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Primero de Mayo de 2026

La crisis del régimen de Putin y la lucha por la verdad histórica

Este discurso fue pronunciado por Andrei Ritsky, representante de la Joven Guardia Bolchevique-Leninista (JGBL), en la manifestación virtual del Primero de Mayo de 2026, organizada por el WSWS y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

Discurso de Andrei Ritsky en la manifestación virtual del Primero de Mayo de 2026

Han transcurrido más de cuatro años desde la invasión de Ucrania por el régimen de Putin. En aquel momento, creyó que, mediante un único paso aventurero y reaccionario, podría presentar a los países de la OTAN un hecho consumado y alcanzar un acuerdo ventajoso. Pero estas esperanzas se desvanecieron rápidamente. Fueron reemplazadas por la esperanza de que las contradicciones internas dentro de la OTAN permitieran al Kremlin llevar a cabo otra maniobra. El ascenso al poder de Trump pareció ofrecer una segunda oportunidad para lograr dicho acuerdo.

Pero Putin se ha enredado en un atolladero tan profundo que no parece haber salida posible. La guerra continúa. Rusos y ucranianos siguen matándose entre sí en nombre de intereses de clase ajenos, disfrazados con consignas nacionalistas.

Hace cuatro años, mi compañero y amigo Bogdan Syrotiuk, líder de la Joven Guardia Bolchevique-Leninista, pronunció un discurso en la manifestación del Primero de Mayo de 2022. Declaró: «La invasión ha demostrado que el régimen de Putin no tiene una solución adecuada a los problemas que afrontan no solo Rusia, sino el mundo entero».

Bogdan Syrotiuk

Por su oposición a esta guerra, Bogdan lleva dos años encarcelado por el Estado ucraniano.

Pero los acontecimientos han confirmado su postura. Tras el fracaso de sus maniobras diplomáticas, el Kremlin intensifica la presión sobre la clase trabajadora. Diariamente, se les inculca a los trabajadores la idea de que deben olvidar sus intereses independientes y someterse a los “sentimientos patrióticos”, sirviendo obedientemente al régimen de Putin tanto en el frente como en la retaguardia.

La oligarquía rusa no ignora la amenaza del rearme europeo. Teme una guerra a gran escala. Sin embargo, aún más que una guerra, la oligarquía teme que los trabajadores rusos recuerden sus logros revolucionarios del pasado. El espectro de la revolución está encarnado en los trabajadores y soldados rusos, quienes reconocen cada vez más la bancarrota de la política del régimen de Putin, que está llevando al país hacia la catástrofe.

El instinto de clase de la oligarquía rusa es especialmente evidente en la deliberada campaña ideológica del Estado para falsificar la historia. La historia se ha transformado de ciencia en instrumento de creación de mitos.

El objetivo de esta campaña es esterilizar la historia rusa, desprovista de contradicciones internas, lucha de clases y crisis agudas. Busca que la generación joven crea en cuentos de hadas sobre una historia rusa unificada e indivisible, y convertirlos en ciudadanos patriotas que sirvan al régimen sin cuestionarlo.

La rehabilitación gradual del estalinismo ocupa un lugar especial en esta campaña. Stalin, como “el sepulturero de la revolución” y burócrata jefe, sirve de inspiración a Putin y su círculo. El asesinato de cientos de miles de personas durante el Gran Terror, entre ellas generaciones de revolucionarios, se está encubriendo. Se están erigiendo estatuas de Stalin por todo el país.

Un monumento dedicado al “generalísimo” Stalin en Velikiye Luki.

Mientras tanto, el Kremlin presenta falsamente la guerra actual como una continuación de la heroica lucha de la clase obrera soviética contra la invasión nazi de 1941-1945. Pero este heroísmo se basaba en la determinación de la clase obrera de defender los logros materiales de la Revolución de Octubre, logros contra los que Hitler desató todo el poderío militar nazi para destruir el Estado obrero.

Hoy, Rusia ya no es un Estado obrero degenerado, sino un régimen decadente de restauración capitalista. La Unión Soviética no fue destruida por Hitler, sino por la burocracia estalinista. La guerra actual no sirve a los intereses sociales de los trabajadores, sino a los de la oligarquía surgida de esta contrarrevolución estalinista.

Sin embargo, la política bélica de Stalin resulta atractiva para Putin porque, incluso entonces, la burocracia buscaba desviar la atención de la lucha de clases hacia el nacionalismo. El nacionalismo burocrático estaba ligado a su concepto de construir un “socialismo en un solo país” y a su lucha por preservar sus privilegios. Esto constituía una violación de los principios básicos del internacionalismo que sustentaron la Revolución de Octubre. Con su invasión de Ucrania, que desencadenó una guerra fratricida entre trabajadores rusos y ucranianos, el régimen de Putin perpetúa esta tradición de reacción nacionalista.

En la manifestación del Primero de Mayo de 2023, el camarada Bogdan Syrotiuk y yo hicimos un llamamiento para poner fin a esta guerra mediante la unidad de la clase trabajadora rusa y ucraniana. Hoy quiero reiterar este llamamiento. La verdadera determinación y el heroísmo hoy se manifiestan en la oposición a la falsificación de la historia y en la lucha por el resurgimiento de las tradiciones socialistas de la Revolución de Octubre en la clase obrera rusa, ucraniana e internacional.

La lucha de León Trotsky por defender estas tradiciones de las perversiones del estalinismo debe servirnos de ejemplo. Gracias a esta lucha, contamos con una guía que nos orienta en el presente. Al defender la verdad sobre el pasado, preparamos el terreno para un futuro por el que vale la pena luchar, bajo la bandera del Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 12 de mayo de 2026)

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