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La deuda de IA crece y aumentan los riesgos financieros

Ahora están saliendo a la luz datos e información sobre el creciente flujo de deuda que se usa para financiar el boom de la inteligencia artificial (IA) y cómo las grandes empresas están creando mecanismos financieros para tratar de escapar de las consecuencias si la burbuja financiera en expansión explota.

Ilustración de CNBC sobre las inversiones en inteligencia artificial [Photo: CNBC]

Inicialmente, después de que OpenAI lanzara ChatGPT hace tres años, el dinero proporcionado para financiar la construcción de los centros de datos de IA procedía de las reservas de efectivo de las principales empresas tecnológicas.

El Financial Times (FT) ha informado de que este año las empresas estadounidenses han vendido 1,7 billones de dólares en bonos con calificación de inversión, una cifra cercana al récord de 1,8 billones de dólares alcanzado en 2020, cuando se produjo una carrera para aprovechar los tipos de interés ultrabajos al inicio de la pandemia.

Según el informe, se ha producido un auge de los préstamos para IA que representa el 30 % de la emisión con grado de inversión, «ya que los grandes grupos tecnológicos, como Meta [propietaria de Facebook] y Alphabet [propietaria de Google], Amazon y Oracle, han recurrido a los mercados de bonos para financiar los centros de datos y los sistemas energéticos necesarios para alimentarlos».

Se espera que la emisión de deuda aumente notablemente el próximo año, y lo que ha ocurrido hasta ahora se describe como «la punta del iceberg».

JP Morgan ha afirmado que se necesitarán 1,5 billones de dólares en deuda relacionada con la IA para 2028, y se prevé que el gasto en infraestructura de IA alcance entre 5 y 7 billones de dólares a finales de la década.

Las principales empresas tecnológicas, entre ellas Meta, xAI de Elon Musk, Oracle y el operador de centros de datos CoreWeave, están liderando el camino en la búsqueda de medios que les protejan del colapso del boom mediante la creación de entidades con fines especiales (SPV) financiadas por empresas de inversión de Wall Street.

Según el FT, empresas financieras como Pimco, BlackRock, Apollo, Blue Owl y bancos como JP Morgan han aportado al menos 120 000 millones de dólares en deuda.

La ventaja para las empresas que crean las SPV es que la deuda en la que incurren no figura en el balance, lo que les facilita seguir recaudando fondos en el mercado de bonos corporativos. Sin embargo, esto genera nuevos niveles de riesgo en condiciones en las que no está nada claro quién asumirá la responsabilidad si los proyectos financiados por las SPV no generan ingresos suficientes.

Como señaló el FT, las estructuras de las SPV «aumentan el peligro de que las tensiones financieras de los operadores de IA en el futuro puedan extenderse por Wall Street de forma impredecible».

Citó a un banquero «cercano a las operaciones de financiación de centros de datos» que afirmó que dos riesgos se estaban entrelazando: los riesgos crecientes en los mercados de capital privado en general y los riesgos específicos del auge de la IA.

Las prácticas que desempeñaron un papel importante en la crisis financiera de 2008 también están volviendo con la titulización de la deuda de la IA. Se trata de la práctica por la que los prestamistas agrupan los préstamos y venden partes de ellos a otros inversores en forma de valores respaldados por activos. Hasta ahora, las cifras no son elevadas, pero son una señal de advertencia.

El desarrollo de la IA, si se utilizara de forma consciente, controlada y racional como inteligencia aumentada, podría proporcionar enormes avances económicos. Sin embargo, su desarrollo bajo el sistema capitalista de propiedad privada y relaciones de mercado contiene en sí mismo las semillas de una crisis financiera que podría germinar rápidamente.

Estas surgen de los ingresos insuficientes que se generan con la aplicación de la IA para financiar el gasto masivo en centros de datos, los problemas asociados con el desarrollo de la electricidad necesaria para su funcionamiento y la perspectiva de que los cambios tecnológicos conduzcan al desarrollo de métodos más eficientes y menos costosos, lo que significa que los proyectos actuales se convertirán en los llamados «activos varados».

Ya existe la preocupación de que el carácter circular de los acuerdos y pactos actuales haya creado un auge artificial. En una publicación en el sitio web del Instituto de Nuevo Pensamiento Económico, el economista holandés Servaas Storm describió su alcance.

«Es fundamental», escribió, «que la mayoría de los megaacuerdos de financiación sean notablemente circulares. Para que se hagan una idea: Nvidia invierte en OpenAI y OpenAI quiere comprar millones de chips especializados de Nvidia. OpenAI compra potencia informática a Oracle, que compra GPU (unidades de procesamiento gráfico) de Nvidia. Nvidia posee el 5 % de CoreWeave y vende chips a CoreWeave. El mayor cliente de CoreWeave es Microsoft, que es inversor en OpenAI, comparte ingresos con OpenAI, compra chips a Nvidia y tiene acuerdos de colaboración con AMD. AMD, rival de Nvidia, estaba tan ansiosa por conseguir a OpenAI como cliente que emitió warrants para que OpenAI comprara el 10 % de AMD a un centavo por acción. OpenAI es cliente de CoreWeave y también accionista. Nvidia ha invertido en xAI y le suministrará procesadores. Y así sucesivamente».

El carácter interconectado de las operaciones financieras significa que los problemas en un área del auge de la IA pueden extenderse rápidamente a otras.

Storm afirmó que, para muchos observadores, «estas operaciones financieras circulares astronómicas» les trajeron «recuerdos traumáticos de los acuerdos financieros circulares de finales de la década de 1990, cuando los proveedores reforzaban mutuamente las valoraciones bursátiles de las empresas puntocom sin generar ningún valor real».

De hecho, la situación es potencialmente mucho más grave, ya que el sistema financiero, junto con la deuda, ha crecido a pasos agigantados desde entonces y se ha integrado cada vez más, de modo que una crisis o un colapso en un área del mercado tiene el potencial de desencadenar una crisis más amplia.

La crisis de 2008 y la congelación del mercado de marzo de 2020 fueron advertencias de tal evento.

Si bien hay indicios claros de que la financiación de la IA está creando las condiciones para una crisis, hay otra cuestión que debe tenerse en cuenta.

¿Qué pasaría si las estimaciones de los beneficios financieros de la IA, en las que se han basado las inversiones masivas, resultaran ser correctas, o al menos parcialmente correctas?

La única forma de que eso ocurra es que las empresas que utilizan la IA generen unos beneficios mucho mayores gracias a una reducción masiva de su estructura de costes mediante la eliminación de gran parte de los puestos de trabajo, en particular los denominados «de cuello blanco» y los relacionados con la informática. Ya hay indicios de que eso está empezando a ocurrir, ya que las grandes empresas están anunciando despidos masivos.

El desarrollo de cualquiera de estos escenarios, o una combinación de ambos, plantea la necesidad de que la clase trabajadora arrebate a la oligarquía financiera la propiedad y el control de este importante avance tecnológico y lo utilice en el desarrollo de una economía socialista planificada.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 29 de diciembre de 2025)

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