La Corriente Revolucionaria de Trabajadores (CRT), la afiliada española de la morenista Corriente Revolución Permanente–Cuarta Internacional (PRC-FI), está llamando a un “frente único” con la burocracia sindical para presionar al gobierno del Partido Socialista (PSOE)–Sumar para oponerse a la guerra imperialista. Este es un mecanismo político para subordinar a la clase trabajadora a las mismas fuerzas responsables del militarismo, la guerra y la austeridad.
Se está promoviendo bajo condiciones de oposición popular masiva y decidida a la guerra imperialista. En todo el mundo, millones de personas han salido a las calles en protesta contra el genocidio en Gaza, expresando profunda hostilidad hacia los crímenes de las potencias imperialistas y sus aliados. En Estados Unidos, esta oposición se ha expresados en las manifestaciones de 'No Kings'. La tercera ronda de protestas del pasado fin de semana reunió a unos 8 millones, convirtiéndose en el día de protesta más grande de la historia de Estados Unidos. Se han celebrado manifestaciones internacionalmente, con la participación de trabajadores, jóvenes y estudiantes indignados por la matanza en curso en Gaza y la complicidad de sus propios gobiernos en la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán.
Se está desarrollando una enorme oposición junto a una crisis económica global cada vez más profunda. Los trabajadores de todos los países se enfrentan a una inflación descontrolada, el aumento del coste de la vida, la escasez de energía y ataques a los salarios y las condiciones sociales. Esto está sentando las bases objetivas para la escalada de la lucha de clases.
Es bajo estas condiciones que organizaciones de clase media como la CRT impulsan la 'unidad de la izquierda' con la burocracia sindical, buscando contener y desviar este movimiento emergente y evitar que rompa con los partidos del estado capitalista mediante la adopción de una perspectiva y dirección política socialista independiente.
En una declaración emitida poco después del estallido de la guerra, 'Trump amenaza con un bloqueo comercial al Estado español si se le impide el uso de las bases de Rota y Morón para atacar Irán. ¡Por el cierre de las bases YA!', la CRT apeló a una 'izquierda' indefinida y a las burocracias sindicales—Comisiones Obreras (CCOO) y la Unión General de Trabajadores (UGT)—para organizar protestas. Estas movilizaciones tienen como objetivo presionar al gobierno PSOE–Sumar para que cierre las bases militares conjuntas EE.UU.-España en Morón y Rota, y para poner fin al comercio de armas con Washington e Israel. La CRT declaró:
Es necesario que las organizaciones sindicales, políticas y sociales de la izquierda, que venimos siendo parte de las movilizaciones contra el genocidio y las últimas agresiones imperialistas y todas las organizaciones obreras, comenzando por los grandes sindicatos, impulsemos movilizaciones que hagan de las calles, los centros de trabajo y estudio trincheras para detener esta agresión y la escalada guerrerista. CCOO y UGT deben romper con su pasividad y llamar a la movilización contra esta ofensiva imperialista.
En un artículo más reciente titulado '’Escudo social’ de Sánchez ante la guerra en Irán: bajada fiscal sin freno a los precios, los despidos o el gasto militar', la CRT critica las limitadas medidas fiscales y subvenciones del gobierno PSOE–Sumar que no logran abordar las consecuencias económicas de la guerra. Una vez más, apela a los sindicatos, insistiendo:
Tenemos que exigir a las direcciones sindicales la unidad de nuestras luchas con la lucha contra el rearme y sus guerras imperialistas. Necesitamos sumar a la lucha la fuerza de los sindicatos, el movimiento estudiantil, los movimientos sociales ...
El intento de la CRT de presentar a CCOO y la UGT como instrumentos de paz e incluso de lucha antiimperialista es ridículo. Durante décadas, han actuado como firmes defensores de las políticas de guerra de los gobiernos del PSOE, incluso en coalición con Podemos y Sumar. Han apoyado programas de rearme y el aumento del gasto militar, justificándolos como motores de empleo, mientras promueven la expansión de la producción de armas e incluso abogan por nuevos impuestos para financiar el rearme europeo.
Han desempeñado un papel directo en la supresión de la resistencia de la clase trabajadora en sectores clave de la economía de guerra, desde Airbus, donde firmaron acuerdos que implicaban despidos masivos y desconvocaron huelgas, hasta las industrias del metal y la construcción naval vinculadas a la producción militar, mientras defendían la 'competitividad' y la inversión sostenida en las grandes empresas de defensa.
Ambos sindicatos están formalmente integrados en el aparato militar-industrial del Estado. Una orden ejecutiva de 2025 estableció un Comité Nacional de Seguridad y Soberanía Tecnológica, vinculado al plan industrial de seguridad nacional y defensa, en cuyo consejo asesor participan UGT y CCOO junto a organizaciones empresariales y la asociación de la industria armamentística, TEDAE. A través de esta incorporación directa a las estructuras de la política estatal, los sindicatos funcionan como componentes activos del programa de rearme.
El fraude político de la perspectiva de la CRT se evidencia aún más con su afirmación de que los sindicatos han 'llegado a poner sobre la mesa la herramienta de la huelga general para tratar de pararlo todo contra la guerra imperialista con la fuerza de la clase trabajadora, como en dos huelgas generales en Italia y diversas jornadas de lucha'.
Estos ejemplos demuestran precisamente lo contrario de lo que escribe la CRT. Las huelgas en Italia, así como las protestas en Grecia contra el genocidio de Gaza o las acciones de los trabajadores portuarios en Barcelona que se negaron a gestionar envíos de armas a Israel, no fueron producto de iniciativas de los principales líderes sindicales. Tampoco lograron un esfuerzo sostenido para desestabilizar la maquinaria bélica.
Por el contrario, estas acciones surgieron en oposición o de forma independiente a los aparatos oficiales y permanecieron estrictamente limitadas en alcance. Su importancia no reside en demostrar el potencial de la burocracia sindical para oponerse a la guerra, sino en subrayar la necesidad de una rebelión organizada y políticamente consciente contra ella y la construcción de nuevas organizaciones de lucha.
Esta no es una nueva orientación de la CRT. Durante las enormes protestas internacionales contra el genocidio en Gaza, la CRT promovió la misma perspectiva, llamando a un 'frente único' con las direcciones de CCOO y UGT, que continuaban apoyando al gobierno PSOE–Sumar incluso mientras armaba a Israel y respaldaba las guerras de la OTAN.
Una lucha de clases contra la guerra imperialista solo puede librarse en oposición al aparato de los sindicatos, que están integrados en el Estado y las grandes corporaciones. Esto requiere la creación de comités de base en lugares de trabajo, fábricas, puertos y centros de transporte, para movilizar la fuerza colectiva de la clase trabajadora contra una clase dominante que lleva la guerra al extranjero mientras ejecuta una ofensiva implacable contra el nivel de vida y los derechos democráticos en su propio país.
Las lecciones de las protestas del 2002-2003
La CRT presenta como su modelo histórico para oponerse a la guerra imperialista: las protestas masivas contra la Guerra de Irak liderada por Estados Unidos en 2002–2003, en las que participaron millones de trabajadores y jóvenes en España y en todo el mundo.
“Aquel movimiento,” la CRT afirma, expresó un rechazo profundo a la participación del Estado español en una invasión basada en mentiras y destinada a garantizar intereses estratégicos y energéticos, alineándose con Blair y Bush.” Antes de concluir: 'Hoy necesitamos recuperar ese espíritu'.
A pesar de su enorme magnitud, estas movilizaciones fueron desmovilizadas rápidamente una vez que Estados Unidos inició la guerra. No lograron impedir que España apoyara la invasión, que acabaría cobrando la vida de más de un millón de personas.
La responsabilidad de este resultado recayó precisamente en las fuerzas proimperialistas que la CRT ahora busca presionar para que adopten una postura antibélica a través de la burocracia sindical: el PSOE y la organización dirigida por estalinistas Izquierda Unida (IU), ahora integrada en la coalición gobernante Sumar.
Mientras millones salieron a las calles contra el gobierno derechista del Partido Popular de José María Aznar por apoyar la guerra, CCOO y UGT los limitaron a protestas controladas y apelaciones institucionales, oponiéndose a cualquier acción que pudiera interrumpir la producción o desafiar directamente a Aznar, y rechazando el desarrollo de un movimiento independiente e internacional de la clase trabajadora contra el imperialismo.
El PSOE e IU trabajaron sistemáticamente para canalizar el movimiento de masas contra la guerra en un proyecto electoral seguro para la burguesía. Esto culminó con la victoria del PSOE en las elecciones de 2004, tras lo cual el nuevo gobierno retiró las tropas españolas de Irak. Esta maniobra táctica sirvió para desactivar la ira popular, mientras que el PSOE pronto intensificó sus intervenciones militares más amplias en el extranjero.
En el cargo, los gobiernos del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero (2004–2011) profundizaron la integración de España en las operaciones imperialistas. Ampliaron el despliegue militar en Afganistán, enviaron tropas al Líbano tras el asalto de Israel a Hezbolá entre 2006 y 2007 y participaron en la guerra de la OTAN contra Libia, que dejó decenas de miles de muertos. La intervención libia fue supervisada por el lado español por Julio Rodríguez Fernández, quien más tarde se unió a la dirección de Podemos, subrayando la continuidad entre el PSOE, el aparato militar, y los nuevos 'populistas de izquierdas' de Podemos, partido fundado en 2014.
Esto formaba parte de un patrón internacional más amplio. Las protestas coordinadas a nivel mundial que involucraron a millones de personas no lograron detener la guerra, no por falta de oposición, sino porque esa oposición estaba políticamente subordinada a sectores de la clase dominante. En Estados Unidos, organizaciones pseudoizquierdistas y fuerzas liberales canalizaron el sentimiento masivo antibelicista hacia el Partido Demócrata y las campañas electorales de Barack Obama, contribuyendo directamente a la disolución del movimiento antibélico.
En Gran Bretaña, la Stop the War Coalition cumplió una función similar, proporcionando la plataforma política a Jeremy Corbyn, quien trabajó para contener la oposición masiva dentro del marco del Partido Laborista, el mismo partido que había encabezado la invasión de Irak bajo Tony Blair. Esta perspectiva canalizó la ira generalizada de nuevo hacia un partido del imperialismo británico, llevándola a un callejón político sin salida.
El PSOE socialdemócrata ha funcionado como el principal partido de los bancos, las corporaciones y los intereses militaristas desde el final de la dictadura del general Francisco Franco. Durante su largo mandato, de 1982 a 1996, el PSOE aseguró la entrada de España en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), consolidó su integración en la Unión Europea y posteriormente supervisó la adopción del euro.
Durante la década de 1990, los gobiernos liderados por el PSOE participaron activamente en las guerras lideradas por Estados Unidos en Oriente Medio y los Balcanes. España apoyó la Guerra del Golfo contra Irak en 1991, desplegando fuerzas navales en el Golfo Pérsico. Posteriormente, tropas españolas fueron enviadas a los Balcanes durante las guerras que siguieron a la ruptura de Yugoslavia instigada por Estados Unidos y Alemania, y a finales de la década España participó directamente en la campaña de bombardeos de la OTAN durante la Guerra de Kosovo.
Estas siempre se presentaron como intervenciones humanitarias en un esfuerzo por frenar la oposición y rehabilitar políticamente al ejército español: una institución profundamente despreciada por la clase trabajadora por su papel en más de un siglo de golpes de Estado y contrarrevolución, siendo el más infame el golpe de 1936 liderado por Franco que desató la Guerra Civil Española (1936–1939) y dio paso a una dictadura militar-fascista de cuatro décadas.
Podemos y Sumar: los 'neo-reformistas' sin reformas
En su artículo, '’Escudo social’ de Sánchez ante la guerra en Irán: bajada fiscal sin freno a los precios, los despidos o el gasto militar', la CRT reconoce el carácter fundamentalmente en contra de la clase trabajadora del gobierno PSOE–Sumar, escribiendo:
Lo que se vuelve a ver, una vez más, es la continuidad de las políticas de estos gobiernos ‘progresistas’ —bien con Sumar o antes con Unidas Podemos— que llevan años sin plantear siquiera la más mínima reforma de carácter estructural con respecto a vivienda, la fiscalidad o la cuestión energética. En cambio, lo que vemos son parches destinados a garantizar los beneficios millonarios de las grandes empresas y rentistas, mientras es la clase obrera y los sectores populares los que sufren las consecuencias.
No es compatible garantizar los beneficios empresariales y aumentar en miles de millones el gasto militar, al mismo tiempo que se nos quieren vender un supuesto “escudo social” que no mejora las condiciones sociales ni los servicios públicos y le deja espacio para que capitalice el descontento la demagogia de la extrema derecha.
Esto solo es una denuncia de la perspectiva que está en el corazón de la CRT. Aunque rutinariamente describe a Podemos y Sumar como 'neoreformistas', se ve obligado a admitir que estos partidos no llevan a cabo ni siquiera reformas mínimas. Defienden los intereses del capitalismo, de la burguesía y de una clase media-alta acomodada que se beneficia directamente de la explotación de la clase trabajadora.
Ambos han respaldado aumentos récord en el gasto militar, el envío de armas al régimen ucraniano de extrema derecha en la guerra de la OTAN contra Rusia y la continuación del comercio de armas con Israel en línea con la estrategia geopolítica de la OTAN.
En casa, estos partidos no han sido menos hostiles hacia la clase trabajadora. Podemos y Sumar supervisaron el despliegue de la policía antidisturbios contra los trabajadores metalúrgicos en huelga en Cádiz y movilizaron a decenas de miles de policías para sofocar la huelga nacional de camioneros en 2022. Su historial demuestra que no son opositores al militarismo y la austeridad, sino ejecutores activos de ambos.
La bancarrota de los intentos de oponerse a la guerra a través del establishment capitalista queda aún más ilustrada por la respuesta nacionalista de Podemos ante la guerra contra Irán, que se ha centrado en presionar al Gobierno de Sánchez y a la burguesía española para que adopten una política militar más agresivamente independiente de Washington.
La estrategia de la 'autonomía estratégica' europea promovida por Podemos representa una vía alternativa para el aumento del militarismo. El exlíder de Podemos, Pablo Iglesias, expresó esta perspectiva de forma directa, declarando que las amenazas comerciales de Trump deberían responderse con Europa desarrollando su 'propio sistema de disuasión nuclear', liderado por Francia. Dicho programa implica grandes aumentos del gasto militar, ataques intensificados a las condiciones sociales y el fortalecimiento del aparato estatal represivo para hacer frente a la oposición de la clase trabajadora.
El papel desempeñado por el CRT en España confirma las advertencias hechas por el World Socialist Web Site sobre el cambio de nombre de la tendencia morenista como Corriente Revolución Permanente. Como explicó el WSWS, esta iniciativa no representa un retorno al trotskismo ortodoxo ni una auténtica reafirmación de la Teoría de la Revolución Permanente de Trotsky, sino más bien una reestructuración de su orientación hacia alianzas con fuerzas socialdemócratas, estalinistas y pablistas.
Como explicaba la declaración del Grupo por la Igualdad Socialista en Brasil, se trata de 'una reorientación política crucial' destinada a preparar a la organización 'para desviarlas [las luchas emergentes] del camino de la revolución socialista y devolverlas a los brazos de los aparatos burocráticos nacionales que defienden el capitalismo.'
La cuestión decisiva es la construcción de una nueva dirección revolucionaria en la clase trabajadora. La lucha contra la guerra imperialista no puede librarse mediante apelaciones o alianzas con las burocracias sindicales proimperialistas, ni con partidos socialdemócratas, organizaciones estalinistas y formaciones 'populistas de izquierda' que están orgánicamente ligadas al Estado capitalista.
Estas fuerzas han demostrado, en España y a nivel internacional, que no actúan como opositoras a la guerra, sino como facilitadoras políticas de la misma—desviando la oposición de masas hacia cauces seguros, reprimiendo la lucha independiente de la clase trabajadora e imponiendo la austeridad y el militarismo en el ámbito nacional.
Un movimiento contra la guerra genuino requiere la movilización independiente de la clase trabajadora a escala internacional, mediante el desarrollo de organizaciones de base en los lugares de trabajo y las comunidades, y la unificación de los trabajadores a través de las fronteras nacionales contra el imperialismo. Esta lucha es inseparable de la lucha contra el capitalismo. La alternativa a la guerra no es la presión sobre los gobiernos capitalistas, sino la conquista del poder político por parte de la clase trabajadora y la reorganización de la sociedad sobre bases socialistas.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 3 de abril de 2026)
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