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En plena época del Terror de 1937

Dos fiscales: Un joven abogado obstinado se enfrenta a los métodos criminales de la burocracia estalinista

Es inusual encontrar una película en idioma ruso que trate con honestidad, —aunque sea de manera incompleta— los trágicos y horribles acontecimientos de 1937, el apogeo del terror estalinista en la Unión Soviética. Muchos miles de revolucionarios devotos —incluida la mayoría de los líderes de la Revolución de Octubre de 1917— fueron ejecutados entre 1936 y 1938 por la burocracia contrarrevolucionaria.

Dos fiscales

Dos fiscales (Two Prosecutors), estrenada el año pasado, obtuvo el Premio François Chalais en el Festival de Cine de Cannes, galardón que se otorga a los largometrajes que abordan temas sociales y políticos. La película fue escrita y dirigida por Sergei Loznitsa y se basa en un relato de Georgy Demidov (1908-1987). Demidov fue un físico soviético, víctima de las purgas, que pasó 14 años en los campos de prisioneros estalinistas; la mayor parte de ese tiempo transcurrió en la tristemente célebre región de Kolyma, en Siberia. Sus escritos posteriores se basaron en esta experiencia.

La película de Loznitsa comienza con una escena ominosa de una prisión en la ciudad de Briansk, a unas 250 millas al suroeste de Moscú. Vemos a un grupo de prisioneros políticos: apenas unos pocos de los miles que permanecen recluidos tras sus muros. A uno de ellos se le ordena quemar miles de cartas de los reclusos. De hecho, a los prisioneros se les permitía redactar apelaciones dirigidas a las autoridades superiores, pero aquello no era más que un simple trámite formal. La gran mayoría de estas cartas nunca fueron enviadas, y la ocasional que llegó a su destino fue simplemente ignorada. En este caso, sin embargo, ha sobrevivido un pequeño fragmento de una carta.

Un joven fiscal, Kornyev (Aleksandr Kuznetsov), se encuentra con el fragmento cuando llega a su oficina. Ha sido escrito con sangre por uno de los prisioneros: el viejo bolchevique Stepniak (Aleksandr Filippenko). Kornyev, recién graduado en la facultad de Derecho y con apenas tres meses de antigüedad en su cargo de fiscal, recuerda haber asistido—hace tan solo un año—a una conferencia impartida precisamente por Stepniak; en ella, el veterano de la Revolución de Octubre había disertado sobre la importancia de descubrir la verdad.

El joven abogado, inexperto e ingenuo, al parecer sabe poco sobre los acontecimientos políticos. En cualquier caso, acude a la prisión e insiste, de manera discreta pero persistente, en ver a Stepniak. Tras esperar pacientemente durante un tiempo interminablemente largo, logra vencer la resistencia de las autoridades, incluidas las advertencias—no tan veladas—del director de la cárcel.

Stepniak, que muestra signos de haber sido torturado, apenas puede mantenerse en pie. Insiste en hablar con el fiscal en privado, sin la presencia de los guardias. Dado que su visitante posee credenciales oficiales, los guardias se ven obligados a acceder. El diálogo entre Stepniak y Kornyev constituye el núcleo de la película. Él relata una historia desgarradora de torturas y confesiones falsas. En un momento dado, sufre un ataque de tos que hace temer que no pueda continuar. Muestra a Kornyev los hematomas de su torso, signos del daño infligido a sus órganos internos—“Mira lo que me ha hecho el NKV”.

Stepniak explica que ha sido encarcelado por negarse a firmar sentencias de muerte contra personas que él sabía que eran inocentes. “Los antiguos líderes comprometidos con el Partido están siendo sustituidos por jóvenes ambiciosos y ruidosos. Y los especialistas honestos y concienzudos están siendo sustituidos por ignorantes de miras estrechas”.

Esos arteros fascistas del NKVD... miles de personas inocentes han sido sometidas a torturas inimaginables, privadas de comida y de sueño, con el único fin de obligarlas a firmar declaraciones falsas contra sí mismas y contra otros. Personas honestas han confesado crímenes que escapan a su comprensión, y los casos llegan a los tribunales, que actúan bajo las órdenes del propio NKVD. Son particularmente crueles con los viejos miembros del Partido... Soy el último miembro del Comité Regional que queda en este mundo, simplemente porque soy más obstinado.

Stepniak explica que las autoridades necesitan esas falsas confesiones para justificar las ejecuciones que vendrán a continuación. “Los viejos líderes, devotos del Partido, están siendo reemplazados por jóvenes y ruidosos arribistas. Y los especialistas honestos y concienzudos están siendo sustituidos por ignorantes de mente estrecha”.

Dos fiscales

A pesar de estas contundentes palabras, queda claro (aunque esto no se aborda explícitamente en la película) que Stepniak carga con cierta responsabilidad política respecto a su propio destino. Le ruega a Kornyev que viaje a Moscú. La idea es intentar hacer llegar al propio Stalin la noticia de los atropellos que está cometiendo el NKVD. Al parecer, Stepniak ha sido un fiel partidario de la facción de Stalin. Él acusa al NKVD de su región, pero ¿qué hay de los líderes del Partido, ante todo Stalin, quienes presiden el NKVD, han nombrado a sus dirigentes y le han impartido las órdenes de marcha? Por encima de todo, ¿qué hay de las políticas de Stalin, que reflejan los intereses de la burocracia parasitaria y contrarrevolucionaria, la cual deriva sus privilegios de las formas de propiedad nacionalizada que fueron conquistas de la Revolución, pero que socava esas mismas conquistas y conduce a la Unión Soviética hacia la destrucción?

Kornyev decide ir a Moscú y, a partir de ese momento, su propio destino queda sellado. El joven abogado no comprende las fuerzas a las que se enfrenta. Toma un tren rumbo a Moscú y consigue una audiencia con nada menos que Andrey Vyshinsky, el infame fiscal jefe de los tres Juicios de Moscú de 1936-1938, durante los cuales fue exterminada prácticamente toda la cúpula dirigente de la Revolución de Octubre.

Vyshinsky es el segundo fiscal al que hace referencia el título de la película. Por supuesto, no podría existir un contraste más marcado con el joven e ingenuo Kornyev, quien busca la verdad. Vyshinsky escucha con cortesía el informe de Kornyev, le indica que debe reunir más pruebas y lo envía de regreso a Briansk. Durante el viaje de vuelta, dos compañeros de trayecto se le “acercan amistosamente”; le ofrecen llevarlo en su vehículo al llegar a la estación y, acto seguido, le informan de que se encuentra bajo arresto.

Dos fiscales es una poderosa representación de la Gran Purga en la URSS, periodo en el cual—según estimaciones conservadoras—fueron asesinados cientos de miles de comunistas. Los primeros 40 minutos de la película transcurren con una lentitud deliberada y apropiada, evocando la pesadilla burocrática mediante una atmósfera sombría y largas pausas cargadas de tensión, mientras Kornyev dialoga con las autoridades penitenciarias. Tras el testimonio de Stepniak, la película avanza con paso firme hacia su sombrío desenlace. Si bien el final resulta inevitable, la cinta logra transmitir con eficacia la verdadera naturaleza del régimen totalitario.

Tanto Kuznetsov como Filippenko ofrecen interpretaciones sobresalientes en sus respectivos papeles. Anatoly Bely, por su parte, tiene una participación más contenida en su rol de un Vyshinsky hermético y taimado. Al ver la película, el espectador recuerda el hecho que millones de personas en la Rusia actual —incluidos, posiblemente, los propios actores—cuentan entre sus abuelos, o incluso entre sus padres en algunos casos, a víctimas del terror estalinista.

Resulta imposible ver Dos fiscales sin reflexionar sobre el modo en el cual el partido que lideró la Revolución de Octubre fue aniquilado apenas dos décadas después. Incluso a un espectador con escasos conocimientos sobre la historia de la URSS se le presentan pruebas que indican que el estalinismo constituyó la antítesis del bolchevismo.

Sergei Loznitsa

Sin embargo, este no es el enfoque adoptado por la mayoría de los críticos que han reseñado la película en Estados Unidos y Gran Bretaña. En periódicos y sitios web, como The Guardian y el New York Times, se ha descrito simplemente como un relato sobre una dictadura totalitaria, sin hacer referencia alguna a la historia de aquel periodo.

El crítico de cine Glenn Kenny, quien escribe en RogerEbert.com, se encuentra entre los más descarados en su anticomunismo. La primera frase de su reseña reza así: “El reinado de terror soviético —iniciado y supervisado por Lenin, y posteriormente intensificado y supervisado por Stalin— constituye un trauma de alcance histórico mundial cuyas repercusiones se siguen sintiendo hoy en día”.

El movimiento Trotskista lleva mucho tiempo denunciando esta falsedad. Si el estalinismo fuera idéntico al bolchevismo, ¿por qué resultó necesario que la burocracia gobernante asesinara a los principales revolucionarios, junto con cientos de miles de sus seguidores?

Solo los trotskistas fueron capaces de comprender el Terror. Tal como escribió décadas más tarde Leopold Trepper —líder de la red de espionaje soviética conocida como la «Orquesta Roja»—, mucho después de haberse desilusionado del estalinismo:

[Los Trotskistas] lucharon contra el estalinismo hasta la muerte, y fueron los únicos en hacerlo. Para la época de las grandes purgas, solo podían gritar su rebeldía en los desolados parajes helados a los que habían sido arrastrados para ser exterminados. En los campos, su conducta fue admirable. Pero sus voces se perdieron en la tundra.

Hoy, los Trotskistas tienen derecho a acusar a aquellos que en su momento aullaron junto a los lobos. No deben olvidar, sin embargo, que gozaron de una enorme ventaja sobre nosotros: la de contar con un sistema político coherente, capaz de sustituir al estalinismo. Tenían algo a lo que aferrarse en medio de la profunda angustia que les provocaba ver traicionada la revolución.

Entre las víctimas del Terror hubo estalinistas leales, un Terror que, en virtud de su propia lógica contrarrevolucionaria, devoró a muchos que no contaban con ningún historial de oposición a la burocracia. Pero hubo miles de otros —aquellos fieles al programa de Lenin y Trotsky— quienes constituyeron los objetivos principales.

La principal debilidad de Dos fiscales radica en la omisión de este contexto histórico: la auténtica oposición a la burocracia. No se aborda la base ideológica de la dictadura burocrática; su rechazo al internacionalismo en favor de la doctrina nacionalista del “socialismo en un solo país”. Es fundamental considerar las circunstancias objetivas del aislamiento y las derrotas de las luchas revolucionarias de las décadas de 1920 y 1930, base objetiva del crecimiento de la burocracia estalinista. Además, resulta vital comprender cómo la casta dominante se fortaleció con las sucesivas derrotas de la clase obrera a nivel internacional, que representaba Stalin y por qué triunfó.

Sin este contexto, el drama puede interpretarse como una prueba de la absoluta futilidad de la revolución, basada en la concepción reaccionaria que, si bien el bolchevismo y el estalinismo no eran idénticos, uno conducía inevitablemente al otro. Esta podría ser la opinión tanto del cineasta Loznitsa como del escritor Demidov, cuya historia sirvió de base para la película.

Dos fiscales

Demidov fue arrestado en 1938 y condenado a trabajos forzados. Durante sus catorce años en Kolyma, conoció a Varlam Shalamov, autor de Cuentos de Kolyma, uno de los relatos más impactantes sobre la experiencia en los campos estalinistas. Kolyma también fue el lugar donde Nadezhda Joffe, hija del destacado Trotskista Adolf Joffe, pasó cerca de veinte años. Posteriormente, escribió sus conmovedoras memorias, “De vuelta al pasado”, sobre este período.

Aunque Demidov fue rehabilitado en 1958, tras la muerte de Stalin, permaneció bajo la vigilancia constante del régimen estalinista, que temía que sus crímenes salieran a la luz. Al parecer, Demidov nunca denunció la Revolución de Octubre. En 1980, la KGB confiscó toda su obra, la cual le fue devuelta a su hija durante el período de la perestroika, después de su muerte.

Loznitsa, un director ucraniano de 61 años de origen bielorruso, defiende posturas que podrían describirse como liberales o socialdemócratas. En el momento de la invasión rusa de Ucrania en 2022, la denunció con razón, pero también dimitió de la Academia Europea de Cine por exigir una postura más firme en “solidaridad” con Ucrania y la guerra instigada por la OTAN contra Rusia. Sin embargo, apenas un mes después, Loznitsa fue expulsado de la Academia de Cine de Ucrania por oponerse a la prohibición de películas rusas. Los anticomunistas y nacionalistas ucranianos lo tildaron de “cosmopolita”, la misma acusación que el régimen estalinista le imputó durante los años de resurgimiento del antisemitismo oficial, antes de la muerte de Stalin en 1953.

Tras su expulsión, Loznitsa emitió un comunicado en el cual afirmaba que esto demostraba que “los miembros de la academia tenían una percepción muy distinta de la historia de Ucrania, la cual, según ellos, conocen mejor que nadie. Así, al llamarme ‘cosmopolita’ y utilizar mi negativa a prohibir categóricamente toda la cultura rusa como prueba de mi falta de patriotismo, caen en el paradigma estalinista de traidores, enemigos y responsabilidad colectiva…”.

Otra de las películas de Loznitsa, Babi Yar. Contexto (2021), utiliza material documental para exponer el infame asesinato en masa de más de 30.000 judíos a manos de los nazis y sus colaboradores ucranianos en 1941. Sin duda, Loznitsa cree, con razón, que esta anterior película es una de las principales razones de la reacción hostil hacia su obra más reciente.

Paradójicamente, la reacción de los nacionalistas extremistas y los elementos fascistizantes en Ucrania pone de manifiesto el carácter reaccionario de la postura de Loznitsa respecto a la guerra en Ucrania. Su oposición a Putin, manteniéndose en el plano del liberalismo burgués, lo ha llevado a apoyar la guerra imperialista contra Rusia, pero para los fascistas ucranianos y sus aliados esto no es suficiente.

La película Dos fiscales ha sido prohibida tanto en Rusia como en Ucrania, lo cual, en sí mismo, juega a su favor. En Rusia, el régimen del veterano de la KGB, Putin, ha rehabilitado en los últimos años a Stalin y los métodos de la policía secreta. En Ucrania, el ruso está prohibido por considerarse “la lengua del agresor”, por lo cual una película en ruso queda automáticamente excluida.

Estas dificultades simétricas reflejan el hecho que Dos Fiscales, con su recordatorio de los orígenes internacionalistas de la Revolución Rusa, incomoda a los nacionalistas de toda índole. En cualquier caso, a pesar de sus limitaciones, Dos Fiscales merece la pena verla. Sin embargo, puede resultar difícil de encontrar tras su breve exhibición en algunas ciudades de Estados Unidos y Europa. Prohibida en Ucrania y Rusia, su disponibilidad es muy limitada en otros lugares. El mundo cultural no está muy interesado en un relato de la historia real de la Unión Soviética.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 3 de mayo de 2026)

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