato United Auto Workers (de trabajadores automotores; UAW) y los Teamsters (de Camioneros) promueven el veneno nacionalista, alineándose con las políticas de guerra comercial de la administración Trump y culpando a los trabajadores de otros países y a los trabajadores inmigrantes de los despidos impuestos por las empresas transnacionales.
Sin embargo, 2025 también se caracterizó por un renovado crecimiento de la lucha de clases. En Estados Unidos, los trabajadores de Boeing llevaron a cabo una huelga de cuatro meses, demostrando una profunda ira y militancia a pesar de los esfuerzos del aparato sindical por aislar y contener la lucha. En toda Europa, estallaron huelgas generales en Bélgica, Italia y Portugal contra la austeridad y los ataques a los derechos sociales. En América Latina y otras regiones, las protestas masivas y las huelgas subrayaron el carácter global de la resistencia de la clase trabajadora.
Estas luchas se intensificarán en 2026. Solo en Estados Unidos están a punto de expirar decenas de contratos importantes, entre ellos los acuerdos que cubren a 30.000 trabajadores de refinerías de petróleo y petroquímicas a finales de enero, a miles de trabajadores de piezas de automóviles en Dana, Nexteer y otros proveedores, y a amplios sectores de trabajadores de la sanidad, la educación y la logística. Las empresas se están preparando para utilizar estas negociaciones para imponer recortes de empleo, automatización y concesiones.
La cuestión decisiva es el liderazgo y la perspectiva.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 30 de diciembre de 2025)
