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Perspectiva

La huelga general de Minnesota y el resurgimiento de la lucha de clases en Estados Unidos

El 8 de enero, al día siguiente del asesinato de Renée Nicole Good por parte del ICE en Minneapolis, el World Socialist Web Site publicó una declaración en la que explicaba que «la lógica de los acontecimientos avanza inexorablemente hacia una huelga general contra el régimen de Trump: una intervención masiva y coordinada de los trabajadores de todos los sectores para detener la maquinaria de represión y explotación».

Vigilia en honor a Renee Good, asesinada por un agente del ICE en Minneapolis a principios de semana, en el Capitolio del Estado de Minnesota en St. Paul, el viernes 9 de enero de 2026. [AP Photo/John Locher]

Una semana más tarde, en respuesta a la creciente presión de los trabajadores indignados por la brutalidad diaria infligida por las fuerzas paramilitares de Trump, una coalición de sindicatos locales y organizaciones comunitarias de Minneapolis ha convocado una huelga general para el 23 de enero.

Hasta ahora, la AFL-CIO de Minnesota no ha respaldado la acción y su página web oficial, bajo el lema «Un Día de Verdad y Libertad», evita cuidadosamente la palabra «huelga» y, en su lugar, insta a los trabajadores a que se den de baja por enfermedad, a los consumidores a que no compren nada y a las empresas a que cierren voluntariamente. El aparato sindical, estrechamente vinculado al Partido Demócrata, está intentando contrarrestar la creciente simpatía por una huelga general que se está extendiendo entre amplios sectores de la población.

Sin embargo, el mero hecho de que la huelga general haya entrado en el debate político es en sí mismo una expresión de una nueva etapa en la lucha de clases y la polarización social y política de Estados Unidos. Refleja una creciente sensación dentro de la clase trabajadora de que los canales políticos tradicionales —recurso judiciales, apelaciones a los políticos, maniobras electorales y campañas de presión— son incapaces de detener el rápido giro hacia la dictadura.

A corto plazo, la convocatoria de una huelga general en Minnesota es una respuesta a la dramática escalada de represión por parte de la administración Trump y el ICE en Minneapolis y otras ciudades. Lo que comenzó como redadas y barridos masivos dirigidos a los trabajadores inmigrantes se ha convertido en despliegues paramilitares y la ocupación de una importante ciudad estadounidense. Este asalto ha despojado toda pretensión democrática, ha señalado la amenaza de Trump de invocar poderes extraordinarios, incluida la Ley de Insurrección, y desplegar al ejército contra la población.

La respuesta de Trump a la oposición es la escalada. El asesinato de Renée Good ha sido seguido por una ola de represión, nuevos despliegues y amenazas contra los manifestantes por participar en «insurrección» y «terrorismo». El viernes, el Departamento de Justicia abrió una investigación penal contra el gobernador de Minnesota, Tim Walz, y el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, emitiendo citaciones con la acusación fraudulenta de que «impidieron» la aplicación de la ley federal de inmigración, un uso extraordinario del sistema judicial contra funcionarios electos.

Sin embargo, hay cuestiones más amplias en juego. Estados Unidos ha llegado a un punto en el que la magnitud del colapso político y la ferocidad de las tensiones de clase están generando profundos cambios en la conciencia. La administración Trump, que habla y actúa en nombre de la oligarquía capitalista, está desmantelando los derechos democráticos y destrozando lo que queda de la educación pública, la sanidad y otros servicios sociales. Los trabajadores se enfrentan a una sangría de puestos de trabajo impulsada por la inteligencia artificial, a una inflación galopante y a una deuda cada vez mayor, mientras que los multimillonarios estadounidenses aumentaron su riqueza colectiva en un 18 % solo el año pasado, hasta alcanzar casi 7 billones de dólares.

Hay un clima de resistencia que refleja una creciente sensación de que las cosas no pueden seguir «como antes». Las encuestas, que invariablemente subestiman el sentimiento de oposición, muestran una profunda hostilidad hacia la represión del Gobierno de Trump, con una mayoría de estadounidenses que desaprueban las tácticas del ICE y la forma en que se está gestionando la inmigración, y muchos que se oponen a la acción militar en el extranjero, incluida la invasión de Venezuela y las amenazas de guerra contra Irán.

La huelga de 15.000 enfermeras en la ciudad de Nueva York, la mayor en la historia de la ciudad, es una primera señal de la oposición que crecerá en 2026, al igual que, de otra forma, el hecho de que el trabajador automovilístico de Detroit que fue suspendido por criticar a Trump a principios de esta semana recaudara más de 800.000 dólares a través de GoFundMe en pocos días de decenas de miles de personas.

Esta creciente oposición debe transformarse en un movimiento consciente y organizado. Existe una larga y poderosa tradición de lucha de clases en Estados Unidos, incluida la huelga general. Desde Filadelfia en 1835, pasando por San Luis en 1877, hasta Seattle en 1919 y San Francisco y Toledo en 1934, el factor decisivo nunca ha sido la militancia de la convocatoria por sí sola, sino si la clase trabajadora entró en la lucha de forma consciente e independiente, en oposición a las instituciones que trataban de contenerla.

La propia Minneapolis tiene una larga historia de conflictos de clase. La huelga de camioneros de Minneapolis de 1934, liderada por trabajadores trotskistas del sindicato Teamsters Local 574, transformó una campaña de organización local en una huelga general en toda la ciudad que paralizó el comercio y se enfrentó a las fuerzas combinadas de los empresarios, la policía, la Guardia Nacional, el Partido Agrario-Laborista y la administración Roosevelt. Su victoria contribuyó a desencadenar la sindicalización industrial masiva de la década de 1930 y sigue siendo una poderosa demostración de lo que la clase obrera puede lograr cuando lucha bajo su propio liderazgo y con una perspectiva política clara.

La descarada impunidad de Trump es el producto de una prolongada ausencia de resistencia organizada de la clase obrera en Estados Unidos. Durante décadas, la burocracia sindical desmanteló el movimiento obrero, mientras que la clase dominante se enriqueció mediante la guerra imperialista y una transferencia masiva de riqueza. En este vacío, los sectores más despiadados de la burguesía han llegado a creer que pueden actuar sin restricciones.

El ataque a la clase trabajadora se vio reforzado por una campaña ideológica para negar su propia existencia como fuerza social. En un país que en su día se caracterizó por frecuentes huelgas y enfrentamientos masivos entre el trabajo y el capital, el Partido Demócrata, la academia oficial y la pseudizquierda política promovieron ideologías —sobre todo, políticas de identidad racial y de género— que rechazaban el marxismo, negaban la realidad de la lucha de clases y descartaban el papel de la clase trabajadora como fuerza revolucionaria.

La reelección de Trump marcó un violento reajuste del Estado para reflejar la realidad del dominio oligárquico en Estados Unidos. Además, el carácter extremo de sus acciones, tanto a nivel nacional como internacional, refleja la intensidad de la crisis a la que se enfrenta el capitalismo estadounidense, expresada en la devaluación del dólar, la asombrosa acumulación de deuda y la especulación desenfrenada que sustenta la riqueza de la oligarquía.

Este es el telón de fondo del reajuste desde abajo que está comenzando a tomar forma, a través del creciente resurgimiento del conflicto de clases abierto como eje central de la vida social y política. Además, el desarrollo de la lucha de clases en Estados Unidos tendrá inmensas repercusiones internacionales, destrozando el mito de que los trabajadores estadounidenses son excepcionalmente reaccionarios o incapaces de la lucha colectiva.

Los acontecimientos de Minneapolis marcan el inicio de una nueva etapa. Aunque aún se encuentra en sus primeras fases, se puede predecir con certeza que la lucha de clases en las Twin Cities (Ciudades Gemelas) y en todo el país se desarrollará a un ritmo impulsado por la intensidad de la crisis capitalista. La ira provocada por las acciones de la administración Trump hará cada vez más evidente la conexión entre lo que está sucediendo en Minnesota y la crisis más amplia del sistema capitalista.

Pero hay lecciones políticas que extraer de estos acontecimientos. Para quienes buscan una forma de detener estas atrocidades, es esencial comprender la profunda y arraigada oposición a cualquier movimiento de masas contra el fascismo, no solo por parte de Trump, sino también del Partido Demócrata. Como partido de Wall Street y de la guerra imperialista, los demócratas buscan en todo momento contener la oposición, bloquear el surgimiento de una lucha independiente contra Trump e impedir que se convierta en una lucha más amplia contra la oligarquía y el capitalismo.

Además, incluso cuando la administración Trump ataca a los principales demócratas, puede contar con su apoyo en la defensa de los intereses globales del imperialismo estadounidense.

La lucha contra Trump requiere la construcción de nuevas organizaciones en la clase trabajadora que puedan unificar la defensa de los derechos democráticos y la oposición a la dictadura con las crecientes luchas sociales de los trabajadores. Es necesario dotar al movimiento de clase emergente de una estrategia política clara, que conecte la lucha contra el fascismo con la lucha contra la explotación, la guerra y el propio sistema capitalista, tanto en Estados Unidos como a nivel internacional. Esto depende, sobre todo, de la intervención consciente del movimiento marxista en la clase obrera.

La perspectiva del Partido Socialista por la Igualdad y del Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) siempre ha enfatizado el papel revolucionario de la clase obrera estadounidense como componente decisivo de la clase obrera internacional.

El PSI ha luchado constantemente contra todos los esfuerzos por subordinar a los trabajadores al Partido Demócrata y sus organizaciones afiliadas. Mediante la creación de la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB), el CICI ha desarrollado la forma organizativa para una rebelión contra el aparato sindical proempresarial.

Y más recientemente, el CICI y el WSWS han lanzado Socialism AI como una herramienta vital para la educación política de los trabajadores y los jóvenes en las grandes lecciones de los siglos XX y XXI, sobre todo, las experiencias estratégicas del movimiento marxista.

Con las acciones del régimen de Trump, la oligarquía estadounidense está cruzando un Rubicón del que no hay vuelta atrás. La cuestión a la que se enfrentan millones de trabajadores y jóvenes es la más fundamental: socialismo o barbarie.

El World Socialist Web Site insta a todos los trabajadores que quieran detener el descenso hacia el fascismo y la guerra, que quieran luchar por un futuro basado en la igualdad, la democracia y la paz, a que saquen las conclusiones necesarias y se unan al PSI.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 16 de enero de 2025)

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