Ante los crecientes informes que indican que el Pentágono está cumpliendo las órdenes de la administración Trump de acelerar los preparativos para una acción militar contra Cuba, la Casa Blanca ha enviado a la isla la primera delegación estadounidense de alto nivel desde 2016.
Si bien aquella visita anterior, encabezada por Barack Obama, tuvo lugar en el contexto de una reapertura diplomática temporal, las acciones de la última delegación presentan todas las características de un ultimátum que precede a una agresión.
La delegación llegó a La Habana el 10 de abril a bordo de un avión del gobierno estadounidense y presentó una serie de exigencias al gobierno cubano. Estas incluían un plazo de dos semanas para la liberación de presos políticos de alto perfil, la implementación de reformas de mercado radicales, la expansión del sector privado y la atracción de inversión extranjera.
Las exigencias, presentadas durante lo que los funcionarios estadounidenses describieron como una 'reunión secreta', estuvieron acompañadas de peticiones de indemnización para las empresas y los particulares estadounidenses cuyos activos fueron nacionalizados tras la revolución de 1959.
Washington insistió además en “mayores libertades políticas”, que culminarían en supuestas “elecciones libres y justas”, un pretexto habitual para las operaciones de cambio de régimen en todo el mundo.
Lejos de representar una diplomacia genuina, estas conversaciones recuerdan el patrón empleado por el imperialismo estadounidense en el período previo a las intervenciones militares en países como Irán y Venezuela: declarar que el gobierno objetivo no cumple con sus compromisos y luego afirmar que se han agotado todas las vías pacíficas.
Axios informó la semana pasada que, al preparar un caso para la guerra, la administración Trump emitió un informe de cinco páginas al Congreso afirmando, sin ninguna prueba, que La Habana ha suministrado a Rusia hasta 5.000 combatientes para la guerra en Ucrania.
El alto funcionario del Departamento de Estado, Michael Kozak, confirmó que Estados Unidos está presionando para que se implementen 'reformas drásticas' en Cuba. Según varios informes, funcionarios estadounidenses incluso barajaron la posibilidad de introducir el sistema de internet satelital Starlink de SpaceX, una propuesta que se presentó como una forma de ampliar la conectividad, pero que en la práctica profundizaría la penetración tecnológica y política de Estados Unidos en la isla.
Según Axios, los funcionarios estadounidenses advirtieron que el liderazgo cubano tiene solo un 'corto margen de tiempo' para implementar las reformas respaldadas por Estados Unidos antes de que las condiciones 'empeoren irreversiblemente'.
El Gobierno cubano ha confirmado la reunión. Alejandro García del Toro, alto funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores, declaró que participaron 'subsecretarios del Departamento de Estado' por parte de Estados Unidos, mientras que Cuba estuvo representada a nivel viceministerial.
Mientras tanto, ya están en marcha los preparativos militares. Según informes de CiberCuba, la Armada de Estados Unidos ha realizado al menos dos misiones de vigilancia con el dron de gran altitud MQ-4C Triton en menos de una semana. La aeronave fue detectada sobrevolando la isla el 17 de abril y nuevamente el lunes, según datos de seguimiento públicos.
Estos vuelos de reconocimiento se consideran generalmente precursores de una posible acción militar.
El propio Trump ha declarado repetidamente que Cuba es el 'siguiente objetivo' tras las operaciones estadounidenses contra Irán, mientras su administración anuncia una doctrina de 'Gran Norteamérica' para reafirmar su dominio en todo el hemisferio.
Mientras tanto, la situación interna en Cuba se caracteriza tanto por concesiones a la presión imperialista como por el creciente temor a un ataque inminente. El viceprimer ministro cubano, Óscar Pérez-Oliva Fraga, declaró recientemente que 'no hay límites' a la inversión que aceptarán de la diáspora cubana, explícitamente dirigiéndose a los capitalistas cubanos exiliados en Miami, muchos de los cuales históricamente han apoyado ataques terroristas e intentos de golpe de Estado contra la isla.
Este llamado subraya hasta qué punto el gobierno cubano busca un acuerdo con el capital estadounidense. La Habana ha manifestado repetidamente su disposición a implementar una apertura sin restricciones a la inversión extranjera y permitir que funcionarios estadounidenses supervisen directamente el proceso, ofreciendo de hecho que presidan una economía orientada a la exportación y dominada por Estados Unidos.
El gobierno castrista también liberó a más de 2.000 prisioneros en la mayor liberación en una década e incluso invitó al FBI a la isla para investigar el incidente de febrero en el que terroristas cubanoamericanos fuertemente armados a bordo de una lancha rápida estadounidense fueron abatidos por las fuerzas de seguridad cubanas.
La desesperación de algunos sectores de la élite cubana quedó al descubierto en un episodio extraordinario tras la reunión del 10 de abril. Según informes, Raúl Guillermo Rodríguez Castro intentó eludir los canales oficiales enviando una carta privada a la Casa Blanca a través de un mensajero, el empresario Roberto Carlos Chamizo González. El mensajero fue interceptado en Miami y enviado de regreso a Cuba, como informó inicialmente el Wall Street Journal.
El intento de comunicación extraoficial revela un esfuerzo frenético por evitar un ataque mediante concesiones, esfuerzos que, como demuestra la historia, solo envalentonarán la agresión imperialista.
El 17 de abril, aniversario de la invasión de Bahía de Cochinos en 1961, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel pronunció un discurso en el que puso al país en estado de máxima alerta: “El momento es extremadamente difícil y nos exige una vez más estar preparados para afrontar graves amenazas, incluida la agresión militar”.
Los trabajadores deben analizar detenidamente lo ocurrido en Venezuela tras la operación militar del 3 de enero que culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, quienes ahora enfrentan cargos de terrorismo ante un tribunal estadounidense. Posteriormente, se instauró un régimen títere alineado con los intereses de Estados Unidos, entregando el control del petróleo, los minerales y la economía en general a corporaciones estadounidenses y al Tesoro de Estados Unidos.
Por deteriorada que estuviera la economía venezolana, la situación de los trabajadores no ha hecho más que empeorar. Estos han protestado contra el gobierno y la Embajada estadounidense exigiendo salarios dignos. Cuba correría una suerte similar bajo un régimen proestadounidense, que buscaría atraer inversiones manteniendo condiciones precarias para obligar a los trabajadores a aceptar salarios extremadamente bajos y condiciones de superexplotación.
Cuba se enfrenta a una grave escasez de combustible después de que los envíos de petróleo procedentes de Venezuela, su principal proveedor durante décadas, se detuvieran en enero tras las medidas adoptadas por Estados Unidos contra ese país. Posteriormente, Trump impuso un bloqueo petrolero total, amenazando con aranceles punitivos a cualquier nación que suministre combustible a Cuba.
Las consecuencias han sido catastróficas. Los apagones de hasta 20 horas se han vuelto habituales, paralizando la infraestructura y la vida cotidiana. Los sistemas de agua, que dependen de bombas eléctricas, han fallado en muchas zonas urbanas. La recolección de basura ha colapsado y los hospitales tienen dificultades para funcionar debido a la avería de los equipos médicos y la escasez de suministros.
A finales de marzo, un único petrolero ruso con aproximadamente 730.000 barriles de petróleo a bordo logró atravesar el bloqueo, lo que solo proporcionó un alivio temporal. Un segundo petrolero ruso se dirige a Cuba y podría llegar, si la Guardia Costera de Estados Unidos lo autoriza, el 29 de abril.
Las Naciones Unidas han advertido que el bloqueo podría desencadenar una “grave crisis humanitaria” que afectaría a todos los aspectos del sistema alimentario, desde el riego y la cosecha hasta la refrigeración y la distribución.
Tras haber impuesto ya devastadoras sanciones y bloqueos, Washington insiste ahora en que Cuba se abra plenamente al capital extranjero, exigiendo de hecho su rendición a cambio de la posibilidad de obtener ayuda.
La alternativa que plantea el imperialismo estadounidense no es la democracia ni la prosperidad, sino la restauración de un orden neocolonial que recuerda a la dictadura de Fulgencio Batista, bajo la cual Cuba funcionó como un patio de recreo para el capital extranjero y el crimen organizado.
La creciente amenaza de guerra contra Cuba debe ser rechazada por los trabajadores de toda América y a nivel internacional. Los trabajadores de Estados Unidos, en particular, tienen una responsabilidad decisiva. Mediante su poder colectivo sobre la producción y la distribución, tienen la capacidad de romper el embargo y detener la maquinaria bélica. Esto requiere una movilización política independiente, como parte de una lucha más amplia contra el capitalismo y a favor del internacionalismo socialista.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 21 de abril de 2026)
