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Los sindicatos españoles subordinan la oposición contra la guerra al gobierno del Partido Socialista de Sánchez.

La guerra iniciada por el imperialismo estadounidense e Israel contra Irán está arrastrando al mundo a un conflicto más amplio en Oriente Medio y acerca la perspectiva de una nueva guerra mundial.

En España, el gobierno de Pedro Sánchez—formado por el Partido Socialista (PSOE) y el partido pseudoizquierdista Sumar—se presenta como una voz moderada contraria a la escalada de la guerra, pidiendo el 'no a la guerra' y diciendo que no permitirá que Washington utilice las bases militares conjuntas de EE. UU. y España en Rota y Morón.

El primer ministro español, Pedro Sánchez, con la líder de Sumar, Yolanda Díaz (a su derecha en la imagen) en una reunión de gabinete, julio de 2023 [Photo by Pool Moncloa/Fernando Calvo/Ministry of the Presidency. Government of Spain]

Esta postura es un fraude. Incluso mientras Sánchez emitía estas declaraciones, su gobierno envió a su fragata más avanzada tecnológicamente, la Cristóbal Colón, al Mediterráneo oriental para 'ofrecer protección y defensa aérea'.

Equipado con sistemas avanzados de defensa antimisiles capaces de interceptar ataques de represalia iraníes con drones y misiles de crucero contra bases estadounidenses y británicas o Israel, el despliegue de este barco respalda el esfuerzo bélico liderado por Estados Unidos al proteger infraestructuras militares occidentales clave y permitir a Washington intensificar su campaña de bombardeos contra Irán. El gobierno PSOE-Sumar sigue plenamente integrado en las operaciones militares de la OTAN y continúa aumentando el gasto en defensa de España y respaldando la acelerada campaña de rearme de la Unión Europea.

Los zigzags del gobierno PSOE-Sumar reflejan los intereses imperialistas de la burguesía española. Por un lado, España no se siente ni a sí misma ni a sus aliados europeos lo suficientemente fuertes militarmente como para arriesgarse a un enfrentamiento abierto con Washington y busca acomodarse a la política estadounidense. Por otro, reconoce la agenda antieuropea de Trump y teme la profunda oposición de la clase trabajadora a la guerra imperialista.

Es en este contexto que las principales federaciones sindicales del país, Comisiones Obreras (CCOO), sindicato cercano a los partidos pseudoizquierdistas Podemos y Sumar, y la Unión General de Trabajadores (UGT), alineada con el PSOE, buscan subordinar el sentimiento antibélico entre los trabajadores y la juventud al gobierno y a los objetivos estratégicos más amplios del imperialismo europeo.

Los sindicatos han firmado conjuntamente manifiestos con Sumar, incluido uno titulado “Paz y Democracia para Irán”. En él, llaman al gobierno español a que “mantenga una posición firme y coherente a favor de la paz y del alto al fuego inmediato”, al tiempo que acogen favorablemente medidas como la “prohibición de la utilización de las bases norteamericanas en España para dar soporte a esta guerra”.

El comunicado insta a 'que la Unión Europea adopte una postura clara y unificada en defensa del cese de hostilidades, la protección de la población civil y el respeto estricto del derecho internacional.' y concluye exigiendo ' Que la Unión Europea adopte una posición inequívoca en favor de la paz, rechazando la escalada militar y promoviendo la mediación diplomática'.

En realidad, las potencias imperialistas dentro de la Unión Europea han apoyado y participado en guerras lideradas por Estados Unidos en Oriente Medio y Asia Central, desde Afganistán e Irak, y Libia hasta Siria y Yemen, y más recientemente en el genocidio israelí en Gaza. Aunque ocasionalmente se presentan como defensores de la diplomacia o del 'multilateralismo', los gobiernos europeos han apoyado en la práctica la reestructuración imperialista de la región liderada por Washington.

Al mismo tiempo, estos gobiernos han librado una guerra social implacable contra sus propias poblaciones para financiar el militarismo. Durante más de una década, especialmente desde que la OTAN provocó la guerra contra Rusia en Ucrania en 2022, las clases dirigentes europeas han impuesto austeridad, recortado el gasto social y desviado vastos recursos hacia el rearme.

Esto también se aplica al gobierno español. El exsecretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, respondió recientemente a los discursos de Donald Trump que afirman que España gasta poco en defensa, señalando que 'El Gobierno español está haciendo esfuerzos e incrementando su gasto en defensa'. El gasto militar real de España se estima en unos 66.000 millones de euros, frente a los aproximadamente 30.000 millones de euros de 2018, el primer año de Sánchez. Este aumento del 123 por ciento ha sido facilitado por el respaldo de sus socios de coalición pseudoizquierdista: primero Podemos (2020–2023) y ahora Sumar.

La burocracia sindical ha desempeñado un papel decisivo. UGT y la CCOO son defensores activos de la campaña de rearme española y europea bajo el lema de la 'autonomía estratégica'—la construcción de fuerzas militares destinadas a sostener la guerra contra Rusia y permitir intervenciones en Oriente Medio y África, independientemente de Washington. Esto implica la transferencia de vastos recursos del gasto social a los presupuestos militares, la destrucción de cientos de miles de empleos en medio de una guerra comercial global en crecimiento y la reintroducción del servicio militar obligatorio.

El año pasado, Unai Sordo, secretario general de CCOO, defendió el aumento del gasto militar considerando una 'situación sin precedentes' debido a las amenazas de guerra comercial estadounidense. Insistió en que el enfoque de la CCOO 'tratará de asegurar que la posición del sindicalismo europeo respalde el fortalecimiento de la autonomía estratégica de la UE'. Esto, dijo, debe ir más allá de la defensa y la seguridad y también abarcar los sectores energético e industrial.

Unai Sordo, secretario general de CCOO, en una manifestación nacional de empleados públicos en Madrid [Photo by Comisiones Obreras / CC BY-SA 2.0]

Semanas después, el secretario general de la UGT, Pepe Álvarez, declaró a Público el Primero de Mayo: 'Europa, sobre todo, tiene que tener autonomía estratégica. ... Esa autonomía la tiene que tener en la fiscalidad o desde el punto de vista de la producción farmacéutica, pues hemos visto durante la pandemia que estamos en pañales en esa materia. Y la tiene que tener la política de defensa también.

Hemos visto que no solo es la guerra de la invasión de Rusia a Ucrania sino también lo es la propia producción de la industria militar, donde tenemos una dependencia de EE. UU. absolutamente estúpida e inconsistente.” Luego insistió: ' Creo que la UE debería ponernos un impuesto a todos los ciudadanos y las ciudadanas para la defensa'.

Los sindicatos han disfrazado su militarismo alegando que, en palabras de Álvarez de la UGT, el gasto en defensa 'quiere decir también generación de puestos de trabajo. No sólo directamente en la fabricación de productos militares sino también desde la propia perspectiva de la investigación y el desarrollo'. El mes pasado, CCOO incluso advirtió que cualquier bloqueo legal o político de los programas gubernamentales de modernización militar podría poner en peligro '10.000 empleos'.

Esta es una política criminal, que se basa en la premisa de que la producción de armas diseñadas para matar trabajadores y civiles en otros países es una base legítima para crear empleos en el propio país. Subordina a los trabajadores a las demandas económicas y estratégicas de su propia clase dirigente.

UGT y CCOO incluso visten el militarismo como productor de bienestar social. En 2022, UGT FICA publicó un artículo titulado, 'La Industria de Defensa, motor económico y de bienestar social.' En él, la UGT decía que apostaba, 'claramente por un incremento sustancial en la industria de Defensa de nuestro país', añadiendo, 'tenemos muy claro que la industria de Defensa es un motor económico y de bienestar social.' El sindicato rechazaba explícitamente cualquier conflicto entre el gasto militar y el gasto social, afirmando: 'Más Educación, más Sanidad pública, pensiones dignas, más infraestructuras, más viviendas sociales, etc., no debe ser lo opuesto a incrementar el presupuesto de Defensa'.

Cuando el gobierno del PSOE-Sumar presentó en abril de 2025 el muy impopular Plan Industrial y Tecnológico de la Seguridad y la Defensa (PITSD), que otorgó otros 10.000 millones de euros a gastos militares, la burocracia sindical se apresuró a alinearse con Madrid. La UGT en Cádiz presionó activamente para obtener una parte del nuevo gasto en defensa, insistiendo en que el programa de modernización de las fragatas F-100 fuera adjudicado a los astilleros locales.

De manera similar, CCOO solicitó una planificación de adquisiciones plurianual, un pacto de Estado que garantice la contratación militar a largo plazo y flujos de inversión predecibles para asegurar los contratos de defensa y “permita a las empresas garantizar las inversiones en el largo plazo. Todo esto deberá estar contemplado en el Plan Europeo para la Defensa”.

Ambos sindicatos han sido ahora formalmente integrados en la maquinaria militar-industrial del Estado. Una orden ejecutiva de 2025 creó un Comité Nacional para la Seguridad y la Soberanía Tecnológica vinculado al plan industrial de seguridad nacional y defensa, con UGT y CCOO formando parte de su consejo asesor junto a organizaciones empresariales y la asociación de la industria armamentística TEDAE.

CCOO y UGT funcionan como agencias corporativas del Estado capitalista, colaborando con los ministerios del gobierno PSOE-Sumar, la industria armamentística y el aparato militar para promover el rearme mientras suprimen la oposición desde abajo. No ofrecen ninguna salida a la creciente oposición de los trabajadores y la juventud frente a la austeridad, la guerra y la dictadura. Su papel es contener y desviar la ira social hacia apelaciones inofensivas a las mismas instituciones responsables de la escalada bélica.

La lucha contra la guerra imperialista requiere una ruptura consciente con estas organizaciones. Los trabajadores y la juventud deben formar comités de base en lugares de trabajo, fábricas, puertos, centros de transporte, escuelas y universidades, independientes de la burocracia sindical y de los partidos del establishment político, incluyendo el PSOE, Sumar y Podemos.

Estos comités deben unir a los trabajadores de todos los sectores y países, en una lucha común para oponerse al rearme y la austeridad y tomar medidas para paralizar el esfuerzo bélico. Solo mediante la movilización independiente de la clase trabajadora en un programa socialista internacional se podrá detener el impulso hacia la guerra imperialista.

(Publicado originalmente en ingles el 18 de marzo de 2026)

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